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19/11/18

¿POR QUÉ?

¿Por qué llamó Óscar Reina, portavoz del SAT, “miserable” a Felipe VI?

Óscar Reina

Nada más conocer la detención en Granada del portavoz del Sindicato Andaluz de Trabajadores, Óscar Reina, por llamar “miserable” a Felipe VI, una pregunta atormentaba mis pensamientos: ¿qué quiso decir?

Vamos a ver, según la RAE, miserable es una persona “ruin o canalla”, “extremadamente tacaña” o “extremadamente pobre”; una cosa “insignificante o sin importancia”; o también “desdichado, abatido o infeliz”. Atendiendo a las acepciones anteriores se antoja enormemente complicado considerar a Felipe VI como “miserable”. Yo, al menos, no convivo con él, con lo que no sabría decir si es tacaño, ruin o canalla, pero lo veo cuanto menos forzado. Quizás habría sido más apropiado denominar “avaricioso”, “egoísta” o “inhumano” si lo que se pretendía era hacer mención a la asignación cercana a los ocho millones de euros anuales mientras gran parte de su ciudadanía vive una situación de gran precariedad. Pero ¿y si refería a otra cuestión?

¿Quizás quiso llamarle fascista/franquista?

Felipe VI de Borbón

Tal vez, a lo que se quiso referir Óscar Reina al afirmar que Felipe VI es un “miserable” era a su filia fascista/franquista. Según la RAE, fascista es lo “perteneciente o relativo al fascismo”, “partidario del fascismo” o “excesivamente autoritario”. En este caso, usar fascista/franquista para dirigirse a Felipe VI encajaría mucho mejor que “miserable”.

No resulta muy complejo percatarse que reina en España gracias a la designación de un dictador fascista y genocida o que jamás se ha manifestado antifascista como si lo han hecho de forma inequívoca la mayoría de dirigentes políticos europeos.

No solo eso, sino que ha sido capaz de mantener el título nobiliario a la familia del dictador y a otros cuarenta franquistas. También ha consentido que se les entregue contratos en la Guardia Real a descendientes de Franco o que las Fuerzas Armadas que dirige se encuentren infectadas de fascistas/franquistas sin que se haya mostrado públicamente contrariado por ello (más de 1.000 altos mandos, entre ellos generales y coroneles, llegaron a firmar un manifiesto a favor de Franco, muchos de ellos cercanos a la Casa Real).

Franco al amparo de la cruz

Por si fuera poco, nadie puede dudar de los lazos de amistad de Felipe VI con fascistas, su respaldo público e incluso su afecto personal. Pensemos, y solo es un ejemplo, en la familia real saudí, la cual encaja a la perfección en la definición de fascista: “No hay ningún secreto que el Reino de Arabia está dirigido por una familia, en el sentido más doncorleánico de la palabra, que aplica el Apartheid y un totalitarismo teocrático, el más severo del mundo que, como castigo a delitos como apostasía, adulterio, la homosexualidad y la hechicería no sólo amputa manos y pies, sino ejecuta con lapidación y decapitación, para luego crucificar sus cadáveres en público” (Nazanín Armanian).

En estas condiciones, denominar a Felipe VI como fascista/franquista difícilmente habría podido ser catalogado como un insulto, menos aún como una injuria.

¿Y si lo que quiso fue llamarle delincuente/criminal?

Principales personajes de la familia real saudí

En cuanto a delincuente, la RAE considera que un delincuente es aquel que delinque, esto es, que comete un delito. Por ahí, quizás Óscar habría estado más acertado, porque si lo que pretendía era llamar “miserable” a Felipe VI por estar fomentando la venta de armas a Arabia Saudí cuando este es responsable de la mayor hambruna en los últimos cien años y la mayor catástrofe humanitaria que se vive en la actualidad, los términos “criminal” o “delincuente” se antojan más correctos. Aunque yo tampoco soy un experto en el asunto.

Pensemos que España ha vendido armas a toda la coalición de países que están bombardeando Yemen por valor de 1.200 millones de euros entre 2015 y 2017, años en los que ha durado el conflicto. Y el Jefe del Estado español es Felipe VI, lo cual le posiciona como claro responsable de esta violación de los derechos humanos y del derecho internacional.

