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29/11/18
28/11/18
REFERÉNDUM UNIVERSITARIO
Tenemos derecho a decidir nuestro futuro
El próximo 29 de noviembre una veintena de universidades de todo el Estado organizan un referéndum sobre la monarquía
Hace unas semanas, un grupo de estudiantes e investigadoras de la Universidad Autónoma de Madrid lanzamos una propuesta audaz que podía parecer demasiado ambiciosa: convocar un referéndum sobre la monarquía en nuestra universidad. La misma en la que estudió Felipe VI, “el preparao”.
Hoy ya se han sumado una veintena de universidades de todo el estado (la Complutense, la Politécnica y la Carlos III de Madrid, la Universidad de Zaragoza, la UAB y Pompeu Fabra de Barcelona, la de Asturias, la Universidad de Vigo, La Laguna de Canarias, la Universidad de León, la de A Coruña, también en Cantabria, la Miguel Hernández en Elche, la Universitat d'Alacant, la de Castilla-La Mancha, la UNED, la Politècnica de Valencia, la de Burgos y la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid –justicia poética–). Muchas más nos escriben todos los días para pedirnos ayuda para empezar o contarnos que ya lo están organizando en sus centros.
El debate abierto sobre la monarquía es imparable: nosotras creemos que desde las universidades y el movimiento estudiantil tenemos que hacer que se escuche nuestra voz y exigir que se abran los cauces para decidir libre y democráticamente.
Y nos sobran las razones para ello. La monarquía es una institución podrida de corrupción –podríamos enumerar una larga serie de escándalos–, y tiene una íntima amistad con regímenes autoritarios como el de Arabia Saudí. Es una corona medieval, obsoleta, patriarcal, impune, una monarquía que financiamos entre todos mientras nos condenan a la precariedad. Una institución que solo responde a los intereses de los grandes empresarios y negocios multimillonarios.
Mientras, el propio gobierno del “progresista” Pedro Sánchez nos recuerda que la Corona es inviolable, evitando toda investigación sobre las corruptelas del emérito y recurriendo al Tribunal Constitucional la moción contra el rey aprobada por el Parlamento de Cataluña.
Pero, sobre todo, tenemos muy presente que la monarquía es heredera directa del franquismo, puesta a dedo por el dictador genocida Francisco Franco. Al contrario de lo que dicen quienes defienden a capa y espada el Régimen actual, la monarquía nunca se votó, como reconoció el propio expresidente Adolfo Suárez la metieron por la cara en el “pack” de la Constitución del 78. Una Constitución en cuya redacción participaron hace 40 años militares del franquismo y que desde entonces quedó cerrada con candado.
Adolfo Suárez confesó por qué nunca se llevó a cabo el referéndum monarquía-república:
"Hacíamos encuestas y perdíamos"
FUENTE: ctxt.es
Tribuna
Lucía Nistal
26/11/2018
¡Piiiiiiiii!... ¡Tiempo!
Etiquetas:
Borbones,
España. Monarquía,
Felipe VI,
Institución corrupta,
La Corona,
Referéndum,
República,
Universidades
21/6/18
LA EXTRAÑA MUERTE DE ALFONSO DE BORBÓN Y DAMPIERRE
A estas alturas, quienes que me leen saben bien que no soy monárquico, pero me guste o no, la monarquía ha formado parte durante siglos (aunque nos pese) de la historia de España.
Pues bien, hay un hecho relacionado con la monarquía borbónica que clama al cielo:
La muerte de Alfonso de Borbón y Dampierre, acaecida cuando practicaba esquí en Beaver Creek, Condado de Eagle (EE.UU.) el 30 de enero de 1989.
Alfonso Jaime Marcelino Manuel Víctor María de Borbón y Dampierre, duque de Cádiz y duque de Anjou, pretendiente al trono de Francia, era hijo del infante Jaime de Borbón y Battenberg, duque de Segovia, y por lo tanto nieto del rey Alfonso XIII de España y de su primera esposa, Emanuela de Dampierre.
Nacido en Roma el 20 de abril de 1936, Alfonso fue bautizado por el cardenal Eugenio Pacelli (posteriormente elegido papa con el nombre de Pío XII) en el Palacio Ruspoli, residencia de la abuela materna, la italiana Donna Vittoria Ruspoli, descendiente de los príncipes de Poggio Suasa, una familia noble aunque no perteneciente a la realeza.
Su padre, Jaime de Borbón, al ser sordomudo, había renunciado en 1933 a los derechos dinásticos al trono de España a pesar de que su progenitor, Alfonso XIII, se hallaba en el exilio desde 1931 debido a la proclamación de la Segúnda República Española.
Alfonso de Borbón tuvo un solo hermano, Gonzalo de Borbón y Dampierre, con quien siempre mantuvo muy buena relación. Sus padres se separaron cuando ambos eran pequeños. Los dos hermanos estudiaron en el Liceo francés de Chateaubriand (Roma) y con posterioridad en el internado suizo de San Juan de Friburgo.
Solían acudir a visitar a su abuela la exreina Victoria Eugenia, a la que llamaban "Grangan", y que vivía también en Suiza, en la ciudad de Lausana.
Alfonso XIII nunca consideró a sus nietos Alfonso y Gonzalo, como miembros de la línea sucesoria de la dinastía borbónica, habida cuenta de la renuncia de Jaime, su padre. En 1954, el general Franco concedió permiso a ambos hermanos para instalarse en España.
Alfonso estudió Derecho en la Universidad de Deusto (Bilbao), continuando posteriormente estudios en Valladolid y Madrid. En 1965 fue padrino de bautismo de la infanta Cristina.
En 1969, el general Franco designó al primo de Alfonso, Juan Carlos de Borbón y Borbón, como sucesor en la Jefatura de Estado. Años antes, Alfonso de Borbón había especulado en la televisión francesa con la posibilidad de poder ser rey de España: «Hay tres condiciones para esto: tener sangre real, tener treinta años de edad y ser español. Obviamente, yo cumplo dichos requisitos» mencionó.
Posiblemente, estas especulaciones tuvieron su origen cuando su padre, don Jaime de Borbón y Battenberg, se retractó de su renuncia al trono y se autoproclamó el Jefe de la Casa Real de los Borbones en sus ramas española y francesa, así como duque de Anjou.
Ejercieron de padrinos de boda el General Franco (por parte de la novia) y Emanuela de Dampierre (por parte del novio). Después de que Alfonso contrajese matrimonio con Carmen Martínez-Bordiú, los rumores de una posible alteración de la línea sucesoria volvieron a divulgarse. El matrimonio recibió el ducado de Cádiz.
Algunos familiares y personas del entorno de Francisco Franco querían que Alfonso fuese designado sucesor de Franco a título de rey, en lugar de su primo Juan Carlos. Franco sentía verdadera aversión hacia el padre de Juan Carlos, Juan de Borbón y Battenberg, y desde algunos sectores se especulaba que dicho cambio se llevaría a cabo.
Previamente, elDucado de Badajoz fue ofrecido por el conde de Barcelona a su sobrino Alfonso de Borbón y Dampierre en los años 50, pero este lo rechazó alegando que aún era joven y esperaba ostentar una dignidad mayor, como rey.
Sin embargo, Franco no alteró los planes de sucesión de la Jefatura del Estado previstos desde 1969, y Juan Carlos de Borbón fue proclamado Rey de España, tras la muerte del dictador el 20 de noviembre de 1975.
Después de la boda, los recién casados se trasladaron a Estocolmo, donde Alfonso siguió desempeñando las labores de embajador durante todo su mandato. Estando en Suecia, el matrimonio anunció que esperaban su primer hijo: Francisco de Asís de Borbón, quien nació en la Clínica de San Francisco de Asís de Madrid el 22 de noviembre de 1972. Tuvo como padrinos a su bisabuelo materno el General Franco, y a su bisabuela paterna, Donna Vittoria Ruspoli.
