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25/6/17

EL FIASCO DEL BANCO POPULAR

Los contribuyentes pagarán parte del fiasco del Popular

Los accionistas y los titulares de bonos convertibles y de deuda subordinada podrán endosar al Estado parte de las pérdidas sufridas. La normativa vigente les permite compensarlas con las ganancias patrimoniales que obtengan, cuando realicen sus declaraciones de impuestos. Tienen, además, cuatro años para hacerlo.

El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, gesticula desde su escaño durante el debate de la moción de censura de Unidos Podemos contra Mariano Rajoy. EFE/Juan Carlos Hidalgo
El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, gesticula desde su escaño durante el debate 
de la moción de censura de Unidos Podemos contra Mariano Rajoy. EFE/Juan Carlos Hidalgo

La compra del Popular por el Santander ha infligido un fuerte quebranto a los accionistas del primero de esos dos bancos, que vieron cómo se evaporaba el valor de sus inversiones de la noche a la mañana. El precio al que se cerró la operación fue de un euro, lo que en la práctica significaba dejar a cero el capital del Popular, pese a que su último día en Bolsa (el 8 de junio) se saldó con una cotización de 0,370 y una capitalización de 1.330 millones.

También han perdido todo su dinero los tenedores de instrumentos como obligaciones convertibles y deuda subordinada, que se convierten automáticamente en acciones cuando el capital baja de un determinado nivel. Esos títulos entrañan menos riesgo que las acciones, pero suponen una segunda línea de fuego en situaciones similares a las que ha protagonizado el Popular, y sus propietarios debieron ser informados de ello al suscribirlos.

De todas formas, unos y otros tienen varias opciones para recuperar algo de la inversión realizada, algunas perfectamente compatibles entre sí. De la que más se ha hablado es de demandar al Popular por no haber ofrecido una imagen real de la situación que estaba atravesando. Eso, lógicamente, requiere tiempo y depende de la decisión que a la postre adopten los tribunales de justicia, que pueden dar la razón a los damnificados o no.

Devorado

Con esa posibilidad juegan los especuladores que están haciendo acopio de los derechos derivados de las obligaciones convertibles y de la deuda subordinada del Popular, que ahora no valen nada, pero pueden proporcionar pingües beneficios si se produjera una avalancha de sentencias favorables. Según algunas fuentes, los precios rondan el 0,2% del valor nominal de los títulos y hay inversores que los venden sólo para minimizar pérdidas.

Éstas, además, pueden compensarlas en todo caso con las ganancias patrimoniales que obtengan a lo largo de los próximos cuatro años, cuando llegue la hora de liquidar sus impuestos. Lo cual significa endosar al Estado parte del quebranto sufrido como consecuencia de las condiciones de la adjudicación del Popular al Santander; un quebranto que contribuiremos a sufragar entre todos, al ser dinero que deja de entrar en las arcas de Hacienda.

Calcular el montante de esa contribución no es fácil, pues se desconoce cuántos antiguos accionistas o tenedores de bonos convertibles y deuda subordinada tendrán ganancias patrimoniales con las que compensar estas pérdidas. Lo que sí se sabe son los créditos fiscales que se anotará el Santander gracias a la operación ascienden a 5.200 millones de euros que el Popular acumulaba por los resultados negativos cosechados en los últimos años.

Devoradora

Según fuentes jurídicas, los accionistas con más probabilidades de pleitear con éxito contra el Popular son los que acudieron a las tres últimas ampliaciones de capital, lanzadas para reforzar la solvencia del banco cuando las cosas empezaron a ir mal para la entidad. También tiene margen de maniobra aquellos que aguantaron hasta el final, pero no tanto quienes se deshicieron a tiempo de sus participaciones, aunque perdieran dinero.

En el caso de los otros instrumentos financieros, las dificultades de ganar en los tribunales son mayores. La última emisión de bonos convertibles, por importe de 1.250 millones de euros, fue en 2013, muchos antes de que la situación del Popular empezara a torcerse. De deuda subordinada se colocaron entre particulares 200 millones en 2001 y otros 250 millones en 2011, y han generado rentabilidades de hasta el 40% de su valor nominal.