Sobre todo, porque sus relaciones son tan excelentes con la familia real saudita que sería rocambolesco pensar que las ventas se han realizado contra su voluntad. No le imagino llorando desconsolado y abatido por las ventas, especialmente si tenemos en cuenta que existen acusaciones sobre comisiones de su padre y la amante de éste. Esta violación, por otra parte, constituye un delito por cuanto transgrede el artículo octavo de la ley 54/2007, sobre control del comercio exterior de material de defensa y doble uso, y lo hace en los apartados a) y c).

Masacrando Yemen

En el apartado a) se especifica que España no podrá vender armas “cuando existan indicios racionales de que el material de defensa, el otro material o los productos y tecnologías de doble uso puedan ser empleados en acciones que perturben la paz, la estabilidad o la seguridad en un ámbito mundial o regional, puedan exacerbar tensiones o conflictos latentes, puedan ser utilizados de manera contraria al respeto debido y la dignidad inherente al ser humano, con fines de represión interna o en situaciones de violación de derechos humanos”.

Y en el apartado c) se asevera que se denegarán las ventas de armas “cuando vulneren las directrices acordadas en el seno de la Unión Europea, en particular los criterios del Código de Conducta, de 8 de junio de 1998, en materia de exportación de armas, y los criterios adoptados por la OSCE en el documento sobre Armas Pequeñas y Ligeras de 24 de noviembre de 2000, y otras disposiciones internacionales relevantes de las que España sea signataria. Para la aplicación de los criterios del Código de Conducta se atenderá a las mejores prácticas más actualizadas descritas en la Guía del Usuario”.

Pero es que, además, ya hay informes que denuncian que Arabia Saudí posiblemente está cometiendo crímenes de guerra, según expertos de la ONU, o incluso el Parlamento Europeo ha solicitado hasta en tres ocasiones en los últimos dos años el cese de la venta de armas a los sauditas.


De hecho, en 2016 Arabia Saudí fue incluida en la “lista negra” de países responsables de ataques a niños, tal y como admitió el propio Ban ki-moon, y solo las presiones internacionales consiguieron que fuera borrada de la misma.

Así pues, Felipe VI como jefe del Estado español y como persona conocedora de toda esta información podría ser catalogado, en todo caso, como “delincuente” o “criminal”, pero, difícilmente no como “miserable”. Incluso se podría aseverar que sería deseable que algún día fuera juzgado en un tribunal internacional junto a Pedro Sánchez, Margarita Robles, Mariano Rajoy, María Dolores de Cospedal, Pedro Morenés y todos los que hayan participado de tales ventas en la comisión interministerial que concede los permisos (JIMMDU), pero ¿”miserable”?

¿Y si Óscar quiso denominar déspota a Felipe VI?


Tal vez, cuando denominó como “miserable” a Felipe VI lo que quería decir fue "déspota". Según la RAE, un déspota es el “soberano que gobierna sin sujeción alguna a la ley”. Dada la supervivencia, gracias a PP-PSOE-Cs, de la inviolabilidad jurídica del rey, es evidente que Felipe VI reina sin ningún tipo de responsabilidad jurídica como antes lo hizo Juan Carlos I, cuyas múltiples acusaciones jamás han sido juzgadas.

Por todo ello, habría sido un gran acierto, casi incuestionable, ya no jurídicamente, sino también moralmente, aseverar que Felipe VI es un déspota. Al menos, atendiendo al diccionario de la RAE, claro.

Óscar se equivocó y ahora merece pagar por ello

Óscar Reina

Después de este breve análisis, queda claro que Óscar cometió un error imperdonable al emplear el término “miserable” para dirigirse a Felipe VI, jefe del Estado español y, por tanto, merece que caiga sobre él todo el peso del Estado de Derecho.

Por ejemplo, recibir una lección magistral en un oscuro y tétrico calabozo impartida por Manuel Sánchez Corbí, Billy el Niño o el general Galindo. O como mínimo, sufrir a los magistrados del Tribunal Supremo o de la Audiencia Nacional, tan representativos del Estado de Derecho como los anteriores. 

FUENTE: publico.es
Un paso al frente
Luis Gonzalo Segura
18/11/2018
 

El remate de la puñeta es que el pobre Óscar se apellida Reina. O sea, que no puede quitarse a la monarquía de arriba ni pa' dios.