Casi dos años después, el 25 de abril de 1974 nació Luis Alfonso de Borbón, en la misma clínica que su hermano. Tuvo como padrinos a su bisabuela materna, doña María del Carmen Polo Martínez-Valdés, y a su abuelo paterno, el infante Jaime de Borbón y Battenberg, que fue representado por su hijo menor, Gonzalo de Borbón y Dampierre.
El 20 de marzo de 1975, el infante Jaime de Borbón y Battenberg murió en Suiza; había estado dos veces en su patria en los últimos años de su vida y solamente conoció a su primer nieto, Francisco, cuando éste fue bautizado poco después de su nacimiento. El duque de Cádiz y su hermano pudieron llegar a tiempo al hospital suizo donde se encontraba internado su padre, que aún estaba consciente; éste luego cayó en coma y murió pocos días después.
En ese mismo año 1975, Alfonso también perdió a su abuelo materno, Roger de Dampierre, vizconde de Dampierre, duque -pontificio- de San Lorenzo Nuovo y noble de Viterbo.
En 1979, Alfonso y Carmen se separaron. El 24 de mayo de 1982, anunciaron su divorcio. Ese mismo año, fallece su abuela materna, Donna Vittoria Emilia Ipsicratea Agricola, Ruspoli di oggio Suasa.
Últimos años de vida y fallecimiento
En el automóvil viajaba también su hijo menor, Luis Alfonso que resultó herido. Alfonso de Borbón y Dampierre no pudo asistir al entierro de su hijo al estar su propia vida en peligro.
El 16 de diciembre de 1986, el duque de Cádiz y María del Carmen (apellidada entonces Rossi) obtuvieron en el Tribunal de la Sacra Rota de Madrid, la nulidad eclesiástica de su matrimonio.
Tuvo una relación con la actriz argentina Mirta Miller. La profesión de ella, así como su participación en diversos filmes de destape en la época de la transición, causaron cierta polémica entre los legitimistas, que veían la relación como inadecuada. Posteriormente, en la última etapa de su vida, tuvo una relación sentimental estable con la archiduquesa María Constanza de Habsburgo, relación ésta del agrado de la madre de Alfonso, Emanuela.
Alfonso de Borbón y Dampierre murió trágicamente el 30 de enero de 1989 en un accidente de esquí en Beaver Creek, Condado de Eagle. Había viajado a Estados Unidos para disfrutar de su deporte favorito, el esquí, durante la celebración de los Campeonatos del Mundo.
Su muerte ocurrió mientras se encontraba inspeccionando las pistas de Beaver Creek después de la celebración de unas pruebas de esquí femenino; se encontró a su amigo Toni Sailer, campeón de esquí austríaco y bajaron juntos por las pistas; al llegar a la meta, Sailer se paró al ver un cable demasiado bajo y fue a avisar del peligro a los esquiadores. Sin embargo, Alfonso de Borbón pasó por la izquierda de Sailer y el cable le sesgó el cuello.
La presencia de Alfonso en pistas fue objeto de discusión y, al parecer, un empleado llamado Daniel Conway había estado manipulando la altura del cable de acero. La muerte de Alfonso se certificó a la llegada a un centro médico de la zona. Según el informe preliminar de la autopsia, la muerte fue instantánea pero, según testigos, cuando lo recogieron de las pistas, tiempo después del accidente, aún tenía un pulso débil.
Su cadáver fue repatriado y enterrado en el Monasterio de las Descalzas Reales, donde descansan también los restos de su hijo Francisco de Asís desde 1984. Desde el año 2000, también descansan en dicha capilla los restos del hermano de Alfonso, Gonzalo de Borbón y Dampierre, fallecido en Lausana, Suiza, a consecuencia de leucemia.
El extraño suceso de su fallecimiento derivó en un fuerte debate que continúa hoy en día acerca de si fue intencionado o un simple descuido del operario Daniel Conway.
Los pocos familiares que han hablado del caso lo han querido considerar un accidente aunque ninguno esquiva la posibilidad de que sea un homicidio, ya que, como tal ha quedado registrado en los archivos del sheriff de Beaver Creek.
Alfonso de Borbón y de Dampierre fue considerado por el legitimismo francés como cabeza de la casa real francesa con el nombre de Louis XIX de Francia, al ser el descendiente más directo por línea paterna de Hugo Capeto y, por tanto, heredero de los antiguos reyes franceses según el derecho del Antiguo Régimen. Sin embargo, estas pretensiones jamás han obtenido ningún reconocimiento ni validez oficial.
La explícita renuncia de derechos del padre de Alfonso, para sí y para sus descendientes, concierne únicamente la Corona de España pero no la de Francia; ya que en las Leyes Fundamentales del Reino de Francia, la renuncia no existe, ni tampoco es limitante a esos derechos el contraer matrimonio desigual.
Desde la muerte de Alfonso, su hijo Luis Alfonso, es considerado por los legitimistas franceses como Luis XX de Francia, rey dinástico de dicho país, y titular de los ducados de Anjou, Borbón y Touraine, aunque oficialmente no se le reconocen tales distinciones, ni ninguna otra. En España tampoco posee ningún título nobiliario en la actualidad.
FUENTE: Wikipedia. La enciclopedia libre.
Dejar un cable de acero (que al parecer servía para colgar el cartel de meta) a la altura del cuello de una persona y sin señalizar, es algo más que un despropósito,
Ahora cabe hacerse una pregunta: ¿La muerte de Alfonso de Borbón, beneficiaba a alguien?
Pues bien, hay un hecho relacionado con la monarquía borbónica que clama al cielo:
La muerte de Alfonso de Borbón y Dampierre, acaecida cuando practicaba esquí en Beaver Creek, Condado de Eagle (EE.UU.) el 30 de enero de 1989.

Alfonso de Borbón y Dampierre
Alfonso Jaime Marcelino Manuel Víctor María de Borbón y Dampierre, duque de Cádiz y duque de Anjou, pretendiente al trono de Francia, era hijo del infante Jaime de Borbón y Battenberg, duque de Segovia, y por lo tanto nieto del rey Alfonso XIII de España y de su primera esposa, Emanuela de Dampierre.
Nacido en Roma el 20 de abril de 1936, Alfonso fue bautizado por el cardenal Eugenio Pacelli (posteriormente elegido papa con el nombre de Pío XII) en el Palacio Ruspoli, residencia de la abuela materna, la italiana Donna Vittoria Ruspoli, descendiente de los príncipes de Poggio Suasa, una familia noble aunque no perteneciente a la realeza.
Su padre, Jaime de Borbón, al ser sordomudo, había renunciado en 1933 a los derechos dinásticos al trono de España a pesar de que su progenitor, Alfonso XIII, se hallaba en el exilio desde 1931 debido a la proclamación de la Segúnda República Española.

Jaime de Borbón y Battenberg
Alfonso de Borbón tuvo un solo hermano, Gonzalo de Borbón y Dampierre, con quien siempre mantuvo muy buena relación. Sus padres se separaron cuando ambos eran pequeños. Los dos hermanos estudiaron en el Liceo francés de Chateaubriand (Roma) y con posterioridad en el internado suizo de San Juan de Friburgo.
Solían acudir a visitar a su abuela la exreina Victoria Eugenia, a la que llamaban "Grangan", y que vivía también en Suiza, en la ciudad de Lausana.
Alfonso XIII nunca consideró a sus nietos Alfonso y Gonzalo, como miembros de la línea sucesoria de la dinastía borbónica, habida cuenta de la renuncia de Jaime, su padre. En 1954, el general Franco concedió permiso a ambos hermanos para instalarse en España.

Alfonso XIII
Alfonso estudió Derecho en la Universidad de Deusto (Bilbao), continuando posteriormente estudios en Valladolid y Madrid. En 1965 fue padrino de bautismo de la infanta Cristina.
En 1969, el general Franco designó al primo de Alfonso, Juan Carlos de Borbón y Borbón, como sucesor en la Jefatura de Estado. Años antes, Alfonso de Borbón había especulado en la televisión francesa con la posibilidad de poder ser rey de España: «Hay tres condiciones para esto: tener sangre real, tener treinta años de edad y ser español. Obviamente, yo cumplo dichos requisitos» mencionó.
