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3/1/19

LIBERTAD DE PRENSA

Al menos 82 periodistas han sido asesinados y 345 encarcelados en 2018


El número de periodistas secuestrados también se ha incrementado en 2018 hasta situarse en 60 profesionales, un 11% más en relación con los 54 del año anterior.
Un activista por los derechos humanos enseña una foto del periodista desparecido Khashoggi 
durante una protesta a las puertas del consulado saudí - REUTERS/Osman Orsal
Al menos 82 periodistas han sido asesinados, 348 están encarcelados, 60 secuestrados y tres desaparecidos en 2018, según el balance anual de Reporteros Sin Fronteras (RSF) sobre las agresiones cometidas contra los periodistas en el mundo, actualizado a 28 de diciembre.

"Estas cifras en aumento reflejan una violencia inédita contra los periodistas", ha denunciado la organización, que ha destacado que 2018 ha sido "particularmente mortífero" con 82 periodistas asesinados mientras desempeñaban su labor informativa.

Esta cifra incluye a periodistas profesionales, periodistas-ciudadanos (personas que ejercen el periodismo sin que ésta sea su profesión) y colaboradores de medios de comunicación, según ha aclarado RSF. 

Aunque en los últimos tres años, el número de periodistas profesionales asesinados había descendido, en 2018 se ha producido un aumento del 15%, con 64 asesinatos frente a 55 del año anterior.


A juicio de la organización, el asesinato del columnista saudí Jamal Khashoggi y el del joven periodista de datos eslovaco Jan Kuciak "muestran la inconmensurable determinación de los enemigos de la libertad de prensa". Más de la mitad de los periodistas asesinados en 2018 fueron atacados de forma deliberada (61%), según RSF.

"Los actos violentos contra los periodistas alcanzan un nivel inédito este año: todos los indicadores están en rojo", ha manifestado el secretario general de Reporteros Sin Fronteras, Christophe Deloire, que añade que "el odio a los periodistas manifestado —e incluso reivindicado— por líderes políticos, religiosos y hombres de negocios sin escrúpulos, tiene consecuencias dramáticas y se traduce en un aumento muy preocupante de las violaciones de los derechos de los periodistas".

Según ha añadido Deloire, "estos sentimientos de odio, multiplicados a través de las redes sociales—que tienen gran responsabilidad en estos hechos—, se usan para legitimar las agresiones y debilitan, poco a poco, cada día, el periodismo y, con él, la democracia".

Aumentan los periodistas presos y secuestrados
 

Por países, Afganistán se sitúa como el país "más mortífero" para los periodistas al haber muerto un total de 16 informadores este 2018; seguido de Siria (con 11) y México (9), el país en paz más peligroso para la profesión periodística. Estados Unidos se coloca este año entre los países más mortíferos del mundo, tras el letal tiroteo contra la redacción de The Capital Gazette.

Respecto al número de periodistas encarcelados en el mundo también se ha incrementado. En 2018 han alcanzado los 348 (entre ellos 24 mujeres, el 7%) frente a los 326 de 2017. Como el año anterior, más de la mitad de los periodistas encarcelados se halla en las prisiones de Irán, Arabia Saudita, Egipto, Turquía y China, país que sigue siendo la mayor cárcel del mundo para los periodistas, ya que mantiene presos a 60, de los que tres cuartas partes son periodistas-ciudadanos.

Por otra parte, el número de periodistas secuestrados también se ha incrementado en 2018 hasta situarse en 60 profesionales, un 11% más en relación con los 54 del año anterior. De los 60 reporteros secuestrados, 59 están cautivos en Oriente Medio (en Siria, Irak y Yemen) y seis de ellos son periodistas extranjeros.

En este sentido, RSF ha indicado que, "a pesar de la derrota del Estado Islámico en Irak y de su retroceso en Siria, se obtiene poca información sobre la suerte de estos rehenes". Sólo ha habido noticias del periodista japonés Jumpei Yasuda, quien fue liberado tras tres años de cautividad en Siria, y de un periodista ucraniano que aún está en manos de las autoproclamadas autoridades de la 'República Popular de Donetsk (DNR)', que lo acusan de ser un espía.
  

Reporteros Sin Fronteras ha registrado tres nuevos casos de periodistas desaparecidos en 2018: dos en América Latina y uno en Rusia. "Me parecen unas cifras deplorables", ha manifestado en declaraciones a Europa Press el presidente de la Sección Española de Reporteros Sin Fronteras, Alfonso Armada.

Armada cree que, ante estas cifras, hay que intentar "ponerse en la piel de cada periodista asesinado, sobre todo, en la de aquellos han sido eliminados pata callar su voz, para enviar un mensaje de miedo, para cumplir con ese edicto del emperador norteamericano que dice que los periodistas son enemigos del pueblo".

De este modo, el presidente de RSF España ha advertido de que "esta campaña de amedrentamiento está lanzando un mensaje terrible hacia una profesión, que si siempre fue necesaria, ahora con tantos pescadores en río revuelto, con tanto populistas que esgrimen soluciones fáciles para problemas concretos, el buen periodismo es más necesario que nunca".