31/10/18

SALVAR AL REY DESNUDO

Que la monarquía ha empezado a cavar su tumba por Catalunya (y Euskadi) es un hecho. Es fascinante la torpeza de Felipe VI en este sentido.

El rey Felipe VI / EFE

El Ayuntamiento de Barcelona ha aprobado este viernes la reprobación de Felipe VI por su posicionamiento contra una parte de Catalunya y ha concluido pidiendo la abolición de la monarquía. Habrá quien se apresure a decir que se trata de un hecho aislado de una alcaldesa (Ada Colau) “radical y extremista” y habrá quien vaya más lejos aun pidiendo al Gobierno que trate de anular la voluntad municipal de una mayoría a la que no se ha sumado el PSC.

Saben hasta los más monárquicos/as, sin embargo, que la de Barcelona no es ninguna puntualidad ni extravagancia y el Gobierno, que ya ha quedado en evidencia con el pronunciamiento del Consejo de Estado sobre el recurso de la reprobación al rey del Parlament, debería empezar a valorar si poner puertas al campo es la misión de cambio y evolución democrática que se ha impuesto. Las reprobaciones al rey en Catalunya son un síntoma más de el decaimiento de la monarquía, ni mucho menos los únicos.


Hace tiempo que las instituciones y los poderes que las custodian -a riesgo de perder tantos privilegios a cambio de lealtad- han levantado los estrechos puentes levadizos que comunican a la Corona con los ciudadanos/as (sus súbditos, para ser más rigurosos) y han cavado alrededor de la fortaleza un foso sembrado de alimañas para espantar a los más osados que pretendan atravesarla, sean manifestantes, periodistas, artistas, revistas, parlamentos soberanos o -veremos- ayuntamientos.

Que la monarquía ha empezado a cavar su tumba por Catalunya (y Euskadi) es un hecho. Es fascinante la torpeza de Felipe VI en este sentido, por cierto, pues si con algo se ganó su padre la tranquilidad de, al menos, 30 años de reinado tras el franquismo totalitario, fue con ¿su? agudeza sobre Catalunya. Aunque ésa es otra historia, la Historia.

Maria Rovira, concejal de la CUP durante el pleno del Ayuntamiento de Barcelona, que ha aprobado una resolución en la que 'condena el posicionamiento del rey Felipe VI' en relación con el 'conflicto catalán'. /EFE
María Rovira, concejal de la CUP durante el pleno del Ayuntamiento de Barcelona, que ha aprobado una resolución
en la que "condena el posicionamiento del rey Felipe VI" en relación con el "conflicto catalán". / EFE

La prueba de la descomposición de la monarquía la encontrarnos, digo, ante manifestaciones de torpeza y automatismo tan evidentes como que el mismo Gobierno que llegó a La Moncloa apelando a la política-política-política para resolver los problemas de fondo y forma de este país recurra ante el Tribunal Constitucional la reprobación de Felipe VI aprobada por el Parlament, además, pese a un informe del Consejo de Estado no vinculante pero que sí debería provocar sonrojo en quien censuró a Rajoy -con razón- su desidia ante el problema en Catalunya y la vía suicida de la judicialización de la política.

La institución que preside María Teresa Fernández de la Vega ha venido a decir al Ejecutivo que el Parlament catalán puede aprobar las resoluciones políticas que le dé la gana, encima, cuando esta reprobación no va a tener efecto práctico alguno sobre la institución, más allá del creciente rechazo que generan la monarquía y su andamiaje entre los/as catalanes y el resto del país.

María Teresa Fernández de la Vega

El PSOE (el PSC en Barcelona) funciona todavía con un resorte que eleva puentes automáticamente cada vez que el rey y la Corona son puestas en cuestión. ¿Investigar en el Congreso al rey emérito por presunta evasión fiscal o cobro de comisiones? ¿Preguntar a los españoles cuál es la valoración que hacen de la monarquía vía CIS? ¿Reprobar al rey y apostar por una transición a la república -como sus bases o su ideario original socialista-? ¿Criticar el discurso de Felipe VI el 3-O? ¿Abrir puertas y ventanas de la institución monárquica en pro de un ejercicio de transparencia plena? ¿Retirar al monarca un aforamiento más propio de la Edad Media que del siglo 21? No, no, no, no, no, no...

