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25/7/17

LA VERGÜENZA NEOLIBERAL (2ª PARTE)

 
John Maynad Keynes, economista británico (1883 - 1946)

John Maynard Keynes decía que “El capitalismo es la asombrosa creencia de que los hombres más perversos harán cosas por el mayor bien común”. Siguiendo esta frase, realicemos una breve reseña histórica acerca de la moralidad de este sistema:

La historia del capitalismo en Latinoamérica comienza el siglo XV con el proceso de descubrimiento y colonización, destinado a la expansión del comercio, a la obtención de propiedades territoriales y a la extracción de riquezas (oro y plata).

En Sudamérica, en el año 1879 se produjo una guerra entre Chile Perú y Bolivia, que por más que muchos historiadores conservadores catalogaran como conflicto heroico, fue más una pugna entre distintos gobiernos por el dominio de la riqueza mineral: el salitre.


La Primera Guerra Mundial tenía como telón de fondo una expansión política y comercial de las principales potencias de Europa.

La Segunda Guerra Mundial principia con el afán del fascismo y el nazismo de abrir espacios para el desarrollo de las burguesías nacionales; como por ejemplo: la expansión fascista colonizadora de África y la expansión colonizadora alemana en Europa en busca de pueblos a esclavizar y sojuzgar en busca de riquezas materiales.

Neoliberalismo: doctrina y falacias 



Sistema económico surgido en Chile tras el Golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, contra el gobierno constitucional de Salvador Allende. Este sistema posee una santísima trinidad: la reducción al mínimo del Estado, la privatización de empresas y servicios públicos y un gasto social prácticamente nulo… 

 Lo vivimos y pensamos en nuestro diario quehacer, es aquello que el pensador marxista italiano Antonio Gramsci denominaba hegemonía.

El neoliberalismo dice ser pariente del liberalismo clásico, aquel que respetaba las libertades públicas e individuales, que se oponía tenazmente a las monarquías absolutas y que amparaba y propugnaba el libre comercio. De aquel liberalismo clásico, eso sí, en lo único en que tiene cierta semejanza es en el “amparo al libre mercado”, y lo ponemos entre comillas porque sabemos que este sistema favorece la concentración de la riqueza a través de monopolios y oligopolios.


De acuerdo con el libro El otro modelo (2013), el neoliberalismo trata de ejercer superioridad filosófica y económica en base a dos falacias, a saber:

A) Que el denominado Estado del Bienestar (que provee seguridad a los ciudadanos entendiendo derechos sociales como universales), constituye un camino de servidumbre, como lo denominó Friedrich Von Hayek, pues las prácticas de aquel Estado debilitarían a las instituciones democráticas, fomentando prácticas clientelísticas del Estado hacia el ciudadano.

En síntesis, por esta vía se llega al totalitarismo y a la esclavitud.


B) El desarrollo se alcanza cuando el Estado no interviene en materia económica. 

Ante esto, señalaremos que “Desde el siglo XX todos los Estados que han alcanzado el desarrollo lo han hecho merced a una política industrial atizada desde el Estado”. 

Karen Hudes y la conspiración 

Karen Hudes

Karen Hudes es graduada de la escuela de Derecho de Yale y trabajó en el departamento jurídico del Banco Mundial durante 20 años. En calidad de asesora jurídica superior, tuvo suficiente información para obtener una visión global de cómo la élite domina al mundo. De este modo, lo que cuenta no es una 'teoría de la conspiración' más.

De acuerdo con la especialista, citada por el portal Exposing The Realities en el año 2012, la élite usa un núcleo hermético de instituciones financieras y gigantes corporaciones para dominar el planeta.

Hudes también señala; basada en un estudio del Instituto Federal Suizo de Tecnología, de Zürich, que analizó las relaciones entre 37 millones de empresas e inversores de todo el mundo y que descubrió que existe una "superentidad" de 147 megacorporaciones muy unidas y que controlan el 40% de toda la economía mundial; que un pequeño grupo de entidades, en su mayoría instituciones financieras y bancos centrales, ejercen una enorme influencia sobre la economía internacional entre bambalinas.