FUENTE: publico.es
Vicente Clavero
Madrid - 22/06/2017

17/4/17

DEBACLE Y RESACA DE SEMANA SANTA

El banco del Opus ruega una oración por su eterno descanso



Muy pertinente con su condición de criatura del Opus, la semana del Banco Popular ha sido muy de pasión, aunque como el cuento ha cambiado una barbaridad, nadie en su sano juicio confía ya en que el banco resucite. La entidad, que en cuatro días ha perdido el 25% de su valor en Bolsa, viene siendo un muerto viviente desde hace cinco años y las reiteradas referencias a su solvencia por parte del ministro de Lehman, el costalero Luis de Guindos, y su cofradía económica han certificado oficialmente su defunción. Por lo visto, en un sistema financiero tan saneado como el nuestro también ocurren estas desgracias.

Es la vieja historia eternamente repetida, en la que los sagaces supervisores, como es tradición, han estado a la luna de Valencia. Centrado en su negocio tradicional de créditos a pequeñas empresas y particulares, el Popular era un banco muy rentable, hasta que la caída de los tipos de interés le pilló con el paso cambiado. Lo razonable hubiera sido entonces abrirse a una fusión, pero eso habría supuesto a la Obra perder el control del juguete y la Prelatura no iba a resignarse a que otros les racionaran el foie gras con el que se untaba el pan suyo de cada día.


Con las mismas, los ‘obreros’ (de dios) se lanzaron a una tarea de engorde muy desaconsejada por los nutricionistas. Entre otras aventuras, compraron el Pastor a cascoporro, y se metieron de lleno en el negocio inmobiliario, cuando ya era evidente que el ladrillo era puro colesterol en vena. Desde 2012 han lanzado tres ampliaciones de capital hasta que fue evidente que el cáncer era imparable. Se llegó así a los 3.485 millones de pérdidas récord de 2016, resultado de provisionar 5.700 millones para cubrir la depreciación de sus activos tóxicos. Paralelamente, se dio el pasaporte al presidente, Ángel Ron, junto a una limosna en forma de pensión de 23 millones de euros, y se fichó a un ex de JP Morgan, Emilio Saracho, para ver si lo de multiplicar el pan y la sardina podía repetirse.

El tal Saracho ha dejado claro que lo suyo no son los milagros sino los entierros. Anunció primero un ajuste de las cuentas de 2016 de 600 millones que no se habían contabilizado entre las provisiones, y expuso las dos alternativas del banco: ofrecerse al mejor postor o ampliar capital por cuarta vez, al tiempo que se ponen en venta algunas de sus filiales, el mobiliario de oficina y hasta los manguitos.


Lo que para algunos ha de considerarse mala gestión, desde la óptica de muchos accionistas ha sido simplemente una estafa. El Popular ha captado en sus anterior ampliaciones cerca de 5.500 millones y ahora necesita otros tantos. La última ampliación, en junio de 2016, se hizo a un precio de 1,25 euros por acción. El título cotizaba este jueves a 0,61 por lo que los compradores de entonces acumulan una pérdida cercana al 90%.

El quebranto no ha sido sólo para las familias del Opus, que en el pecado llevan la penitencia y que para mantener su porcentaje de control han tenido que apoquinar pasta en la instrumental en la que tienen sindicadas sus participaciones. El perjuicio es el de miles de accionistas, clientes del banco y captados en sus sucursales, a los que nadie les advirtió de la situación real de la entidad y que harían bien en interponer las correspondientes demandas ante los tribunales.


Como no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo, la cuarta ampliación tendría que ir dirigida a inversores institucionales a precios de saldo, lo que aumentaría la ruina de los pequeños incautos del capitalismo popular, y nunca mejor dicho. Una vez más quienes debían haberles protegido –la CNMV y el Banco de España- se han lavado las manos como Pilatos en la bacinilla de los enjuagues.

Mientras el banco del Opus ruega una oración por su eterno descanso está por ver que el desastre no acabe salpicando a los contribuyentes, que todo puede ocurrir. Desde el Ministerio de Economía se ha insistido en que se trata de un asunto privado que debe resolverse en ese ámbito. Oremos.


FUENTE: publico.es
Tierra de nadie
Juan Carlos Escudier
14/04/2017