Citizen Plof
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10/1/19
13/8/18
19/7/18
DESORBITADAS CIFRAS DE LA TEMPORALIDAD
En los últimos diez años se han firmado en España más de ¡¡¡165 millones de contratos!!!
La rotación permanente entre el desempleo y el trabajo precario hace que el número de contratos firmados en España alcance un volumen inusitado.
El uso y el abuso de la contratación temporal provoca un nivel de rotación en el empleo que llega a la categoría de lo absurdo, porque alcanza cifras que hasta son de difícil comprensión.
La cortísima duración de los contratos –el 40% son inferiores a 7 días– y la rotación permanente entre el desempleo y el trabajo precario hace que el número de contratos firmados en España alcance un volumen inusitado, tanto en valores absolutos totales como en los que de media firma cada persona.
Un solo dato pone de evidencia la irracionalidad del mercado laboral español: en los últimos diez años se han registrado 165.290.712 contratos de trabajo en las oficinas públicas de empleo, ahora denominado SEPE y antes INEM. Una cifra difícil de asimilar, más de 165 millones de contratos entre 2008 y 2017, la década de la gran recesión en la que se destruyeron varios millones de empleos netos.
Son cifras absurdas, sin lógica: en un país que tiene de media 15 millones de personas asalariadas ––incluidos en esta cifra los funcionarios–– se firmaron 165 millones de contratos. Si dividimos ambas cantidades sale una media de 11 contratos por cada asalariado que hay en nuestro país. Esto obviamente es una media aritmética que no se corresponde con lo que sucede en la realidad, porque hay muchas personas con contrato indefinido y antigüedad en su empresa que no firman ningún contrato.
Por eso la precariedad alcanza valores extremos en el segmento de la población asalariada más afectada: en diez años se formalizaron 152 millones de contratos temporales, el 91% del total, cuando el número medio de personas asalariadas con contratos de duración determinada fue de algo menos de 4 millones como media en este periodo.
Si relacionamos ambas cifras se obtiene el denominado índice de rotación, esto es, el número medio de contratos firmados por cada persona asalariada temporal. Este ratio es aterrador: la rotación en el empleo de los temporales en España es de 5,6, lo que significa que cada uno firma 5,6 contratos cada año y por lo tanto 56 en la última década.
Expresado de forma gráfica, en las oficinas de empleo de nuestro país hay dos largas colas: una es la de las casi 4 millones de personas que están allí buscando un empleo y otra, cinco veces más larga, formada por los que pasaron por allí a lo largo del año para registrar uno de los más de 21 millones de contratos de trabajo precario.
En realidad es la misma cola porque la inmensa mayoría de las personas pasan de una a la otra: son el universo de lo precario, de las personas asalariadas que transitan del paro al empleo temporal, que rotan entre el desempleo y la sobreexplotación de los empleos de salarios bajos.
El absurdo flujo de entrada y de salida del empleo que sufren las personas asalariadas en España queda sobradamente demostrado con la evolución de la afiliación a la Seguridad Social. Entre 2007 y 2017 la Seguridad Social registró 236 millones de altas en los diferentes regímenes del sistema, una cifra casi estratosférica, que vendría a señalar que en España no hay ningún problema para encontrar empleo sino fuera porque en ese mismo periodo se registraron también 237 millones de bajas.
Sumadas ambas se obtiene una cifra de difícil asimilación: en una década se produjeron 473 millones de movimientos en la Seguridad Social con un balance neto final de un millón menos de cotizantes. Es una cifra tan brutal que hasta cuesta entenderla, que demuestra la irracionalidad del modelo de relaciones laborales en España al mismo tiempo que señala parte de la explicación del problema del déficit actual de sistema.
España es el país con más desempleo y con más temporalidad de toda la Unión Europea y eso no es una coincidencia casual: son las características estructurales de nuestro mercado de trabajo que se retroalimentan una a la otra.
FUENTE: nuevatribuna.es
Manuel Lago
17/07/2018
A este ciudadano le queda claro, reclaro y requeteclaro, que la verdadera Marca España es la precaridad laboral.
La rotación permanente entre el desempleo y el trabajo precario hace que el número de contratos firmados en España alcance un volumen inusitado.
El uso y el abuso de la contratación temporal provoca un nivel de rotación en el empleo que llega a la categoría de lo absurdo, porque alcanza cifras que hasta son de difícil comprensión.
La cortísima duración de los contratos –el 40% son inferiores a 7 días– y la rotación permanente entre el desempleo y el trabajo precario hace que el número de contratos firmados en España alcance un volumen inusitado, tanto en valores absolutos totales como en los que de media firma cada persona.
Un solo dato pone de evidencia la irracionalidad del mercado laboral español: en los últimos diez años se han registrado 165.290.712 contratos de trabajo en las oficinas públicas de empleo, ahora denominado SEPE y antes INEM. Una cifra difícil de asimilar, más de 165 millones de contratos entre 2008 y 2017, la década de la gran recesión en la que se destruyeron varios millones de empleos netos.
Son cifras absurdas, sin lógica: en un país que tiene de media 15 millones de personas asalariadas ––incluidos en esta cifra los funcionarios–– se firmaron 165 millones de contratos. Si dividimos ambas cantidades sale una media de 11 contratos por cada asalariado que hay en nuestro país. Esto obviamente es una media aritmética que no se corresponde con lo que sucede en la realidad, porque hay muchas personas con contrato indefinido y antigüedad en su empresa que no firman ningún contrato.