"Lo que realmente está sucediendo es que los recursos del mundo están siendo dominados por este grupo…Los capturadores del poder corruptos han logrado dominar los medios de comunicación también”.

Según Hudes, también dominan las organizaciones no elegidas y que no rinden cuentas pero sí controlan las finanzas de casi todas las naciones del planeta. Se trata del Banco Mundial, el FMI y los bancos centrales, como la Reserva Federal estadounidense, que controlan toda la emisión de dinero y su circulación internacional.

La cúspide de este sistema es el Banco de Pagos Internacionales (BPI):

Sede del BPI

"Una organización internacional inmensamente poderosa de la cual la mayoría ni siquiera ha oído hablar controla secretamente la emisión de dinero del mundo entero. Es el llamado el Banco de Pagos Internacionales [Bank for International Settlements], y es el banco central de los bancos centrales. Está ubicado en Basilea, Suiza, pero tiene sucursales en Hong Kong y en Ciudad de México.

Es esencialmente un banco central del mundo no electo que tiene completa inmunidad en materia de impuestos y leyes internacionales (...). Hoy, 58 bancos centrales a nivel mundial pertenecen al BPI, y tiene, con mucho, más poder en la economía de los Estados Unidos (o en la economía de cualquier otro país) que cualquier político.

Cada dos meses, los banqueros centrales se reúnen en Basilea para otra 'Cumbre de Economía Mundial'. Durante estas reuniones, se toman decisiones que afectan a todo hombre, mujer y niño del planeta, y ninguno de nosotros tiene voz en lo que se decide.


Este Banco de Pagos Internacionales es una organización que fue fundada por la élite mundial, que opera en beneficio de la misma, y cuyo fin es ser una de las piedras angulares del venidero sistema financiero global unificado".

Finalmente, de acuerdo con Hudes, la herramienta principal para esclavizar naciones y gobiernos enteros es la deuda…

"Quieren que todos nuestros Gobiernos sean esclavos de la deuda, y por ende, toda la ciudadanía, y quieren que nuestros políticos sean adictos a las gigantescas contribuciones financieras que ellos mismos canalizan en sus campañas. Como la élite también es dueña de todos los medios de información, esos medios nunca revelarán el secreto de que hay algo fundamentalmente erróneo en la forma en que funciona el sistema”.


FUENTE: rebelion.org
Jorge Molina Araneda
19/07/2017

24/7/17

LA VERGÜENZA NEOLIBERAL (1ª PARTE)


En los últimos quince años unos 100 millones de latinoamericanos salieron de la pobreza y, sin embargo, la distancia que los separa de los más ricos apenas ha variado.

Diversas mediciones de la norma internacional usada para la desigualdad, el Coeficiente Gini, coinciden con el dato anterior, como por ejemplo:

El Banco Mundial y el Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (CEDLAS), en 2014, aplicando el Gini obtuvieron los siguientes resultados: África Subsahariana tiene un nivel de desigualdad del 56,5, seguido por América Latina (52,9) y bastante lejos de Asia (44,7) y Europa del Este y Asia Central (34,7).


De acuerdo con CEDLAS: "América Latina es muy desigual desde la colonia. Parte de las brechas actuales tienen su raíz en una larga historia de sociedades elitistas, con sistemas políticos poco democráticos y modelos económicos excluyentes. Los avances que se lograron a partir de 2000 sólo han compensado la profundización de la desigualdad en la década de los 80 y 90 que llevó a que la región consiguiera el mote de la más desigual del planeta".

Por otro lado, siguiendo a la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y a la Fundación Oxfam (2014), el 10% más rico de la población de América Latina había amasado el 71% de la riqueza de la región. Si esta tendencia continuara, dentro de solo seis años el 1% más rico de la región tendría más riqueza que el 99% restante.

Entre 2002 y 2015, las fortunas de los multimillonarios de América Latina crecieron en promedio un 21% anual, es decir, un aumento seis veces superior al del PIB de la región. Gran parte de esta riqueza se mantiene en el extranjero, en paraísos fiscales, lo que significa que una gran parte de los beneficios del crecimiento de América Latina está siendo acaparada por un pequeño número de personas muy ricas, a costa de los pobres y de la clase media.


