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14/12/17

DE LA TRANSICIÓN A LA REGRESIÓN

Del espíritu de la Transición al de la regresión



No hay nada que celebrar. Absolutamente nada, por mucho que haya quien quiera congratularse de un texto caduco que nos tiene secuestrados, como es el de la Constitución. Celebrar algo es una cosa, y otra bien distinta vivir de la renta de los últimos extertores de un consenso que escondió demasiada basura bajo la alfombra. Esa es la realidad del día de hoy, de los 39 años de nuestra Constitución.

No es la primera vez que escribo sobre la Carta Magna. De hecho, llevo años haciéndolo, lo que prueba que la necesidad de una reforma -yo soy más partidario de un proceso constituyente- no es algo nuevo, sino una imperiosa necesidad que los principales partidos que nos han gobernado (PSOE-PP) han eludido de manera muy conveniente para sus intereses. En este sentido, me viene a la cabeza la receta para una nueva Constitución que ya publiqué en 2012 y que cinco años después se ha visto aún más ratificada por la cruda realidad.


Quienes más se oponen a la reforma del texto -y aquí metemos tanto a sus opositores frontales como a los que vienen retrasándola sine die– son, curiosamente, los que más defienden el espíritu de la Transición. No se percatan, sin embargo, que defender este espíritu es, precisamente, traicionarlo. Blindar, como de hecho se está blindando, la Constitución en un intento vano por detener el tiempo en 1978 es torpedear el consenso del que tanto hablan.

El consenso social y político no se encuentra en ese blindaje, sino en la evolución de una Ley de Leyes (¿se seguirá enseñando así en los colegios?) que, de permanecer estática, lo único que preservará es el espíritu de la regresión. ¿A dónde? A un pasado en el que tuvo sentido una Constitución -muy mejorable- que dejaba atrás 40 años de dictadura.


Hablar de la Constitución es hablar de Franco. Ese texto, tan terriblemente imperfecto hoy, nos pareció entonces perfecto, porque tras 40 años sin probar bocado de libertad, un plato de garbanzos nos pareció un cocido. Y no lo es. 39 años después, que nadie nos haga creer que lo que tenemos es un cocido completo, porque siguen siendo garbanzos y, además, con demasiados de ellos podridos. Asimismo, no podemos pasar por alto que más de un 85% de la ciudadanía (64% del censo electoral actual) no votó la Constitución de 1978.

Todos esos partidos que continúan reivindicando el espíritu de la Transición eluden afrontar la realidad, visibilizar las lagunas de una Constitución tremendamente machista, que recoge artículo de incumplimiento sistemático, que impone una monarquía y favorece a la Iglesia Católica a pesar de declararse Estado aconfesional. Quienes niegan ahora el consenso necesario para dar la cobertura social que artículos como el 135 (gracias a PSOE y PP) dinamitaron, quienes continúan favorecidos por una ley electoral injusta, pasarán a la Historia de España como quienes nos arrebataron la segunda Transición.


Me refiero, como no puede ser de otro modo, a una nueva Transición en la que ya no hablemos de padres de la Constitución, sino de padres y madres (algo que no parece que vaya por buen camino, como demuestra la ausencia de mujeres en el Consejo Asesor para el 40ª Aniversario de la Constitución, con 27 hombres frente a 6 mujeres y la exclusión de Unidos Podemos).

Hoy más que nunca hay que hablar de padres y madres de una nueva Constitución que dé paso a una democracia participativa, esa que tanto teme el bipartidismo y los nuevos partidos ultraconservadores como Ciudadanos. Todos ellos parecen haber olvidado que la soberanía reside en el pueblo, el mismo al que todos ellos sólo quieren escuchar una vez cada cuatro años. Eso se acabó, con reforma de la Constitución o sin reforma. Sea como sea, no dejarán ya de escucharnos.


FUENTE: publico.es
Pozos de Anarquía 
David Bollero
06/12/2017

30/11/17

JUAN LUIS CEBRIÁN SE OFRECE A ESPAÑA

Juan Luis Cebrián
Los Ecos de Sociedad del diario ABC daban cuenta el 4 de junio de 1966 del enlace Cebrián Echarri-Torallas Gatoo en la iglesia de San Pedro Mártir de los Padres Dominicos en Alcobendas. Cebrián, Juan Luis, tenía 21 años y no es que fuera ya redactor-jefe del diario Pueblo sino que, según parece, entró al periódico dos años antes con esa categoría, que el hijo del secretario nacional de Prensa y Radio del Movimiento no iba a perder el tiempo de becario.

