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13/9/18

AHÍ ESTRIBA MI LIBERTAD


No pienso votar porque todo es un montaje de mierda,
pero me quejaré cada vez que me salga de los cojones.

¡Faltaba más!
 

1/5/17

ASÍ HABLÓ CLARA CAMPOAMOR

A los 45 años de la muerte de la impulsora del sufragio femenino en 1931, su discurso sigue siendo actual y atemporal. Libros y artículos reúnen su legado.

Clara Campoamor
Ilustración de Elena Valverde

Hace 86 años, una sola mujer tomó la palabra en el Congreso de los Diputados para reclamar a los parlamentarios españoles un sí para el derecho político básico: el voto. Clara Campoamor, acompañada únicamente por una exquisita dialéctica política y un razonamiento fuerte y consolidado consiguió, en 1931, que fuera apoyado el sufragio femenino. Los 161 votos a favor la impulsaron –si es posible, aún más-- como la heroína del feminismo.

Esta implacable defensora de los derechos de la mujer nació en Madrid en el año 1888 y murió exiliada en 1972 en Suiza, escapando de la guerra civil española. Gracias a ella y a cientos de sufragistas de otros países que dieron sentido a lo que falsamente se denominaba sufragio universal, hoy podemos votar.

El sufragio femenino, una lucha solitaria


Clara Campoamor fue mucho más que una heroína. Sus esfuerzos no cesaron cuando se descubrió sola: sus compañeros de partido y otras militantes feministas la abandonaron cuando era el momento de alzar la voz. Su batalla fue solitaria pero nunca se rindió. Tantas veces, como ella misma tuvo el disgusto de oír, este combate hubiera sido inexistente si Campoamor hubiera nacido hombre.

Como mujer en esta época de señores “ilustres”, su capacidad de trabajo, su independencia, su seguridad, su fortaleza y su tan completa formación –modista, abogada, política, escritora-- han convertido a Clara Campoamor en el icono de los derechos de la mujer. Si en este abanico de lo que formaba su imponente personalidad pudiéramos destacar una sola cosa, sería su profunda convicción democrática en una época de fanatismos, injusticias y desórdenes. Pero no es lo único. Ni mucho menos.

El poder que tenía Clara Campoamor sobre las palabras y su uso es único, infalible, sólido pero flexible y persistente: capaz de calar profundamente en las refinadas mentes o dentro de los más vacíos intelectos. Su astuto discurso abría en canal la época que vivió, no eran necesarias las imágenes, ella dibujaba con su narrativa una verdad dura, real y palpable.


El poder que tenía Clara Campoamor sobre las palabras y su uso es único, infalible, sólido pero flexible y persistente: capaz de calar profundamente en las refinadas mentes o dentro de los más vacíos intelectos
El sí al sufragio femenino se hizo efectivo en el año 1933, cuando miles de mujeres se acercaron a las urnas. Isaías Lafuente dice así en su libro La mujer olvidada. Clara Campoamor y su lucha por el voto femenino (Temas de hoy): “Normalmente, las personas que consiguen conquistas históricas conquistan a su vez un lugar en la historia. Pero nuestro país [España], extraordinario en otras cosas, no ha tenido la virtud de escribir la historia en femenino”.

Esa sentencia es verdadera y cruel. Está cambiando: muy poco a poco, muy de vez en cuando y en manos de mujeres que buscan hacer honor a aquellas que en el pasado, como Campoamor, lucharon por un futuro feminista, tenaz y que sirviera de modelo.


Como quien ha hecho bien su trabajo, con orgullo y quizás pena, tres años más tarde de que la imagen de una mujer en las urnas fuera una realidad, exactamente el 28 de agosto de 1936, Clara Campoamor comenzó su camino al exilio. Concha Fagoaga lo describe así en su prólogo del libro La mujer en la diplomacia y otros artículos (Editorial Renacimiento): “Abandona despacho jurídico, empleo en el Ministerio de Instrucción Pública y un memorable historial republicano (…) 

En el equipaje, algunos ejemplares de un par de libros que acaba de publicar, El voto femenino y yo y El derecho de la mujer; también muchas notas sobre lo que estaba ocurriendo en su país que le habían ayudado a tomar la decisión antes de cerrar la puerta (…)”.

