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29/10/18

LA REPRESIÓN FRANQUISTA EN CANARIAS

Hombres asesinados, mujeres valientes: historia de la represión franquista en Canarias

Sin una contienda bélica como la que sí hubo en la península, las islas fueron usadas desde los inicios como posición estratégica. Sin embargo, eso no frenó a los fascistas para dejar miles de muertos que, hoy día, continúan en fosas y sin justicia.

Las manos de Lola Tejera - Eduardo Robaina

Han trascurrido 82 años pero ese libro sigue sin tener un final. No al menos el que se merece. El paso del tiempo viene acompasado por el desprecio de muchos. Demasiados. Cada vez son menos los protagonistas de aquella historia, y llegará una mañana en la que ya no quede nadie. Relatos de terceros, libros y documentos tendrán la difícil tarea de evitar la absoluta desmemoria de los horrores e injusticias que se perpetraron a partir de aquel 18 de julio de 1936.

Lola Tejera, al igual que la II República, tiene 87 años. Natural de Tamaraceite (Gran Canaria), es la mayor de cuatro hermanos que ya nos están. Su edad se antoja como su mayor baza. Tiene mente e ideas tan frescas como los peores recuerdos que habitan en su interior. Ahora siente que es el momento de no guardarse ninguno de estas crueldades. Porque Lola representa en Canarias a las miles de mujeres que sufrieron la represión fascista y todo lo que conllevó después. Su padre, Juan Tejera Pérez, apodado “el comunista”, fue condenado a pena de muerte tras un consejo de guerra que consiguió conmutar a cambio de 12 años encarcelado. 
Lola Tejera - Eduardo Robaina

Como a tantos otros, le privaron de su libertad por no pensar como los criminales falangistas. Lola tuvo que ver cómo su madre Frasquita sacaba adelante a sus hijos sin ningún recurso y siendo señalada por los vecinos. Por roja. Por tener a un rojo en la cárcel. Se las tuvo que ingeniar para no ver a sus pequeños sufrir ante la ausencia de su padre. Cada mes, se llevaba a uno de ellos para que pudieran verlo. A lo lejos. 

“Papá está en el coche”, decían inocentemente. Pero estaba tras las alambradas del campo de concentración de La Isleta. Cuando finalmente salió de prisión, lo hizo arrastrando una tuberculosis. “Lo querían mandar al sanatorio, pero mi madre no quiso. Se acabó curando gracias a la estreptomicina y a que ella le traía huevos y leche”, narra su hija orgullosa.

La Isleta (Las Palmas de Gran Canaria)

Lola creció, pero su futuro seguiría ligado a fantasmas del pasado. Se casó con Diego González, hijo de Francisco González Santana, uno de los “cinco fusilados de San Lorenzo”. Así fueron apodados el alcalde comunista Juan Santana Vega y el resto de miembros del consistorio del extinto barrio, asesinados el 29 de marzo de 1937 a las 16:00 tras un consejo de guerra sumarísimo. González Santana tenía 41 años. Jornalero de profesión, pertenecer a la Federación Obrera de Canarias fue su penitencia.

Su cuerpo, tras ser ejecutado, fue lanzado a una fosa común del cementerio de Vegueta, en la capital grancanaria. Allí permanece aún, junto al alcalde. “El sepulturero, cuando le tocó enterrarlos, se la jugó y los enterró juntos, colocando una lámina de mármol encima para ubicarlos”, relata su nieto Paco González. Él ha sido la voz en Canarias de todas aquellas personas que ya no pueden hacerlo, y en concreto de su padre Diego. A sus 92 años, una demencia comienza a llevarse sus buenos recuerdos. También los malos.

Cementerio de Vegueta

Una noche, los falangistas entraron a su casa en busca de su progenitor Francisco González, escondido entonces en una cueva. Se fueron sin él, pero no sin antes sacar de la cuna a su hijo Braulio de tan solo cuatro meses. Las Brigadas del Amanecer lo estamparon contra la pared. Al día siguiente, la familia fue caminando hasta el cementerio, donde lo enterraron sin ninguna ayuda. Era época navideña.