Posiblemente, estas especulaciones tuvieron su origen cuando su padre, don Jaime de Borbón y Battenberg, se retractó de su renuncia al trono y se autoproclamó el Jefe de la Casa Real de los Borbones en sus ramas española y francesa, así como duque de Anjou.

Francisco Franco
Entre otros cargos, Alfonso de Borbón fue Presidente del Instituto de Cultura Hispánica (actual AECID), Presidente de la Federación Española de Esquí y del Comité Olímpico Español y Consejero de y Asesa. Militarmente, Alfonso tenía el grado de Oficial del Ejército del Aire.
Matrimonio e hijos
Para asistir a este acontecimiento, llegó a Madrid el padre de Alfonso, Jaime de Borbón y Battenberg, por primera vez en cuarenta años desde su salida al exilio y rompió a llorar, según cuenta su otro hijo, Gonzalo, quien lo recibió en el Aeropuerto de Barajas.
Cuando Franco designó al futuro Juan Carlos I como sucesor, nombró a Alfonso de Borbón y Dampierre embajador de España en Suecia. Fue allí donde se encontró con su futura esposa, María del Carmen Martínez-Bordiú y Franco.
Su suegro, el marqués de Villaverde, Cristóbal Martínez-Bordiú, la llevó a un acto en Estocolmo ("casualidades de la vida") al que Alfonso de Borbón le había invitado. Esa fue la jugada de Franco: emparentar a su nieta con la realeza, intentando ganarse así el apoyo de los monárquicos, muchos de los cuales aún no le eran fieles.
Entre otros cargos, Alfonso de Borbón fue Presidente del Instituto de Cultura Hispánica (actual AECID), Presidente de la Federación Española de Esquí y del Comité Olímpico Español y Consejero de y Asesa. Militarmente, Alfonso tenía el grado de Oficial del Ejército del Aire.
Matrimonio e hijos

Carmen Martínez-Bordiú y Alfonso de Borbón
El 23 de diciembre de 1971, ante numerosos medios de comunicación, Alfonso hizo formal su petición de mano a los padres de María del Carmen Martínez-Bordiú y Franco (1951) en el Palacio de El Pardo, con asistencia de su madre, Emanuela de Dampierre, y de su hermano, Gonzalo de Borbón y Dampierre, aunque no de su padre, el infante Jaime de Borbón y Battenberg. El 8 de marzo de 1972 se casaron en la capilla de dicho palacio.
Ejercieron de padrinos de boda el General Franco (por parte de la novia) y Emanuela de Dampierre (por parte del novio). Después de que Alfonso contrajese matrimonio con Carmen Martínez-Bordiú, los rumores de una posible alteración de la línea sucesoria volvieron a divulgarse. El matrimonio recibió el ducado de Cádiz.

Emanuela de Dampierre
Algunos familiares y personas del entorno de Francisco Franco querían que Alfonso fuese designado sucesor de Franco a título de rey, en lugar de su primo Juan Carlos. Franco sentía verdadera aversión hacia el padre de Juan Carlos, Juan de Borbón y Battenberg, y desde algunos sectores se especulaba que dicho cambio se llevaría a cabo.
Previamente, elDucado de Badajoz fue ofrecido por el conde de Barcelona a su sobrino Alfonso de Borbón y Dampierre en los años 50, pero este lo rechazó alegando que aún era joven y esperaba ostentar una dignidad mayor, como rey.
Sin embargo, Franco no alteró los planes de sucesión de la Jefatura del Estado previstos desde 1969, y Juan Carlos de Borbón fue proclamado Rey de España, tras la muerte del dictador el 20 de noviembre de 1975.

Después de la boda, los recién casados se trasladaron a Estocolmo, donde Alfonso siguió desempeñando las labores de embajador durante todo su mandato. Estando en Suecia, el matrimonio anunció que esperaban su primer hijo: Francisco de Asís de Borbón, quien nació en la Clínica de San Francisco de Asís de Madrid el 22 de noviembre de 1972. Tuvo como padrinos a su bisabuelo materno el General Franco, y a su bisabuela paterna, Donna Vittoria Ruspoli.
Casi dos años después, el 25 de abril de 1974 nació Luis Alfonso de Borbón, en la misma clínica que su hermano. Tuvo como padrinos a su bisabuela materna, doña María del Carmen Polo Martínez-Valdés, y a su abuelo paterno, el infante Jaime de Borbón y Battenberg, que fue representado por su hijo menor, Gonzalo de Borbón y Dampierre.
El 20 de marzo de 1975, el infante Jaime de Borbón y Battenberg murió en Suiza; había estado dos veces en su patria en los últimos años de su vida y solamente conoció a su primer nieto, Francisco, cuando éste fue bautizado poco después de su nacimiento. El duque de Cádiz y su hermano pudieron llegar a tiempo al hospital suizo donde se encontraba internado su padre, que aún estaba consciente; éste luego cayó en coma y murió pocos días después.

Roger de Dampierre
En ese mismo año 1975, Alfonso también perdió a su abuelo materno, Roger de Dampierre, vizconde de Dampierre, duque -pontificio- de San Lorenzo Nuovo y noble de Viterbo.
En 1979, Alfonso y Carmen se separaron. El 24 de mayo de 1982, anunciaron su divorcio. Ese mismo año, fallece su abuela materna, Donna Vittoria Emilia Ipsicratea Agricola, Ruspoli di oggio Suasa.
Últimos años de vida y fallecimiento

Alfonso de Borbón con sus hijos, Francisco de Asís y Luis Alfonso
Dos años después de su divorcio, conduciendo un turismo, sufrió un accidente automovilístico al chocar, rebasada una señal de STOP, contra un camión en el término de Corella cuando volvía de la estación de de esquí de Astún y, como consecuencia, su hijo mayor, Francisco de Asís, falleció en el hospital en Pamplona, el 7 de febrero de 1984 a los 11 años de edad.
Dos años después de su divorcio, conduciendo un turismo, sufrió un accidente automovilístico al chocar, rebasada una señal de STOP, contra un camión en el término de Corella cuando volvía de la estación de de esquí de Astún y, como consecuencia, su hijo mayor, Francisco de Asís, falleció en el hospital en Pamplona, el 7 de febrero de 1984 a los 11 años de edad.
En el automóvil viajaba también su hijo menor, Luis Alfonso que resultó herido. Alfonso de Borbón y Dampierre no pudo asistir al entierro de su hijo al estar su propia vida en peligro.
El 16 de diciembre de 1986, el duque de Cádiz y María del Carmen (apellidada entonces Rossi) obtuvieron en el Tribunal de la Sacra Rota de Madrid, la nulidad eclesiástica de su matrimonio.

Tuvo una relación con la actriz argentina Mirta Miller. La profesión de ella, así como su participación en diversos filmes de destape en la época de la transición, causaron cierta polémica entre los legitimistas, que veían la relación como inadecuada. Posteriormente, en la última etapa de su vida, tuvo una relación sentimental estable con la archiduquesa María Constanza de Habsburgo, relación ésta del agrado de la madre de Alfonso, Emanuela.
Alfonso de Borbón y Dampierre murió trágicamente el 30 de enero de 1989 en un accidente de esquí en Beaver Creek, Condado de Eagle. Había viajado a Estados Unidos para disfrutar de su deporte favorito, el esquí, durante la celebración de los Campeonatos del Mundo.
Su muerte ocurrió mientras se encontraba inspeccionando las pistas de Beaver Creek después de la celebración de unas pruebas de esquí femenino; se encontró a su amigo Toni Sailer, campeón de esquí austríaco y bajaron juntos por las pistas; al llegar a la meta, Sailer se paró al ver un cable demasiado bajo y fue a avisar del peligro a los esquiadores. Sin embargo, Alfonso de Borbón pasó por la izquierda de Sailer y el cable le sesgó el cuello.

La presencia de Alfonso en pistas fue objeto de discusión y, al parecer, un empleado llamado Daniel Conway había estado manipulando la altura del cable de acero. La muerte de Alfonso se certificó a la llegada a un centro médico de la zona. Según el informe preliminar de la autopsia, la muerte fue instantánea pero, según testigos, cuando lo recogieron de las pistas, tiempo después del accidente, aún tenía un pulso débil.
