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29/6/18

BRUTAL REPRESIÓN EN NICARAGUA

Ay Nicaragua, Nicaragüita

La brutal represión policial contra las protestas sociales se salda ya con al menos 212 muertos. El Gobierno niega estos hechos y denuncia una conspiración
 
Manifestación por la paz en Managua (Nicaragua) del pasado 24 de abril.- Daniel Cruz

Esta semana regresé a Nicaragua, de nuevo en conflicto. Miles de estudiantes universitarios comenzaron protestando en las calles, en los primeros días, contra una reforma regresiva del seguro social.

Con la respuesta represiva del Gobierno, la protesta ha evolucionado. Creció la inconformidad y el hartazgo hacia la clase política, a raíz de la corrupción y falta de democracia, una situación común a muchos países en la región. Ahora las protestas piden justicia para las víctimas que han dejado los enfrentamientos.


La historia de Nicaragua en el último siglo ha estado marcada por la violencia: intervenciones militares, la lucha nacionalista de Sandino, el represivo régimen de Somoza, la insurrección y victoria revolucionaria sandinista, la injusta e ilegal guerra de los contras.

Esta vez, en cambio, no hay una intervención imperialista, y tampoco hay una insurrección armada. Pero la protesta de las personas de a pie está siendo respondida con una violencia brutal y letal. En ello coinciden todas las organizaciones defensoras de los derechos humanos. Hay más de 170 muertos cuando escribo estas líneas (la cifra ya asciende a 212).


Unos días atrás, el ejemplo fue emblemático. En el Día de las Madres, que se celebra el 30 de mayo en Nicaragua, fue atacada una marcha encabezada por las madres de estudiantes universitarios asesinados.

Por las noches circulan los llamados “motorizados” (grupos parapoliciales) armados, que siembran el miedo con total impunidad. Este fin de semana, una familia completa de 6 personas, incluyendo un bebé de ocho meses y un niño de 2, murió calcinada dentro de su propia casa. Hay testimonios de que varios grupos parapoliciales prendieron fuego a la vivienda porque la familia no quiso dejar entrar a los francotiradores de estos grupos, que pretendían apostarse en el techo para atacar a civiles.


El diálogo no avanza. Con la represión no hay condiciones y, sin diálogo, es difícil entrever siquiera una solución política. Daniel Ortega dice que se queda. Los manifestantes piden que se vayan tanto él como su esposa, Rosario Murillo. Es prácticamente seguro que algún día tendrán que irse. Pero ahora se especula sobre cómo y cuándo, si de forma adelantada, pacífica y ordenada, o de forma lenta y violenta.

Mientras tanto, continúa la masacre.


En este impasse tenebroso, lo primero que se tendría que pensar en serio es cómo garantizar los derechos humanos. En mayo, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) elaboró un informe en el que evidencia graves violaciones a los derechos humanos y la represión “a cargo de la Policía Nacional, sus fuerzas antimotines y grupos parapoliciales.

”El mismo mes, Amnistía Internacional publicó su informe Disparar a matar, que concluye que “las autoridades nicaragüenses, incluso las más altas, implementaron y mantuvieron una estrategia de represión, en ocasiones intencionalmente letal, a lo largo de las semanas de protesta”.


El Gobierno niega estos hechos. Rosario Murillo ha argumentado que las noticias son falsas y plantea un relato alternativo. Su versión es que se trata de violencia generada por grupos políticos de oposición y denuncia una “conspiración delincuencial que, desde la intimidación, el miedo, las amenazas y el terror, ha pretendido entregar el país a la delincuencia y al crimen organizado”.

Es un relato que se difunde a través de todos los medios de comunicación que controla el Gobierno. Otro relato muy diferente circula por las redes sociales, entre jóvenes y universitarios que empiezan a ser protagonistas de su propia historia.


