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18/12/17

EL PURITANISMO A LA CAZA DEL ARTE

La sombra de lo políticamente correcto se impone en detrimento de la transgresión. El carácter perturbador e incómodo del arte choca frontalmente con el buenismo imperante y el resultado es un arte que evade, pero no ofende.

'El orígen del mundo', de Courbet.- AFP
'El orígen del mundo', de Courbet.- AFP

El debate es atávico y resurge cuando menos se le espera. En esta ocasión un sospechoso habitual, el pintor franco-polaco Balthus, ha sido el encargado de disparar las alarmas en el seno del puritanismo mundial y reabrir de paso un viejo melón, a saber; ese que pretende embadurnar el Arte con una pátina de corrección y buenismo. 

Si en su día fue Courbet con su explícito El orígen del mundo —cuadro que encabeza esta información— el que tuvo que lidiar con el rubor de hordas de meapilas, lo cierto es que la lista podría ser eterna, como eterno es el caprichoso interés de algunos por canjear el carácter perturbador e incómodo del arte, por ese otro —menos cautivador, más rentable— que evade, entretiene y divierte, pero que no ofende.
'El sueño de Teresa', de Balthus

Como decíamos, le ha tocado a Balthus esta vez. Su Teresa, la misma que reposa ensimismada en una suerte de duermevela estival,, se erige ahora en ninfa lasciva a ojos de la mojigatería contemporánea. Recostada y con su ropa interior visible, así se muestra o así percibió en su día Balthus —el cuadro data de 1936— a Thérèse Blanchard, vecina del artista que con apenas 13 años hizo las veces de musa.

Pues bien, Thérèse Dreaming [El sueño de Teresa], como bautizó Balthus a su obra, ha protagonizado esta última semana una petitoria on line que ha conseguido recoger 10.000 firmas y en la que se pide al Metropolitan de Nueva York —donde se exhibe la pintura de la discordia— que “sea más concienzudo en cómo contextualizan esas piezas a las masas”. Según este reclamo, la pintura de Balthus es “sexualmente sugerente” y por ello invita a los responsables de la pinacoteca a que eliminen el cuadro de la galería o añadan una breve leyenda: “Algunos espectadores encuentran esta pieza ofensiva e inquietante, dado el enamoramiento artístico de Balthus por las chicas jóvenes”.


'A Morte do Homem Brasileiro', AMORIM

El revuelo balthusiano coincide además en el tiempo con la clausura por parte del Banco Santander de una exposición sobre diversidad sexual en su centro cultural de Porto Alegre tras las presiones de grupos conservadores y evangélicos.

La sombra de lo "políticamente correcto" parece campar a sus anchas. Cuando nos creíamos libres de inquisidores, la modernidad líquida nos ha colado un nuevo tipo de juez, uno muy dado al linchamiento 2.0 que, como aquel Braghettone de hace cinco siglos —ese que tuvo a bien cubrir las partes pudendas de algunos de los personajes de El Juicio Final de Miguel Ángel—, ahora se encarama a la red para dictaminar lo que debe ser el arte.

Detalle de El Juicio Final - Capilla Sixtina - Obra de Miguel Ángel Buonarrotti

Y en esa línea difusa entre realidad y ficción, esa que algunos prejuiciosamente cruzan para obviar el carácter incómodo del arte, nos topamos con asociaciones disparatadas que, desde una perspectiva moralista, pueden no serlo tanto. ¿Se podría acusar a Courbet de pornógrafo por su explícito El origen del mundo? ¿Sería Nabokov un pedófilo en potencia por su aclamada Lolita? ¿Y Tiziano? ¿Acaso La bacanal de los andrios no es fruto de una mente lasciva?

“El arte es uno de los medios más significativos que tenemos para reflexionar sobre el pasado y el presente, y observar la continua evolución de la cultura a través de una discusión informada y respetuosa por la expresión creativa”. Con estas palabras despachó el Metropolitan de Nueva York la petición de retirar la obra de Balthus. Una batalla ganada que, a buen seguro, no será la definitiva.

 'La bacanal de los andrios', de Tiziano
 'La bacanal de los andrios', de Tiziano

La sospecha se cierne sobre la Historia del arte y la literatura. No se libra nadie. En palabras de Yolanda Herranz, artista y catedrática de escultura en la Universidad de Vigo, “el problema muchas veces está en la mirada, en la mirada del que mira precisamente, no en la obra ni en el planteamiento, todo ese tipo de cuestiones entran dentro del campo de la censura”. 