Por eso la precariedad alcanza valores extremos en el segmento de la población asalariada más afectada: en diez años se formalizaron 152 millones de contratos temporales, el 91% del total, cuando el número medio de personas asalariadas con contratos de duración determinada fue de algo menos de 4 millones como media en este periodo.
Si relacionamos ambas cifras se obtiene el denominado índice de rotación, esto es, el número medio de contratos firmados por cada persona asalariada temporal. Este ratio es aterrador: la rotación en el empleo de los temporales en España es de 5,6, lo que significa que cada uno firma 5,6 contratos cada año y por lo tanto 56 en la última década.
Expresado de forma gráfica, en las oficinas de empleo de nuestro país hay dos largas colas: una es la de las casi 4 millones de personas que están allí buscando un empleo y otra, cinco veces más larga, formada por los que pasaron por allí a lo largo del año para registrar uno de los más de 21 millones de contratos de trabajo precario.
En realidad es la misma cola porque la inmensa mayoría de las personas pasan de una a la otra: son el universo de lo precario, de las personas asalariadas que transitan del paro al empleo temporal, que rotan entre el desempleo y la sobreexplotación de los empleos de salarios bajos.
El absurdo flujo de entrada y de salida del empleo que sufren las personas asalariadas en España queda sobradamente demostrado con la evolución de la afiliación a la Seguridad Social. Entre 2007 y 2017 la Seguridad Social registró 236 millones de altas en los diferentes regímenes del sistema, una cifra casi estratosférica, que vendría a señalar que en España no hay ningún problema para encontrar empleo sino fuera porque en ese mismo periodo se registraron también 237 millones de bajas.
Sumadas ambas se obtiene una cifra de difícil asimilación: en una década se produjeron 473 millones de movimientos en la Seguridad Social con un balance neto final de un millón menos de cotizantes. Es una cifra tan brutal que hasta cuesta entenderla, que demuestra la irracionalidad del modelo de relaciones laborales en España al mismo tiempo que señala parte de la explicación del problema del déficit actual de sistema.
España es el país con más desempleo y con más temporalidad de toda la Unión Europea y eso no es una coincidencia casual: son las características estructurales de nuestro mercado de trabajo que se retroalimentan una a la otra.
FUENTE: nuevatribuna.es
Manuel Lago
17/07/2018
A este ciudadano le queda claro, reclaro y requeteclaro, que la verdadera Marca España es la precaridad laboral.
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Absurdo,
Contratos temporales,
Desempleo,
Explotación,
Mercado laboral,
Paro,
Precariedad laboral,
Temporalidad,
Trabajo
14/7/18
1/7/18
25/6/18
PROBLEMA ESTRUCTURAL DEL MERCADO DE TRABAJO
Hay que derogar las reformas laborales para combatir la precariedad
Los cambios anunciados por la nueva ministra de Trabajo, Magdalena Valerio son limitados porque para combatir la precariedad es necesario un nuevo marco normativo.
Una nota de Eurostat de abril de 2018 indica que España es el cuarto país con la menor tasa de empleo de toda la Unión Europea, solo Grecia, Italia y Croacia están por debajo. Un informe del Banco Central Europeo de mayo de 2017 destaca que España es el segundo país de la Unión Europea con más subempleo, solo por detrás de Chipre.
En las estadísticas de Eurostat se refleja que en 2017 España es el estado de la Unión con más personas en paro en cifras absolutas y la segunda tasa de paro más alta, solo por detrás de Grecia. Un informe de la OCDE de 2014 sitúa a España como el país en el que las personas tienen el mayor riesgo de perder su empleo y en el que hay mayor dificultad para salir de la situación de desempleo.
Otro informe de Eurostat, señala que España encabeza el empleo a tiempo parcial no deseado, solo Grecia está peor. Un informe de la OCDE dice que España es el tercer estado de la Unión Europea con el mayor porcentaje de trabajadores pobres, solo Rumanía y Grecia tienen más pobreza laboral.
En abril de 2018 Eurostat informó que España es el segundo estado con menor incremento salarial de toda la UE en 2017: los salarios crecieron aquí cinco veces menos que en la media europea. Un informe de Eurostat de Abril de 2018 demuestra que España es el tercer país con mayor desigualdad salarial de Europa, solo Lituania y Rumanía tienen una diferencia mayor entre los salarios más altos y los más bajos.
España es el estado de la Unión Europea con más personas trabajando con un contrato temporal, como demuestran los datos de Eurostat. Un informe reciente de la UE afirma que sólo el 8% de las personas con contrato temporal en España se convierten en indefinidas frente a una media del 24% en Europa.
Un informe de la Comisión Europea de mayo de 2018 destaca que España es el estado con la mayor tasa de temporalidad de Europa. En ese documento la UE dice, textualmente, que “el mayor uso de la temporalidad por encima de la media europea no puede ser atribuido a una diferente estructura sectorial de la economía.
La cuota del empleo con contrato temporal es superior en España que en la UE en todos los sectores, no solo en aquellos con una naturaleza estacional como la agricultura, el turismo y la construcción”.
El Banco de España, en su informe anual sobre la economía española correspondiente a 2017 dice textualmente: “en la presente recuperación se está manifestando de nuevo un rasgo característico de las fases expansivas de la economía española, consistente en un aumento de la tasa de temporalidad, acompañada de una disminución de la duración de los contratos y de un incremento de la parcialidad no deseada”.
Resulta evidente que tenemos un problema, un enorme problema con el empleo, con la falta de empleo, con la calidad del empleo. España es la quinta economía de la UE pero es el Estado que tiene el mercado de trabajo más precario, con menos oportunidades de empleo, con más paro, más temporalidad, más trabajo parcial no deseado, más subempleo, más desigualdad salarial, más trabajadores pobres, con salarios estancados y con más fórmulas irregulares de contratación.
