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7/11/16

SOY UNA ESPONJA...

 

...Y no me llamo Bob, aunque también sea de color amarillo. Pero no soy una esponja de mar, ni de agua dulce, ni una sintética para cuarto de baño; soy una esponja auditiva: me nutro de lo que escucho: lo absorbo y filtro para luego escribir estas paridas.

Me basta con prestar atención a lo que sucede a mi alrededor, cosa que no podría hacer si estuviera enfrascado, como la mayoría, en la pantalla del teléfono móvil, pero gracias a que nunca me ha gustado ser "Vicente" me he negado a portar un cacharro de ésos (que conste, lo he dicho "cienes y cienes" de veces, que no niego su utilidad, pero de ahí a la dependencia absoluta que genera, media un abismo) y espero morirme sin llegar a hacerlo. Llámenme antiguo, bruto, antisistema y todo lo que se les ocurra, pero es mi decisión personal y espero cumplirla.


Para los que no entiendan mi postura, diré que trabajé durante 35 años en la mayor empresa de comunicaciones del país (huelgan los muchos nombres que hoy podría darle) y sé bien de qué va la puñetera historia de este nuevo "soma" con el que el Sistema intenta, y consigue, controlar los pasos de los ciudadanos, no sólo en el plano físico (ya les hablé en su momento de la "sagrada procesión del telefonillo") sino en casi todos los campos, incluidos el mental y el espiritual, aunque suene a disparate. Recuerden que el Sistema subsiste merced a las necesidades que nos genera.

Para mí, escuchar a la gente, ya sea por la calle, en la barra de un bar o en el transporte público, viene a ser, entre tantas mentiras y pamplinas con las que la sociedad nos envuelve, un acicate: la necesaria dosis de realidad que me permite seguir adelante.

Citizen Plof

8/6/16

LA ROJA

 

La verdad es que no soy un gran aficionado al balompié y, aunque de vez en cuando llegue a ver un partido, el que España gane o pierda, ni me enfría ni me calienta. Sin embargo, que se pierdan o ganen derechos sociales y laborales sí que me afecta el cuerpo, el alma y el bolsillo, pero ése es otro cantar.

 

Sé que decir esto levantará ampollas en más de uno, pero así lo siento y así lo digo. Supongo que es educacional, ya que, mis abuelos paternos, que fueron quienes me criaron, ni entendían ni les interesaba lo más mínimo el "deporte rey" y, la armadura de escayola en la que pasé embutido la mayor parte de la infancia, abortando mis posibilidades de jugar en la calle con los demás niños, se encargó del resto.


Hoy, con la perspectiva que da la edad, me alegro de no ser un fanático de unos colores que, en el fondo, sólo crean en la ciudadanía la falsa ilusión de ser partícipes de algo de lo que, en realidad, no se forma parte. Lo único que hace es encandilarlos, hacerlos vibrar, soñar acaso con la gloria de ser campeones, pero, aparte de ese soma mental, el ciudadano de a pie no recibe ningún beneficio real. Es más, no le cae ni gota de la ingente cantidad de dinero que el fútbol, convertido en un negocio monstruoso, mueve y remueve continuamente.


Lo que está claro es que, a nivel mundial, los distintos gobiernos utilizan este deporte como una importantísima baza de manipulación social, lo que ha llegado a convertirlo en pasión e incluso religión para gran parte de la ciudadanía. Y es que los romanos ya lo sabían:


"Al pueblo, pan y circo"

No obstante, a pesar de no ser un forofo, termina uno impregnándose a través de familiares, amigos, compañeros, vecinos... y, quieras o no, te manchas de colores. Por ejemplo, de rojo:


"La Roja pierde ante Georgia por un gol a cero"

Al hilo de lo dicho, se enreda en mi memoria ese titular referido a la selección española, con el que abre hoy edición la prensa matutina, tirando de mis escasos conocimientos futbolísticos:

- Pero... ¿La Roja, no fue siempre la selección chilena?... ¿España no era La Furia?... ¿Cuándo le robamos ese color a Chile?