Según la académica, "la polémica y la discusión sobre estas cuestiones son bienvenidas siempre que generen pensamiento, pero el arte está mucho más allá de lo que uno ve, es decir, los problemas que trata se sitúan por debajo, por lo que no se ve, es por ello que no se puede juzgar una obra —y mucho menos censurar— simplemente mirándola".

FUENTE: publico.es
Juan Losa
14/12/2017

25/8/17

NOS VEMOS EN LA PRÓXIMA MATANZA


Nos vemos en la próxima matanza. Nos veremos cuando la sangre derramada vuelva a ponernos fácil ser solidarios. Toda la atención suscitada estos días, toda la cercanía se diluirá, se disolverá y nos volveremos a encontrar abrazados en la próxima matanza, convencidos de que la libertad de expresión debe ser defendida como el primero de nuestros derechos. Pero hasta ahora, ¿dónde estaban todos? Me ha impresionado la frase profética del director de Charlie Hebdo: “No tengo miedo de las represalias. No tengo hijos, no tengo mujer, no tengo coche, no tengo deudas. Puede que suene algo pomposo, pero prefiero morir de pie que vivir de rodillas”.

Parece la declaración de un monje guerrero, de un voluntario, de alguien que sabe que cualquiera de sus decisiones puede recaer sobre los que tiene alrededor. Charb, Stéphane Charbonnier, hacía viñetas, era director de una revista de ensayo satírico. Sin embargo, sus palabras parecen las de un soldado que va al combate, las de un médico en misión sanitaria por lugares contagiosos.

El chantaje y el miedo son los instrumentos con los que se está destruyendo la libertad de expresión. Y, ¡ojo!, se está destruyendo. No creo en las actitudes románticas de quienes dicen: “Como su mensaje ha llegado a todas partes, han ganado los periodistas”. No, no y no. La vida era más preciosa que la afirmación del derecho por la vía del sacrificio. Sin embargo, el riesgo se había subestimado.


La escolta de Charbonnier no era una verdadera escolta, más bien una tutela (un chófer y un hombre armado) y, cuando la redacción cambió de sede, perdió la protección de la entrada, sustituida por la conocida Vgr (Vigilancia genérica radiocontrolada), muy poco eficaz en casos semejantes: una patrulla, esporádicamente, pasa y observa. Le ocurrió lo mismo a Salman Rushdie, a quien repetían frases que conozco demasiado bien: “Lleva flores a la tumba de Jomeini; sin él no serías lo famoso que eres”. Cuando se recibe una amenaza, es difícil provocar verdadera solidaridad, más bien surge la sospecha de haber encontrado un camino fácil para darse a conocer.

 La libertad de expresión no es solo un derecho adquirido para ejercer en los periódicos o ante un tribunal; es un hecho, un principio que trasciende todos los textos legales y que encarna la característica sustancial que convierte el mundo occidental, con todas las contradicciones y progresivas limitaciones, en un mundo libre. El mundo hacia el que caminan millones de seres humanos*

Es innegable que escribir puede resultar peligroso, pero cuando un escritor consigue ganar dinero, cuando sus libros —películas, cómics, periódicos— se convierten en un éxito, entonces parece como si fuera menos digno de tutela, como si su seguridad pudiera desatenderse, como si fuera él mismo quien tuviera que encargarse de ella porque, en el fondo, se la estaba buscando. También Wolinski y sus compañeros recibieron acusaciones similares. En realidad y, a pesar de que Francia respondió —bastante mejor que otros gobiernos europeos en casos semejantes— ante las primeras amenazas y el primer ataque contra Charlie Hebdo, diciendo que si alguien se sentía ofendido por las viñetas podía acudir a los tribunales, el ataque ha recaído en los propios franceses y lo ha hecho, no a través de una querella o una reclamación por daños, sino a través del único tribunal que conocen y utilizan ese puñado de exaltados: el del fusil.


A media voz, se escuchaban críticas contra las viñetas, se acusaba a la revista de forzar la máquina para enderezar los números rojos: un humor áspero, sin medias tintas, vulgar, fragua más rápido, llama más la atención. Pero también es cierto que incluso "la blasfemia" se convierte en un derecho cuando se plantean determinadas cuestiones de principios, porque reafirmarlo se convierte precisamente en una cuestión de principios irrenunciables. Conviene recordar que los mismos periódicos que consideraban indecorosas las blasfemias de Charlie han publicado todo tipo de fotos de cotilleo y han violado intimidades sin ningún pudor, cosa que la redacción de Charlie no hizo jamás.