La precariedad laboral ya es una característica estructural del mercado de trabajo en España porque prácticamente la mitad de las personas que participan en él están en situación de precariedad, en cualquiera de las diferentes formas en las que se materializa.
En España de cada cien asalariados 26 tienen un contrato temporal, 16 trabajan a tiempo parcial y tenemos una tasa de paro del 18%.
La suma de estas tres tasas de temporalidad, parcialidad y paro elevarían el universo de la precariedad muy por encima del 50%, pero esta operación aritmética no es correcta porque las diferentes tasas no se pueden sumar directamente sin tener en cuenta que en muchos casos se superponen unas sobre otras.
La precariedad en el trabajo es un mal con muchas caras: las personas que buscan trabajo y no lo encuentran, las que rotan entre el desempleo y el trabajo temporal de bajo salario, las que trabajan a tiempo parcial no deseado, las personas que se convierten en autónomos a la fuerza, los falsos autónomos, las que sufren las nuevas fórmulas de empleo vinculadas a las plataformas digitales que sustituyen relaciones laborales colectivas por relaciones mercantiles individualizadas.
Las personas jóvenes que trabajan como becarias, las que hacen falsas prácticas e incluso llegan a pagar por trabajar, las que trabajan unos meses al año, las personas que sufren el deterioro de sus condiciones laborales por culpa de la subcontratación en cascada y la denominada descentralización, las que acceden el empleo a través de empresas multiservizos o de ETTs, las que tuvieron que rebajarse el salario para no perder el empleo, las personas que tienen formación superior y trabajan en empleos sin cualificación, las que tuvieron que emigrar para encontrar trabajo...
Tenemos un grave problema que además de estructural es permanente, porque llevamos así desde 1984, con consecuencias muy negativas sobre las personas que la padecen pero también sobre el modelo productivo, sobre la economía en general, sobre la demografía, sobre las cuentas públicas, sobre la productividad, sobre el bienestar de la inmensa mayoría social.
Esta es la herencia que deja el Gobierno Rajoy y el desafío a lo que se tiene que enfrentar el nuevo gobierno: cambiar un modelo laboral precario resultado de las 54 reformas laborales impuestas desde 1984, todas con el objetivo de flexibilizar el mercado de trabajo a costa de recortar derechos laborales. Ahora hay que cambiar de paradigma, recuperando la estabilidad laboral como principio básico de funcionamiento del mercado de trabajo.
Y para eso son insuficientes los cambios limitados como los que anuncio la nueva Ministra de Trabajo, porque para combatir la precariedad es necesario un nuevo marco normativo que debe tener como primer paso ineludible la derogación de las últimas reformas laborales.
FUENTE: nuevatribuna.es
Manuel Lago
22/06/2018
Así como Felipe González no se atrevió nunca a convocar el famoso referédum para que el pueblo español eligiera libremente la forma de gobierno que quería, a este ciudadano le da en la nariz que Pedro Sánchez tampoco se atreverá a derogar las reformas laborales impuestas por el PP.
Porque "de casta le viene a... los galgos del PSOE".
Y el que no me ha entendido, tiempo ha tenido.
Los cambios anunciados por la nueva ministra de Trabajo, Magdalena Valerio son limitados porque para combatir la precariedad es necesario un nuevo marco normativo.
La ministra de Trabajo, Magdalena Valerio.
Una nota de Eurostat de abril de 2018 indica que España es el cuarto país con la menor tasa de empleo de toda la Unión Europea, solo Grecia, Italia y Croacia están por debajo. Un informe del Banco Central Europeo de mayo de 2017 destaca que España es el segundo país de la Unión Europea con más subempleo, solo por detrás de Chipre.
En las estadísticas de Eurostat se refleja que en 2017 España es el estado de la Unión con más personas en paro en cifras absolutas y la segunda tasa de paro más alta, solo por detrás de Grecia. Un informe de la OCDE de 2014 sitúa a España como el país en el que las personas tienen el mayor riesgo de perder su empleo y en el que hay mayor dificultad para salir de la situación de desempleo.
Otro informe de Eurostat, señala que España encabeza el empleo a tiempo parcial no deseado, solo Grecia está peor. Un informe de la OCDE dice que España es el tercer estado de la Unión Europea con el mayor porcentaje de trabajadores pobres, solo Rumanía y Grecia tienen más pobreza laboral.
En abril de 2018 Eurostat informó que España es el segundo estado con menor incremento salarial de toda la UE en 2017: los salarios crecieron aquí cinco veces menos que en la media europea. Un informe de Eurostat de Abril de 2018 demuestra que España es el tercer país con mayor desigualdad salarial de Europa, solo Lituania y Rumanía tienen una diferencia mayor entre los salarios más altos y los más bajos.
España es el estado de la Unión Europea con más personas trabajando con un contrato temporal, como demuestran los datos de Eurostat. Un informe reciente de la UE afirma que sólo el 8% de las personas con contrato temporal en España se convierten en indefinidas frente a una media del 24% en Europa.
Un informe de la Comisión Europea de mayo de 2018 destaca que España es el estado con la mayor tasa de temporalidad de Europa. En ese documento la UE dice, textualmente, que “el mayor uso de la temporalidad por encima de la media europea no puede ser atribuido a una diferente estructura sectorial de la economía.
La cuota del empleo con contrato temporal es superior en España que en la UE en todos los sectores, no solo en aquellos con una naturaleza estacional como la agricultura, el turismo y la construcción”.