La CEPAL calcula que la tasa impositiva media efectiva para el 10% más rico solo equivale al 5% de su ingreso disponible. Como resultado, los sistemas tributarios de América Latina son seis veces menos efectivos que los europeos en lo referente a la redistribución de la riqueza y la reducción de la desigualdad.

Por otra parte, siguiendo a Sergio Melnick, exdirector de la Oficina de Planificación Nacional de Chile durante el régimen militar, junto a su hermano Jorge Melnick en su libro Infierno o Paraíso: “El 1% de la población mundial es dueño del 40% de la riqueza total. Más de un tercio de los más ricos del mundo vive en Estados Unidos; un 27% en Japón; 8% en Alemania; 6% en Gran Bretaña, 5% en Francia y un 4% en China. Ahí está lo que podemos llamar la híper opulencia y la mayor extravagancia… La economía entre 1950 y 2000 se expandió unas 50 veces, mientras la población se duplicó… Al margen de la distribución que, como hemos señalado, es muy desigual”.

En el año 2016 el Banco Mundial publicó un artículo llamado “Diferencias entre ricos y pobres no solo en dinero”, el cual, grosso modo, señalaba que menos de 100 personas controlan la misma cantidad de riqueza que los 3.500 millones más pobres del planeta, el resultado puede expresarse con una sola palabra: desigualdad.


La desigualdad no se define únicamente por la brecha entre los que tienen más y los que tienen menos. También se evidencia en el acceso a agua potable, electricidad, saneamiento, educación, salud y otros servicios básicos.

La expansión de la economía a comienzos de este siglo ayudó a millones de personas a salir de la pobreza extrema. Y si bien América Latina registró las tasas más altas de crecimiento en su historia, la región sigue siendo la más desigual del mundo.

Según la Organización de Naciones Unidas (ONU), acabar con la pobreza para 2030 implica que cada año 50 millones de personas deberían comenzar a tener ingresos por encima de US$1,90 al día. Es decir, cada semana aproximadamente 1 millón de personas tendrían que salir de la pobreza durante los próximos 15 años. ¿Es posible?


La clave para poner fin a la pobreza está no solo en el crecimiento económico, sino también en la importancia de reducir las desigualdades entre los que tienen más y los que menos tienen (el 40% más pobre). Para la ONU, la desigualdad de los ingresos en los países en desarrollo aumentó un 11% entre 1990 y 2010. Si bien el crecimiento económico ha sido clave para mejorar la vida de los más pobres de Latinoamérica, la distribución del ingreso económico no ha sido del todo equitativa, lo que trae aparejado problemas familiares y sociales que gatillan un enorme descontento popular, velado y explícito, hacia el sistema político y económico imperante.

Por último, en cuanto a estadísticas, y como broche de oro para las consecuencias que ha acarreado el neoliberalismo a Latinoamérica en particular, y al mundo en general, la Fundación Oxfam en su informe Economía para el 99% de la población (2017) señala que: “Tan solo ocho personas (ocho hombres en realidad) poseen la misma riqueza que la mitad más pobre de la población mundial, 3.600 millones de personas; lo que demuestra que la brecha entre ricos y pobres es mucho mayor de lo que se temía. Las grandes empresas y los más ricos logran eludir y evadir el pago de impuestos, potencian la devaluación salarial y utilizan su poder para influir en políticas públicas, alimentando así la grave crisis de desigualdad”.

Capitalismo: doctrina e historia


Desde la caída del Muro de Berlín en 1989 y el desmembramiento de la Unión Soviética (URSS) en 1991 corrió a través del mundo una alarmante voz que propalaba que el socialismo había fenecido, tal como lo planteó Fukuyama en su libro “El Fin de la Historia y El último Hombre”. 

El capitalismo devenido en neoliberalismo, este último creado en el laboratorio chileno a cargo de los economistas con posgrados en la Escuela de Economía de la Universidad de Chicago y su sanguinaria doctrina del shock, era el victorioso campeón de la batalla ideológica bregada desde el fin de la Segunda Guerra Mundial… 

¡Marx definitivamente ha muerto! ¡El socialismo ha muerto! ¡Triunfó la “libertad”.