"Si quieres un Estado de derecho, tiene que haber periodistas. Una sociedad no puede tener un Estado de derecho sin una crítica racional, y la crítica racional requiere que haya un grupo saludable de periodistas que averigüe quién está aprobando las leyes y por qué razones, de dónde viene el dinero", ha indicado Armada parafraseando y suscribiendo las palabras de Timothy Snyder, titular de la cátedra Housum de Historia en la Universidad de Yale.
  

El Balance Anual de agresiones cometidas contra periodistas, que Reporteros Sin Fronteras elabora desde 1995, se basa en datos precisos. La organización recaba de manera minuciosa información que le permita señalar con certeza o con la mayor fiabilidad, que la detención, el secuestro, la desaparición o la muerte de un periodista es consecuencia directa del ejercicio de su profesión.

Lanzado a finales de cada año, el balance anual de Reporteros Sin Fronteras se centra en las cifras de asesinatos, secuestros y encarcelamientos de periodistas, destacando los casos más relevantes. 

Es uno de los principales documentos que publica Reporteros Sin Fronteras, junto a la Clasificación Mundial —el ránking de 180 países, encabezado por los países con mayor libertad de información y donde aquellos en los que la situación es peor se sitúan al final— y el Informe Anual, el resumen de los acontecimientos del año, país por país, que elabora y publica la Sección Española de RSF.

FUENTE: publico.es
Europa Press
Madrid - 29/12/2018

25/8/17

NOS VEMOS EN LA PRÓXIMA MATANZA


Nos vemos en la próxima matanza. Nos veremos cuando la sangre derramada vuelva a ponernos fácil ser solidarios. Toda la atención suscitada estos días, toda la cercanía se diluirá, se disolverá y nos volveremos a encontrar abrazados en la próxima matanza, convencidos de que la libertad de expresión debe ser defendida como el primero de nuestros derechos. Pero hasta ahora, ¿dónde estaban todos? Me ha impresionado la frase profética del director de Charlie Hebdo: “No tengo miedo de las represalias. No tengo hijos, no tengo mujer, no tengo coche, no tengo deudas. Puede que suene algo pomposo, pero prefiero morir de pie que vivir de rodillas”.

Parece la declaración de un monje guerrero, de un voluntario, de alguien que sabe que cualquiera de sus decisiones puede recaer sobre los que tiene alrededor. Charb, Stéphane Charbonnier, hacía viñetas, era director de una revista de ensayo satírico. Sin embargo, sus palabras parecen las de un soldado que va al combate, las de un médico en misión sanitaria por lugares contagiosos.

El chantaje y el miedo son los instrumentos con los que se está destruyendo la libertad de expresión. Y, ¡ojo!, se está destruyendo. No creo en las actitudes románticas de quienes dicen: “Como su mensaje ha llegado a todas partes, han ganado los periodistas”. No, no y no. La vida era más preciosa que la afirmación del derecho por la vía del sacrificio. Sin embargo, el riesgo se había subestimado.


La escolta de Charbonnier no era una verdadera escolta, más bien una tutela (un chófer y un hombre armado) y, cuando la redacción cambió de sede, perdió la protección de la entrada, sustituida por la conocida Vgr (Vigilancia genérica radiocontrolada), muy poco eficaz en casos semejantes: una patrulla, esporádicamente, pasa y observa. Le ocurrió lo mismo a Salman Rushdie, a quien repetían frases que conozco demasiado bien: “Lleva flores a la tumba de Jomeini; sin él no serías lo famoso que eres”. Cuando se recibe una amenaza, es difícil provocar verdadera solidaridad, más bien surge la sospecha de haber encontrado un camino fácil para darse a conocer.

 La libertad de expresión no es solo un derecho adquirido para ejercer en los periódicos o ante un tribunal; es un hecho, un principio que trasciende todos los textos legales y que encarna la característica sustancial que convierte el mundo occidental, con todas las contradicciones y progresivas limitaciones, en un mundo libre. El mundo hacia el que caminan millones de seres humanos*

Es innegable que escribir puede resultar peligroso, pero cuando un escritor consigue ganar dinero, cuando sus libros —películas, cómics, periódicos— se convierten en un éxito, entonces parece como si fuera menos digno de tutela, como si su seguridad pudiera desatenderse, como si fuera él mismo quien tuviera que encargarse de ella porque, en el fondo, se la estaba buscando. También Wolinski y sus compañeros recibieron acusaciones similares. En realidad y, a pesar de que Francia respondió —bastante mejor que otros gobiernos europeos en casos semejantes— ante las primeras amenazas y el primer ataque contra Charlie Hebdo, diciendo que si alguien se sentía ofendido por las viñetas podía acudir a los tribunales, el ataque ha recaído en los propios franceses y lo ha hecho, no a través de una querella o una reclamación por daños, sino a través del único tribunal que conocen y utilizan ese puñado de exaltados: el del fusil.


