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25/6/18

PROBLEMA ESTRUCTURAL DEL MERCADO DE TRABAJO

Hay que derogar las reformas laborales para combatir la precariedad

Los cambios anunciados por la nueva ministra de Trabajo, Magdalena Valerio son limitados porque para combatir la precariedad es necesario un nuevo marco normativo.

 La ministra de Trabajo, Magdalena Valerio. 
La ministra de Trabajo, Magdalena Valerio.  

Una nota de Eurostat de abril de 2018 indica que España es el cuarto país con la menor tasa de empleo de toda la Unión Europea, solo Grecia, Italia y Croacia están por debajo. Un informe del Banco Central Europeo de mayo de 2017 destaca que España es el segundo país de la Unión Europea con más subempleo, solo por detrás de Chipre.

En las estadísticas de Eurostat se refleja que en 2017 España es el estado de la Unión con más personas en paro en cifras absolutas y la segunda tasa de paro más alta, solo por detrás de Grecia. Un informe de la OCDE de 2014 sitúa a España como el país en el que las personas tienen el mayor riesgo de perder su empleo y en el que hay mayor dificultad para salir de la situación de desempleo.

Otro informe de Eurostat, señala que España encabeza el empleo a tiempo parcial no deseado, solo Grecia está peor. Un informe de la OCDE dice que España es el tercer estado de la Unión Europea con el mayor porcentaje de trabajadores pobres, solo Rumanía y Grecia tienen más pobreza laboral.


En abril de 2018 Eurostat informó que España es el segundo estado con menor incremento salarial de toda la UE en 2017: los salarios crecieron aquí cinco veces menos que en la media europea. Un informe de Eurostat de Abril de 2018 demuestra que España es el tercer país con mayor desigualdad salarial de Europa, solo Lituania y Rumanía tienen una diferencia mayor entre los salarios más altos y los más bajos.

España es el estado de la Unión Europea con más personas trabajando con un contrato temporal, como demuestran los datos de Eurostat. Un informe reciente de la UE afirma que sólo el 8% de las personas con contrato temporal en España se convierten en indefinidas frente a una media del 24% en Europa.

Un informe de la Comisión Europea de mayo de 2018 destaca que España es el estado con la mayor tasa de temporalidad de Europa. En ese documento la UE dice, textualmente, que “el mayor uso de la temporalidad por encima de la media europea no puede ser atribuido a una diferente estructura sectorial de la economía.

Tasa de temporalidad en la UE

La cuota del empleo con contrato temporal es superior en España que en la UE en todos los sectores, no solo en aquellos con una naturaleza estacional como la agricultura, el turismo y la construcción”.

El Banco de España, en su informe anual sobre la economía española correspondiente a 2017 dice textualmente: “en la presente recuperación se está manifestando de nuevo un rasgo característico de las fases expansivas de la economía española, consistente en un aumento de la tasa de temporalidad, acompañada de una disminución de la duración de los contratos y de un incremento de la parcialidad no deseada”.

Resulta evidente que tenemos un problema, un enorme problema con el empleo, con la falta de empleo, con la calidad del empleo. España es la quinta economía de la UE pero es el Estado que tiene el mercado de trabajo más precario, con menos oportunidades de empleo, con más paro, más temporalidad, más trabajo parcial no deseado, más subempleo, más desigualdad salarial, más trabajadores pobres, con salarios estancados y con más fórmulas irregulares de contratación.

La precariedad laboral ya es una característica estructural del mercado de trabajo en España porque prácticamente la mitad de las personas que participan en él están en situación de precariedad, en cualquiera de las diferentes formas en las que se materializa.

En España de cada cien asalariados 26 tienen un contrato temporal, 16 trabajan a tiempo parcial y tenemos una tasa de paro del 18%.

La suma de estas tres tasas de temporalidad, parcialidad y paro elevarían el universo de la precariedad muy por encima del 50%, pero esta operación aritmética no es correcta porque las diferentes tasas no se pueden sumar directamente sin tener en cuenta que en muchos casos se superponen unas sobre otras.


Precariedad laboral en la UE

La precariedad en el trabajo es un mal con muchas caras: las personas que buscan trabajo y no lo encuentran, las que rotan entre el desempleo y el trabajo temporal de bajo salario, las que trabajan a tiempo parcial no deseado, las personas que se convierten en autónomos a la fuerza, los falsos autónomos, las que sufren las nuevas fórmulas de empleo vinculadas a las plataformas digitales que sustituyen relaciones laborales colectivas por relaciones mercantiles individualizadas.

Las personas jóvenes que trabajan como becarias, las que hacen falsas prácticas e incluso llegan a pagar por trabajar, las que trabajan unos meses al año, las personas que sufren el deterioro de sus condiciones laborales por culpa de la subcontratación en cascada y la denominada descentralización, las que acceden el empleo a través de empresas multiservizos o de ETTs, las que tuvieron que rebajarse el salario para no perder el empleo, las personas  que tienen formación superior y trabajan en empleos sin cualificación, las que tuvieron que emigrar para encontrar trabajo...