Su cadáver fue repatriado y enterrado en el Monasterio de las Descalzas Reales, donde descansan también los restos de su hijo Francisco de Asís desde 1984. Desde el año 2000, también descansan en dicha capilla los restos del hermano de Alfonso, Gonzalo de Borbón y Dampierre, fallecido en Lausana, Suiza, a consecuencia de leucemia.
El extraño suceso de su fallecimiento derivó en un fuerte debate que continúa hoy en día acerca de si fue intencionado o un simple descuido del operario Daniel Conway.

Alfonso de Borbón y Dampierre
Los pocos familiares que han hablado del caso lo han querido considerar un accidente aunque ninguno esquiva la posibilidad de que sea un homicidio, ya que, como tal ha quedado registrado en los archivos del sheriff de Beaver Creek.
Alfonso de Borbón y de Dampierre fue considerado por el legitimismo francés como cabeza de la casa real francesa con el nombre de Louis XIX de Francia, al ser el descendiente más directo por línea paterna de Hugo Capeto y, por tanto, heredero de los antiguos reyes franceses según el derecho del Antiguo Régimen. Sin embargo, estas pretensiones jamás han obtenido ningún reconocimiento ni validez oficial.
La explícita renuncia de derechos del padre de Alfonso, para sí y para sus descendientes, concierne únicamente la Corona de España pero no la de Francia; ya que en las Leyes Fundamentales del Reino de Francia, la renuncia no existe, ni tampoco es limitante a esos derechos el contraer matrimonio desigual.
Luis Alfonso (Luis XX de Francia)
Desde la muerte de Alfonso, su hijo Luis Alfonso, es considerado por los legitimistas franceses como Luis XX de Francia, rey dinástico de dicho país, y titular de los ducados de Anjou, Borbón y Touraine, aunque oficialmente no se le reconocen tales distinciones, ni ninguna otra. En España tampoco posee ningún título nobiliario en la actualidad.
FUENTE: Wikipedia. La enciclopedia libre.
Dejar un cable de acero (que al parecer servía para colgar el cartel de meta) a la altura del cuello de una persona y sin señalizar, es algo más que un despropósito,Ahora cabe hacerse una pregunta: ¿La muerte de Alfonso de Borbón, beneficiaba a alguien?
24/4/18
LA MONARQUÍA ESPAÑOLA Y LOS IMPUESTOS
La ley que evitó al Rey pagar impuestos por la herencia de su padre
La normativa vigente en 1993 y la agonía de don Juan permitieron a Don Juan Carlos ahorrarse una importante cantidad de dinero.
El galimatías legislativo que conformaba la normativa fiscal de 1993 en Navarra esconde la clave del impuesto de sucesiones al que el Rey tuvo que hacer frente para cobrar la herencia de su padre, don Juan de Borbón y Battemberg. El resultado es sencillo: el Rey no estuvo obligado a pagar peseta alguna por la herencia de su padre.
Según fuentes de la Hacienda Navarra durante aquel año 1993 el impuesto de sucesiones estaba exento del pago para aquellos contribuyentes que habían vivido dentro de la comunidad autónoma durante, al menos, los 6 meses antes de morir. Para ser más precisos, la Ley habla de "183 días naturales" antes del deceso.
En cualquier caso, el "Convenio económico entre el Estado y la Comunidad Foral de Navarra, suscrito el 31 de julio de 1990 (Ley 28/1990, de 26 de diciembre)" y sus posteriores modificaciones establecían en 1993 que se tendrían en cuenta, para contar esos 183 días, las salidas efectivas de la comunidad autónoma de Navarra de las que se tuviera constancia.
A este respecto, es público que don Juan salió de la Comunidad Foral en varias ocasiones durante la primera fase de su ingreso en la Clínica Universitaria de Navarra. Así queda recogido en diferentes documentos, como la biografía escrita por José García Abad, Don Juan, Náufrago de su destino, editado por La esfera de los libros.
La Navidad y el nombramiento de don Juan como capitán general de la Armada, provocaron que el padre del Rey viajara hasta Madrid. En cualquier caso, su estancia se alargó durante 192 días desde el 16 de septiembre de 1992 hasta el 1 de abril de 1993, día de su fallecimiento, incluidos los 24 días que pasó inconsciente en la clínica, como atestiguan las crónicas de la época.
24 días inconsciente
Pese a que no pasan de meros "rumores", hay voces que apuntan a que el equipo médico mantuvo artificialmente vivo a don Juan durante sus últimos días. LD ha intentado contrastar esta información en los archivos de la Clínica Universitaria de Navarra, donde el departamento de Comunicación ha confirmado que el historial clínico de don Juan es privado y, por lo tanto, secreto.
Tampoco pudo facilitar los partes médicos emitidos entonces a los medios de comunicación ya que "en aquella época se imprimían los escritos y se les pasaba a los medios en mano", por lo que, "generalmente no se guardaba registro de los mismos". Así pues, se limitan a negar dichos rumores recordando que el médico que atendió a don Juan, Rafael García Tapia –fallecido hace dos años-, aseguró que no se habían empleado métodos técnicos para mantener vivo al padre del monarca.
Sea como fuere, la estancia de 192 días del padre del Rey en la Clínica Universitariua de Navarra eximían a don Juan Carlos I del pago del impuesto de sucesiones. Tanto es así que, tal y como han publicado algunos medios de comunicación, fuentes de la Agencia Tributaria han asegurado que el monarca estaba "obligado a tributar" en Navarra, donde finalmente quedaba exento de pago alguno por dicho concepto.
Actos Jurídicos Documentados
En cualquier caso, las mismas fuentes de la Hacienda de Navarra confirmaban a Libertad Digital que en aquel 1993 el impuesto de sucesiones en Navarra estaba exento, pero los contribuyentes tenían que tributar por otro impuesto: "Actos Jurídicos Documentados", que estaba grabado con el 0,8% del total del importe al que ascendía la herencia.
En cualquier caso, la redacción del artículo 191, 1), f), de las normas del impuesto sobre sucesiones y donaciones (Acuerdo de la Diputación Foral de Navarra de 10 de abril de 1970), conforme a la modificación establecida mediante la "Ley Foral 3/1990, de 3 de abril, BON nº 42/6.4.90, artículo 2º," decía: "A los solos efectos de este apartado este último requisito se entenderá cumplido cuando el causante en las herencias" –en este caso el padre del Rey- "o el sujeto pasivo de la obligación" – en este caso el Rey- "sean vecinos de Navarra o figuren domiciliados en ella".
Lo que este párrafo y su compleja redacción quieren decir es que será de obligado cumplimiento la satisfacción del 0,8% sobre el total de la herencia en concepto de "Actos Jurídicos Documentados" para aquellos contribuyentes que tengan la vecindad navarra o que tengan su domicilio registrado en dicha comunidad, cosa que no sucedía ni con don Juan ni con el Rey.
No deja de ser llamativo que para poder acogerse a al tributación Navarra de sucesiones bastara con acreditar la estancia de al menos 183 días naturales antes de la muerte en la Comunidad Foral y que para tributar por Actos Jurídicos Documentados se tuviera la obligación de tener la vecindad o "figurase" el domicilio en Navarra.
Es decir, que todo el galimatías legislativo favorecía al Rey para que no tuviera que tributar por el impuesto de sucesiones ni por los 375 millones de pesetas que recibió de las cuentas en Suiza de su padre, ni por el resto de conceptos de bienes muebles e inmuebles que le dejó en herencia don Juan.
En cualquier caso, como ya se ha señalado anteriormente aún no se ha confirmado si el Rey tributó sucesiones en Madrid o lo hizo acogiéndose al régimen fiscal navarro ya que ni la Casa Real, ni la Agencia Tributaria han dado transparencia sobre la declaración del Impuesto de Sucesiones del Rey o sus hermanas, las infantas Pilar y Margarita.