Como testigos de las nupcias por parte del novio estamparon su firma Juan José Espinosa San Martín, ministro de Hacienda, Alejandro Fernández Sordo, delegado nacional de Prensa y Radio del Movimiento y, por supuesto, el director y el subdirector de Pueblo, Emilio Romero y Jesús de la Serna. A continuación, recepción en el Palace, bajo la cúpula del hotel, en explícita manifestación de tronío.


No es aquí lugar para indagar en el pasado franquista del personaje ni para glosar las hazañas de quien convirtió al diario El País en indiscutible referencia política e intelectual de esa Transición que aún colea 40 años después, pero sí para esbozar unos breves apuntes sobre la metamorfosis experimentada por quienes se creyeron notarios de aquella época y hoy siguen jugando a expedir certificados de deontología profesional, de buena conducta democrática y hasta de progresía e izquierdismo.

De este grupo de santones, muchos de ellos desmemoriados, Cebrián es su principal exponente.

Santones hindúes en la festividad del Kumbh Mela

Las últimas peripecias de quien un día fue periodista, luego académico y más tarde empresario y master del universo, representan la resistencia numantina de esa casta a perder su posición y sus privilegios, a desalojar el faro que suponen luz y guía del devenir del país y que en el caso de Cebrián y otros les ha reportado además un enriquecimiento obsceno. 

“No quiero ponerme en lo peor, pero cualquier día, en cualquier empresa, rebajarán el sueldo de los obreros para financiar la ludopatía bursátil de los amos”, escribía Enric González en una columna que el amo censuró antes de invitarle a hacer las maletas y a partir con venta fresco.

Enric González

Cebrián, como él mismo ha explicado parafraseando a Miguel Hernández, se va pero se queda “con la tranquilidad del deber cumplido”, siempre que éste fuera hundir el barco o dejarlo a la deriva con una vía de agua del tamaño de la del Titanic, tras comprobar que desguazarlo y venderlo por piezas no ha dado resultado.

Lo que se propone ahora este genio de las finanzas es encaramarse a una fundación desde la que seguir controlando como presidente de El País el timón ideológico, tal es la propuesta que lanzó a unos atónitos accionistas a los que deja una ruina de 1.500 millones de euros y la obligación de enchufar otros 450 y convertir 100 millones de deuda en capital. Ello no le impedirá seguir amorrado a la ubre, que lo de su bonus y su pensión millonaria, ay Santa Rita, no se tocan.


Para sus propósitos cuenta con el apoyo de Moncloa y de la banca acreedora, que ya se cobrará el favor cuando toque, porque ahí fundamenta el apóstol del periodismo su libérrima condición para garantizar, según dice, la autonomía de decisión de los periodistas y directores de Prisa. Cebrián se yergue como vanguardia contra el populismo y baluarte último de la formación de una opinión pública adecuada ante ese “basurero de opiniones de Internet” que le ha comido la tostada.

Estamos ante el bastión inexpugnable de la libertad de prensa, dispuesto a sus 73 años a seguir sacrificándose por la causa de la democracia en España sin más recompensa que unos cuantos millones de euros. Del negocio petrolero en el que le dio entrada su amigo Massoud Zandi, el mismo para el que Felipe González grabó unos entrañables vídeos de recomendación, es que no se vive.

Cebrián y González

Así que el 31 de diciembre, si el tiempo no lo impide y la autoridad lo permite, que con Soraya está todo atado, Cebrián cederá la presidencia de Prisa, epílogo y comienzo de la nueva trayectoria de quien se nos presenta periódicamente como el hombre que trajo la democracia a España, que lo de Suárez está en discusión, y que representa en todo su esplendor ese régimen del 78 que no cede el paso ni en las intersecciones. Le seguiremos viendo en el púlpito impartiendo la doctrina de su infatigable sacerdocio. Amén.






Escarbando en ese "basurero de Internet" que tanto se les ha ido de las manos, he hallado, en "La hemeroteca del buitre", esta reseña:


UNA BODA EN LA FAMILIA PERIODÍSTICA DEL FRANQUISMO


29/12/16

LA ESPAÑA PINOCHA

España abrió sus puertas a la Policía Secreta de Pinochet

La Audiencia Nacional guarda un informe del ex fiscal de Columbia, Ernest Lawrence Barcella, quien denunció las actuaciones de la temible DINA para “cazar enemigos” de la dictadura chilena en Europa. Uno de los agentes involucrados, Michael Townley, vive hoy bajo protección especial en algún lugar de EEUU.