Hoy Europa se ha olvidado del derecho a la libertad de expresión. Que lo haya olvidado no quiere decir que lo haya eliminado sino que lo ha descuidado, que ha dejado que se defienda con su propia inercia, hasta que ha llegado alguien que lo ha enterrado en una montaña de proyectiles. 

Más allá del terrorismo islámico, la cuestión se refleja también en los asuntos de la mafia: los gobiernos titubean, los tribunales juzgan los mecanismos de amenaza como delitos secundarios, reconociéndolos solo si hay sangre por medio.

Periodistas asesinados

Me pregunto: ¿Sabéis cuántos periodistas murieron el año pasado? Mataron a 66 y detuvieron a 178.

En Turquía, 23 periodistas están en la cárcel solo por escribir en un diario crítico con el gobierno. Me pregunto: ¿cómo es posible olvidar inmediatamente que en México se ha matado por un tuit, que en Arabia se castiga con miles de latigazos (los primeros cincuenta dados hace unos pocos días) a Raif Badawi, “culpable” de haber abierto un foro online de debate sobre el islam y la democracia; que en Italia decenas de personas viven bajo protección, que en Dinamarca ya intentaron matar al viñetista Kurt Westergaard por haber dibujado una caricatura del profeta Mahoma? ¿Ya hemos olvidado el asesinato del director de cine Theo Van Gogh en Holanda? Mataron a María del Rosario Fuentes Rubio en México por sus campañas en Twitter y a decenas de estudiantes por participar en una manifestación. ¿Bastaba con que todo esto no hubiera ocurrido en París o Berlín para ignorarlo? 

Claro, todos somos Charlie Hebdo, y es una solidaridad emotiva instintiva, la pulsión que Kant describía como la facultad inmediata para percibir, incluso antes que con la razón, lo que es justo y lo que es erróneo. Como si la capacidad de discernimiento estuviese inscrita en nuestro interior. Pero esta adhesión se desencadena siempre cuando ya se ha derramado sangre.
 

Charlie Hebdo no era un periódico capaz de llegar a millones de personas, estaba en crisis, siempre al borde del cierre. No estamos hablando de un ataque a la CNN ni al mayor diario de Francia. Quizá encontremos la explicación en la estrategia: es más fácil atacar a un periódico pequeño que a una gran estructura, con un fuerte aparato de vigilancia. Pero ese no es el único motivo, hay más: independientemente de lo grande que se sea, cuando un mensaje consigue prender entre un aluvión de artículos y material impresos, duele más, molesta más, es como un clavo. No da más miedo el más grande sino quien consigue innovar la expresión, hacer que cale, medir las contradicciones y superar su propia partitura. 

Por otra parte, cada estrategia militar de defensa sabe identificar qué lugares pueden ser atacados y, como hemos visto, han dejado de ser los parlamentos, los ministerios y los cuarteles. Atacar un cuartel es un acto de guerra que reduce el conflicto a una cuestión entre diferentes uniformes. Golpear a políticos significaría “atenuar” el propio mensaje militar: dado que en la política europea ya no existe un personaje símbolo que encarne la historia y los valores europeos, podría parecer un ataque parcial. En cambio, golpear a artistas, golpear a intelectuales, a bloggers, significa para el terrorismo islámico, para el de los narcos y para el de regímenes tiránicos, golpear el pensamiento. Busca intimidar a cualquiera, crear una identificación inmediata entre la opinión pública y la persona atacada, hacer punible la reflexión y la difusión de las ideas.

No es un ataque contra una figura o unas instituciones sino contra el último territorio que convierte a Occidente en un lugar distinto: la libertad de expresión. Pero si no hacemos nada, el silencio volverá pronto.

 

Pido al Parlamento Europeo, pido a Matteo Renzi, a Angela Markel, a François Hollande, a David Cameron y a los demás jefes de Estado y de Gobierno que organicen un Consejo Europeo dedicado a todos los que pagan y han pagado con su vida el precio de la libertad de expresión, a aquellos que viven con escolta, que han recibido amenazas, atentados, chantajes, violencias de cualquier tipo.

Que Europa se reúna y escuche a quien se arriesga en nombre de la cultura, del arte, de la información, que comprenda que en estas libertades descansan sus -nuestros- pilares.

Si la movilización de hombres y conciencias que hoy está agitando el mundo occidental se apaga pronto, se resuelve con unos pocos días de indignación y en un puñado de minutos de silencio, entonces sí, tendremos que decir: nos vemos en la próxima matanza.


FUENTE: ctxt.es
©Roberto Saviano - 11/04/2015 
Traducción de Mónica Andrade y Elisa Mora




(*) Si los gobiernos los dejan, claro está.