¡Eeeeh!... ¡¡¡Viva La Pepa!!!
La normativa vigente en 1993 y la agonía de don Juan permitieron a Don Juan Carlos ahorrarse una importante cantidad de dinero.
Don Juan de Borbón y su hijo Juan Carlos
El galimatías legislativo que conformaba la normativa fiscal de 1993 en Navarra esconde la clave del impuesto de sucesiones al que el Rey tuvo que hacer frente para cobrar la herencia de su padre, don Juan de Borbón y Battemberg. El resultado es sencillo: el Rey no estuvo obligado a pagar peseta alguna por la herencia de su padre.
Según fuentes de la Hacienda Navarra durante aquel año 1993 el impuesto de sucesiones estaba exento del pago para aquellos contribuyentes que habían vivido dentro de la comunidad autónoma durante, al menos, los 6 meses antes de morir. Para ser más precisos, la Ley habla de "183 días naturales" antes del deceso.
En cualquier caso, el "Convenio económico entre el Estado y la Comunidad Foral de Navarra, suscrito el 31 de julio de 1990 (Ley 28/1990, de 26 de diciembre)" y sus posteriores modificaciones establecían en 1993 que se tendrían en cuenta, para contar esos 183 días, las salidas efectivas de la comunidad autónoma de Navarra de las que se tuviera constancia.
A este respecto, es público que don Juan salió de la Comunidad Foral en varias ocasiones durante la primera fase de su ingreso en la Clínica Universitaria de Navarra. Así queda recogido en diferentes documentos, como la biografía escrita por José García Abad, Don Juan, Náufrago de su destino, editado por La esfera de los libros.
La Navidad y el nombramiento de don Juan como capitán general de la Armada, provocaron que el padre del Rey viajara hasta Madrid. En cualquier caso, su estancia se alargó durante 192 días desde el 16 de septiembre de 1992 hasta el 1 de abril de 1993, día de su fallecimiento, incluidos los 24 días que pasó inconsciente en la clínica, como atestiguan las crónicas de la época.
24 días inconsciente
Pese a que no pasan de meros "rumores", hay voces que apuntan a que el equipo médico mantuvo artificialmente vivo a don Juan durante sus últimos días. LD ha intentado contrastar esta información en los archivos de la Clínica Universitaria de Navarra, donde el departamento de Comunicación ha confirmado que el historial clínico de don Juan es privado y, por lo tanto, secreto.
Tampoco pudo facilitar los partes médicos emitidos entonces a los medios de comunicación ya que "en aquella época se imprimían los escritos y se les pasaba a los medios en mano", por lo que, "generalmente no se guardaba registro de los mismos". Así pues, se limitan a negar dichos rumores recordando que el médico que atendió a don Juan, Rafael García Tapia –fallecido hace dos años-, aseguró que no se habían empleado métodos técnicos para mantener vivo al padre del monarca.
Sea como fuere, la estancia de 192 días del padre del Rey en la Clínica Universitariua de Navarra eximían a don Juan Carlos I del pago del impuesto de sucesiones. Tanto es así que, tal y como han publicado algunos medios de comunicación, fuentes de la Agencia Tributaria han asegurado que el monarca estaba "obligado a tributar" en Navarra, donde finalmente quedaba exento de pago alguno por dicho concepto.
Clínica Universitaria de Navarra
Actos Jurídicos Documentados
En cualquier caso, las mismas fuentes de la Hacienda de Navarra confirmaban a Libertad Digital que en aquel 1993 el impuesto de sucesiones en Navarra estaba exento, pero los contribuyentes tenían que tributar por otro impuesto: "Actos Jurídicos Documentados", que estaba grabado con el 0,8% del total del importe al que ascendía la herencia.
En cualquier caso, la redacción del artículo 191, 1), f), de las normas del impuesto sobre sucesiones y donaciones (Acuerdo de la Diputación Foral de Navarra de 10 de abril de 1970), conforme a la modificación establecida mediante la "Ley Foral 3/1990, de 3 de abril, BON nº 42/6.4.90, artículo 2º," decía: "A los solos efectos de este apartado este último requisito se entenderá cumplido cuando el causante en las herencias" –en este caso el padre del Rey- "o el sujeto pasivo de la obligación" – en este caso el Rey- "sean vecinos de Navarra o figuren domiciliados en ella".
No deja de ser llamativo que para poder acogerse a al tributación Navarra de sucesiones bastara con acreditar la estancia de al menos 183 días naturales antes de la muerte en la Comunidad Foral y que para tributar por Actos Jurídicos Documentados se tuviera la obligación de tener la vecindad o "figurase" el domicilio en Navarra.
Es decir, que todo el galimatías legislativo favorecía al Rey para que no tuviera que tributar por el impuesto de sucesiones ni por los 375 millones de pesetas que recibió de las cuentas en Suiza de su padre, ni por el resto de conceptos de bienes muebles e inmuebles que le dejó en herencia don Juan.
En cualquier caso, como ya se ha señalado anteriormente aún no se ha confirmado si el Rey tributó sucesiones en Madrid o lo hizo acogiéndose al régimen fiscal navarro ya que ni la Casa Real, ni la Agencia Tributaria han dado transparencia sobre la declaración del Impuesto de Sucesiones del Rey o sus hermanas, las infantas Pilar y Margarita.
¡Eeeeh!... ¡¡¡Viva La Pepa!!!
18/4/18
UNA MONARQUÍA A LA DERIVA (I)
Los hombres del rey: una corte de poder económico y mediático protege a la Corona
La Casa Real ha cultivado durante décadas una ‘aristocracia del dinero’ en la que confluyen banqueros, grandes empresarios y editores que constituyen uno de los principales ‘anillos de protección’ de la Monarquía.
El poder de la Monarquía existe, no es una quimera ni una figura folclórica. “No es un grupo de poder como tal, pero sí existe una intersección en la que se entrecruzan muchos de ellos”, explica el periodista y economista Andrés Villena, uno de los principales estudiosos de las redes de poder en España.
“El rey Juan Carlos siempre intentó crear una nobleza empresarial que protegiera a la Corona”, señala el sociólogo Rubén Juste, que ha dedicado varios años al estudio de la aristocracia económica mediante la sistematización del Íbex-35 y de las relaciones empresariales de sus magnates, buena parte de los cuales forma parte de esa nueva aristocracia del dinero.
Quizá uno de los principales ejemplos de esa nobleza empresarial sea Juan Miguel Villar Mir. Ex alto cargo de Franco, para el que dirigió varias empresas públicas.
Entre diciembre de 1975 y julio de 1976 fue ministro de Hacienda y vicepresidente económico del primer Gobierno del rey para comenzar una década después, a mediados de los 80, un despegue empresarial que incluyó la compra de la constructora Obrascón por una peseta. Lo mismo que le costaría en el siguiente decenio hacerse con Fertiberia, dentro de una operación gubernamental de reflote de empresas públicas en la que el Gobierno se dejó varios miles de millones de pesetas.
Esa trayectoria ascendente iniciada al socaire de las ansias privatizadoras de los gobiernos de Felipe González y José María Aznar, a la que se sumaron oportunidades generadas por la decadencia de otras firmas como Huarte y Laín, cuya fusión con Obrascón en OHL debutó en bolsa en 1999, se mantuvo con los sucesores de estos: el emporio de Villar Mir, marqués desde 2011, es uno de los principales socios del consorcio español del AVE Medina-La Meca, en el que mantiene una tirante asociación con Florentino Pérez, su sucesor como “gran duque” de esa aristocracia empresarial de La Zarzuela.
De los Coca y los Fierro al ‘compi yogui’
De esa corte también forman parte, o al menos lo hacían hasta hace poco, ejecutivos como Javier López Madrid, yerno de Villar y cuya relación de compiyogui con los actuales reyes, iniciada al coincidir con el futuro Felipe VI en un safari en África, se enfrió oficialmente a raíz de su aparición en varias investigaciones sobre corrupción como los casos Púnica y Lezo, además de las tarjetas black de CajaMadrid, caso en el que fue condenado.