A media voz, se escuchaban críticas contra las viñetas, se acusaba a la revista de forzar la máquina para enderezar los números rojos: un humor áspero, sin medias tintas, vulgar, fragua más rápido, llama más la atención. Pero también es cierto que incluso "la blasfemia" se convierte en un derecho cuando se plantean determinadas cuestiones de principios, porque reafirmarlo se convierte precisamente en una cuestión de principios irrenunciables. Conviene recordar que los mismos periódicos que consideraban indecorosas las blasfemias de Charlie han publicado todo tipo de fotos de cotilleo y han violado intimidades sin ningún pudor, cosa que la redacción de Charlie no hizo jamás.

Hoy Europa se ha olvidado del derecho a la libertad de expresión. Que lo haya olvidado no quiere decir que lo haya eliminado sino que lo ha descuidado, que ha dejado que se defienda con su propia inercia, hasta que ha llegado alguien que lo ha enterrado en una montaña de proyectiles. 

Más allá del terrorismo islámico, la cuestión se refleja también en los asuntos de la mafia: los gobiernos titubean, los tribunales juzgan los mecanismos de amenaza como delitos secundarios, reconociéndolos solo si hay sangre por medio.

Periodistas asesinados

Me pregunto: ¿Sabéis cuántos periodistas murieron el año pasado? Mataron a 66 y detuvieron a 178.

En Turquía, 23 periodistas están en la cárcel solo por escribir en un diario crítico con el gobierno. Me pregunto: ¿cómo es posible olvidar inmediatamente que en México se ha matado por un tuit, que en Arabia se castiga con miles de latigazos (los primeros cincuenta dados hace unos pocos días) a Raif Badawi, “culpable” de haber abierto un foro online de debate sobre el islam y la democracia; que en Italia decenas de personas viven bajo protección, que en Dinamarca ya intentaron matar al viñetista Kurt Westergaard por haber dibujado una caricatura del profeta Mahoma? ¿Ya hemos olvidado el asesinato del director de cine Theo Van Gogh en Holanda? Mataron a María del Rosario Fuentes Rubio en México por sus campañas en Twitter y a decenas de estudiantes por participar en una manifestación. ¿Bastaba con que todo esto no hubiera ocurrido en París o Berlín para ignorarlo? 

Claro, todos somos Charlie Hebdo, y es una solidaridad emotiva instintiva, la pulsión que Kant describía como la facultad inmediata para percibir, incluso antes que con la razón, lo que es justo y lo que es erróneo. Como si la capacidad de discernimiento estuviese inscrita en nuestro interior. Pero esta adhesión se desencadena siempre cuando ya se ha derramado sangre.
 

Charlie Hebdo no era un periódico capaz de llegar a millones de personas, estaba en crisis, siempre al borde del cierre. No estamos hablando de un ataque a la CNN ni al mayor diario de Francia. Quizá encontremos la explicación en la estrategia: es más fácil atacar a un periódico pequeño que a una gran estructura, con un fuerte aparato de vigilancia. Pero ese no es el único motivo, hay más: independientemente de lo grande que se sea, cuando un mensaje consigue prender entre un aluvión de artículos y material impresos, duele más, molesta más, es como un clavo. No da más miedo el más grande sino quien consigue innovar la expresión, hacer que cale, medir las contradicciones y superar su propia partitura. 

Por otra parte, cada estrategia militar de defensa sabe identificar qué lugares pueden ser atacados y, como hemos visto, han dejado de ser los parlamentos, los ministerios y los cuarteles. Atacar un cuartel es un acto de guerra que reduce el conflicto a una cuestión entre diferentes uniformes. Golpear a políticos significaría “atenuar” el propio mensaje militar: dado que en la política europea ya no existe un personaje símbolo que encarne la historia y los valores europeos, podría parecer un ataque parcial. En cambio, golpear a artistas, golpear a intelectuales, a bloggers, significa para el terrorismo islámico, para el de los narcos y para el de regímenes tiránicos, golpear el pensamiento. Busca intimidar a cualquiera, crear una identificación inmediata entre la opinión pública y la persona atacada, hacer punible la reflexión y la difusión de las ideas.

No es un ataque contra una figura o unas instituciones sino contra el último territorio que convierte a Occidente en un lugar distinto: la libertad de expresión. Pero si no hacemos nada, el silencio volverá pronto.

 

Pido al Parlamento Europeo, pido a Matteo Renzi, a Angela Markel, a François Hollande, a David Cameron y a los demás jefes de Estado y de Gobierno que organicen un Consejo Europeo dedicado a todos los que pagan y han pagado con su vida el precio de la libertad de expresión, a aquellos que viven con escolta, que han recibido amenazas, atentados, chantajes, violencias de cualquier tipo.

Que Europa se reúna y escuche a quien se arriesga en nombre de la cultura, del arte, de la información, que comprenda que en estas libertades descansan sus -nuestros- pilares.

Si la movilización de hombres y conciencias que hoy está agitando el mundo occidental se apaga pronto, se resuelve con unos pocos días de indignación y en un puñado de minutos de silencio, entonces sí, tendremos que decir: nos vemos en la próxima matanza.


FUENTE: ctxt.es
©Roberto Saviano - 11/04/2015 
Traducción de Mónica Andrade y Elisa Mora




(*) Si los gobiernos los dejan, claro está.