Humillarlas hasta deshumanizarlas
Hombres fusilados, mujeres denigradas y recuerdos imborrables para una historia inacabada que solo tendrá su final
en el momento en el que no quede bajo tierra ni un solo hueso sin exhumar.- EDUARDO ROBAINA

Sin marido y sin su pequeño de cuatro meses. A Dolores la habían matado sin necesidad de ninguna bala. Trabajar sin poder cotizar y no poder comer porque significaba enfrentarse a una auténtica humillación. Con cartilla de racionamiento en mano, era mandada al final de la cola cuando llegaba su turno, teniendo que alimentarse de las limosnas de los pocos que aún no la señalaban por ser la viuda de un rojo.

Por si fuese poco dolor, dos de sus tres hijos fueron llevados a la Casa del Niño, un centro para niños de la posguerra. Dolores, ante el miedo de que sus hijos fuesen vendidos o les ocurriese algo peor, iba todas las semanas y les regalaba a las monjas telas bordadas por ella con punto de cruz.

Estado actual de la Casa del Niño en Las Palmas de Gran Canaria

Otra de las mujeres de la familia que quedó marcada para siempre fue Rosa García López, prima-hermana de Lola. Era un paseo matutino de los tantos que hacía para comprar cada mañana cuando un grupo de falangistas la secuestraron. Al día siguiente, la ropa rota, la cabeza rapada y signos de haber sido violada fue lo que quedó de aquel día. La deshumanizaron “hasta el punto de no querer contar nada de aquello”, relatan sus descendientes.

Justicia entre interminables tiras y aflojas


Lola se sienta cada tarde al lado de Diego. Le coge de la mano y no le suelta. Transmite coraje y amor por partes iguales. Sabe el sufrimiento que hay detrás de esos ojos. Nunca perdió la esperanza de que llegase el día de la exhumación, aunque confía en que no sea demasiado tarde para él, como sí lo fue el indulto que, cuenta la familia, “llegó al ayuntamiento un día después de ser fusilados”. Un asesinato que, en 2010, le reclamaban. 2000 pesetas, exactamente. Ahora, entre interminables tiras y aflojas, un rayo de luz ha acabado por colarse entre las persianas de sus hogares.

El momento de recuperar los restos llegará gracias a una inversión de 30.000 mil euros por parte del consistorio y el Cabildo, impulsor del proyecto.

Sima de Jinámar
 
Será presumiblemente antes de verano, donde se esperan rescatar más de 80 cuerpos, de los que 30 corresponderían a militares que resistieron el inicio del golpe en Marruecos. Pero no será el único enclave en el que se se hará memoria. También está previsto para finales de año recuperar todos los cuerpos que yacen en uno de los mayores símbolos de la violencia franquista en Canarias. Se trata de la Sima de Jinámar, un cono volcánico de 80 metros de profundidad al que se arrojó, vivos y muertos, a cientos de personas que pensaban diferente. 

Unos actos de reparación que se tornan proezas, cuando deberían ser la norma. Sin embargo, un año más -desde que Rajoy gobierna-, los Presupuestos Generales del Estado no destinarán ni un solo euro de su partida a la ley de Memoria Histórica, condenando nuevamente el derecho a cicatrizar de tantas personas. A eso hay que sumarle el rechazo del PSOE, PP y Ciudadanos a una posible reforma de la Ley de Amnistía de 1977 que permitiese juzgar los crímenes franquistas de torturadores que hoy pasean por Madrid, como es el caso de "Billy El Niño".

Billy el Niño

Hombres fusilados, mujeres denigradas y recuerdos imborrables para una historia inacabada que solo tendrá su final en el momento en el que no quede bajo tierra ni un solo hueso sin exhumar. Las muertes producidas en esos 40 años de represión se siguen aferrando a una guerra en la que uno de los bandos solo hizo por defenderse. No obstante, en Canarias no hubo siquiera confrontación bélica con la que poder justificarse de algún modo. Las islas, usadas como territorio de retaguardia del ejército sublevado durante la Guerra Civil, fueron vestigios durante el golpe de Estado de una cruenta represión política sobre los militantes o simpatizantes de los partidos y sindicatos de obreros y republicanos.