Las buenas relaciones de Juan Carlos con la Monarquía saudí, de hecho, resultaron clave, incluso después de su abdicación, para desatascar ante el Gobierno de aquel país el embrollo entre los empresarios que estuvo a punto de hacer descarrilar un proyecto presupuestado en más de 7.000 millones de euros.
Esos vínculos de Juan Carlos I con las petromonarquías del Golfo Pérsico comenzaron a forjarse a mediados de los años 70, cuando ya estaba sentado en el trono que el dictador Francisco Franco le había reservado, como sucesor, seis años antes de morir. Hasta entonces, sus principales apoyos del mundo económico habían sido dos de las familias más poderosas e influyentes de la industria y la banca en el franquismo: los Coca y los Fierro.
Los primeros, ligados al Banco Central de Alfonso Escámez, que sería otro de sus puntales en esa época; los segundos, vinculados al Banesto, cuyo posterior presidente, Mario Conde, intentó, sin éxito, entrar en el círculo de confianza del monarca a través de su padre, Juan de Borbón.
“El rey nunca acabó de fiarse de Mario Conde”, señala una fuente cercana al primero. Tampoco lo hizo con Javier de la Rosa, vinculado por negocios con su administrador privado, Manuel Prado y Colón de Carvajal, ya fallecido.
El pacto no escrito de los editores
La coronación a finales de 1975 amplió el abanico de apoyos entre las elites locales del dinero, a las que Juan Carlos I sumó rápidamente otro flanco estratégico: el mundo de la prensa.
A principios de los años 80, tras la dimisión de Adolfo Suárez y el 23-F, los propietarios de los cinco principales grupos mediáticos de Madrid (los Polanco y los Ortega de Prisa, los Luca de Tena de ABC y los Salas de Grupo 16) y de Barcelona (los Godó por La Vanguardia y los Asensio por el Grupo Zeta) “cerraron un pacto no escrito para proteger al rey y, en consecuencia, al régimen. La protección del monarca era un parapeto para el propio régimen en sí mismo porque daba estabilidad institucional”, explica una fuente conocedora de esos acuerdos.
“Se le ha protegido hasta que ocurrió lo de Botsuana”, anota la misma fuente. El episodio de la cacería de elefantes y los vínculos con Corinna zu Sayn-Wittgenstein, que coincidían en el tiempo con las investigaciones del caso Noos sobre las correrías empresariales de su yerno Iñaki Urdangarín, casado con su hija Cristina, tenían, de hecho, tan escasas probabilidades de blindaje argumental que terminaron provocando su abdicación y la coronación de su hijo, Felipe VI.

El rey Juan Carlos con el entonces presidente de Banco Santander Emilio Botín, en una carrera de Fórmula 1 Abu Dhabi en 2009. EFE
Entre el apoyo de los Coca y los Fierro y la creación de esa corte de potentados que ha heredado con matices su hijo, más partidario de la discreción que de la ostentación, el rey emérito abrió, con el apoyo de estrechos colaboradores (como su administrador privado Manuel Prado y Colón de Carvajal) sus líneas de contacto con las petromonarquías del Golfo Pérsico, especialmente con Arabia Saudí, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos.
Juan Carlos I otorgó títulos de condes, marqueses, barones e infanzones. Su listado, en el que destacan tres tipos de perfil, da pistas acerca de quién integra esa aristocracia del dinero. Un grupo, vinculado a la banca, incluye a José Ángel Sánchez Asiáin, que dirigió el BBVA; Alfonso Escámez, del extinto Banco Central, y Paloma O’Shea, viuda de Emilio Botín y madre de Ana, los dos últimos jefes del Santander.
El tercer bloque es el de los editores de prensa, con Javier Godó, propietario de La Vanguardia, que añadió un título de grande de España a su condado; Guillermo Luca de Tena, de ABC, y José Manuel Lara, fundador de Planeta y ATRESMedia. David Álvarez, fundador de la empresa de seguridad privada y de servicios Eulen, entró también en esa lista solo un mes antes de que Juan Carlos I abdicara en su hijo.
La Casa Real ha cultivado durante décadas una ‘aristocracia del dinero’ en la que confluyen banqueros, grandes empresarios y editores que constituyen uno de los principales ‘anillos de protección’ de la Monarquía.
El poder de la Monarquía existe, no es una quimera ni una figura folclórica. “No es un grupo de poder como tal, pero sí existe una intersección en la que se entrecruzan muchos de ellos”, explica el periodista y economista Andrés Villena, uno de los principales estudiosos de las redes de poder en España.
“El rey Juan Carlos siempre intentó crear una nobleza empresarial que protegiera a la Corona”, señala el sociólogo Rubén Juste, que ha dedicado varios años al estudio de la aristocracia económica mediante la sistematización del Íbex-35 y de las relaciones empresariales de sus magnates, buena parte de los cuales forma parte de esa nueva aristocracia del dinero.
Quizá uno de los principales ejemplos de esa nobleza empresarial sea Juan Miguel Villar Mir. Ex alto cargo de Franco, para el que dirigió varias empresas públicas.
Juan Miguel Villar Mir
Entre diciembre de 1975 y julio de 1976 fue ministro de Hacienda y vicepresidente económico del primer Gobierno del rey para comenzar una década después, a mediados de los 80, un despegue empresarial que incluyó la compra de la constructora Obrascón por una peseta. Lo mismo que le costaría en el siguiente decenio hacerse con Fertiberia, dentro de una operación gubernamental de reflote de empresas públicas en la que el Gobierno se dejó varios miles de millones de pesetas.
Esa trayectoria ascendente iniciada al socaire de las ansias privatizadoras de los gobiernos de Felipe González y José María Aznar, a la que se sumaron oportunidades generadas por la decadencia de otras firmas como Huarte y Laín, cuya fusión con Obrascón en OHL debutó en bolsa en 1999, se mantuvo con los sucesores de estos: el emporio de Villar Mir, marqués desde 2011, es uno de los principales socios del consorcio español del AVE Medina-La Meca, en el que mantiene una tirante asociación con Florentino Pérez, su sucesor como “gran duque” de esa aristocracia empresarial de La Zarzuela.
De los Coca y los Fierro al ‘compi yogui’
La foto de familia del encuentro empresarial hispano-emiratí en Abu Dabi, en abril de 2014,
con el rey Juan Carlos. EFE
De esa corte también forman parte, o al menos lo hacían hasta hace poco, ejecutivos como Javier López Madrid, yerno de Villar y cuya relación de compiyogui con los actuales reyes, iniciada al coincidir con el futuro Felipe VI en un safari en África, se enfrió oficialmente a raíz de su aparición en varias investigaciones sobre corrupción como los casos Púnica y Lezo, además de las tarjetas black de CajaMadrid, caso en el que fue condenado.
Las buenas relaciones de Juan Carlos con la Monarquía saudí, de hecho, resultaron clave, incluso después de su abdicación, para desatascar ante el Gobierno de aquel país el embrollo entre los empresarios que estuvo a punto de hacer descarrilar un proyecto presupuestado en más de 7.000 millones de euros.
Esos vínculos de Juan Carlos I con las petromonarquías del Golfo Pérsico comenzaron a forjarse a mediados de los años 70, cuando ya estaba sentado en el trono que el dictador Francisco Franco le había reservado, como sucesor, seis años antes de morir. Hasta entonces, sus principales apoyos del mundo económico habían sido dos de las familias más poderosas e influyentes de la industria y la banca en el franquismo: los Coca y los Fierro.
Mario Conde
Los primeros, ligados al Banco Central de Alfonso Escámez, que sería otro de sus puntales en esa época; los segundos, vinculados al Banesto, cuyo posterior presidente, Mario Conde, intentó, sin éxito, entrar en el círculo de confianza del monarca a través de su padre, Juan de Borbón.
“El rey nunca acabó de fiarse de Mario Conde”, señala una fuente cercana al primero. Tampoco lo hizo con Javier de la Rosa, vinculado por negocios con su administrador privado, Manuel Prado y Colón de Carvajal, ya fallecido.
