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11/1/19

IGUALDAD

La diferencia es que Dios no existe y las feministas sí 


Lo primero, en Vox no lo aceptarán nunca, pero de lo segundo sí que no les va a caber ninguna duda

Me pregunto si Ciudadanos volverá a ir a la cabalgata del Orgullo Gay este año.


Me pregunto si Albert Rivera querrá seguir "liderando" la lucha feminista.

Me pregunto si se unirán a la manifestación del 8M, como hicieron el año pasado.

Aspecto de la manifestación feminista del 8M a su paso por la calle de Alcalá de Madrid
Aspecto de la manifestación feminista del 8M de 2018 a su paso por la calle de Alcalá de Madrid / 
Juanlu Sánchez

Me pregunto también si seguirán reflotando el tema de la gestación subrogada, ahora que necesitan tener contentos a quienes, dios mediante, no pueden aceptar todo lo anterior.

Me pregunto por qué luchan los votantes de Ciudadanos y el propio partido. Me pregunto cuál es su principio irrenunciable, más allá del capital. 


Me pregunto qué tipo de gimnasia mental estarán haciendo quienes apoyan a la formación naranja, los del "cambio tranquilo", para justificar que hayan metido en el poder al franquismo.

Me pregunto si en las próximas municipales volverán a pactar con ellos, con los del medievo,  como apunta Villacís. Quizás ya no tengan ningún dilema con ir o no al Orgullo porque directamente consigan que no se celebre ese día.

Begoña Villacís

Puede que lo deroguen para crear un nuevo evento, cambiándole el nombre, como han hecho con la Ley de Memoria Histórica en Andalucía. Quizás prohíban el Día del Orgullo Gay y lo llamen "Orgullo Hetero".

Me pregunto hasta qué punto, un partido que se llamaba centrista, se adapte a las exigencias de una formación de extrema derecha cuyo programa se basa en derogar leyes de igualdad.


¿Cuánto más desoirían a sus homólogos europeos? ¿Hasta dónde retorcerían la retórica para blanquear el cadáver del franquismo que se ha instalado en el Gobierno andaluz y que promete hacerlo en el resto de España?

Me pregunto si, llegado el caso y con tal de coger sillones en el Gobierno, legislarían con Vox para hacer realidad los sueños de estos: que sea legal difundir datos de personas migrantes y así poder expulsarlas; que sea legal derogar leyes como la Ley de Violencia de Género, apuntaladas por el Tribunal Supremo: que sea ilegal decidir sobre nuestro cuerpo y abortar.


Me pregunto cómo, progresivamente, van a ir sus votantes justificando cada atropello que se cometa contra los más vulnerables, contra los ideológicamente opuestos. 

Lo único que sé a ciencia cierta es que el feminismo de clase y antirracista es el último bastión contra la mancha de votos que se avecina. Lo único que tengo seguro, es que si salvamos el culo, va a ser por el genio, la fuerza y la imbatibilidad de las mujeres feministas.


No me estoy preguntando nada que no sea factible es un futuro próximo. No me estoy preguntando nada que no haya pasado en otros países con la llegada del fascismo. No me estoy planteando ninguna distopía imposible. Ni yo ni todas las que andamos en estas desde diciembre.

Somos peligrosas para ellos, y lo saben. Por eso Ciudadanos intentó aplacarnos en el pasado hasta que desistió. Por eso Vox arremete contra nosotras con esa fiereza machista. Estos últimos no van a desistir, porque a diferencia de Ciudadanos tienen algo más intocable que el capital: Dios. 


Ese Dios medieval al que hay que temer. Ese Dios furioso contra infieles. Ese Dios misógino, como todos los dioses. Ese Dios con el que cree que van a encontrarse cuando mueran y al que tendrán que dar explicaciones. No sólo tienen miedo a las feministas, tienen miedo a su propio dios. 

La diferencia es que Dios no existe y las feministas sí. Vox no aceptará nunca lo primero, pero de lo segundo sí que no les va a caber ninguna duda.

Barbijaputa
FUENTE: eldiario.es

7/1/19

KATHI WEEKS / TEÓRICA FEMINISTA

“La explotación es el elemento vital del capitalismo”

<p>Kathi Weeks</p>
Kathi Weeks

En esta entrevista (agosto, 2017), la feminista marxista Kathi Weeks explica las relaciones entre la política anti-trabajo y la lucha contra el patriarcado analizando las identidades y jerarquías de género y su tendencia a destacar la división de género del trabajo como máquina para la reproducción de la diferencia de género y la desigualdad.

Eres marxista, ¿no? ¿Cómo ha dado forma el marxismo a tu trabajo?

Sí, me considero una marxista, entre otras afiliaciones intelectuales y políticas. Me he sentido atraída por el marxismo por su compromiso e innumerables herramientas para comprender el funcionamiento de las economías capitalistas y las formaciones sociales.



Tal vez, más que nada, estoy interesada en aquellas versiones del marxismo que se centran en el trabajo, y específicamente en la experiencia de los trabajadores en el trabajo: sus ritmos, organización, relaciones de poder, placeres y dolores, como punto de partida del estudio de las sociedades capitalistas. Entonces, para mí, el marxismo ha sido muy valioso como un lugar común para explorar el estudio crítico del trabajo.

Como feminista marxista, mi análisis de las identidades y jerarquías de género tiende a destacar la división de género del trabajo como una poderosa máquina para la reproducción de la diferencia de género y la desigualdad. No es el único motor del sistema de género, pero creo que la división de género en el cuidado de niños y el cuidado de los ancianos es una fuente particularmente potente de nuestras ideas y sentimientos sobre el género y sobre las ideologías e instituciones de género.

¿Cómo definirías el feminismo marxista en 2017? ¿Cuáles son las ideas estratégicas básicas que cree que deberían seguir los movimientos, particularmente en la era del neoliberalismo global?