Para adentrarnos en el capitalismo debemos conocer sus principales elementos legitimadores, los cuales son:

a) El socialismo está finalizado, por lo acontecido en Europa durante el siglo XX.

b) La necesidad del capitalismo como forma única y esencial de desarrollo.

c) La competencia perfecta, entre individuos, es la regla funcional del mercado, cuyo cumplimiento acarrea el verdadero bienestar.


Para demostrar que la propiedad del capital y la acumulación de riqueza son moralmente aceptables, los partidarios del libre mercado suelen recurrir a la mano invisible del mercado la cual guía a los individuos a actuar en su propio interés y de manera colateral implantar un bien colectivo. Otra teoría capitalista es la denominada filtración o chorreo, la que sostiene que la prosperidad de los que están en la cima social y económica se filtra a los niveles inferiores y hace que todos sean más ricos. Situación falaz ya que en ese tipo de sociedad se acrecienta la desigualdad y se exacerba el individualismo.

La creencia capitalista tiene como motor los intereses privados, siempre y cuando se cumpla el requisito de que este proceso sea autorregulado por la oferta y la demanda. 

Esta creencia se ciega ante el hecho que la autorregulación requiere de dos condiciones. Una de ellas es que la autoridad o gobierno se abstenga de intervenir, porque al hacerlo introduciría distorsiones al sistema de construcción de precios. La otra condición es que los participantes del proceso económico sean equivalentes en su poder de afectar la libertad del proceso de intercambio, es decir, que ninguno incida más que el otro. Si esto fuese así se haría innecesario cualquier papel de la autoridad en el nivel macro, lo cual no sería capaz de ofrecer soluciones eficaces y justas puesto que siempre en una relación comercial existe un cierto grado de asimetría de información, por el cual uno de los agentes económicos queda en desventaja en relación al otro.


Finalmente, si el sistema capitalista fuese tan perfecto y beneficioso para la población, surge la pregunta, ¿por qué existe tanta pobreza e indigencia en todo el orbe?

FUENTE: rebelion.org
Jorge Molina Araneda
19/07/2017

21/7/15

EUROPA ESTÁ (ESTABA) ROTA


Sí, Europa está rota. Pero no nos engañemos, ni permitamos que nos engañen. La fractura del denominado proyecto europeo (siempre con la ceremonia de la confusión de los términos tramposos y equívocos que nos cuelan en los medios de comunicación, como si formaran parte del sentido común) no es el resultado de la “batalla de Grecia”, ni, por supuesto, atribuible a los “desvaríos e intransigencias” de Syriza.

Hay que mirar por el espejo retrovisor para encontrar las causas de esta fractura. Con esa mirada de largo recorrido, vemos que las desigualdades productivas y comerciales –configurando un Norte y un Sur dentro del espacio comunitario- no han dejado de intensificarse desde el triunfo del neoliberalismo, allá por la década de los ochenta del pasado siglo, y muy especialmente desde la implantación de la Unión Económica y Monetaria (UEM).

También encontramos que las instituciones comunitarias han sido crecientemente contaminadas y capturadas por las grandes corporaciones y la industria financiera, inclinando las políticas y los recursos europeos hacia los mercados. De esta forma, la agenda de la Unión Europea (UE) ha estado dictada, cada vez más, por los grupos de presión y las manos “visibles” de los mercados, y por la trama de intereses que los gobiernan.
 

El crack financiero y la Gran Recesión agravaron y llevaron hasta niveles desconocidos las fracturas productivas, sociales y territoriales, que ya eran perfectamente reconocibles en la UE y que estuvieron en el origen de la crisis económica.

Se ha querido explicar esta deriva por el cataclismo provocado por la crisis. Diagnóstico tramposo -y, en el mejor de los casos, insuficiente- que pretende descargar de responsabilidad las políticas exigidas desde la Troika (las mismas que de nuevo se obliga a aplicar a Grecia). Nada más lejos de la realidad. Las erróneamente denominadas políticas de austeridad y reformas estructurales han sido las responsables de esta deriva: no han conseguido los objetivos que, en teoría, las justificaban (o se ha pagado un precio demasiado alto por los magros resultados cosechados) y han exacerbado los problemas estructurales que constituían el mar de fondo de la crisis, las desigualdades y asimetrías a las que acabo de referirme.