Ante este relato “alternativo” del Gobierno, tan alejado de la realidad, resulta imprescindible que haya una vigilancia internacional sobre lo que está pasando en Nicaragua. Curiosamente, durante los cuatro días que estuvo la CIDH en Nicaragua, no hubo muertos en la calle. La propia Comisión ha propuesto crear un grupo de expertos independientes para investigar e identificar los responsables de los abusos. Es un buen primer paso.

También habría que desmontar los aparatos de represión y supervisar procesos judiciales que garanticen que finalmente habrá justicia para las personas fallecidas y sus familiares. Y hay que mirar no solo a Managua, sino al conjunto del país, cuyas carreteras están trancadas y donde para miles de personas se dificulta el acceso y el abastecimiento de combustible y alimentos.


El desafío más grande será encontrar una transición de salida a la crisis política, que solo puede hacerse realidad empezando por atender a las causas que la generaron. Adelantar directamente las elecciones no es una solución. Es más, sin una reforma del sistema electoral actual, que con frecuencia se denuncia que está amañado, el riesgo es que vuelva a ocurrir lo mismo una y otra vez.

Hay que reformar el sistema electoral pero también renovar con profundidad el sistema político, que se percibe como carcomido desde adentro. La única manera de abordar esta necesidad es con presencia política internacional, acordando las reglas de esa transición por la vía del diálogo.


La captura política del Estado es un fenómeno muy extendido en Latinoamérica, producto de una fundación o una transición democrática frágil en muchos países. Permite a las élites económicas proteger sus intereses. Concentra la riqueza y el poder, es soberbia y patriarcal. Y es el principal obstáculo para reducir la pobreza y desigualdad.

En su forma más sutil, convive con las reglas de la democracia. En su forma más cruda, las reglas de la democracia no importan lo más mínimo. Por eso también la presencia internacional resulta tan importante para ayudar a intermediar el cambio y la transición. Para que una mirada externa asegure la limpieza del diálogo y la protección de las vidas en riesgo.


Después de muchos años de compromiso personal con Nicaragua, veo con asombro como se repite la historia. Hablé con una amiga sandinista que luchó en la insurrección contra la dictadura de Somoza. Me dijo: “Nunca pensé que iban a matar a nuestra propia gente. Esto es lo mismo que cuando Somoza.” 

El libro Rebelión en la Granja de George Orwell termina de la misma forma: “No había duda de la transformación ocurrida en las caras de los cerdos. Los animales asombrados pasaron su mirada del cerdo al hombre, y del hombre al cerdo; y, nuevamente, del cerdo al hombre; pero ya era imposible distinguir quién era uno y quién era otro”.


FUENTE: ctxt.es
Tribuna - Simon Ticehurst
27/06/2018 

El título de este artículo está tomado de una canción de los años 80 del pasado siglo XX, compuesta por Carlos Mejías Godoy dedicada al FSLN (Frente Sandinista de Liberación  Nacional). 

Aquí les adjunto música y letra, como homenaje e inyección de moral al bravo pueblo nicaragüense, solidarizándome hasta la médula con su justa lucha:



Cabe recordar también aquel hermoso poema del paraguayo Manuel Ortiz Guerrero:

A Nicaragua


Víctima sin defensa del monroísmo (Enero 4, 1928)

Por todo el Continente cunde un escalofrío;
al azulado abismo del lago de Managua,
donde hicieran sus nidos los cisnes de Darío,
anfibios yanquis entran a profanar sus aguas.

El águila del norte lanzó su desafío
y entre sus garras, presa, devora a Nicaragua.
Sin reparar que el cóndor de los Andes, bravío,
le mira desde el alto picacho de Aconcagua.