Buena pregunta. Como una forma de tratar de responderlas, permítanme ofrecer una distinción burda pero útil entre dos períodos de la obra del feminismo marxista, uno pasado y otro presente.

Primero el pasado. En la década de 1970, las feministas marxistas angloamericanas se enfocaron en mapear la relación entre dos sistemas de dominación: el capitalismo y el patriarcado. Se podría caracterizar esta fase como el intento de llevar una crítica marxista del trabajo al campo del trabajo doméstico y las relaciones familiares de producción.

Al examinar el trabajo de cuidado doméstico, el trabajo doméstico, el trabajo de consumo y el trabajo de creación de comunidad como formas de trabajo reproductivo de las que depende el trabajo productivo más estrechamente concebido, y ver al hogar como un lugar de trabajo y la familia como un régimen que organiza, distribuye y gestiona ese trabajo, las feministas marxistas avanzaron un largo camino hacia la desmitificación de las llamadas prácticas, relaciones e instituciones "privadas". Por un lado, estaban preocupadas por la pregunta teórica de cómo entender la relación entre capitalismo y patriarcado: ¿se concebían mejor como dos sistemas relacionados o como un sistema totalmente entrelazado? Por otro lado, también se centraron en la cuestión práctica estrechamente relacionada de las alianzas: ¿deberían los grupos feministas ser autónomos o estar integrados con otros movimientos anticapitalistas (y a menudo antifeministas)? 



Capitalismo y patriarcado: ¿se concebían mejor como dos sistemas relacionados o como un sistema totalmente entrelazado?

Hoy nos encontramos en una situación diferente que ofrece nuevas posibilidades para la relación entre marxismo y feminismo. Mientras que las feministas de la década de 1970 lucharon por llevar una analítica marxista adaptada al estudio del trabajo asalariado a un tipo muy diferente de práctica laboral no remunerada que no se había considerado parte de la producción capitalista, hoy creo que para captar nuevas formas de trabajo asalariado necesitamos recurrir a los análisis feministas más antiguos del "trabajo de mujeres", tanto asalariado como no remunerado.

Algunos describen el momento presente en términos de "feminización del trabajo". No es mi término favorito, pero lo que entiendo es una manera de describir cómo en las economías neoliberales posfordistas, cada vez más empleos asalariados se asemejan a formas tradicionales del trabajo doméstico feminizado. Esto es particularmente evidente en el aumento de formas precarias de empleo asalariado, a tiempo parcial, informal e inseguro, y en el crecimiento de empleos en el sector de servicios que aprovechan las capacidades emocionales, de atención y de comunicación de las trabajadoras, capacidades que están infravaloradas y resultan difíciles de medir.



Para enfrentar este panorama cambiante del trabajo, en lugar de utilizar una analítica marxista no reconstruida para estudiar las formas no remuneradas de trabajo doméstico, hoy necesitamos recurrir a los análisis feministas marxistas de las formas generizadas tanto del trabajo remunerado como del no remunerado por sus ideas sobre cómo se explotan Y cómo se experimentan. La implicación práctica de esto es que, si queremos comprender y resistir las formas contemporáneas de explotación, los marxistas ya no pueden permanecer ignorantes o separados de las teorías y prácticas feministas. Como yo lo veo, la teoría feminista ya no es opcional para la crítica marxista.

En numerosas publicaciones te refieres al concepto de rechazo del trabajo. ¿Piensas que este concepto tiene algo que ofrecernos política o analíticamente?

Tomo prestado el concepto de la tradición del marxismo autonomista. Como yo lo entiendo, el rechazo del trabajo está dirigido contra el sistema de (re)producción organizado alrededor, pero no limitado a, el sistema salarial. Hay tres puntos que vale la pena destacar aquí. Una es que la negativa se dirige no a este o ese trabajo, sino al sistema más amplio de cooperación económica que está diseñado para producir acumulación de capital para los pocos y el trabajo remunerado que se supone debe apoyar al resto de nosotros.



En segundo lugar, esta noción de rechazo no privilegia ninguna forma específica de respuesta, como el paro laboral, sino que designa una aspiración a enarbolar una crítica radical del trabajo que podría incluir una lista mucho más larga de posturas y acciones posibles. Finalmente, también describiría el rechazo del trabajo como un proyecto político colectivo a lo largo del tiempo en lugar de un mandato ético individual. El objetivo es transformar las instituciones e ideologías que nos atan al mundo del trabajo existente, asalariado y no asalariado, que requiere la organización política de las colectividades. La mayoría de los individuos como tales no pueden simplemente alejarse del empleo, por lo que no es eso de lo que estamos hablando.

Pienso que el rechazo del trabajo es políticamente importante porque creo que el trabajo y las relaciones de (re)producción son sitios profundamente significativos de conciencia política y contestación. El sistema salarial no está funcionando para casi todos. La mayoría de nosotros tenemos problemas con el trabajo.

Dependiendo de dónde estemos ubicados, esto incluye todo, desde el exceso de trabajo hasta el desempleo y el subempleo, incluso si se experimentan de manera muy diferente en los sectores más privilegiados y en los sectores menos privilegiados de la economía. Es en nuestra relación con el trabajo (concebido ampliamente para incluir también la experiencia de formas no remuneradas y de ser excluido de una relación laboral en una sociedad que la prescribe) donde es más probable que desarrollemos una perspectiva crítica sobre el capitalismo y que formulemos demandas de cambio.


¿Cómo cree que el rechazo del trabajo puede ser útil en relación con el trabajo de las mujeres? ¿Podría esta negativa ser una de las tácticas del movimiento feminista actual?