Como es sobradamente conocido, las consecuencias de este planteamiento han sido especialmente adversas para las economías meridionales, pero también para la mayor parte de los trabajadores y para los grupos sociales vulnerables, del norte y del sur. Estas mismas políticas que han empobrecido a la mayoría social, han sido una oportunidad para las oligarquías, que han reforzado sus privilegios y su poder. Gran negocio, que, claro, tienen intención de mantener y defender con uñas y dientes. 


¡Qué nadie pretenda cambiar las reglas del juego! Esa ha sido la osadía del gobierno griego liderado por Syriza. Gobierno que, desde el primer momento, proclamó su voluntad de mantenerse en la zona euro, pero también su determinación de cambiar el rumbo de la política económica que había arrojado a la economía y a la sociedad griegas a un verdadero pozo sin fondo, Y también exigió -¡horror, cuanto atrevimiento!- renegociar la enorme deuda pública, inmanejable e impagable, provocada por las políticas impuestas por la Troika. 

Con esta perspectiva, conviene realizar una precisión sobre el término “negociadores europeos” (a los que siempre hay que añadir a los representantes del Fondo Monetario Internacional). Sabemos sus nombres –de los más conocidos, no de la pléyade de altos funcionarios y tecnócratas que los asesoran-, pero ignoramos o sabemos muy poco sobre los intereses que representan; esto es, las grandes fortunas, los gestores de fondos y las corporaciones, las plataformas mediáticas, los grupos de presión y los “think-tanks”, a los que están vinculados, de los que, con toda seguridad, reciben lucrativas retribuciones, en dinero y en especie, por los servicios prestados en la defensa del estatus quo.

El capitalismo que emerge de la crisis y las relaciones de poder que lo cimentan se nutren de la defensa sin concesiones de la austeridad y del pago de la deuda, de la financiación sometida a estricta condicionalidad fiscal, de la preservación y del estímulo de la industria financiera, del impulso de las privatizaciones y desregulación de las relaciones laborales. Estas han sido las bases que han permitido consolidar, en estos años de decrecimiento o de débil crecimiento, mecanismos de extracción de renta y riqueza desde las clases trabajadoras hacia las oligarquías.


Rotos la mayor parte de los diques de contención social y política, se está produciendo un histórico desmantelamiento de los Estados de Bienestar -que, supuestamente, eran la principal seña de identidad de las “economías sociales de mercado” comunitarias-, un cuestionamiento profundo del papel de los estados como piedras angulares de un consenso social integrador y el debilitamiento o desaparición de los puentes institucionales que en el pasado, antes del estallido del crack financiero, hicieron posible una cierta redistribución de la renta. Añádase a lo anterior la devaluación de las instituciones de representación formal y de los partidos  como espacios de representación social, la contaminación y ocupación de la política por parte de los grupos económicos y la degradación del estatus socioeconómico de una parte de las clases medias.

Así pues, estamos siendo testigos de una profunda reestructuración de los capitalismos europeos (mejor que la confusa expresión “refundación europea”), a la medida de los intereses y estrategias de los grupos económica y socialmente privilegiados y de los países con mayor potencial competitivo, que supone el reforzamiento del perfil oligárquico del proyecto comunitario. Y la unión monetaria no sólo está siendo el escenario, sino que, por acción o por omisión, está facilitando este cambio sistémico.

Tengo dudas sobre la posibilidad de avanzar en la dirección de una arquitectura institucional de estas características –las tenía antes de la crisis griega y ahora se han reforzado-, pues no se trata de retocar o completar la gobernanza actual, sino de cambiar en aspectos sustanciales las reglas del juego, reglas que han enriquecido a unos pocos y han empobrecido a muchos.
 

En el trascurso de las negociaciones han aparecido posiciones diversas en la Europa comunitaria, pero en lo fundamental tirios y troyanos se han alineado alrededor de la “línea dura”, las posiciones más intransigentes alentadas desde Alemania, que no sólo quiere preservar su privilegiada posición en la nueva Europa, sino el conjunto del estatus quo, del que se ha beneficiado más que nadie. Hay que insistir, en este sentido, que las empresas y los bancos alemanes han sido los ganadores indiscutibles del proceso de integración europeo y de la economía basada en la deuda, y que Alemania ha trasladado buena parte de los costes de la crisis a las economías periféricas, de cuya reestructuración ha sacado asimismo grandes beneficios.