El Banco de España, en su informe anual sobre la economía española correspondiente a 2017 dice textualmente: “en la presente recuperación se está manifestando de nuevo un rasgo característico de las fases expansivas de la economía española, consistente en un aumento de la tasa de temporalidad, acompañada de una disminución de la duración de los contratos y de un incremento de la parcialidad no deseada”.
Resulta evidente que tenemos un problema, un enorme problema con el empleo, con la falta de empleo, con la calidad del empleo. España es la quinta economía de la UE pero es el Estado que tiene el mercado de trabajo más precario, con menos oportunidades de empleo, con más paro, más temporalidad, más trabajo parcial no deseado, más subempleo, más desigualdad salarial, más trabajadores pobres, con salarios estancados y con más fórmulas irregulares de contratación.
La precariedad laboral ya es una característica estructural del mercado de trabajo en España porque prácticamente la mitad de las personas que participan en él están en situación de precariedad, en cualquiera de las diferentes formas en las que se materializa.
En España de cada cien asalariados 26 tienen un contrato temporal, 16 trabajan a tiempo parcial y tenemos una tasa de paro del 18%.
La suma de estas tres tasas de temporalidad, parcialidad y paro elevarían el universo de la precariedad muy por encima del 50%, pero esta operación aritmética no es correcta porque las diferentes tasas no se pueden sumar directamente sin tener en cuenta que en muchos casos se superponen unas sobre otras.
La precariedad en el trabajo es un mal con muchas caras: las personas que buscan trabajo y no lo encuentran, las que rotan entre el desempleo y el trabajo temporal de bajo salario, las que trabajan a tiempo parcial no deseado, las personas que se convierten en autónomos a la fuerza, los falsos autónomos, las que sufren las nuevas fórmulas de empleo vinculadas a las plataformas digitales que sustituyen relaciones laborales colectivas por relaciones mercantiles individualizadas.
Las personas jóvenes que trabajan como becarias, las que hacen falsas prácticas e incluso llegan a pagar por trabajar, las que trabajan unos meses al año, las personas que sufren el deterioro de sus condiciones laborales por culpa de la subcontratación en cascada y la denominada descentralización, las que acceden el empleo a través de empresas multiservizos o de ETTs, las que tuvieron que rebajarse el salario para no perder el empleo, las personas que tienen formación superior y trabajan en empleos sin cualificación, las que tuvieron que emigrar para encontrar trabajo...
Tenemos un grave problema que además de estructural es permanente, porque llevamos así desde 1984, con consecuencias muy negativas sobre las personas que la padecen pero también sobre el modelo productivo, sobre la economía en general, sobre la demografía, sobre las cuentas públicas, sobre la productividad, sobre el bienestar de la inmensa mayoría social.
Esta es la herencia que deja el Gobierno Rajoy y el desafío a lo que se tiene que enfrentar el nuevo gobierno: cambiar un modelo laboral precario resultado de las 54 reformas laborales impuestas desde 1984, todas con el objetivo de flexibilizar el mercado de trabajo a costa de recortar derechos laborales. Ahora hay que cambiar de paradigma, recuperando la estabilidad laboral como principio básico de funcionamiento del mercado de trabajo.
Y para eso son insuficientes los cambios limitados como los que anuncio la nueva Ministra de Trabajo, porque para combatir la precariedad es necesario un nuevo marco normativo que debe tener como primer paso ineludible la derogación de las últimas reformas laborales.
FUENTE: nuevatribuna.es
Manuel Lago
22/06/2018
Así como Felipe González no se atrevió nunca a convocar el famoso referédum para que el pueblo español eligiera libremente la forma de gobierno que quería, a este ciudadano le da en la nariz que Pedro Sánchez tampoco se atreverá a derogar las reformas laborales impuestas por el PP.
Porque "de casta le viene a... los galgos del PSOE".
Y el que no me ha entendido, tiempo ha tenido.
19/6/18
18/6/18
MITOS DE LA INMIGRACIÓN
Gran parte de lo que creemos no es cierto
El debate está plagado de una gran variedad de imprecisiones y malentendidos tanto entre la derecha como entre la izquierda. Esto es lo que muestran de verdad las investigaciones actuales
Marcha por los derechos de los inmigrantes en el centro de Los Ángeles el 1 de mayo 2006.
Jonathan McIntosh
La inmigración fue el tema del año en 2016 y probablemente seguirá siendo importante a lo largo de 2017. Sin embargo, este asunto es objeto de debates tan acalorados como llenos de malentendidos. La llamada “crisis de refugiados” en Europa y las omnipresentes imágenes de embarcaciones a rebosar llegando a las costas del Mediterráneo dan la impresión de que la inmigración amenaza con salirse de control y que necesitamos tomar medidas drásticas para restringir el flujo incontrolable de inmigrantes. El miedo a la inmigración en masa ha fomentado el surgimiento de partidos nacionalistas extremistas por toda Europa y ha ayudado a que Donald Trump ganara las elecciones presidenciales en EE.UU.
Este llamamiento a implementar políticas migratorias más severas se suma a otra opinión, si bien algo más débil, que manifiestan los sectores empresariales, las organizaciones en defensa de los derechos humanos, las organizaciones religiosas y los partidos liberales de izquierdas. Su argumento es que la inmigración tiende a beneficiar tanto a las sociedades de origen como de destino, y que no deberíamos ver a los refugiados como una carga, sino como una fuente potencial de recursos.