Sí, creo que el rechazo del trabajo ofrece a las feministas una línea de análisis crítico y agenda de la práctica política de vital importancia. Para entender por qué este es el caso, necesitamos revisar nuestro modelo de economías capitalistas. El sistema de salarios que sigue siendo el mecanismo clave de la supervivencia económica depende de una segunda institución, a saber, la familia privatizada que sirve como el lugar principal para el trabajo reproductivo necesario para reproducir a los trabajadores de manera diaria y generacional.

Por tanto, el sistema de salario-y-familia incluye los sistemas mayores de la producción organizada en torno al trabajo asalariado y de la reproducción organizada en torno al hogar y sostenida por la institución de la familia como vía principal por la cual la mayoría de nosotras somos reclutadas en estas típicas relaciones de reproducción no asalariadas y generizadas. Entonces, como las feministas han argumentado durante mucho tiempo, necesitamos un mapeo más amplio de un sistema económico capitalista que pueda dar cuenta de todo el trabajo, tanto asalariado como no asalariado, que está involucrado en el mantenimiento de ese sistema.

El sistema de salarios que sigue siendo el mecanismo clave de la supervivencia económica depende de una segunda institución: la familia privatizada
La pregunta sigue siendo, entonces, qué podría significar "rechazar" el trabajo de reproducción social tal como está actualmente organizado y dividido. Como han aprendido las feministas, rechazar el trabajo doméstico es un proyecto mucho más difícil con efectos potencialmente de mayor alcance. En mi opinión, el rechazo del trabajo en este terreno implica, como mínimo, la crítica de la familia como el eje institucional de las relaciones sociales del trabajo reproductivo doméstico y la ética familiar como su apoyo ideológico. Como máximo, significa confrontar a toda la organización del trabajo y de la vida.

Esta es una de las muchas razones por las que he estado tan interesada en la literatura de 1970 sobre la remuneración del trabajo doméstico. Lo que intentaron estas teóricas y activistas es lo que veo como una de las maniobras más difíciles del feminismo marxista: hacer visible el trabajo doméstico como trabajo y parte del proceso de valorización, pero al mismo tiempo, insistir en que no es algo que celebrar o reverenciar. Esto es algo muy difícil de hacer: obtener su reconocimiento como trabajo socialmente necesario (que requiere, por ejemplo, más tiempo libre para realizar el trabajo asalariado), pero no sobrevalorarlo como tal, insistir más bien en su desmitificación, desromantización, desprivatización, desindividualización y, por supuesto, desgenerizado. Como trabajo, también es algo contra lo que luchar en la medida en que implica la vida entera.


A mi modo de ver, esto significa luchar contra, por nombrar solo un par de cosas, la división de género de este trabajo, las terribles condiciones del trabajo doméstico asalariado, así como formas de intensificación del trabajo como la ideología de la maternidad intensiva. También implica la invención de nuevas formas de organizar y compartir el trabajo y de hacerlo significativo.

En tu estudio, The problem with work, presentas un argumento sólido a favor de la Renta Básica Universal. Ahora parece que hay un número creciente de ensayos y reflexiones de izquierda que afirman que los proyectos de renta básica no son intrínsecamente de izquierdas y en realidad son consistentes con la lógica y reestructuración neoliberal (básicamente, arrojar dinero a un problema en lugar de proporcionar cualquier tipo de solución infraestructural). ¿Tiene alguna otra idea con respecto a la Renta Básica Universal, particularmente a la luz de estas nuevas críticas de izquierda y el aumento de la popularidad del concepto entre los conservadores?

Interpreto el creciente interés en una renta básica en todo el espectro político como un desarrollo positivo. Así es como lo veo: la demanda de Renta Básica es, según los términos de la demanda, una demanda de izquierda. Sin embargo, la política de la demanda no es, en ningún caso, sencilla. El hecho de que pueda o no mejorar las vidas de amplias capas de trabajadores depende de varios aspectos específicos, el más importante, del nivel de ingresos que se proporciona. Si es demasiado bajo, se corre el riesgo de subvencionar aún más a los empleadores de bajos salarios ofreciendo a sus trabajadores un complemento salarial.


La demanda que apoyo va dirigida a un ingreso vital vivible que, en la medida en que permite a los trabajadores optar por el trabajo asalariado, incluso temporalmente, obligaría a esos empleadores a ofrecer mejores salarios y condiciones. Dicho esto, la política en torno a esto es, en el mejor de los casos, complicada, ya que no es improbable que una vez ganada, una renta básica se instituya primero en cifras bajos. La lucha para luego elevar el nivel de ingresos requerirá esfuerzos adicionales.

Pero incluso si está asegurado en forma de una renta mínima, debe quedar claro que una demanda de Renta Básica no es una propuesta para reemplazar el sistema de salarios, sino solo para aflojarnos el cinturón un poco al proporcionar ingresos para aquellos que ahora están excluidos o son precarios en relación con el trabajo asalariado, y para aquellos cuyas contribuciones a la (re)producción social ahora no son remuneradas con salarios. También les daría a los individuos una posición más sólida desde la cual negociar contratos de trabajo más favorables y nos permitiría tomar mejores decisiones sobre qué tipo de hogares y relaciones íntimas querríamos formar. Si bien estos no son beneficios insustanciales, no se suman a una visión poscapitalista revolucionaria.

Por el contrario, creo que una renta básica es la única forma que tendría el capitalismo de sostenerse material e ideológicamente en un futuro cercano, ya que el sistema salarial y el modelo familiar continúan revelándose inadecuados para la tarea de distribuir los ingresos y organizar la cooperación productiva. En cambio, lo que un ingreso básico podría proporcionar es un apoyo material para invertir el tiempo y el esfuerzo necesarios para luchar por reformas adicionales y una apertura conceptual para pensar más críticamente sobre el trabajo y el no trabajo y más imaginativamente sobre cómo podrían transformarse aún más. En ese sentido, es una demanda bastante modesta, pero creo que permitirá más acción y pensamiento políticos.