Aunque muchos datan en más de 5.000 las muertes durante estos años, no existe un estudio profundo que lo verifique, dada la dificultad documental. El historiador Aarón León estima en 1.032 las personas ejecutadas tras sentencias de consejos de guerra y víctimas de "desapariciones" extrajudiciales. Unas cifras que hoy, más de 80 años después, siguen en el olvido como parte una amnesia colectiva.
Hombres asesinados, mujeres valientes - Eduardo Robaina

FUENTE: publico.es
Eduardo Robaina
01/05/2018
Según información aparecida reciéntemente en el periódico Canarias7, Jesús Cantero Sarmiento, montañero, espeleólogo, y una de las personas que más tiempo ha dedicado a investigar y denunciar los asesinatos llevados a cabo en la sima durante la guerra civil, corroboró que entre 1975 y 2005 se habían hecho desaparecer pruebas. Entre 1967 y 1975, Cantero bajó unas quince veces a la sima y descubrió unos 20 esqueleto , muchos zapatos, botas y suelas de alpargata. En 2005, Francisco Etxeberría (catedrático en Medicina Legal y Forense de la Universidad del País Vasco) sólo halló restos de dos individuos y ahora, según el montañero Marcos Alonso, nada.

17/9/18

"ILUNPE HONTAN BIZI GARA ERDI HILAK"

Represión franquista - El infierno de los curas "rojo-separatistas": 50 años de la cárcel concordataria de Zamora


Se cumple medio siglo de la apertura de la única prisión del mundo destinada a sacerdotes. Allí fueron encerrados los religiosos que se oponían al régimen. Muchos de ellos fueron torturados en comisaría. La Iglesia nunca reconoció su sufrimiento.

La cárcel de Zamora destinada a curas “rojo-separatistas”.

“Ilunpe hontan bizi gara erdi hilak” 
(“En esta oscuridad vivimos medio muertos”).

El bertsolari y ex sacerdote vasco Xabier Amuriza hubiese preferido no tener que escribir nunca aquella frase, pero hubo una época en la que su destino estuvo directamente en manos del demonio. Las puertas del infierno se abrieron formalmente hace 50 años: este domingo se cumple medio siglo de la inauguración de la cárcel concordataria de Zamora, única prisión del mundo destinada a curas “rojo-separatistas”.

“Aquello fue un apartheid. Así, como suena. Fue, además, el símbolo del pacto entre la Iglesia y el Estado franquista”, comenta a Público Juan Mari Zulaika, otro de los vascos encerrados detrás de aquellos muros. En efecto, la prisión abierta en Zamora fue la venganza del nacionalcatolicisimo contra sus “ovejas negras”. O rojas.

Una venganza impulsada por el franquismo y bendecida por las instituciones eclesiásticas, fielmente alineadas con los principios del régimen. Amuriza lo resumiría con otra frase lapidaria: “Maldita cárcel ésta. Todavía estamos sanos de la cabeza, pero sobran motivos para enloquecer”. “No en vano, fue una de las peores cárceles de la dictadura”, apunta Zulaika.

Sacerdotes presos

“Paradójicamente, el régimen de Franco, que tanto poder había concedido a la Iglesia, acabó sus días persiguiendo sacerdotes. Los más díscolos fueron a parar a un penal, la cárcel concordataria de Zamora, reservada especialmente para el clero”, señala el historiador Francisco Fernández Hoyos en un trabajo titulado “La cárcel concordataria de Zamora: una prisión para curas en la España franquista”. “Ni siquiera países oficialmente ateos como los del bloque comunista, anticlericales por definición, llegaron a tanto”, subraya el experto.

En efecto, las autoridades eclesiásticas española bendijeron la creación de la cárcel concordataria, fruto de los acuerdos establecidos en el Concordato entre El Vaticano y el Estado franquista. “No habiendo obtenido resultado favorable para obtener una casa eclesiástica para que los sacerdotes sancionados cumplan el arresto (conforme al art. 16 del Concordato vigente) damos nuestra conformidad para que puedan cumplir al arresto supletorio en una Penitenciaría del Estado, con tal de que estén en locales distintos a los de los seglares.

Aceptamos cumplan arresto en la penitenciaria de Zamora”, escribió en 1968 el obispo de Bizkaia, Pablo Gurpide, en una carta dirigida al gobernador civil. A partir de ese preciso instante, el destino de los curas que no comulgaban con la dictadura estaba marcado.

Torturados


El primer sacerdote que pisó el pabellón de religiosos fue el vizcaíno Alberto Gabigakagogeaskoa, quien había sido condenado a seis meses de cárcel y 10 mil pesetas de multa por haber denunciado en un sermón que en las cárceles de Euskal Herria “se tortura con frecuencia”. Luego llegarían otros curas vascos y de distintos puntos del Estado, también perseguidos y castigados por oponerse al régimen en las más variadas formas. Muchos fueron torturados. “La detención empezaba en los cuarteles, donde la tortura campaba a sus anchas”, relata Zulaika. Era el camino al infierno.