No obstante, en este debate tan polarizado, los hechos en cierto modo más instructivos se pierden de vista. El relato sobre la inmigración tanto de la izquierda como de la derecha está anclado en una serie de mitos que revelan una sorprendente falta de conocimiento acerca de la naturaleza, las causas y las consecuencias del proceso migratorio. Este texto examina ocho de los mitos que a menudo encuentro en mis investigaciones.
1. No, las fronteras cerradas no conducen automáticamente a menos inmigración
Tramo del muro fronterizo entre EE.UU. y México
No es tan fácil como simplemente cerrar la puerta de un portazo. Las restricciones migratorias pueden tener diversos efectos secundarios no deseados que pueden desvirtuar su efectividad. En primer lugar, las restricciones pueden empujar a los emigrantes a buscar canales alternativos legales o ilegales, como por ejemplo que los en realidad inmigrantes económicos usen los canales para la reunificación familiar. En segundo lugar, los controles fronterizos estrictos desvían a menudo los flujos migratorios hacia otras rutas terrestres o marítimas, y por tanto expanden el mercado para los contrabandistas. En tercer lugar, las restricciones pueden conducir a incrementos migratorios súbitos del tipo “ahora o nunca”. Por ejemplo, cuando Surinam consiguió independizarse de los Países Bajos en 1975, el 40% de su población emigró a Holanda antes de que se concedieran los visados.
Finalmente, las restricciones tienden a interrumpir la circulación y empujar a los inmigrantes a asentarse permanentemente. Esto es lo que sucedió, por ejemplo, con los llamados “trabajadores visitantes” de la década de 1970-1980. Como tenían miedo de no poder inmigrar de nuevo después de regresar temporalmente a casa, muchos optaron por asentarse de manera permanente. Antes de 1991, cuando la circulación era libre, muchos marroquíes iban y venían a España para trabajar como temporeros, pero cuando se introdujo la necesidad de obtener un visado en 1991, como consecuencia del Acuerdo de Schengen, se produjo el fenómeno de la inmigración ilegal en pateras y comenzó el asentamiento permanente de temporeros marroquíes en España. Ellos, por su parte, trajeron consigo a sus familias y esto condujo a un rápido crecimiento de la población marroquí en el país que superó las 700 000 personas.
Esto no significa que los gobiernos no puedan o no deban controlar la inmigración. Más bien, lo que demuestra es que las políticas migratorias liberales no conducen necesariamente a la migración en masa y que las políticas migratorias mal concebidas pueden ser contraproducentes. La migración libre es a menudo circular, como puede observarse con la migración en el interior de la UE. Cuanto más restrictivas son las políticas de entrada, más desean quedarse los inmigrantes. Estos efectos no deseados generan dilemas fundamentales para los responsables políticos.
2. No, las políticas migratorias no han fallado
Cuanto mejor está la economía, más aumenta el número de inmigrantes
A largo plazo, el número de inmigrantes que llegan a Alemania se corresponde con el ciclo económico
Fuente: Oficina Federal de Estadísticas Alemana, BM
Propiamente dicha, la inmigración ilegal es un fenómeno relativamente limitado. Los períodos en los que se ha producido una emigración de refugiados extremadamente elevada, como sucedió en 2015 o en la década de los 90 durante los conflictos de los Balcanes, son más una excepción que la norma y no acostumbran a durar mucho. La inmigración no es un flujo que se pueda abrir y cerrar como un grifo. Las modernas políticas migratorias pretenden influir en la selección y el momento de la inmigración más que los volúmenes migratorios. Sin embargo, a menudo sobrestimamos lo que pueden conseguir las políticas migratorias. Esto sucede porque la emigración está motivada por procesos de desarrollo económico y de cambio social, tanto en las sociedades de origen como de destino, que escapan al alcance de las políticas migratorias.
Por ejemplo, en la mayoría de los países europeos los niveles migratorios tienden a estar directamente relacionados con los ciclos económicos (véase el gráfico anterior para el caso alemán). En épocas de sólido crecimiento económico, es más probable que los inmigrantes encuentren trabajo y obtengan así permisos de trabajo. La inmigración económica está fuertemente motivada por la demanda laboral, y cuestiona la idea popular que afirma que se trata de un fenómeno sin control motivado sobre todo por la pobreza y la violencia en los países de origen.
La principal excepción a esta regla son los llamativos controles fronterizos y las políticas de visado cuyo objetivo es evitar que los solicitantes de asilo y los inmigrantes irregulares accedan al territorio europeo. Sin embargo, estos grupos solo representan una minoría dentro del número total de inmigrantes. Si observamos las tendencias a largo plazo relacionadas con las políticas de admisión, la mayoría de los demás grupos de inmigrantes (incluida la mano de obra inmigrante, las familias y los estudiantes) han sido recibidos de manera cada vez más favorable.
Hace solo 20 años, los políticos alemanes y holandeses afirmaban que sus países no eran “países de inmigración”. Hoy en día, estas opiniones se han convertido en la excepción o han quedado confinadas a una periferia de extrema derecha. Esto también es una prueba de que cada vez se acepta mejor la inmigración, a pesar de que exista una retórica que sugiera lo contrario.
4. No, la ayuda al desarrollo en los países de origen no evita la inmigración
Desarrollo humano y migración
Diferencia en el índice de desarrollo humano (IDH) entre emigrantes e inmigrantes
Fuente: Banco Mundial, 2010.