El pacto no escrito de los editores
La coronación a finales de 1975 amplió el abanico de apoyos entre las elites locales del dinero, a las que Juan Carlos I sumó rápidamente otro flanco estratégico: el mundo de la prensa.
A principios de los años 80, tras la dimisión de Adolfo Suárez y el 23-F, los propietarios de los cinco principales grupos mediáticos de Madrid (los Polanco y los Ortega de Prisa, los Luca de Tena de ABC y los Salas de Grupo 16) y de Barcelona (los Godó por La Vanguardia y los Asensio por el Grupo Zeta) “cerraron un pacto no escrito para proteger al rey y, en consecuencia, al régimen. La protección del monarca era un parapeto para el propio régimen en sí mismo porque daba estabilidad institucional”, explica una fuente conocedora de esos acuerdos.
“Se le ha protegido hasta que ocurrió lo de Botsuana”, anota la misma fuente. El episodio de la cacería de elefantes y los vínculos con Corinna zu Sayn-Wittgenstein, que coincidían en el tiempo con las investigaciones del caso Noos sobre las correrías empresariales de su yerno Iñaki Urdangarín, casado con su hija Cristina, tenían, de hecho, tan escasas probabilidades de blindaje argumental que terminaron provocando su abdicación y la coronación de su hijo, Felipe VI.
Acababan de pasar a la historia las extravagancias dialécticas de escritores como Francisco Umbral, que se definían como republicanos y como “juancarlistas” al mismo tiempo, en consonancia con el viraje ideológico de abdicación del republicanismo que ya habían consumado en la práctica partidos de la izquierda como el PSOE y el PCE. Eran los felices años 90 de los grandes fastos y la crisis que les siguió, una época en la que se ganaría un puesto en la historia del periodismo local Victoria Prego, que eludió difundir la parte de una entrevista en la que el expresidente Suárez le confesaba que si no había sometido a referéndum la elección entre Monarquía y República en la transición era porque estaba convencido de que los españoles habrían optado por la segunda de manera mayoritaria.
En esas tres décadas y media, Juan Carlos I cultivó una aristocracia mediática en la que, con las balsámicas intervenciones del jefe de la Casa Real Sabino Fernández Campo, más tendente al off the record que a la negación, destacaban periodistas como Luis María Ansón, José Oneto, Margarita Cervera, Pilar Cernuda o Margarita Sáenz Díez y dibujantes como José Mingote (marqués desde 2011), y en la que luego entrarían otros como José Antonio Zarzalejos. Editores como Jesús Polanco, los Luca de Tena o los Godó formaban parte de la nobleza empresarial.
Títulos para la banca, los medios y la energía
Entre el apoyo de los Coca y los Fierro y la creación de esa corte de potentados que ha heredado con matices su hijo, más partidario de la discreción que de la ostentación, el rey emérito abrió, con el apoyo de estrechos colaboradores (como su administrador privado Manuel Prado y Colón de Carvajal) sus líneas de contacto con las petromonarquías del Golfo Pérsico, especialmente con Arabia Saudí, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos.
Eran los años dorados de Marbella, los jeques y la jet set, y también los del inicio de un viraje de la economía española hacia una cada vez mayor dependencia del crudo de la que hoy no acaba de desengancharse.
Juan Carlos I otorgó títulos de condes, marqueses, barones e infanzones. Su listado, en el que destacan tres tipos de perfil, da pistas acerca de quién integra esa aristocracia del dinero. Un grupo, vinculado a la banca, incluye a José Ángel Sánchez Asiáin, que dirigió el BBVA; Alfonso Escámez, del extinto Banco Central, y Paloma O’Shea, viuda de Emilio Botín y madre de Ana, los dos últimos jefes del Santander.
En otro, en el que se entremezclan el ladrillo y la energía, se sitúan Carlos de Borbón Dos Sicilias, que pasó por los consejos de Cepsa, Abertis y Abengoa; Javier Benjumea, de Abengoa; el propio Villar Mir, y Marcelino Oreja, que pasó por los consejos de Enagás y Repsol tras haber sido comisario europeo de energía y, antes, alto cargo del franquismo, ministro de Exteriores en el segundo Gobierno del Rey y los primeros de UCD y diputado y eurodiputado con el PP.
El tercer bloque es el de los editores de prensa, con Javier Godó, propietario de La Vanguardia, que añadió un título de grande de España a su condado; Guillermo Luca de Tena, de ABC, y José Manuel Lara, fundador de Planeta y ATRESMedia. David Álvarez, fundador de la empresa de seguridad privada y de servicios Eulen, entró también en esa lista solo un mes antes de que Juan Carlos I abdicara en su hijo.
CONTINÚA...
15/11/17
A LA REINA NI TOCARLA
El Ayuntamiento de Candem, al norte de Londres, borra dos murales a cargo del artista urbano Loretto aduciendo que se trata de una “deshonra a la reina”. Un caso más dentro de ese nutrido historial de supuestas afrentas a la corona.
Un ajado muslamen con la A de Anarquía tatuado no supondría un problema para ningún grafitero que se precie. Ahora bien, si el pernil en cuestión pertenece a la insigne reina de Inglaterra ahí ya podemos tener un percance. Si hasta la fecha parecía tener Banksy la potestad de la sátira callejera, un nuevo artista urbano se le ha subido a la chepa a base de irreverencia y mala leche.
“Dios salve a la reina, su régimen fascista. Dios salve a la reina, no es un ser humano”. Quizá sean estas líneas extraídas de la mítica God Save the Queen (1977) de los Sex Pistols el mejor exponente de esa ira contra la corona. Una canción que sembró la discordia e hizo que el sencillo fuera vetado de la radio pública y que ciertas tiendas de discos prohibieran su venta.
Otro hijo pródigo de la Gran Bretaña que recoge ese legado de irreverencia contra la monarquía es Morrisey, autor de aquella mítica The Queen is Dead, un auténtico zarpazo a la yugular de la reina y su cohorte.
También épico fue el guantazo melódico que le propinaron a la monarquía The Stone Roses en Elizabeth my Dear, contenida en su disco homónimo de 1989. Los de Manchester se sirvieron de la meliflua Scarborough Fair para cargar las tintas contra su reina y todo lo que representa, lo hacen además en menos de un minuto.
En nuestro país se impuso un acuerdo tácito por el cual la corona era intocable. Empezó a meterle mano la revista satírica El Jueves con aquellas portadas memorables en las que miembros de la Casa Real aparecían ridiculizados.
Es el caso, por ejemplo, de la edición de julio de 2007, en la que se mostraba una caricatura de los entonces Príncipes de Asturias manteniendo relaciones sexuales con el texto: “¿Te das cuenta si te quedas preñada?… ¡Esto va a ser lo más parecido a trabajar que he hecho en mi vida!”.
La respuesta no se hizo esperar. La Audiencia prohibió la venta del número por un presunto delito de injurias a la Corona. La policía estuvo recorriendo los quioscos de todo el país retirando la revista. En la redacción de la revista no daban crédito: "Somos humoristas gráficos y trabajamos conscientes de que nuestra obligación, lo que nos piden los lectores, es que exploremos el límite de la libertad de expresión.
Podemos aceptar que, incluso, en alguna ocasión, lo podamos traspasar. Gajes del oficio. Si nos pasamos para eso están los tribunales pero… ¿Un secuestro?, ¿la policía recorriendo los quioscos de todo el país retirando nuestra revista?, ¿de verdad escribimos esto el 20 de Julio del 2007?"
FUENTE: publico.es
Juan Losa
Un ajado muslamen con la A de Anarquía tatuado no supondría un problema para ningún grafitero que se precie. Ahora bien, si el pernil en cuestión pertenece a la insigne reina de Inglaterra ahí ya podemos tener un percance. Si hasta la fecha parecía tener Banksy la potestad de la sátira callejera, un nuevo artista urbano se le ha subido a la chepa a base de irreverencia y mala leche.