¿Cree que el concepto de trabajo precario se centra demasiado en el contrato o los términos de empleo, en lugar de la explotación que se produce en la valoración del trabajo? ¿La teoría crítica necesita un concepto más fuerte que la precariedad, por ejemplo, la "superexplotación"?

Entiendo que los dos conceptos, precariedad y explotación, se refieren a diferentes aspectos de la organización del trabajo asalariado. El concepto de explotación describe los términos básicos de la relación de trabajo capitalista. La explotación del trabajo es el elemento vital del sistema. Se pueden explotar diferentes formas y sectores de trabajo a diferentes ritmos y bajo diferentes tipos de regímenes gerenciales, pero no es una característica opcional del sistema de trabajo remunerado bajo el capitalismo.
La explotación del trabajador es el elemento vital del sistema

La categoría de precariedad designa un cambio histórico en aspectos más específicos de la relación laboral. Creo que el término tiene más sentido cuando se usa para marcar la transformación del modelo fordista (y esto obviamente fue un modelo o ideal en lugar de una descripción empírica de todos los trabajos) de empleo seguro, permanente y de tiempo completo que podría permitir a los trabajadores servir como un suministro constante de consumidores para los productos y servicios que produjeron, hasta el aumento de formas de empleo más inseguras, a tiempo parcial y temporales en una economía más interconectada y globalizada donde los consumidores pueden encontrarse en otros lugares.

Creo que el término es más resonante para aquellos ubicados en otros países donde el modelo fordista se extendió más ampliamente y se realizó de manera más completa. El empleo fue típicamente más precario para un mayor número de trabajadores en los Estados Unidos que, por ejemplo, en algunas economías de Europa occidental. Dicho esto, creo que el concepto es una adición importante en lugar de una alternativa al concepto de explotación. Lo encuentro más convincente cuando se usa no para defender o explicar una demanda de retorno a los confines del antiguo modelo fordista, sino cuando se invoca como parte de la lucha para hacer más seguro, más sostenible, más habitable, una relación con el trabajo en la que el trabajo no domina el resto de la vida.

FUENTE: ctxt.es
AUTOR: George Souvlis (Political Critique)
TRADUCCIÓN: Sergio Vega Jiménez
07/01/2019 - Este texto está publicado en Sin Permiso.

15/7/17

LA UE NO ES REFORMABLE, HAY QUE DESOBEDECER

Movimiento 15-M (Madrid)

En Europa sí hay una alternativa de izquierda radical, de ruptura anticapitalista, de opción internacionalista, antimperialista, feminista, ecologista… Pero, si la izquierda radical, como ocurrió en Grecia provoca una frustración esa ventana se va a abrir mucho más hacia la extrema derecha. Una fuerza de izquierda que pretende lograr un cambio tiene que comprometerse a desobedecer, a movilizar a la ciudadanía y a buscar la solidaridad entre los pueblos.

Para los países periféricos como Grecia, la desobediencia implica la suspensión del pago de la deuda para poder tener un margen de maniobra para invertir en su economía. Es necesario, una correlación de fuerzas frente a los acreedores para obligarlos a sentarse en una mesa de negociación. 

En Europa hay una alternativa de izquierda radical

Jeremy Corbyn

En la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Francia, la coalición France Insoumise liderada por Melenchon se quedó a sólo un %1,7 de votos para pasar a la segunda vuelta. En EEUU si Bernie Sanders hubiera sido el candidato para enfrentarse a Donald Trump, Sanders hubiera ganado las elecciones. En Gran Bretaña al Partido Laborista de Corbyn solo le faltaron 800.000 votos para ganar al Partido Conservador. Corbyn hizo una campaña muy de izquierda, de ruptura total respecto a la orientación de Blair, optando por una orientación internacionalista del Brexit y una campaña económica de re-nacionalización. En la parte británica de Irlanda, el Sinn Fein ha pasado de 4 a 7 diputados. Es decir, se mantiene en Europa una ventana ampliamente abierta hacia una orientación de izquierda radical, de ruptura anticapitalista, de opción internacionalista, antimperialista, feminista, ecologista… 

Pero si la izquierda radical, como ocurrió en Grecia, provoca una frustración esa ventana se va a abrir mucho más hacia la extrema derecha.

Gobiernos de cambio


A partir de mayo 2015 gobiernos de cambio llegaron al poder a nivel del Estado español. El problema es la capacidad que tiene el Estado, a todos sus niveles, para absorber a la izquierda radical. El margen de obra de los municipios es muy limitado: la cantidad de servicios que se podrían remunicipalizar es tremendamente limitada, ya que debido a la obligación de pagar la deuda no pueden reinvertir en remunicipalizar de manera importante estos servicios.

En Cádiz se ha celebrado el II Encuentro Municipalista contra la Deuda Ilegítima y los Recortes. Esta iniciativa proviene de un manifiesto radical que reclama la auditoría de la deuda para determinar la parte ilegítima. Al mismo tiempo, se convoca a los municipios de cambio fuerte (Ahora Madrid, Barcelona en Común,..) a que se unan a los municipios medianos y pequeños estrangulados por la deuda para enfrentarse al gobierno. Si los gobiernos de cambio optan únicamente por actuar como mejores gestores de la miseria de las finanzas públicas, la perspectiva va a ser frustrante. Si ésta buena gestión se combina con un enfrentamiento al gobierno, hay alternativa.

Lecciones de la capitulación del gobierno de Alexis Tsipras en Grecia


Una fuerza de izquierda que pretende lograr un cambio tiene que comprometerse a desobedecer en caso de llegar al gobierno: desobedecer los tratados de la UE, los dictámenes de la Comisión Europea y de los acreedores.