Esto confirma la “paradoja de la inmigración”, puesto que las investigaciones demuestran que los países más pobres presentan un nivel de emigración mucho menor que las naciones más desarrolladas. Al fin y al cabo, para emigrar hace falta disponer de recursos considerables. La pobreza extrema inmoviliza a las personas, que quedan atrapadas porque no se pueden permitir abandonar su tierra natal. Esta también es la razón de por qué la idea de que el cambio climático dará como resultado una emigración en masa hacia occidente es poco realista. Los cambios medioambientales negativos podrán aumentar las intenciones de desplazarse, pero también limitarán la capacidad para poder hacerlo.
El crecimiento económico y una mejor educación tradicionalmente aumentan la facultad y las aspiraciones de la gente para emigrar. En este sentido, no es ninguna coincidencia que países eminentemente emigrantes, como México, Marruecos o Turquía, sean países de renta media. El desarrollo de los países más pobres, como los que se encuentran en el África subsahariana, conducirá a un aumento casi inevitable de la inmigración proveniente de esos países. Por tanto, los futuros inmigrantes de Europa vendrán del África subsahariana en lugar de Turquía y el norte de África.
Remesas de emigrantes a sus países natales en miles de millones de dólares
Fuente: Oficina Federal de Estadísticas Alemana, BM
Fuente: Oficina Federal de Estadísticas Alemana, BM
Un argumento que se repite a menudo sostiene que la emigración provoca una “fuga de cerebros”, es decir, que se vayan los que disponen de un mayor nivel educativo, y por tanto debilita el potencial de desarrollo de los países de origen. En este caso también, los niveles de emigración son por lo general sencillamente demasiado bajos como para causar este efecto. Las investigaciones demuestran que sería en líneas generales poco razonable culpar a la emigración (la salida de doctores, por ejemplo) de los problemas de desarrollo estructurales como la falta de instalaciones sanitarias en las zonas rurales. En segundo lugar, muchos países en vías de desarrollo se enfrentan a mayores niveles de desempleo entre los graduados universitarios.
En tercer lugar, el argumento de la “fuga de cerebros” ignora el hecho de que a menudo los emigrantes invierten grandes sumas de dinero en sus países de origen. En 2015, los emigrantes de países en vías de desarrollo enviaron unos 410 000 millones de dólares de regreso a casa, y eso representa solo las remesas registradas de manera oficial. Este montante supera en más de 2,5 puntos el total mundial de ayuda al desarrollo de ese mismo año (161 000 millones de dólares).
Estas remesas mejoran los estándares de vida y disminuyen los niveles de pobreza entre las familias y las comunidades de los países de origen. Sin embargo, al mismo tiempo, sería equívoco pensar que los migrantes pueden resolver problemas fundamentales de desarrollo como la corrupción o la desigualdad.
Las investigaciones demuestran que la mayoría de los inmigrantes realiza trabajos que las poblaciones locales rechazan o para los que carecen de las habilidades necesarias. Además, diversos estudios muestran que mientras que el efecto de la inmigración en el crecimiento económico tiende a ser positivo, es bastante reducido.
También, las afirmaciones en el sentido de que los sistemas del bienestar avanzados, como los que existen en Alemania y Holanda, atraen a un mayor número de inmigrantes que los países con redes de asistencia social menos generosas, como el Reino Unido o los EE.UU., tampoco han sido nunca demostradas.
No obstante, lo que sí muestran los estudios es que las empresas, los ricos y las clases medias-altas son los que más se benefician de la inmigración (aparte de los inmigrantes mismos). Por lo general, las personas con ingresos bajos tienen menos que ganar, y hasta puede que salgan perdiendo en algunos casos, mientras que irónicamente los exmigrantes son lo que más tienen que temer de los nuevos inmigrantes en términos de competencia laboral. Los que abogan por establecer fronteras abiertas a menudo obvian el potencial que tiene la inmigración de aumentar la desigualdad.
7. No, la inmigración no puede resolver los problemas asociados al envejecimiento de las sociedades
La magnitud de la inmigración es demasiado reducida para contrarrestar los efectos del envejecimiento de la población. Un estudio de la ONU ha demostrado que, para conseguir ese resultado, la inmigración tendría que alcanzar niveles que son tanto indeseables como poco realistas.
Para poder contrarrestar el envejecimiento de la población, este estudio comprobó que Alemania, por ejemplo, necesitaría una inmigración neta de 3,5 millones de personas al año (12 veces por encima de la media nacional de 280 000 entre los años 1991 y 2015).
Además, este argumento no tiene en cuenta que el envejecimiento de la población se está convirtiendo en un fenómeno mundial y que algunas sociedades en proceso de envejecimiento como China han empezado a convertirse en destinos migratorios internacionales por méritos propios. La pregunta que nos haremos en el futuro no será tanto cómo evitar que vengan los inmigrantes, sino como conseguir atraerlos.
8. No, no vivimos una época de migración sin precedentes
Ningún aumento en migración mundial
Porcentaje de migrantes en el total de la población mundial. / Hein de Haas
Y finalmente, una visión de conjunto. Durante más de medio siglo, el número de migrantes, tomado como porcentaje de la población mundial, ha permanecido notablemente estable en torno a un 3% desde 1960. Incluso cuando el número de migrantes internacionales ha aumentado de los 93 millones de 1960 a los 244 millones de 2015, la población mundial ha aumentado aproximadamente al mismo ritmo, de 3000 a 7000 millones.
Asimismo, la idea de que existe una “crisis de refugiados” mundial no tiene ningún fundamento. A escala global, los refugiados representan un porcentaje relativamente menor dentro del número total de migrantes. Mientras que el número de refugiados disminuyó de 18,5 millones a 16,3 millones entre 1990 y 2010, el número total repuntó en 2016 y subió a 21,3 millones, principalmente por la guerra en Siria. Aun así, los refugiados solo representan entre el 7% y el 8% de la población migratoria mundial, y cerca del 86% de todos los refugiados vive en países en vías de desarrollo.