Manuel Ortiz Guerrero
(1897 - 1933)

1/8/17

LO CONTRARIO DE UNA BOMBA

Lo que diferencia el mal del bien --y la muerte de la vida-- es que el mal se puede medir y el bien no. El mal es contable; el bien inconmensurable


Sabemos qué es lo contrario del calor y lo contrario de la enfermedad y lo contrario del llanto. Sabemos incluso que, por culpa de las semillas de Monsanto, lo contrario de un tomate se llama también “tomate”. Sabemos también nombrar lo contrario de un olvido y hasta lo contrario de un monte: el monte invertido que llamamos valle. Pero no sabemos qué es lo contrario de una bomba. ¿Un beso? ¿Un silencio? ¿El “estallido” de una orquesta?

Gran parte de nuestros problemas como especie social procede de la dificultad para definir los antónimos. Hay conceptos centrales, los más negativos, que no tienen una correspondencia positiva evidente. Quiero decir que lo que diferencia el mal del bien --y la muerte de la vida-- es que el mal se puede medir y el bien no. El mal es contable; el bien inconmensurable. Si pongo una bomba en un tren o atropello con una furgoneta a los peatones de las Ramblas, solo puedo contar los muertos.


Si escribo un poema o construyo un puente o compongo la novena de Beethoven, no sólo no puedo contar a los beneficiarios: no puedo ni siquiera describir los efectos benéficos. ¿Qué es lo contrario de un escombro? ¿Qué clase de “escombros” positivos deja la visión de los frescos de Signorelli o la audición del Mesías de Haendel? ¿O un buen polvo entre enamorados? Sabemos que los humanos se alimentan de caricias no menos que de pan, pero ningún termómetro y ninguna báscula pueden evaluar ese tipo de desnutrición. Por no poder, ni siquiera podemos contar las vidas que han salvado los semáforos o los cinturones de seguridad. El mal es contable y necesario; el bien inconmensurable y contingente. Puedo enumerar las cuchilladas y establecer una relación causal entre el filo y la sangre; no puedo contar las pinceladas de la Capilla Sixtina ni establecer ninguna relación causal, al menos inmediata, entre la belleza y la bondad (o la salud).

Que no sepamos qué es lo contrario de una bomba, que el mal sea contable y el bien inconmensurable, tiene dos consecuencias graves para la civilización. La primera es que --animales contables como somos-- la violencia resulta particularmente atractiva en tiempos de confusión; y en hombres moralmente desconcertados. ¡Al menos podemos medir sus efectos! Habrá que analizar y, en la medida de lo posible, combatir las causas económicas y sociales de la confusión colectiva y del desconcierto individual, pero la ventaja de la violencia es que ofrece un instrumento inmediato de clarificación. Dudo, luego mato. 


La frívola y equívoca caracterización periodística del proceso físico y mental que lleva a un joven europeo musulmán a dejar de pronto el sexo y las drogas para provocar una matanza (“radicalización express”) revela al menos este impulso antropológico hacia la claridad del mal como empoderamiento súbito y definitivo. El que se puedan medir sus efectos --contar sus víctimas-- en público y con toda objetividad entraña a su vez dos consecuencias, una afectiva y otra mecánica. A través de la violencia cruzo una línea visible de la que no se puede volver atrás: adquiero delante de todos un compromiso mucho más fuerte que el del matrimonio o el del trabajo; un vínculo que, a través de la violencia y sus muertos contables y no de la presunta ideología que la justifica, deviene por eso “religioso”. Toda matanza es, sí, religión; y convierte en sacerdotes a sus ejecutores. Se haga en nombre de Dios o de la Revolución o de la Civilización, es fácil ceder a la ilusión de que la violencia que mata a los otros salva al mismo tiempo nuestras almas. 