El caso griego es el ejemplo, claramente, contrario. Tsipras logró ser Primer Ministro con un apoyo popular muy fuerte pero apostó por mantener una buena relación con la Comisión Europea a través negociaciones: continuando con el pago de la deuda se podría llegar a una solución. Pero eso no es posible: la Unión Europea no es reformable. Lo que un gobierno de cambio sí puede hacer, es utilizar el margen de maniobra que le concede el apoyo popular que tiene, para enfrentarse a la Comisión Europea con argumentos de justicia social, de voluntad de romper con la austeridad. Es decir, queda la opción de desobedecer. Un gobierno de cambio tiene que comprometerse a movilizar a la ciudadanía. 

Tsipras y Varoufakis viajaban no sé cuantas veces al mes y vivían en cuartos de hoteles negociando con la Comisión o con el FMI, sin movilizar al pueblo griego, sin llamar a los pueblos de Europa para solidarizarse con los griegos y hacer un frente común para enfrentar a la Comisión Europea. Si Tsipras hubiera informado, constantemente, del contenido real de las negociaciones, si hubiera convocado a movilizaciones, si hubiera estado dispuesto a aceptar visitas de organizaciones populares de otros países, habríamos tenido otra situación. Grecia, uno de los países más débiles y periféricos de la zona euro, estaba en condiciones de ganar la batalla contra la Comisión Europea, empezando por declarar una suspensión de pagos.

La desobediencia implica la suspensión del pago de la deuda


Tsipras vació el Tesoro Público, exigió a las administraciones públicas y a las empresas públicas transferir su liquidez al Banco Central para pagar la deuda. No tenía dinero para iniciar un plan de emergencia humanitaria a un nivel suficientemente amplio. Entre febrero y junio 2015, Grecia pagó 7000 millones de deuda a sus acreedores sin recibir ningún centavo de euro en contrapartida. Mientras tanto, el BCE hizo todo lo que le permiten sus estatutos contra el gobierno de Tsipras.

Primero, limitó la liquidez a los bancos griegos, estableciendo la liquidez de emergencia que es mucho más costosa. Unos meses más tarde, cuando Tsipras convocó al referéndum, el BCE cerró totalmente la liquidez, incluso de emergencia. El BCE utilizó todos los mecanismos contra el gobierno de Tsipras mientras éste no utilizó ninguno.

Para los países periféricos como Grecia, la desobediencia implica la suspensión del pago de la deuda para poder tener un margen de maniobra para invertir en su economía. Es necesario una correlación de fuerzas frente a los acreedores para obligarlos a sentarse en una mesa de negociación.


Esto habría que combinarlo con otras medidas unilaterales: control de capital, socialización del sector bancario y aumento del déficit fiscal, para incrementar el gasto público. Esto es posible y necesario. Es cierto que podría desembocar en la expulsión de la zona euro, aunque no existe una formal legal para ello, ya que corresponde a cada país decidir si sale o no de la unión monetaria. En mi opinión, antes de salir de la zona euro, queda desobedecer y abrir un margen de maniobra para activar una transición en la cual hay una posibilidad de acumular fuerzas y mantener el apoyo popular utilizando formas de movilización, participación y auto-organización popular.

Es una opción radical pero un gobierno puede tomar esas opciones si ha logrado de manera previa convencer a la ciudadanía de que es necesario: hay elementos estratégicos de la vida actual en sociedad que tienen que ser re-transferidos al sector publico. El servicio de salud, la educación, la energía o el sector financiero privado siempre han de ser públicos. Los poderes públicos necesitan tener instrumentos para invertir de forma masiva en la transición ecológica y ello implica socializar al sector bancario.

La UE no es reformable. Se trata de llevar una batalla en contra de esa UE y mostrar a los pueblos que sí hay posibilidades utilizando la capacidad de tomar medidas soberanas unilaterales de enfrentamiento.


FUENTE: http://www.cadtm.org
Eric Toussaint
15/07/2017

Aunque he incluido una fotografía en la que parece que, la Comisión Europea (CE), el Banco Central Europeo  (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) están apretando el cuello de Alexis Tsipras, está claro que lo que le aprietan es otra cosa. Fíjense bien.

11/6/17

FEMINISMO E INTERNACIONALISMO

No existe más digno ni más necesario internacionalismo que el feminismo


Donald Trump visitó Bruselas con motivo de la celebración de la cumbre de la OTAN, esa alianza "obsoleta", "baluarte de la paz y la seguridad internacionales", tal como él mismo la definió, eso sí, en dos instantes diferentes de su carrera. Poco antes de su visita en Florencia, se celebraba la Asamblea Parlamentaria Euro-Latinoamericana.

En ella hemos hablado de seguridad, de terrorismo, de crimen organizado, de narcotráfico… y también hemos hablado de nosotras, las mujeres. Porque en un mundo globalizado, donde los Estados apenas tienen ya poder de decisión y los tratados comerciales socavan más que nunca la soberanía de los pueblos; donde la xenofobia y la intolerancia aumentan, espoleadas por figuras como la del inefable presidente americano, la solidaridad internacional entre mujeres es quizás más imperiosa que nunca. 




Creemos que no existe más digno ni más necesario internacionalismo que el feminismo. Porque quienes como la activista hondureña Berta Cáceres luchan y mueren por la tierra, por defender el agua, el territorio, los bienes comunes, la vida, para que ésta no caiga en manos de corporaciones privadas y sea destruida, necesitan que nos unamos.