Entonces creo oír la risa de mi abuelo que, desde el más allá, atragantándose y tosiendo, dice:

 - ¡Ja, ja, ja, ja...! Cuando me tropiece a Franco y le diga que ahora a "su selección" la llaman La Roja, le va a dar un tate. 

Citizen Plof

14/4/15

EL REPOSO DEL GUERRERO


Hete aquí a un "homo urbanitas" tomándose unos minutos de asueto. Un guerrero moderno haciendo un inciso en su diaria batalla de aluminio y cristal. Observen los aditamentos característicos de la época que le ha tocado vivir: pitillo y teléfono móvil (celular); dos tipos de "soma" con los que el Sistema intenta convencer a los trabajadores de las bondades de su esclavitud.

Hago constar que es "una foto robada" (no se enteró de que se la hacía). No obstante he solicitado al amigo Raúl su permiso para publicarla.

Ciudadano Plof

22/2/11

SOMA

En la novela "Un mundo feliz", escrita por Aldous Huxley en 1931, aparece el soma como una droga que, en una sociedad futura, el propio gobierno distribuye entre los ciudadanos, con el fin de controlar las emociones e impedir que en las horas de ocio, puedan pensar por ellos mismos y cuestionar el sistema social.

Pues el amigo Huxley las dio todas en el clavo. Hoy, el sistema capitalista nos aboca a consumir ese soma que él predijo con tanta antelación, aunque aquí no se trata sólo, como en la novela, de una sustancia determinada, sino de una serie de objetos o artilugios electrónicos que le generan al ciudadano una dependencia total. Se trata de mantener al individuo con la mente constantemente ocupada, para que no sea capaz de discernir sobre el sinsentido de esta absurda sociedad, donde el summún absoluto es el verbo comprar, y por ende... poseer.

No estoy en contra de los adelantos tecnológicos, pero sí de cómo nos manipulan a través de ellos No voy a negar los aspectos positivos que pueden tener algunos de esos inventos, pero voy a criticar la dependencia que generan. Por ejemplo: no dejo de reconocer la utilidad de un teléfono móvil (un celular) en determinados casos: una cita, una urgencia, un accidente, una avería... pero de ahí a estar todo el día con el cacharro ese pegado a la oreja, o dándole toquecitos con el dedo, va un largo trecho.

A veces observo a la gente por la calle y veo, con asombro, a muchas personas que caminan con la mano en la oreja, como si les doliera (yo lo llamo "el síndrome del dolor de oreja"); van en fila incluso, hablando, siempre hablando, no sé si con alguien o con ellos mismos. Y entonces me pregunto: ¿Pero los seres humanos teníamos tantas cosas que decir, tanta necesidad de hablar, que ahora no podemos pararnos? Está claro que no. Todo es fruto de una profunda manipulación ("cuando la religión ya no pudo, los manipuladores tecnológicos tomaron el relevo") y la dependencia que han generado, principalmente entre los jóvenes, es tal, que parece que ya no pudieran vivir sin tener ese adminículo a mano, llegando incluso a provocar síndrome de abstinencia, su rotura, robo o extravío. Y no sólo en los jóvenes y menos jóvenes, sino, lo que es más grave, entre los muy jóvenes. Niños de todas las edades llevan un teléfono móvil en la mano, como si hubieran nacido ya con él.

El problema se agrava a medida que la tecnología avanza y aparecen nuevos y mejores "cacharros" para llenar el ocio, pero también la soledad, la angustia, el miedo, el desamor, la desesperación. Y entonces lo hogares se inundan de Game-Boy, WII, X-Box, Nintendo, Play Station... verdaderas máquinas llena-tiempo (cuando escapas al radio de acción de una, otra te engancha de inmediato) que conforman  el soma, con el que los gobiernos nos alienan y convierten en verdaderos títeres; porque mientras los individuos estén absortos, consumiendo esa u otras drogas, no van a molestar en absoluto a esos ángeles infernales, que manejan el presente y modelan el futuro a su antojo. Y así mantienen el Sistema, generándonos falsas necesidades, haciéndonos creer que son reales e incluso imprescindibles para poder vivir.

Ciudadano Plof