Del mismo modo, la banalización de la muerte contable inscribe la violencia en un “mecanismo” irreversible y ampliado. Desde el mismo momento en que contabiliza sus muertos, la violencia reproduce la lógica laica --infinita-- de los récords. El terrorismo se alimenta mucho menos de “doctrina” que de la ansiedad de superación. Lo que importa es el número, cuya levadura sin fin genera una epidemia de rivalidad emulativa. El terrorismo tiene sus ídolos, a los que todos quieren imitar y superar: 16 muertos, 50 muertos, 2000 muertos. Es esta ansiedad numérica laica, y no una doctrina religiosa, la que disuelve en la pura contabilidad la diferencia entre civiles y militares o entre niños y adultos: todos suman por igual. El terrorismo es religioso porque mata; es laico porque mata sin hacer diferencias.

Ahora bien, que el mal sea contable y el bien inconmensurable facilita a su vez el trabajo de teorización y defensa de la violencia por parte de una especie que, además de contable, es “razonable”. La “radicalización express” de jóvenes incrédulos y juerguistas revela hasta qué punto su relación con el islam es contingente y superficial: podrían matar en nombre de cualquier otra cosa. Necesitan, en todo caso, inscribir esa contabilidad mortal --con su empoderamiento fulminante y su ansiedad de récord-- en su contrario inconmensurable. Sólo podemos medir el mal y nadie quiere ser un malvado.

La empresa capitalista genera muertes y desigualdad, pero estimula la investigación y aumenta la riqueza. El yihadismo, por su parte, patrocina degüellos y matanzas de inocentes, pero acelera así el establecimiento del reino de Dios (mientras que Bachar Al-Asad, asesinando a cientos de miles de sirios, nos protege a todos del terrorismo). En definitiva, como no sabemos medir el bien, acabamos concluyendo que lo contrario de una bomba… son dos bombas. Esto se aplica también a las políticas anti-terroristas de nuestros gobiernos y a sus intervenciones armadas en el exterior.


Matar es fácil y barato; sus efectos son mucho más vinculantes que el amor y encarrilan el mecanismo infinito de los números. Por eso, al contrario de lo que pretende Hollywood, el mal ha triunfado siempre. Triunfará. Se va a repetir. Frente a él, todo lo que podemos hacer es repetirnos nosotros también. ¿Repetir qué?

Repetir, si se quiere, lo inconmensurable. No sabemos cuántas vidas salva una caricia, un verso, un puente, una buena ley, una canción de Leonard Cohen o los frescos del Signorelli; aún más, si desapareciesen los versos y los puentes, las montañas y las canciones y las leyes, su ausencia sería también inconmensurable, de manera que nadie percibiría el daño. La humanidad retrocedería sin notarlo. No hay ninguna relación necesaria entre la belleza, la verdad y la justicia y cada vez que hemos querido establecer una en el mundo hemos introducido más bien una cadena de contabilidad mortal. Pero repetir lo inconmensurable --también lo sabemos-- es interrumpir brevemente la contabilidad asesina. Es lo único que podemos hacer. 

"The Damned Cast into Hell"  Luca Signorelli
San Brizio chapel, Orvieto Cathedral, Italy

Lo contrario de una bomba debería ser una caricia, que no hace ruido y no deja marcas. El bien, inconmensurable, es tan concreto como las cuchillas y sus heridas; se ocupa de los cuerpos vivos sin ninguna certeza. Los besos no dejan escombros pero son también infinitos; las leyes no impiden las bombas, pero crean las condiciones para desactivarlas. Todo puede fallar --la democracia, el derecho, la justicia económica, la educación, el arte, el amor-- pero no deberíamos empujar en esa dirección.

Sabemos qué es lo contrario de dulce y lo contrario de abierto; e incluso sabemos que lo contrario del desierto es el bosque. Pero no sabemos qué es lo contrario de una bomba. La bombas no tienen contrarios. Sólo tienen supervivientes. De lo que hagamos los supervivientes dependerá, pues, la relación de fuerzas --necesariamente política-- entre el mal necesario y contable y el bien contingente e inconmensurable.