Dictador chileno, general Augusto José Ramón Pinochet Ugarte ( 1915 - 2006)

Las dictaduras latinoamericanas no tuvieron demasiados amigos a este lado del Océano Atlántico. A fuerza de torturar, violar y lanzar gente viva al mar, sus crímenes se volvieron inocultables. Sin embargo, hubo un país que abrió sus puertas a regímenes tan siniestros como el de Augusto Pinochet o Jorge Rafael Videla. Cuando alguno de ellos pretendía exportar el horror contra los exiliados que habían huido a Europa, la España de la transición no tuvo ningún inconveniente en “dejarles hacer”. En otras palabras, estaban como en casa.

Según ha podido confirmar Público, la Audiencia Nacional guarda pruebas muy valiosas de aquellos años. Así lo atestiguan los documentos generados durante el proceso -inconcluso- que llevó adelante el exjuez Baltasar Garzón contra los militares argentinos a finales de los años noventa. En aquel contexto, el magistrado recibió la declaración del ex fiscal del distrito de Columbia (EEUU), Ernest Lawrence Barcella –ya fallecido-, quien en su momento investigó el asesinato del ex ministro de Asuntos Exteriores chileno, Orlando Letelier, ocurrido el 21 de septiembre de 1976 en Washington D.C. En aquel atentado también murió su secretaria, Ronni Karpen Moffitt.

Monumento a Orlando Letelier y Ronni Karpen Moffitt, asesinados en EEUU por orden de Pinochet

A lo largo de sus averiguaciones, Barcella había recabado distintas informaciones que señalaban directamente a Madrid. “La DINA (siglas bajo la que actuaba la sangrienta Policía Secreta de Pinochet) realizó algunas operaciones en España”, afirmó de manera categórica. “Sus investigaciones demostraron que agentes de la DINA venían con frecuencia a España, sobre todo a Madrid, con la intención de localizar a exiliados chilenos que estaban viviendo en España o estaban en España de viaje (sic)”, puede leerse en otro párrafo.

En su informe, el exfiscal citó concretamente el caso de Michael Townley, un mercenario estadounidense que trabajó para ese temido cuerpo de seguridad chileno. En su currículum figuran varios asesinatos, incluyendo el de Letelier en EEUU. De hecho, una de sus especialidades eran las operaciones en el extranjero: el 30 de septiembre de 1974, se encargó de activar el explosivo que acabó con la vida del general Carlos Prats y su esposa, Sofía Cuthbert, quienes habían huido a Buenos Aires en busca de refugio. Además, participó en el fallido atentado contra el ex ministro chileno Bernardo Leighton en Roma, donde contaba con el apoyo de fascistas locales. 

Michael Vernon Townley,  mercenario estadounidense
,
El agente también es señalado como uno de los responsables del asesinato del diplomático español Carmelo Luis Soria, quien fue secuestrado en Santiago de Chile en julio de 1976. Sin embargo, Townley vive hoy plácidamente en algún lugar de EEUU, bajo un programa especial de protección de testigos. En 2014, la Audiencia Nacional pidió al gobierno de Barack Obama que fuera extraditado a España para ser juzgado por el caso de Soria. No hubo suerte.

Según consta en los documentos, este mercenario fue enviado a España en diciembre de 1976 por el entonces jefe de la DINA, Manuel Contreras, y su número dos, Pedro Espinoza, “para cazar enemigos de la junta chilena”. Junto a él viajó otro hombre que no pudo ser identificado. El objetivo de ambos –según determinó el exfiscal Barcella- era “intentar matar” al ex secretario general del Partido Socialista de Chile, Carlos Altamirano, a quien “estuvieron siguiendo pero finalmente no consiguieron matarlo”.


Juan Manuel Guillermo Contreras Sepúlveda y Pedro Octavio Espinoza Bravo,
máximos dirigentes de la polía secreta de Pinochet (La DINA)

Altamirano relató este caso al historiador Gabriel Salazar, autor de un libro sobre sus memorias. “A esta ciudad (en alusión a Madrid) fui invitado a un acto político e iba saliendo del aeropuerto de Barajas por uno de esos larguísimos corredores, cuando siento que, de repente, alguien me llama por detrás: ¡Carlos!.... Extrañado, me volví bruscamente y al hacerlo, choqué con alguien que venía muy cerca detrás de mí. Era un tipo más corpulento y más alto que yo. Al atropellarlo, se le cayó el maletín que traía en su mano. No sé por qué razón, pero me quedé mirando el maletín, como que lo encontré muy pesado”, contó Altamirano. Según pudo comprobar unos meses después, el hombre con el que se había cruzado era nada más y nada menos que Michael Townley.