El resto de países han aceptado su papel subalterno en el nuevo orden europeo; esto vale también para Francia. Y qué decir de la socialdemocracia europea, cuyo sometimiento a las posiciones más intransigentes e ideológicas de la derecha europea ha puesto de manifiesto, por si quedaba alguna duda, que no tiene otro proyecto político que el del poder establecido. Y de la vergonzosa –y falsamente equidistante- posición de nuestro partido socialista pidiendo a las “partes” concordia y diálogo, y felicitándose de que Grecia permanezca en el euro.

La convocatoria del referéndum en el país heleno ha puesto la guinda a este sombrío panorama europeo. En un acto de injerencia propio de un régimen colonial y autoritario –que, desgraciadamente, ya tiene precedentes en la misma Grecia- se han sucedido declaraciones de responsables políticos europeos (y también del mundo de los negocios, ¡ay, que armoniosa relación hay entre unos y otros!) negando legitimidad al gobierno griego para convocarlo.
 

Cuando estaba claro que, a pesar de todas las presiones, el referéndum se iba a realizar, la civilizada y democrática Europa ha acudido impúdicamente al voto del miedo, anunciando que secundar la propuesta del gobierno significaba salir de la zona euro, incluso de la UE. Es digno de mención que, en este contexto de tensión e incertidumbre, la estrategia del BCE ha sido sumarse a la operación de acoso y derribo contra el gobierno de Syryza  –porque, en efecto, eso ha sido, una operación de acoso y derribo, más que una negociación-, cercenando y encareciendo las vías de financiación de la muy frágil banca griega. Estrategia del miedo y cierre del grifo del crédito al sistema financiero bancario que han obligado a introducir el control de capitales (el célebre corralito).

Se dirimían en el conflicto griego, ya lo he dicho antes, cuestiones fundamentales que tienen que ver con las políticas impuestas desde la troika y con los intereses que constituyen el motor y la razón de ser de las mismas. Al mismo tiempo, los poderosos han querido dar una lección –aplicando el viejo refrán “la letra con sangre entra”- a todos aquellos partidos y movimientos sociales que se atrevan en el inmediato futuro –Podemos en España- a transitar el camino de Syriza, que se atrevan a aplicar políticas para la gente y no para una minoría de privilegiados. Demostrar que ese camino de libertad e irreverencia está cerrado para los pueblos.

Grecia ha puesto a prueba la nueva Europa y el resultado ha sido a un tiempo esclarecedor y decepcionante. El triunfo de Syriza en las elecciones y en el referéndum representaba una oportunidad para la UE, la oportunidad de construir una Europa solidaria, cooperativa y democrática, la posibilidad de restañar las fracturas provocadas por una política errónea e interesada que ha empobrecido a la gente y enriquecido a las elites. Y Europa ha tirado por la borda esa oportunidad. 


La Europa que sale de la crisis griega es más oligárquica, autoritaria e insolidaria.


FUENTE: publico.es 
Otra economía
Fernando Luengo
19/07/2015

11/7/15

GRECIA Y EL TRISTE PAPEL DE LA SOCIALDEMOCRACIA

“En los momentos de crisis se descubre el verdadero eje del poder”, decía uno de los fundadores del socialismo, Federico Engels; pues bien, en este largo proceso de crisis en Europa y en su último epifenómeno —Grecia—, se ha desvelado por si hubiese alguna duda no sólo el verdadero eje del poder —los mercados financieros—, sino también todos aquellos que les hacen la ola una y otra vez.


Ríos de tinta corren sobre Grecia. Los apóstoles del pensamiento único del libre mercado se dirigen a los fieles desde los púlpitos que la prensa “libre” ha preparado para ellos. Las pizarras, tan de moda en el prime-time político actual, echan fuego. Sobre ellas, los expertos economistas escupen un dato tras otro, incansables en su labor evangelizadora, con el noble fin de que al ciudadano medio le quede marcada a fuego la ortodoxia del libre mercado. Una ortodoxia que señala a la propia Grecia como principal culpable de la crisis de deuda helena, y a sus responsables gubernamentales como radicales irreflexivos que se valen de la demagogia y el populismo para conducir al pueblo griego al abismo del desabastecimiento.