FUENTE: ctxt.es 
La Boca del Logo
Santiago Alba Rico 
22 de Agosto de 2017

20/4/16

LA MAYOR FOSA COMÚN DEL MUNDO

Al menos 400 desaparecidos en un nuevo naufragio en el Mediterráneo

Cuatro barcazas que trataban de llegar a Italia se hunden frente a la costa de Egipto. El presidente italiano, Sergio Mattarella, habla de "cientos de muertos".

Fotografía de archivo de un rescate en el Mediterráneo. - AFP

Al menos 400 personas han desaparecido en el mar Mediterráneo, frente a la costa de Egipto, al naufragar las cuatro barcazas con las que intentaban llegar a Italia, según ha informado la BBC en árabe, que cita a varias fuentes locales.

El presidente italiano, Sergio Mattarella, ha confirmado el naufragio durante un acto en Roma y, sin dar más detalles, ha declarado: "Parece que hay cientos de muertos". Sin embargo, los guardacostas en Grecia, Italia y Egipto no han confirmado la información.


Los equipos de rescate sólo han podido salvar la vida de unos 30 migrantes. La gran mayoría sería de origen somalí, pero también habría inmigrantes procedentes de Etiopía y Eritrea.

Por su parte, el ministro de Exteriores italiano, Paolo Gentiloni, ha calificado de "tragedia" el nuevo naufragio en el Mediterráneo, ocurrido en aguas egipcias, y ha explicado que están a la espera de "más detalles", sobre de lo sucedido.


"Lo que es seguro es que otra vez más estamos frente a una tragedia en el Mediterráneo, exactamente un año después de la tragedia, no en aguas egipcias sino libias, hace un año", ha asegurado el italiano.

Gentiloni ha defendido que el nuevo naufragio pone de relieve la necesidad de un compromiso "más fuerte" de Europa, "especialmente hacia África", para hacer frente a la inmigración y ha defendido la propuesta que ha presentado el Gobierno italiano al resto de países para promover "una especie de acuerdo para la Inmigración" que contempla "multiplicar las inversiones" en los países africanos e implicarles para reducir los flujos y controlar a las mafias que trafican con inmigrantes.


Esta nueva tragedia se produce el mismo día del primer aniversario del naufragio frente a las costas de Lampedusa. Entonces, unas 800 personas murieron en el mar cuando trataban de llegar a Italia.

Durante el fin de semana, 108 inmigrantes fueron rescatados en aguas próximas a Italia de otro naufragio en el que murieron seis personas.  El barco privado de rescate Aquarius gestionado por la organización humanitaria SOS Mediterranée encontró los cuerpos en la embarcación hinchable el domingo, según un portavoz de los guardacostas italianos.

IMAGEN DE ARCHIVO
Si esta terrible escena no consigue remover las conciencias ¿qué va a hacerlo?

FUENTE: publico.es
Madrid - 18/04/2016
Ante situaciones espeluznantes como ésta, Juan, el abuelo que me crió, gritaba:

¡¡¡¿DÓNDE COÑO ESTÁ DIOS?!!!

Pero nadie se atrevió a contestarle jamás, salvo Melania, su esposa que, escandalizada, le recriminaba su actitud, diciéndole:

¡Cualquier día te va a castigar!

¡Que se atreva si es hombre!, respondía. 

5/8/15

LA TUMBA DEL MEDITERRÁNEO

"Más de 2.000 inmigrantes han muerto intentando cruzar el Mediterráneo en lo que va de año"


Ése es el número de cadáveres recuperados, pero, a saber cuántos yacen en el fondo del mar o han servido de alimento a los peces.




Al hilo de ese descorazonador titular de prensa, quiero remitirles nuevamente al blog del compañero Magyanes, en concreto a su entrada de fecha 03/10/2013, titulada BUSCANDO EL PARAÍSO, donde nos habla también de la fría mortaja del Atlántico:

http://miguelangelgyanes.blogspot.com.es/2013/10/buscando-el-paraiso-powerpoint.html

Ciudadano Plof