Tenemos un grave problema que además de estructural es permanente, porque llevamos así desde 1984, con consecuencias muy negativas sobre las personas que la padecen pero también sobre el modelo productivo, sobre la economía en general, sobre la demografía, sobre las cuentas públicas, sobre la productividad, sobre el bienestar de la inmensa mayoría social.

Esta es la herencia que deja el Gobierno Rajoy y el desafío a lo que se tiene que enfrentar el nuevo gobierno: cambiar un modelo laboral precario resultado de las 54 reformas laborales impuestas desde 1984, todas con el objetivo de flexibilizar el mercado de trabajo a costa de recortar derechos laborales. Ahora hay que cambiar de paradigma, recuperando la estabilidad laboral como principio básico de funcionamiento del mercado de trabajo.

Y para eso son insuficientes los cambios limitados como los que anuncio la nueva Ministra de Trabajo, porque para combatir la precariedad es necesario un nuevo marco normativo que debe tener como primer paso ineludible la derogación de las últimas reformas laborales.

FUENTE: nuevatribuna.es
Manuel Lago
22/06/2018
Así como Felipe González no se atrevió nunca a convocar el famoso referédum para que el pueblo español eligiera libremente la forma de gobierno que quería, a este ciudadano le da en la nariz que Pedro Sánchez tampoco se atreverá a derogar las reformas laborales impuestas por el PP

Porque "de casta le viene a... los galgos del PSOE". 

Y el que no me ha entendido, tiempo ha tenido.
 

16/6/18

PEDRO SÁNCHEZ NO SE ATREVE A DEROGAR LA REFORMA LABORAL


La decisión del nuevo Gobierno de orillar la derogación de la infame reforma laboral del PP, apelando a la “aritmética parlamentaria”, no puede haber cogido por sorpresa a nadie.

Pedro Sánchez hizo bandera de este asunto en su primera vida como secretario general del PSOE, pero se cuidó de incluirlo en los programas electorales de 2015 y 2016. Tampoco figuraba en el fallido pacto de investidura con Ciudadanos, que hablaba genéricamente de “recuperar el equilibrio de las relaciones laborales”. Y la actitud del ahora presidente durante el debate de la moción de censura fue muy resignada, pese a la insistencia de algunas fuerzas políticas, en especial Unidos Podemos, para que adquiriera un compromiso claro al respecto.

Pedro Sánchez

Con estos antecedentes, era poco probable que Sánchez diese un paso al frente y aprovechara el estado de gracia que asiste a los nuevos inquilinos de la Moncloa para proponer al Parlamento la liquidación inmediata de la ley más dañina para los trabajadores en cuarenta años de democracia.

Una ley que fue una auténtica trituradora de empleo en los peores momentos de la crisis, cuando los empresarios usaron y abusaron de ella para aligerar sus plantillas a bajo precio. Pero cuyas catastróficas consecuencias persisten aún hoy y explican en buena medida la desorbitada precariedad y los bajos salarios que caracterizan al mercado laboral.


Hubiera sido un gesto de valentía que el recién investido presidente del Gobierno pusiera la derogación de la reforma laboral de febrero de 2012 entre sus prioridades, incluso a costa de ganarse con ello su primer gran revés parlamentario. Habría dado cauce así a una reclamación clamorosa de la clase obrera, a la vez que obligaba a retratarse inequívocamente a los partidos que prefieren dejar las cosas como están, incluida alguna facción de suyo propio.

Sánchez, sin embargo, ha optado por refugiarse en una malentendida prudencia, como el perro apaleado que rehuye la pelea.


Para disimular su falta de atrevimiento, Sánchez ha hecho anunciar a la ministra de Trabajo que impulsará algunos retoques de la ley, siempre que previamente obtengan el suficiente respaldo de los agentes sociales y de las formaciones políticas representadas en el Congreso.

Entre ellos figurarían la recuperación de la ultractividad de los convenios y de la supremacía de los sectoriales sobre los de empresa, que permitiría a los trabajadores recuperar parte del terreno perdido en la negociación colectiva frente a los empresarios. Bienvenidas sean esas mejoras, si es que llegan; pero no dejarían de ser parches inspirados por el “pragmatismo”que tantas esperanzas ha truncado a una sociedad que valora también a quien toma riesgos. Para llegar al poder y una vez en él.


FUENTE: publico.es
Opinión - Aquí no se fía
Vicente Clavero
15/06/2018

Recordemos que el Congreso rechazó, en abril de 2016, la propuesta de Podemos de derogar la reforma laboral, merced a la abstención del PSOE.

Lo del nuevo presidente del gobieno no sé bien si es acojone o cinismo, pero ya tenemos la primera promesa incumplida: una pedrada en la frente para los trabajadores, la primera de la nueva etapa socialista.