Escribiendo en el exilio


Escapando del estallido de la Guerra Civil, Clara Campoamor cerró la puerta del que fue su hogar al lado de la madrileña plaza de la Lealtad. El exilio la llevó a Francia, más tarde a Argentina y finalmente a Suiza.

En ese viaje toma el francés como lengua y comienza a trasladar sus pensamientos sobre la lucha, la realidad de su país y la personal, nuevamente a los papeles. Ya en París ve la luz su tercer libro: La revolución española vista por una republicana (Renacimiento). A través de este manuscrito, que es en realidad un diario, Campoamor explota y tira por los suelos muchas de las mitificadas ideas que se tienen sobre la guerra civil española. Deja claro que la creencia de que se trata de una batalla entre malos y buenos  es equivocada e injusta: “El bando vencedor verá nacer luchas internas entre los partidos tan contradictorios, pretendiendo cada uno de ellos cosechar para sí los frutos de la victoria”.

Campoamor explota y tira por los suelos muchas de las mitificadas ideas que se tienen sobre la guerra civil española. Deja claro que la creencia de que se trata de una batalla entre malos y buenos es equivocada e injusta

Aún en francés y junto a este libro, Campoamor también publica artículos en revistas de Derecho Político y en monografías sobre avances de los derechos de las mujeres. Su siguiente destino reclama las ganas de poder expresarse en su propia lengua y es, asimismo, uno de los rumbos que toman muchos exiliados españoles: América del Sur.

La revista argentina Saber Vivir de la actualidad nada tiene que ver con la que se editaba una vez al mes entre los años 1940 y 1957. En aquellas ediciones se hablaba de cultura, danza, política, literatura… Todos estos temas iban de la mano de grandes autores –en su mayoría, hombres--: Borges, Rafael Alberti, Ramón Gómez de la Serna, Clara Campoamor… Un gran número de autores españoles vivían exiliados y colaboraban en la revista dando voz a la represión, a la revolución y a las distinciones sociales y de género que se sufrían en España y en una Europa aplastada por las dictaduras que estaba intentando resurgir.

Fagoaga dice en el prólogo anteriormente mencionado: “La estancia en Buenos Aires desde 1938 a 1955 le hizo sentirse como ‘en casa propia’ (…) En Argentina vivió los mejores años de su exilio pues pudo ejercer un largo trabajo en empresas editoriales promovidas por españoles tan exiliados como ella” (La mujer en la diplomacia y otros artículos, Editorial Renacimiento).


Su trabajo ensayístico y de traducción es muy conocido, mas su labor periodística apenas tiene reconocimiento a pesar de haber sido una de las grandes ocupaciones a lo largo de su vida: se había hecho al lenguaje gracias a periódicos y revistas madrileñas.

Recuerdos personales, representaciones de lugares europeos, encuentros y desencuentros, las enormes distancias entre los géneros, las injusticias que vive la mujer, aspectos de la literatura, la familia…Todos estos temas forman un pequeño porcentaje de los artículos que Campoamor escribió en su exilio hispano.

Sus palabras son una bofetada de historia y relato ficticio que en ocasiones se acompaña con una inocente pero intencionada ironía: “La costumbre femenina de firmar con pseudónimo parecía tan natural, tan obligada, que recuerdo todavía cómo en la redacción de un diario madrileño a la que pertenecía quien esto escribe, se me discutía vivamente, allá por el 1922, la necesidad, y hasta el buen gusto, de que la mujer optara por un pseudónimo viril para osar asomarse al mundo de las prensas tipo o litográficas” (Artículo Cuando la Avellaneda “se disfrazaba” de varón).


Igualmente esta indiscutible feminista es capaz de revivir el pasado y el presente dotándolos de una ingeniosa estampa porque controla su entorno y las razones de que así sea: “Se ha desnudado ‘la guerra alemana’. La guerra de hierro y fuego. La guerra de la deslealtad. La de la traición y el engaño. La de la violencia y el atropello. La del perdón de exterminio y desolación (…) La guerra, en suma, que habría de hacer sonar en el reloj del tiempo la hora que marque para el anhelo lo germano el instante de avasallamiento de la humanidad y de sumisión total ante una raza…” (Artículo ¡Tú lo quisiste Germania!).