Se llama Loretto y dos murales suyos —el ya mencionado y otro en el que la monarca posa en corsé y actitud buscona— le han valido convertirse en el nuevo enfant terrible del grafiti con tintes injuriosos. El autor, que mantiene el anonimato al estilo Banksy, viene pergeñando de un tiempo a esta parte asociaciones disparatadas y un tanto malévolas. Imaginen, por ejemplo, a toda una primera ministra, la hierática Theresa May, caracterizada como Marilyn Monroe y su ya legendario vuelo de falda metropolitano.
Theresa May, caracterizada como Marilyn Monroe
No se libra tampoco el líder laborista Jeremy Corbyn, representado por Loretto como un piadoso San Francisco de Asís provisto de una aureola europeísta. La cosa subió de tono cuando el grafitero se atrevió con la princesa Diana, a la que pintó sentada en una acera como mendiga.
Y así hasta llegar a Isabel II, mural —este sí— que debió tocar la fibra de algún vecino que tuvo a bien elevar su queja al Ayuntamiento de Camden al considerarlo “injurioso”.
La protesta cuajó y a primera hora de este lunes varios trabajadores del ayuntamiento procedieron a recubrir la obra —situada al norte de Londres, en la calle Gray’s Inn— con sendas capas de pintura. En un comunicado el consistorio adujo que se trataba de una “deshonra a la reina”. El propietario del local cuya fachada amaneció convertida en lienzo asegura que “no hubo ni carta, ni llamada de teléfono” antes de proceder al rectificado consistorial. Y añade: “Me dijeron que era una deshonra para nuestra reina. Fueron muy hostiles”.
“Dios salve a la reina”. Un historial de afrentas
Auténticos paradigmas del humor inglés: Yootha Joyce y Brian Murphy,
intérptretes de la serie televisiva de los años 70, Los Roper.
El humor inglés presume de saber reírse de uno mismo, pero la fina línea entre la chanza y la injuria no siempre es bien encajada por los de arriba. Pocas monarquías han sido tan ridiculizadas por su propio pueblo como la inglesa. Piensen, sin ir más lejos, en la profusión de sketches que hicieron escarnio del conocido como Camillagate, aquella conversación subida de tono entre el príncipe Carlos y su amante Camila Parker Bowles. Ocho minutos de una lubricidad extrema que abrieron la veda a un sinfín de bromas y parodias televisivas.
La literatura y la música pop, uno de los principales baluartes de la industria británica, no ha sido ajena al vilipendio. Siglo y medio separa la sátira proletaria de Dickens del compromiso pop de Billy Bragg. Dos extremos de una fértil cultura de clase que se forjó a sí misma a base de hambre y alienación.
Camilla Parker Bowels
“Dios salve a la reina, su régimen fascista. Dios salve a la reina, no es un ser humano”. Quizá sean estas líneas extraídas de la mítica God Save the Queen (1977) de los Sex Pistols el mejor exponente de esa ira contra la corona. Una canción que sembró la discordia e hizo que el sencillo fuera vetado de la radio pública y que ciertas tiendas de discos prohibieran su venta.
Otro hijo pródigo de la Gran Bretaña que recoge ese legado de irreverencia contra la monarquía es Morrisey, autor de aquella mítica The Queen is Dead, un auténtico zarpazo a la yugular de la reina y su cohorte.
También épico fue el guantazo melódico que le propinaron a la monarquía The Stone Roses en Elizabeth my Dear, contenida en su disco homónimo de 1989. Los de Manchester se sirvieron de la meliflua Scarborough Fair para cargar las tintas contra su reina y todo lo que representa, lo hacen además en menos de un minuto.
"¿Por qué no se calla?"
La portada de 'Público' dedicada a la reina.
En nuestro país se impuso un acuerdo tácito por el cual la corona era intocable. Empezó a meterle mano la revista satírica El Jueves con aquellas portadas memorables en las que miembros de la Casa Real aparecían ridiculizados.
Es el caso, por ejemplo, de la edición de julio de 2007, en la que se mostraba una caricatura de los entonces Príncipes de Asturias manteniendo relaciones sexuales con el texto: “¿Te das cuenta si te quedas preñada?… ¡Esto va a ser lo más parecido a trabajar que he hecho en mi vida!”.
La respuesta no se hizo esperar. La Audiencia prohibió la venta del número por un presunto delito de injurias a la Corona. La policía estuvo recorriendo los quioscos de todo el país retirando la revista. En la redacción de la revista no daban crédito: "Somos humoristas gráficos y trabajamos conscientes de que nuestra obligación, lo que nos piden los lectores, es que exploremos el límite de la libertad de expresión.
Podemos aceptar que, incluso, en alguna ocasión, lo podamos traspasar. Gajes del oficio. Si nos pasamos para eso están los tribunales pero… ¿Un secuestro?, ¿la policía recorriendo los quioscos de todo el país retirando nuestra revista?, ¿de verdad escribimos esto el 20 de Julio del 2007?"
No es para menos. La censura latente siempre estuvo ahí aunque imagináramos lo contrario. Nada como poner contra las cuerdas a la monarquía y sus salidas de tono para reconocer un tabú impuesto en nuestra joven democracia. En ese sentido, la polémica mediática en torno a las palabras de la reina en el libro de Pilar Urbano supusieron una vuelta de tuerca. Sus reflexiones retrógradas en torno a la actualidad política y social de nuestro país generaron un cierto revuelo mediático, pese a que todos los medios generalistas optaron por portadas más bien taimadas. Todos excepto Público, que salió al paso con una primera plana memorable de tintes punk.
FUENTE: publico.es
Juan Losa
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Sátira callejera
1/7/17
ORGANIZACIÓN POLÍTICA DEL ESTADO
La Corona
El Rey es el Jefe del Estado. La Corona representa la Unidad del Estado y es representativa fuera de España.
El Rey goza de inviolabilidad y carece de responsabilidad (artículo 56.3 de la Constitución).
La Corona (Artículos 56 a 65 Constitución) arbitra el funcionamiento de las Instituciones públicas. Se sitúa al margen de los tres poderes, para asegurar que los demás órganos estatales funciones adecuadamente.
Tiene las siguientes relaciones con los tres poderes del Estado.:
a) Poder legislativo:
El Rey es el Jefe del Estado. La Corona representa la Unidad del Estado y es representativa fuera de España.
El Rey goza de inviolabilidad y carece de responsabilidad (artículo 56.3 de la Constitución).
La Corona (Artículos 56 a 65 Constitución) arbitra el funcionamiento de las Instituciones públicas. Se sitúa al margen de los tres poderes, para asegurar que los demás órganos estatales funciones adecuadamente.
Tiene las siguientes relaciones con los tres poderes del Estado.:
a) Poder legislativo:
· Sanciona y promulga las Leyes, con carácter nominal.b) Poder ejecutivo:
· Convoca y disuelve las Cortes Generales.
· Convoca elecciones según la Constitución.
· Convoca referéndum, con carácter formal,puesto que lo propone el Presidente, previa autorización del Congreso.
· Propone candidato/a a la presidencia del Gobierno.c) Poder judicial:
· Nombra y cesa al Gobierno.
· Expedir los decretos acordados en el Consejo de Ministros.
· Conferir los empleos civiles y militares y conceder honores con arreglo a la Ley.
· Ser informado de los asuntos de Estado y, a estos efectos y a petición del Presidente, presidir el Consejo de Ministros cuando se considere oportuno.
· Todos los actos del Rey deben ser respaldados por el Poder Ejecutivo, sobre el que recaerá la responsabilidad.
· Nombra a los miembros del Tribunal Constitucional, del Consejo General del Poder Judicial, al Presidente del Tribunal Supremo y al Fiscal General del Estado.Otras funciones, residuo de los antiguos poderes de los Reyes, son:
· En todas las sentencias figura que se administran en nombre del Rey.
· Mando supremo de las Fuerzas Armadas.FUENTE: http://ciberconta.unizar.es/
· Alto patronazgo de las Reales Academias.
· Ejercicio del derecho de gracia de acuerdo con la Ley, no pudiendo conceder indultos de carácter general.
Joder: Hay que ver lo bien que se lo han montado. Lo más alucinante es el hecho de que el rey sea inviolable e irresponsable...
¡Viva La Pepa!
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