Actualmente, países como Turquía, Pakistán, Líbano, Irán, Etiopía y Jordania albergan las poblaciones más numerosas de refugiados. En cambio, las sociedades occidentales, reciben comparativamente un número muy bajo de refugiados, y los números actuales no son precisamente inauditos. Actualmente, cerca de un 0,4% de la población total de la UE son refugiados, entre 1992 y 1995, esta cifra se situó en torno al 0,5%.
El cambio más significativo en los patrones migratorios mundiales ha sido la dirección de los movimientos de población. Mientras que en los siglos anteriores eran sobre todo los europeos quienes emigraban a territorios extranjeros (o los conquistaban), desde finales de la 2ª Guerra Mundial esta tendencia se ha invertido.
Como consecuencia de una sólida economía y de una población cada vez más envejecida, la UE se ha convertido en un destino migratorio mundial, y ha atraído entre 1,5 y 2,5 millones al año de inmigrantes de fuera de la UE. Aunque esto puede parecer considerable, supone solo entre el 0,3% y el 0,5 % de la población total de la UE (508 millones).
Además, entre 1 y 1,5 millones de personas abandonan la UE cada año. La inmigración neta en países europeos como Francia o Alemania tiende a fluctuar de forma paralela a los ciclos económicos, como ilustra el gráfico anterior, aunque la tendencia a largo plazo no denota ningún aumento.
Existe una necesidad urgente de ver la inmigración como una parte intrínseca del crecimiento económico y del cambio social en lugar de tomarla como un problema que hay que resolver. Es inevitable que las sociedades ricas y abiertas experimenten en el futuro incrementos sustanciales en los números de inmigrantes que reciben, les guste o no.
Esto pone de manifiesto una de las paradojas de la liberalización: el deseo político de reducir la inmigración es fundamentalmente incompatible con la tendencia hacia la liberalización económica y el deseo de maximizar el crecimiento económico. En las últimas décadas, la erosión de los derechos laborales, el aumento de la flexibilidad laboral y la privatización de las empresas anteriormente estatales han aumentado considerablemente la demanda de mano de obra inmigrante en Europa. Los acalorados debates sobre inmigración en el Reino Unido y EE.UU. (dos economías de mercado extensamente liberalizadas que se enfrentan constantemente a elevados niveles de inmigración) son ejemplos claros de esta paradoja de la liberalización.
Por lo tanto, la única manera de reducir la inmigración supone invertir la liberalización económica y regular los mercados laborales de manera rigurosa. Aunque eso podría también reducir los niveles de riqueza de manera general. En ese caso, la pregunta es: ¿realmente es eso lo que queremos?
FUENTE: ctxt.es
Hein de Haas
19/04/2017
Este texto, publicado en la web del autor, es una versión editada del artículo publicado originalmente en alemán por Der Spiegel con el título Mythen der Migration y en inglés con el título Myths of Migration
Hein de Haas es profesor de Sociología en la Universidad de Ámsterdam. Fue miembro fundador y anterior codirector del Instituto de Inmigración Internacional (IMI, por sus siglas en inglés) de la Universidad de Oxford. Para obtener más información acerca de los resultados de las investigaciones que sustentan este artículo, véase www.heindehaas.org y www.imi.ox.ac.uk
Traducción de Álvaro San José.
Como observarán, este extenso artículo hace más de un año que se escribió, pero he considerado conveniente volver a ponerlo en circulación, habida cuenta de lo que acontece en la actualidad.
5/5/18
¡¡¡A LA CALLE!!!
5 de mayo de 2018
¡¡¡A LA CALLE!!!
¡¡¡TODOS A LA CALLE!!!
24/2/18
NOSOTRAS PARAMOS
Razones por las que CTXT apoya la huelga del 8M. Añade la tuya
Editorial
1. Nosotras paramos porque, según Naciones Unidas, ganamos un 23% menos que los hombres en todo el mundo, en lo que la ONU considera “el mayor robo de la historia”.
2. Paramos porque en España cobramos un 30% menos que nuestros compañeros –unos 4.745 euros menos al año–, según datos de la Agencia Tributaria.
3. Paramos porque la tasa de paro entre las mujeres en España es del 18,35%, frente al 14,97% de los hombres, según la última EPA. Y porque somos 126.000 paradas más, pese a haber 1,54 millones de mujeres menos en la población activa.
4. Paramos porque en 2017 España ha creado el 60% de todo el empleo temporal femenino precario de la Unión Europea, según Eurostat. Y porque el 24% de las ocupadas tiene un contrato a tiempo parcial, frente al 7% de los trabajadores masculinos.
5. Paramos porque la cuantía media de nuestras pensiones de jubilación es de 742, 81 euros, 454,38 euros menos –el 37,95 %– que las de los hombres, según un informe de UGT de enero de 2017.
6. Paramos porque el 81% de los casi dos millones de hogares monoparentales que se calculan en España están encabezados por una mujer, según la Fundación Adecco. Y porque la mitad de estas familias está en riesgo de exclusión.
7. Paramos porque el tiempo que dedicamos a los trabajos sin remuneración casi duplica al de los hombres. Y porque el 90% de las amas de casa somos mujeres.
8. Paramos porque de los 1,3 millones de cuidadores que hacen gratis ese trabajo en España, el 80% somos mujeres. Y porque según un estudio de la Universidad de Castilla-La Mancha el coste invisible de cuidar a los familiares dependientes alcanzaría el 5% del PIB.