Necesitan también saber que las escuchamos, que oímos sus voces y que las amplificamos en los espacios de poder en los que estamos presentes. Por eso hemos dado en Florencia las gracias a las mujeres periodistas, fotoperiodistas y activistas de México con las que hemos estado en contacto estos días. Mujeres que se juegan la vida documentando y denunciado cómo su país se está convirtiendo en un inmenso Ciudad Juárez. Porque, no lo olvidemos, todos los conflictos lo son siempre más duros para nosotras, ya que a la violencia del narcotráfico hay que sumar la violencia específica contra las mujeres solo por el hecho de serlo.




Una violencia cruel y desgarradora que deriva del odio relacionado con el género, y de las desiguales relaciones de poder entre hombres y mujeres. Una violencia específica que se evidencia con la mutilación de los cuerpos, la agresión sexual, la tortura y el intento de desaparición de los cuerpos. Las víctimas de feminicidio lo son triplemente en México y en muchos otros países del mundo: lo son cuando las asesinan, lo son cuando sus muertes no se investigan y lo son cuando la sociedad y los medios de comunicación las juzgan tras su muerte: por cómo vestían, cómo hablaban o cómo vivían.

Ya van siete asesinatos de periodistas en México este año para acallar a quien reportea el infierno. Por las y los periodistas de México debemos sumar nuestras voces al grito desesperado de: NO AL SILENCIO. No a la impunidad y no a una Comunidad Internacional que sigue prefiriendo mirar hacia otro lado, alzando muros en lugar de tender puentes. Vivimos una de las fases más intensas de la globalización capitalista, podríamos decir que estamos ya en las postrimerías del paso de la economía de mercado a la sociedad de mercado.




Una sociedad en la que todo, hasta nuestros vientres, nuestra capacidad de parir, se convierte en mercancía. Es cierto que el auge de la extrema derecha y de personajes como Donald Trump surge también como reacción a la omnipotencia del mercado y a la desposesión de las clases populares. Pero es una reacción que trae consigo terribles consecuencias. Necesitamos reaccionar, sí. Pero necesitamos una reacción basada en los valores de equidad, respeto, igualdad.

Una reacción feminista y no justo todo lo contrario. Somos las mujeres –brujas y curanderas, que diría Silvia Federicci– quienes desde muchos puntos del planeta, más nos hemos resistido siempre a las imposiciones del mercado. La economía de los cuidados que reclama el feminismo tiene que ver con una nueva forma de producir, de entendernos, de establecer las reglas que rigen nuestras sociedades. No sólo el beneficio económico cuenta. Cuenta la sostenibilidad de la vida. De una vida que merezca la pena ser vivida.



Debemos reclamar una vida digna y segura para nosotras y para nuestras hijas; donde la cultura de la violación no campe a sus anchas ni se expanda por culpa de unos medios de comunicación que hacen un uso irresponsable del altavoz que poseen como generadores de opinión pública y que tiene relación con la cosificacion de los cuerpos de las mujeres y, por tanto, con la mercantilización de la vida.

En España hay más de mil violaciones al año denunciadas. La punta del iceberg de todas aquellas que prefieren callar para no ser ellas las juzgadas. Últimamente, las violaciones en grupo de manadas de jóvenes que buscan diversión se están convirtiendo en espectáculos televisivos donde a quien se juzga es a la víctima y a quien se justifica es a ellos. Son los hijos sanos del patriarcado. Uno de cada tres pagará por sexo sin importarle si quien presta su cuerpo lo hace libremente, forzada, sin papeles, coaccionada, amenazada.



Los hijos sanos del patriarcado: 60 de ellos asesinarán a sus parejas cada año en España, porque entienden que en el sexo y en el amor las mujeres les pertenecemos. Es crudo decirlo así. Pero es necesario decirlo: nos están matando. Movilizaciones inspiradoras, como Ni Una Menos, surgida en Argentina, son las que nos alumbran el camino. Porque hay una revolución pendiente. Y si algo bueno tiene la globalización es que nos da la oportunidad de compartir ideas e inquietudes, de generar redes de mujeres a ambas orillas del Océano, de crear espacios democráticos y consolidar una verdadera ciudadanía social que no excluya, como hasta ahora, a la mitad de la humanidad.

Por eso nuestra propuesta ante los Donald Trump que amenazan el mundo es una alianza entre nosotras. Una alianza que nos haga fuertes. Que dote al feminismo (eso que Clara Campoamor decía debiera llamarse, más bien, humanismo) de un papel protagonista en nuestra historia. Una alianza para que la igualdad y la equidad sean argumentos básicos del pacto global.




FUENTE: http://www.eldiario.es
Estefanía Torres

1/5/17

ASÍ HABLÓ CLARA CAMPOAMOR

A los 45 años de la muerte de la impulsora del sufragio femenino en 1931, su discurso sigue siendo actual y atemporal. Libros y artículos reúnen su legado.

Clara Campoamor
Ilustración de Elena Valverde

Hace 86 años, una sola mujer tomó la palabra en el Congreso de los Diputados para reclamar a los parlamentarios españoles un sí para el derecho político básico: el voto. Clara Campoamor, acompañada únicamente por una exquisita dialéctica política y un razonamiento fuerte y consolidado consiguió, en 1931, que fuera apoyado el sufragio femenino. Los 161 votos a favor la impulsaron –si es posible, aún más-- como la heroína del feminismo.

Esta implacable defensora de los derechos de la mujer nació en Madrid en el año 1888 y murió exiliada en 1972 en Suiza, escapando de la guerra civil española. Gracias a ella y a cientos de sufragistas de otros países que dieron sentido a lo que falsamente se denominaba sufragio universal, hoy podemos votar.

El sufragio femenino, una lucha solitaria


Clara Campoamor fue mucho más que una heroína. Sus esfuerzos no cesaron cuando se descubrió sola: sus compañeros de partido y otras militantes feministas la abandonaron cuando era el momento de alzar la voz. Su batalla fue solitaria pero nunca se rindió. Tantas veces, como ella misma tuvo el disgusto de oír, este combate hubiera sido inexistente si Campoamor hubiera nacido hombre.