“Toda la noche se pasaron golpeándonos a patadas, culatazos, hasta dejarnos marcados a los dos de la cintura para abajo”, describió Felipe Izaguirre, quien había sido detenido junto a otro cura obrero en la localidad de Eibar en junio de 1968, tras las movilizaciones desatadas por la muerte del militante de ETA Txabi Etxebarrieta en un enfrentamiento con la Guardia Civil.

Otro de los presos en Zamora, Martín Orbe Monasterio, fue llevado primero a la comisaría bilbaína de Indautxu, donde conoció el variado catálogo de vejámenes que la Policía aplicaba a los opositores de la dictadura. “Las hay de muchos tipos: primero fuertes golpes en cualquier parte del cuerpo; por fuertes que sean, entre golpe y golpe, el preso recobra fuerzas y no canta”, puede leerse en su testimonio.

Fuga y motín


Hay otros datos esclarecedores. De los 53 religiosos antifranquistas que fueron encerrados en Zamora, “21 sufrieron juicios sumarísimos y otros diez fueron llevados ante los Tribunales de Orden Público”, destaca este ex sacerdote, hoy militante del movimiento memorialista Goldatu. El castigo continuaría después en el interior de aquel presidio, donde el frío extremo, la repugnante comida y el férreo control sobre los presos formaban parte de la vida cotidiana.

De ahí que quisieran escapar. En 1971, varios presos llegaron a excavar un túnel de 15 metros con cucharas. Sin embargo, el plan fue descubierto por los carceleros. Dos años más tarde, los presos se amotinaron para exigir que les trasladaran a otra cárcel.  

“Los sacerdotes encarcelados en la prisión concordataria de Zamora, viendo que son inútiles todos los medios legales y las gestiones hechas oralmente y por escrito, nos hemos visto obligados a quemar y destrozar por nuestra cuenta esta vergonzosa cárcel, puesta por la Iglesia y por el Estado en favor de sus intereses y en contra de nuestras convicciones más profundas”, decían los presos en una nota. La protesta se saldó con 75 días de encierro en celdas de castigo.

Ni justicia, ni perdón


El último preso que salió de aquella prisión fue Julen Kalzada, quien recuperó la libertad en 1976. Actualmente, la vieja prisión de Zamora está abandonada. Vivió su momento de gloria comercial hace algunos años, cuando el cineasta Daniel Monzón optó por estas instalaciones para rodar allí Celda 211. En cambio, nada se sabe sobre los carceleros: para los funcionarios del régimen franquista hubo, al igual que para todos los demás integrantes de la dictadura, absoluta impunidad. Tampoco ha habido novedades desde los altares: la Iglesia jamás pidió perdón por su siniestro papel en esta historia.

“Extrañamente, este colectivo tampoco ha tenido aún el reconocimiento del actual Gobierno Vasco: sus decretos por la Paz y la Convivencia silencian este capítulo de la represión”, lamenta Zulaika, quien califica esta actitud como “incomprensible”.

En ese contexto, las víctimas que pasaron por aquel presidio siguen buscando justicia. Como aquí no la encontraban, han tenido que hacerlo a miles de kilómetros: actualmente, los testimonios de 16 curas vascos encarcelados en Zamora forman parte de la querella formulada en Argentina contra los crímenes de la dictadura franquista. 50 años después de la apertura de aquel presidio, sus víctimas siguen peleando contra el olvido.


FUENTE: publico.es 
Danilo Albín

22/10/14

LA MULTIRREPRESIÓN

Franco desplegó en la posguerra la "multirrepresión" contra los vencidos con métodos nazis

El historiador cordobés Francisco Moreno Gómez sitúa en el sistema concentracionario (cárceles y campos) el epicentro de su estrategia represiva en su último libro 'La victoria sangrienta 1939-1945 "

Francisco Moreno Gómez es uno de los pioneros de la investigación sobre la memoria histórica en España, ya que sus primeros trabajos se remontan a finales de los años 70 del siglo XX. Prolífico en su producción historiográfica sin menoscabo del rigor científico, este veterano historiador cordobés ha publicado su último libro bajo el título La victoria sangrienta 1939-1945. Un estudio de la gran represión franquista para el Memorial Democrático de España, donde analiza pormenorizadamente las distintas variables represivas que utilizó el franquismo para acabar y/o someter a los vencidos, acuñando para ello el término "multi-represión".