9. Paramos porque, entre 2008 y 2015, 2.484 mujeres, casi una al día, han sufrido acoso sexual laboral en España, según datos de la Inspección de Trabajo.
10. Paramos porque en España miles de mujeres son violadas cada año, y según los datos de Interior, se denuncia de media una violación cada ocho horas desde 2009. Y porque esos datos, lejos de mejorar, siguen estables y son solo la punta del iceberg: según la Macroencuesta realizada por Igualdad en 2016, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado solo tienen conocimiento de la violencia de género en el 26,8% de los casos.
11. Paramos también porque, ocho de cada diez veces, el autor de esa agresión fue un conocido (47,1%) o un pariente (23,2%), y porque los poderes públicos siguen sin hacer nada para frenar la cultura de la violación entre los jóvenes.
12. Paramos porque una de cada cinco mujeres españoles sufre acoso en las redes sociales, según Amnistía Internacional.
13. Paramos porque casi dos de cada tres jóvenes españoles (27,4%) de entre 15 y 29 años considera que la violencia de género es una "actitud normal" en las relaciones de pareja, según la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción.
14. Paramos por los techos de cristal, por la desigualdad en la ciencia, en el deporte, en los medios de comunicación, en la cultura.
15. Paramos por las casi mil mujeres que han sido asesinadas por sus parejas o exparejas en los últimos 15 años. También por sus hijos.
16. Paramos por Diana, por Jennifer, por María del Pilar, por María Adela, por Celia, por Sacramento (ver http://feminicidio.net/).
17. Paramos porque el Gobierno del PP y los poderes económicos y empresariales no quieren que paremos.
18. Y porque no nos sentimos seguras en la calle.
19. Y porque se sigue objetivando a las mujeres y a sus cuerpos.
20. Y porque ni la justicia ni el Estado nos aseguran un trato igual al de los hombres.
21. Y porque nadie puede parar por nosotras.
Nos queremos vivas. Libres. Iguales. Sin miedo.
Por todo eso pararemos el 8 de marzo; y por eso invitamos a las lectoras y lectores de CTXT a parar también el 8 de marzo.
Porque una sociedad sana y democrática no puede permitir, ni un minuto más, tantos abusos, tanta desigualdad, tanta injusticia.
Editorial
1. Nosotras paramos porque, según Naciones Unidas, ganamos un 23% menos que los hombres en todo el mundo, en lo que la ONU considera “el mayor robo de la historia”.
2. Paramos porque en España cobramos un 30% menos que nuestros compañeros –unos 4.745 euros menos al año–, según datos de la Agencia Tributaria.
3. Paramos porque la tasa de paro entre las mujeres en España es del 18,35%, frente al 14,97% de los hombres, según la última EPA. Y porque somos 126.000 paradas más, pese a haber 1,54 millones de mujeres menos en la población activa.
4. Paramos porque en 2017 España ha creado el 60% de todo el empleo temporal femenino precario de la Unión Europea, según Eurostat. Y porque el 24% de las ocupadas tiene un contrato a tiempo parcial, frente al 7% de los trabajadores masculinos.
5. Paramos porque la cuantía media de nuestras pensiones de jubilación es de 742, 81 euros, 454,38 euros menos –el 37,95 %– que las de los hombres, según un informe de UGT de enero de 2017.
6. Paramos porque el 81% de los casi dos millones de hogares monoparentales que se calculan en España están encabezados por una mujer, según la Fundación Adecco. Y porque la mitad de estas familias está en riesgo de exclusión.
8. Paramos porque de los 1,3 millones de cuidadores que hacen gratis ese trabajo en España, el 80% somos mujeres. Y porque según un estudio de la Universidad de Castilla-La Mancha el coste invisible de cuidar a los familiares dependientes alcanzaría el 5% del PIB.
9. Paramos porque, entre 2008 y 2015, 2.484 mujeres, casi una al día, han sufrido acoso sexual laboral en España, según datos de la Inspección de Trabajo.
10. Paramos porque en España miles de mujeres son violadas cada año, y según los datos de Interior, se denuncia de media una violación cada ocho horas desde 2009. Y porque esos datos, lejos de mejorar, siguen estables y son solo la punta del iceberg: según la Macroencuesta realizada por Igualdad en 2016, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado solo tienen conocimiento de la violencia de género en el 26,8% de los casos.
11. Paramos también porque, ocho de cada diez veces, el autor de esa agresión fue un conocido (47,1%) o un pariente (23,2%), y porque los poderes públicos siguen sin hacer nada para frenar la cultura de la violación entre los jóvenes.
12. Paramos porque una de cada cinco mujeres españoles sufre acoso en las redes sociales, según Amnistía Internacional.
14. Paramos por los techos de cristal, por la desigualdad en la ciencia, en el deporte, en los medios de comunicación, en la cultura.
15. Paramos por las casi mil mujeres que han sido asesinadas por sus parejas o exparejas en los últimos 15 años. También por sus hijos.
17. Paramos porque el Gobierno del PP y los poderes económicos y empresariales no quieren que paremos.
18. Y porque no nos sentimos seguras en la calle.
20. Y porque ni la justicia ni el Estado nos aseguran un trato igual al de los hombres.
21. Y porque nadie puede parar por nosotras.
Nos queremos vivas. Libres. Iguales. Sin miedo.
Por todo eso pararemos el 8 de marzo; y por eso invitamos a las lectoras y lectores de CTXT a parar también el 8 de marzo.
Porque una sociedad sana y democrática no puede permitir, ni un minuto más, tantos abusos, tanta desigualdad, tanta injusticia.
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