Como mujer en esta época de señores “ilustres”, su capacidad de trabajo, su independencia, su seguridad, su fortaleza y su tan completa formación –modista, abogada, política, escritora-- han convertido a Clara Campoamor en el icono de los derechos de la mujer. Si en este abanico de lo que formaba su imponente personalidad pudiéramos destacar una sola cosa, sería su profunda convicción democrática en una época de fanatismos, injusticias y desórdenes. Pero no es lo único. Ni mucho menos.

El poder que tenía Clara Campoamor sobre las palabras y su uso es único, infalible, sólido pero flexible y persistente: capaz de calar profundamente en las refinadas mentes o dentro de los más vacíos intelectos. Su astuto discurso abría en canal la época que vivió, no eran necesarias las imágenes, ella dibujaba con su narrativa una verdad dura, real y palpable.


El poder que tenía Clara Campoamor sobre las palabras y su uso es único, infalible, sólido pero flexible y persistente: capaz de calar profundamente en las refinadas mentes o dentro de los más vacíos intelectos
El sí al sufragio femenino se hizo efectivo en el año 1933, cuando miles de mujeres se acercaron a las urnas. Isaías Lafuente dice así en su libro La mujer olvidada. Clara Campoamor y su lucha por el voto femenino (Temas de hoy): “Normalmente, las personas que consiguen conquistas históricas conquistan a su vez un lugar en la historia. Pero nuestro país [España], extraordinario en otras cosas, no ha tenido la virtud de escribir la historia en femenino”.

Esa sentencia es verdadera y cruel. Está cambiando: muy poco a poco, muy de vez en cuando y en manos de mujeres que buscan hacer honor a aquellas que en el pasado, como Campoamor, lucharon por un futuro feminista, tenaz y que sirviera de modelo.


Como quien ha hecho bien su trabajo, con orgullo y quizás pena, tres años más tarde de que la imagen de una mujer en las urnas fuera una realidad, exactamente el 28 de agosto de 1936, Clara Campoamor comenzó su camino al exilio. Concha Fagoaga lo describe así en su prólogo del libro La mujer en la diplomacia y otros artículos (Editorial Renacimiento): “Abandona despacho jurídico, empleo en el Ministerio de Instrucción Pública y un memorable historial republicano (…) 

En el equipaje, algunos ejemplares de un par de libros que acaba de publicar, El voto femenino y yo y El derecho de la mujer; también muchas notas sobre lo que estaba ocurriendo en su país que le habían ayudado a tomar la decisión antes de cerrar la puerta (…)”.

Escribiendo en el exilio


Escapando del estallido de la Guerra Civil, Clara Campoamor cerró la puerta del que fue su hogar al lado de la madrileña plaza de la Lealtad. El exilio la llevó a Francia, más tarde a Argentina y finalmente a Suiza.

En ese viaje toma el francés como lengua y comienza a trasladar sus pensamientos sobre la lucha, la realidad de su país y la personal, nuevamente a los papeles. Ya en París ve la luz su tercer libro: La revolución española vista por una republicana (Renacimiento). A través de este manuscrito, que es en realidad un diario, Campoamor explota y tira por los suelos muchas de las mitificadas ideas que se tienen sobre la guerra civil española. Deja claro que la creencia de que se trata de una batalla entre malos y buenos  es equivocada e injusta: “El bando vencedor verá nacer luchas internas entre los partidos tan contradictorios, pretendiendo cada uno de ellos cosechar para sí los frutos de la victoria”.

Campoamor explota y tira por los suelos muchas de las mitificadas ideas que se tienen sobre la guerra civil española. Deja claro que la creencia de que se trata de una batalla entre malos y buenos es equivocada e injusta

Aún en francés y junto a este libro, Campoamor también publica artículos en revistas de Derecho Político y en monografías sobre avances de los derechos de las mujeres. Su siguiente destino reclama las ganas de poder expresarse en su propia lengua y es, asimismo, uno de los rumbos que toman muchos exiliados españoles: América del Sur.

La revista argentina Saber Vivir de la actualidad nada tiene que ver con la que se editaba una vez al mes entre los años 1940 y 1957. En aquellas ediciones se hablaba de cultura, danza, política, literatura… Todos estos temas iban de la mano de grandes autores –en su mayoría, hombres--: Borges, Rafael Alberti, Ramón Gómez de la Serna, Clara Campoamor… Un gran número de autores españoles vivían exiliados y colaboraban en la revista dando voz a la represión, a la revolución y a las distinciones sociales y de género que se sufrían en España y en una Europa aplastada por las dictaduras que estaba intentando resurgir.

Fagoaga dice en el prólogo anteriormente mencionado: “La estancia en Buenos Aires desde 1938 a 1955 le hizo sentirse como ‘en casa propia’ (…) En Argentina vivió los mejores años de su exilio pues pudo ejercer un largo trabajo en empresas editoriales promovidas por españoles tan exiliados como ella” (La mujer en la diplomacia y otros artículos, Editorial Renacimiento).


Su trabajo ensayístico y de traducción es muy conocido, mas su labor periodística apenas tiene reconocimiento a pesar de haber sido una de las grandes ocupaciones a lo largo de su vida: se había hecho al lenguaje gracias a periódicos y revistas madrileñas.

Recuerdos personales, representaciones de lugares europeos, encuentros y desencuentros, las enormes distancias entre los géneros, las injusticias que vive la mujer, aspectos de la literatura, la familia…Todos estos temas forman un pequeño porcentaje de los artículos que Campoamor escribió en su exilio hispano.