Hoy palpitan en medio de un ruido atroz dos cuestiones con las que Pedro Sánchez debe ser valiente, y nadie le pide al respecto un ejercicio revolucionario de asalto a palacios, sino de pura coherencia, democracia y altura de miras: una es el camino hacia el Estado plurinacional que se cansó de reivindicar en la oposición y ahora apenas se le escucha (referéndum catalán mediante) y otro es un debate sereno constituyente que incluya a la Corona.


El rey está desnudo y pasmado ante su propia desnudez. España se revuelve y la Corte debería dejar de alabar los ropajes y la candidez del monarca (una retranca gallega de Torrente Ballester). Generaciones no necesariamente republicanas, pero en ningún caso monárquicas, piden más democracia y menos privilegios que impiden su progreso, hoy estancado en el paro y el precariado. Hagamos entonces las cosas bien y no cuando sea muy tarde. Por una vez.

Ana Pardo de Vera
26/10/2018
Como dice Rafael Amor en su tema "Un vals a Buenos Aires":

"Los tiempos de la abuela ya no son esos del miriñaque y el mantón..."

Las monarquías son también una antigualla, una rémora social que los pueblos no tienen por qué seguir arrastrando eternamente.

NOTA: Recuerden que, tras morir sin descendencia Carlos II de Austria, fue Felipe V el pimer Borbón que reinó en España, así que siguiendo la secuencia numérica, cabe la posibilidad de que el último sea Felipe VI.

22/6/15

EL CUÑADO MONÁRQUICO

Tengo un amigo, hereje y anarquista, que tiene un cuñado católico y monárquico, lo que deviene a veces, si no en grandes discusiones, sí en disparidad de pareceres:

- A mí me parece que, en pleno siglo XXI, ya no tiene razón de existir la monarquía.


- Pues yo creo que sí. La figura del rey es, para los súbditos, un símbolo de importancia capital porque define y garantiza la unidad del estado.

- Yo sigo pensando que las monarquías son un anacronismo social: una pila de parásitos que fagocitan descaradamente los recursos económicos del país, aunque el verdadero problema no es lo que cuestan, sino lo que significan.



- No obstante, sigo considerando que la monarquía es la forma idónea de gobierno.

- Pues si tanto te gustan, llévate la Familia Real a tu casa y mantenla tú. Conmigo no cuentes.



Si hay dos palabras que me joden, son súbdito y vasallo.

Ciudadano Plof

4/6/14

DEMÓCRATA

Hace bastante tiempo que no les traía un diálogo entre dos buenos amigos: Don Éste y don Aquél.

- ¡Dios mío!... ¿Y qué va a pasar ahora que el rey se quita de en medio?


 - Pues pasará lo que nosotros queramos que pase.

- ¡Venga ya! Nosotros no tenemos vela en este entierro.

- ¿Cómo que no? ¿Somos o no somos el poder popular?


 - ¡Ja!... No me hagas reir. Se hará lo que "ellos" quieran.

- Cuando dices "ellos" ¿a quiénes te refieres? 

- A los de siempre. A los que manipulan el cotarro: políticos, banqueros, ricachones, grandes empresarios...

- Eso será si los ciudadanos seguimos permitiéndoselo.

- ¡Pareces bobo!... Seguirán haciendo lo que les de la gana.

- Pues va a ser que no. Si nos concienzamos y nos echamos a la calle, podemos presionar al gobierno para que convoque un referéndum sobre si seguir o no con esa milonga heredada del franquismo. Solemos olvidar que nuestra fuerza está en nuestro número.


- No lo convocarán porque creen saber que, mayoritariamente, los ciudadanos están en contra de la monarquía.

- ¡Coño! Pues con más razón; si la mayoría está en contra, ¿por qué carajo nos la tenemos que tragar?

- Pues a mí me da que el hederero de la corona podría ser un soberano demócrata.


- Si fuera un verdadero demócrata, sería él mismo quien propusiera el referéndum, pero no se atreverá porque para él pesan mucho más sus intereses y los de sus acólitos, que la voluntad del pueblo soberano.

Ojalá me equivoque.

Ciudadano Plof