Y en esta campaña para culpabilizar a Grecia y a su Gobierno, no han estado sólo los gobernantes conservadores y los medios de comunicación, sino que han contado con la inestimable ayuda de la socialdemocracia tanto la gobernante como la opositora.

Desde el mismo día de la llegada de Tsipras al Gobierno, la socialdemocracia no le ha concedido respiro. Se podrá estar de acuerdo o no con la forma de encarar las negociaciones con tal o cual propuesta, ese no es el problema, lo extremadamente grave es que ante el tremendo dolor al que se somete al pueblo griego, los “progresistas” europeos no se hayan situado inequívocamente al lado de él y enfrentándose a la política de la troika; ese es el problema de fondo ante el que no sólo cualquier progresista sino cualquier persona con sensibilidad social tiene que definirse.


A nadie se le escapa que el problema griego no es ni un problema contable, ni un problema estrictamente económico es un problema de carácter político, es un problema de castigar a aquel que no comparte la política de austeridad que ha sido sistemáticamente denunciada por todo tipo de analistas e informes, incluida la Administración Obama y la Reserva Federal. Trasciende al caso griego aunque este le represente. Y en ese pulso, y en esa pugna la socialdemocracia europea ha estado de forma clara en el lado de Merkel. Las demandas de otra Europa que sacan a pasear en las campañas electorales no aparecen en el debate y la pugna actual; todavía muchos podemos recordar cómo miles de socialistas aplaudían entusiasmados a Schultz en la campaña de las europeas de mayo del 2014 cuando denunciaba la austeridad y el hambre en el Sur y hablaba del proyecto europeo de la socialdemocracia.

Papeles, textos, discursos, conferencias quedan convertidos en palabras que bajo nuestro punto de vista no se debería llevar el viento en cuanto hay un conflicto real con los poderes establecidos. Es triste que cuando esto sucede, sólo aparece la supeditación, la justificación y como mucho el matiz irrelevante. Grecia es un ejemplo pero el TTIP es otro donde los socilademócratas europeos avalan el oscurantismo y el contenido profundo del mismo y se limitan a matizar los aspectos más difícilmente vendibles para la ciudadanía.


Un ejemplo claro ha sido el rechazo de todos los partidos socialistas al referéndum, la delegación española en el Parlamento Europeo firmaba un comunicado alineado claramente con las tesis germanas: “La convocatoria de un referéndum para el próximo domingo en Grecia ha situado la negociación al borde del precipicio. Es un recurso legítimo del gobierno griego, pero enormemente arriesgado para Grecia porque podría acabar dividiendo peligrosamente a su pueblo y quizás dejándolo fuera de la Unión”. Si esto no es un chantaje que venga Zeus y lo vea. En este texto, está el compendio de la deriva socialdemócrata; convocar al pueblo es lo que rompe la negociación, una consulta divide y ella abre la puerta de salida de Grecia de la Unión. La agresividad contra el referéndum y gobierno griego de relevantes dirigentes socialistas llama poderosamente la atención en un tiempo donde una y otra vez se nos ha repetido que frente al poder de los mercados había que recuperar el poder de la política, que es el único instrumento de los débiles y que son las nuevas mayorías políticas las que pueden dar la vuelta a la política de la UE, efectivamente muchísimos socialistas pensamos que si Zapatero hubiese convocado al pueblo, en referéndum o en elecciones en aquel mayo del 2010 donde se iniciaron los recortes y la ruptura con la política redistributiva, posiblemente no hubiésemos tenido cuatro años negros de mayorías absolutas del PP y muy posiblemente el PSOE no hubiese perdido a chorros el apoyo popular.