Su discurso es actual y atemporal, la leímos y la leeremos a lo largo de la historia y seguirá siéndolo. Justamente es a través de sus palabras donde podremos hacer justicia a Clara Campoamor, apartándola de la lista de las olvidadas y ayudándola a alzar la voz como ella hizo por nosotras en el pasado.

FUENTE: ctxt.es
Cultura - Personajes
Guillermina Torresi
26/04/2017

20/12/15

¡ESE VOTO!


Había oído hablar del voto en blanco, pero no del voto en negro

Ciudadano Plof
 

28/10/14

YO TAMBIÉN...

LE VOY A VOTAR

Jordi Évole y Pablo Iglesias

Lo último que debe hacer un articulista político que se precie mínimamente y no quiera caer en el desprestigio más absoluto es manifestar con claridad sus preferencias. Pues bien, yo, visto el programa Salvados de anoche en La Sexta, votaré, sin duda alguna, a Podemos. Por si todavía no estaba convencido, creo que las declaraciones de Pablo Iglesias fueron sinceras y convincentes. Un ejemplo de prudencia responsable y a la vez una firme decisión de cambiar la política de España desde la decencia. Creo también que, una vez más, Jordi Évole demostró ser un maestro de la televisión, no solo por el duro y estudiado cuestionario al que le sometió, sino también por su extraordinaria rapidez de improvisación para repreguntar continuadamente, y todo ello con una agilidad en el ritmo envidiable. Solo Gabilondo en sus buenos tiempos sería capaz de hacer una entrevista así, sin concesiones, sin rehuir temas, y sin papeles, salvo el índice de propuestas de programa. Se puede acusar a Iglesias de que está hasta en la sopa de tanto aparecer en televisión, pero ayer todo fue nuevo y atrayente.


No creo que España se hunda si Podemos e Iglesias llegan al poder, como afirman sus adversarios, que son todos. Lo más grave que puede ocurrir es que fracase en su intento. Como tantos Presidentes. Pero su aventura, dicho sea en el mejor sentido de la sensatez, habrá sido una experiencia necesaria frente al cansancio y repulsión que millones de españoles sienten ante la deteriorada situación actual. Agitar la vida política española es una obligación y una necesidad. 

El equipo "Claro que Podemos"

España está varada, encallada, encanallada, en el hartazgo y, lo que es más grave, en la injusticia. Yo no quiero vivir más en esta parodia, cargada de defectos sustanciales, y deseo que alguien trate de enmendarla, aun dentro de la dificultad que supone estar englobado en la necesaria pertenencia a Europa. Me ocurre lo que creo que también le ocurre a miles de personas: me pesa más el deseo de cambio que las propuestas en sí. Votemos y luego veremos, con unas propuestas genéricas respetadas, claro es. Lo mismo que hacen los votantes de los demás partidos, en especial los del PP. Además Iglesias parece un tipo decente. Y su equipo parece que también. Y nada estúpido, algo infrecuente, y bastante para otorgarle confianza. Ayer leí una cosa que me golpeó con dureza: alguien escribió: “Faltan ocho días para poder comer con aceite”. Ya sé que hay cientos de miles personas con más angustia económica. Pero quien lo dijo fue alguien que tiene trabajo. En medio del delirio bancario, ese festejo de los prestamistas, esa connivencia entre el poder político y financiero, ¿cómo no pensar que Iglesias y Podemos harán que esa familia pueda cocinar con aceite todo el mes, cómo no pensar que a Podemos le preocupan las personas? Yo votaré a Podemos mientras no vea a Pablo Iglesias con una gorra con la visera del revés en el cogote, mientras no le vea con gorro de cocinero explicándonos y cocinando su plato favorito en un programa de gastronomía en televisión. Con su intervención de ayer, Salvados batió su récord histórico con un 23,8 de audiencia y casi cinco millones de espectadores (4.942.000), siendo, con diferencia, el programa más visto de todas las cadenas.

FUENTE: publico.es
Puntada sin hilo
Arturo González
27 oct 2014



Estoy con usted Don Arturo.

Aunque, como ciudadano virtual que soy, no tengo derecho a voto, sé que, en conciencia, mi alter ego votará por mí.

¡Ya verá cómo podemos!