Celebración en honor de los Caídos por Dios y por España en Castuera en 1940. Abajo, Francisco Moreno.
 Celebración en honor de los Caídos por Dios y por España en Castuera en 1940

"Franco utilizó todo el catálogo de crímenes contra la humanidad. No es sólo contabilizar el número de caídos en los paredones, que pudieron ser 40.000 en la posguerra, sino que hay un programa represivo de tal envergadura que yo llamo multi-represión", afirma Moreno Gómez, que desgrana su variedad y su cuantificación aproximada: apresamientos masivos con 300.000 presos en 1940; 507.000 detenidos emplazados en 188 campos de concentración; 90.000 integrantes de batallones de trabajadores; al menos 400.000 obligados a partir hacia el exilio; hambre como instrumento represivo, adobado con racionamiento y estraperlo; humillación de las mujeres usando el rapado y el aceite de ricino; robo y desaparición de niños en número cifrado por la ONU de 30.000 menores; represión económica para arruinar a los vencidos con apropiación indebida de propiedades y bienes, así como con fuertes sanciones y multas; represión ideológica y laboral con listas negras para trabajar, etc. 


Todo ello ocurrió durante la posguerra que Moreno Gómez califica de "victoria sangrienta", el periodo más puramente fascista de la dictadura franquista hasta que, tras la derrota de Hitler y Mussolini en la Segunda Guerra Mundial, Franco tuvo que disimular su afinidad ideológica y de parafernalia con los regímenes del Eje.

Los hijos sin bautizar no podían visitar a sus padres presos



En las cárceles se torturaba y de ellas se salía para el paredón, pero también servían -según Moreno Gómez- para la represión ideológica, cuya función asumió la Iglesia. Se ejercía un control sobre las familias, ya que las visitas de los hijos y de las mujeres no estaban permitidas salvo que ellos estuvieran bautizados y ellas casadas por la Iglesia con los presos; se promovía el trabajo esclavo al exterior para obras públicas y privadas; y se promovió el robo de niños con la cobertura legal desde 1940 que impedía la presencia de niños con más de tres años con sus madres y desde 1941, que facilitaba el cambio de nombre de los menores. "Lo de los niños en las cárceles era sencillamente inhumano", señala Moreno Gómez, poniendo como ejemplo el testimonio de una mujer presa en la cárcel guipuzcoana de Saturrarán.

Decía Carmen Riera que "en diez días murieron más de 30 niños, entre ellos mi hija. Me llevaron su cajita a la celda unas monjas que trajeron unas flores y no paraban de decir que era un angelito que adoraba a Dios, hasta que no pude más y las eché de allí. Y me pasé toda la noche sentada en el suelo junto a la caja de mi niña". En aquella cárcel vasca murieron 120 mujeres y 57 niños.


Se aplicaba a los presos una "dieta hipocalórica de 800 calorías, a sabiendas de que con menos de 1.200 no se puede sobrevivir", lo que produjo una elevada mortandad en las grandes cárceles. Francisco Moreno precisa que esto se produjo desde finales de 1940, que fue cuando los detenidos en los pueblos fueron trasladados a las grandes cárceles de las capitales y pone varios ejemplos de reclusos muertos por hambre: 900 en la prisión de Sevilla, 660 en la isla pontevedresa de San Simón (reservada para los ancianos) o 756 en una cárcel de Córdoba atestada con 3.500 presos, lo que supone una mortandad del 20% de la población. "Los detenidos encarcelados tras el fin de la guerra cerca de sus pueblos de origen eran alimentados por sus familias, pero después del alejamiento la distancia lo impedía".
 
FUENTE: publico.es
Rafael Guerrero
Sevilla - 13/10/2014 

COMENTARIOS


Y ahí es cuando aprovecharon para saquear propiedades y posesiones de los
republicanos asesinados, encarcelados, huídos y calumniados. ¿De dónde
os creéis, si no, que tienen tanta propiedad y dinero gran parte de los fachas y sus
familias?.



El odio, la tortura, el asesinato, el robo de niños, la apropiación de bienes, el genocidio que hizo el franquismo-nazi, con la complicidad activa de la Iglesia Católica, es el germen de una gran parte de corruptos que controlan los estamentos de poder en este País.


España no tendrá futuro hasta que todo lo que pasó desde el 36 hasta los años 50 se aclare totalmente. Esa herida o se cura o se gangrena... ¡¡¡Salud!!!