Después del resultado del referéndum donde importantes dirigentes socialdemócratas habían hecho una apuesta inequívoca contra Tsipras y el No, como el alabado Schultz: “Si los griegos votan no tendrán que introducir otra moneda en su economía, porque no tendrán más euros a su disposición como medio de pago”. O el otrora izquierdista Sigmar Gabriel y ahora chambelán de la señora Merkel: “Tsipras ha roto todos los puentes con Europa”, tampoco los partidos socialistas en el Gobierno, como Hollande o Renzi; o en la oposición, como el resto, han dado un golpe político en la mesa para cambiar el rumbo de los acontecimientos, han seguido entregados en manos de los tecnócratas que piden contrapartidas con las caídas de las pensiones, los salarios y reducción del enflaquecido Estado griego.


Los resultados de la política de la troika, de Bruselas y del Bundesbank son demoledores, no es cuestión de realizar una larga enumeración pero sí de señalar algunas cuestiones para ver la dimensión de la crisis. El PIB Griego ha caído alrededor de un 25 %, es una contracción parecida a la de los países que han sufrido una guerra. La contracción española sólo llegó al 3,7%. La deuda pública que siempre se sitúa como uno de los grandes objetivos de las medidas de austeridad, no ha disminuido sino pasado del 126% en 2009 al 180% en estos días. Paro incrementado en 17 puntos, pensiones reducidas hasta un 48%, 256.000 funcionarios menos y podríamos seguir. Pero la siguiente cuestión es a dónde ha ido el dinero del rescate, lo decía taxativamente uno de los directores ejecutivos del FMI, Paulo Nogueira: “El rescate griego sirvió para salvar a los bancos franceses y alemanes”. Efectivamente, más del 85% de los 230.000 millones prestados han vuelto a los bancos para los que parecen que trabajan los representantes políticos incluidos los dirigentes socialdemócratas. El Informe del FMI del pasado jueves y el informe del Comité de la verdad sobre la deuda inciden en lo mismo, a saber; en la imposibilidad de salida sin un giro en la política de la UE. Como señala muy acertadamente el analista financiero Juan Ignacio Crespo: “Es verdad que Grecia no podrá pagar su deuda. Pero ni Grecia, ni ningún otro país si tuviera que hacerlo. Ni siquiera EEUU”. Y eso es además una constante de la historia de la economía mundial, el default es un elemento regulador de la sobrevaloración del sistema.


Que las recetas no funcionan, es obvio para cualquiera, aunque no sea un experto en economía. Que es preciso cambiar de patrón de crecimiento también resulta, ya sea basándose en los factores puramente económicos, o en factores de tipo social, más que evidente. Que la obcecación por el mismo tipo de medidas de mal llamada austeridad, denota un claro fanatismo interesado resulta visible para cualquiera con un mínimo de criterio propio. La pregunta que queda pendiente se antoja obvia. ¿Por qué nadie levanta su voz contra este abuso? ¿Se ha vuelto loca toda Europa? ¿Dónde está la socialdemocracia europea? ¿Para cuándo una política sistemática e intensa para convertir el BCE en el Tesoro Único europeo? ¿Para cuándo la modificación del papel de prestamista a los bancos privados y no a los bancos centrales, para que aquellos hagan pingues beneficios con el diferencial de compra y venta del dinero? ¿Para cuándo políticas realmente activas para la generación de empleo y no la competencia vía la bajada salarial? ¿Para cuándo la emergencia social va a estar por delante de la emergencia bancaria? Desgraciadamente la socialdemocracia en Europa navega en el mismo barco que pilota Merkel, sus propuestas no pasan de ser declaraciones fútiles que cuando llega la hora de la verdad no se aplican. En ese barco muchos socialistas no queremos navegar.


Terminemos con un referente moral, intelectual y ético con el que si se puede construir Europa, un alemán al que su condición nacional no le condiciona su visión universal, Jurgen Habermas: “La Unión Monetaria seguirá siendo inestable mientras no se complete con una unión bancaria, una unión fiscal y una unión económica. Esto significa, si no queremos reducir la democracia a un decorado, convertir la unión monetaria en unión política”.

FUENTE: publico.es
Dominio público
Núria Parlón, Beatriz Talegón y Enrique del Olmo
08 jul 2015

Lo que está claro es que han estado utilizando a Grecia como campo de experimentación, para saber hasta dónde podían apretar al resto de países necesitados de ayuda económica...

¡¡¡los muy cabritos!!!