Sus palabras son una bofetada de historia y relato ficticio que en ocasiones se acompaña con una inocente pero intencionada ironía: “La costumbre femenina de firmar con pseudónimo parecía tan natural, tan obligada, que recuerdo todavía cómo en la redacción de un diario madrileño a la que pertenecía quien esto escribe, se me discutía vivamente, allá por el 1922, la necesidad, y hasta el buen gusto, de que la mujer optara por un pseudónimo viril para osar asomarse al mundo de las prensas tipo o litográficas” (Artículo Cuando la Avellaneda “se disfrazaba” de varón).


Igualmente esta indiscutible feminista es capaz de revivir el pasado y el presente dotándolos de una ingeniosa estampa porque controla su entorno y las razones de que así sea: “Se ha desnudado ‘la guerra alemana’. La guerra de hierro y fuego. La guerra de la deslealtad. La de la traición y el engaño. La de la violencia y el atropello. La del perdón de exterminio y desolación (…) La guerra, en suma, que habría de hacer sonar en el reloj del tiempo la hora que marque para el anhelo lo germano el instante de avasallamiento de la humanidad y de sumisión total ante una raza…” (Artículo ¡Tú lo quisiste Germania!).

Su discurso es actual y atemporal, la leímos y la leeremos a lo largo de la historia y seguirá siéndolo. Justamente es a través de sus palabras donde podremos hacer justicia a Clara Campoamor, apartándola de la lista de las olvidadas y ayudándola a alzar la voz como ella hizo por nosotras en el pasado.

FUENTE: ctxt.es
Cultura - Personajes
Guillermina Torresi
26/04/2017

25/11/16

"EL HONOR DE DIOS"

Lidia Falcón: "Perdimos la guerra y la transición. No podemos perder también la democracia"

La desaparición de Lasa y Zabala, la guerra sucia, los gobiernos de Felipe González y el feminismo se entrecruzan  para dar forma a la última novela de la abogada y escritora Lidia Falcón titulada 'El honor de Dios'.

"Parecía que importara más el dinero que se gastó de los fondos reservados para la guerra sucia", lamenta la histórica feminista Lidia Falcón, durante la presentación de su último libro.

"Maldigo la poesía de quien no toma partido, partido hasta mancharse", canta el poema de Gabriel Celaya. "Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren y canto respirando. Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas personales, me ensancho", sigue, y parece que habla de alguien parecido a Lidia Falcón. Era Margarita Robles la que recordaba la poesía, incluida en la novela que acaba de publicar la abogada, escritora e histórica dirigente del Partido Feminista y de presentar en una librería del centro de Madrid. Allí la han acompañado, entre otros, la magistrada y ex secretaria de Estado de Interior, quien ha definido a la presidenta del Partido Feminista como "un icono de mujer luchadora, feminista y sin miedo".

Este último capítulo de su vida la ha conducido a novelar una parte significativa de la historia de España, de las más vergonzosas según sus palabras. Una época que conoce bien Margarita Robles puesto que fue una de las que más peleó por hacer justicia diez años después de que desaparecieran, sin dejar rastro ni huellas, dos jóvenes en Bayona la noche del 16 de octubre de 1983.  A José Antonio Lasa y José Ignacio Zabala no les dio tiempo a estrechar vínculos con ETA porque las cloacas del Estado que capitaneaba Felipe González los torturaron, les pegaron un tiro en la nuca y los enterraron en cal viva antes de cumplir los veinte.

José Antonio Lasa y José Ignacio Zabala

Más de una década pasó hasta que identificaron sus restos. "Esto no podía quedar impune", pensó Robles, entonces secretaria de Estado de Interior. "En un Estado de Derecho no vale todo. La sociedad no puede tener miedo a denunciar lo que no es justo: Antes lo llamábamos Gal, ahora Ley Mordaza", critica la magistrada. Ese sentimiento de impotencia ante una situación de injusticia como  la desaparición de un ser querido fue lo que espoleó a Lidia Falcón a escribir El honor de Dios (El Viejo Topo, 2016) y dar voz a los personajes femeninos, auténticos protagonistas envueltos en la búsqueda de los dos chavales desaparecidos desde distintos ámbitos, como son la abogacía, la izquierda abertzale o el periodismo.

Hagiografías de la transición

Su blog en PÚBLICO lleva por título La verdad es siempre revolucionaria, no solo como homenaje a Gramsci sino también para mantener vivo el recuerdo de un panfleto clandestino de los años setenta en el que Falcón participaba y por el que pasó varios meses en la cárcel. "Ninguna posesión vale nada si no defendemos la dignidad, si somos indignos de ser llamados ciudadanos y no peleamos por la verdad".


Y en España buscar esa verdad es complicado porque el polvo de las cunetas todavía escuece en muchos de los ojos que se niegan a mirar. "¿Pero qué tipo de transición se hizo?", se preguntaba el escritor y periodista Fernando López Agudín. "¿Por qué nos siguen vendiendo una hagiografía de aquellos años?", criticaba, durante la presentación de El honor de Dios. Y se acordaba de la laureada serie de televisión pagada con dinero público Cuéntame cómo pasó, "un cuento de hadas falso de arriba a abajo". El libro de Falcón, según López Agudín, es una versión bien distinta de la oficial. "Ni siquiera quienes la vivimos sabemos la mitad de lo que en realidad ocurrió", sentencia. Quizá por ello siempre vuelve el fantasma de la Transición bajo distintas apariencias. 

De aquellos años Falcón lamenta la falta de respuesta popular. "Parecía que importaba más el dinero que se gastó de los fondos reservados para la guerra sucia", lanza, e invita a seguir en pie porque cuestionar el régimen del 78 significa cuestionar el actual:

Momento de la presentación de 'El honor de Dios'
Momento de la presentación de 'El honor de Dios'

"Perdimos la guerra y la transición. No podemos perder también la democracia".

21/11/2016




¿"Cuála" democracia, cristiana?