En el documento elaborado por Barcella también aparece el nombre de Pinochet. En noviembre de 1975, el dictador chileno había aprovechado su asistencia al funeral de su amigo Francisco Franco para mantener un encuentro con el ultraderechista italiano Stefano Delle Chiae, quien unos meses más tarde participaría en el asesinato de dos militantes carlistas en el monte navarro de Montejurra. Del mismo modo, Delle Chiae actuó como un fiel colaborador del régimen pinochetista en Italia, donde tenía la misión de “intentar localizar a exiliados chilenos que estaban o viviendo” en ese país.


Stefano Delle Chiae, ultraderechista italiano

Según las investigaciones del ex fiscal de Columbia, la DINA “también entabló relaciones con otras organizaciones terroristas y delictivas que operaban en Francia” e incluso “realizaron operaciones conjuntamente”. Asimismo, la Policía Secreta hizo seguimientos y fotografió “determinados lugares” en el Reino Unido. De hecho, Barcella asegura que Pinochet “estaba molesto con los británicos por las críticas que hacían en contra de su gobierno y de las condiciones en las cárceles chilenas”. Por ello, el dictador “ordenó a la DINA que recabara información sobre el funcionamiento de las cárceles en Irlanda del Norte controladas por los británicos con el fin de utilizar esta información en contra de Gran Bretaña”. En cambio, España era un lugar agradable para sus agentes. 

FUENTE: publico.es
Danilo Albín
Bilbao - 27/12/2016

13/11/15

COMBATIR LA DESMEMORIA

Reflexiones para combatir la desmemoria programada de la Transición


La obra 'Políticas de memoria y construcción de ciudadanía' recoge hasta 29 ponencias formuladas en 2008 por expertos y académicos como Pablo Iglesias, Isaac Rosa o Carlos Taibo sobre el tránsito de España a la democracia, los derechos humanos y el papel jugado por los medios de comunicación o la educación.

6 de febrero de 2006, una grúa retira la estatua de Franco del acceso de la Academia General Militar de Zaragoza- EFE
Retirada de la escultura ecuestre de Francisco Franco
de la Academia General Militar de Zaragoza en 2006

Cuando Franco murió el 20 de noviembre de 1975 en el Estado español había por lo menos 114.226 ciudadanos desaparecidos por la represión de la dictadura. La llegada de la democracia significaba para muchos la llegada de la ansiada justicia, de la reparación y de la verdad. Pero no fue así. La Transición dejó en las cunetas a los miles de españoles asesinados por los franquistas queriendo enterrar también junto a ellos sus voces, su legado y su lucha por la democracia. Así, se apuntaló el olvido y el silencio como pilar de legitimación del régimen del 78 obviando los más elementales derechos humanos de sus ciudadanos. Ahora, cuarenta años después de la muerte del dictador, el pasado reciente de España sigue siendo un tema tabú. Y desconocido.

 
Palacio de la Granja de San Ildefonso

Con el objetivo de recuperar esa memoria, de repensarla desde la perspectiva de la ciudadanía y con el único fin de poder llevar a cabo una reconciliación real que derive en un futuro proyecto compartido, en el verano de 2008 se juntaron en La Granja de San Ildefonso, lugar donde Franco disfrutaba del 18 de julio, un numeroso grupo de académicos y expertos cuyas ponencias y reflexiones han sido recogidas ahora por Emilio Silva, presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, y Ariel Jerez, profesor de Ciencia Política en la Universidad Complutense de Madrid, en la obra Políticas de memoria y construcción de ciudadanía (Editorial PostMetropolis).
 

Madrid - 11/11/2015

7/1/15

LA TRANSICIÓN FUE UNA TRAICIÓN


Cayo Lara dice que su generación que vivió la dictadura sabe lo que es la Transición. “Yo soy de los que defiende que se hizo lo que se podía, los sindicatos y la izquierda conquistaron lo que pudieron. Y fue un pacto no de élites. Algunos lo califican de pacto de élites… Fue un pacto de élites que estaban en la cárcel y en el exilio y otros que estaban en el poder y en la dictadura. Se habría podido avanzar mucho, pero la ruptura de ese pacto por parte de la derecha política y económica es lo que nos ha llevado a esta situación de deterioro. El no haber desarrollado España como Estado federal y plurinacional nos ha llevado a la situación actual respecto a Catalunya.”

No sólo Cayo Lara y su generación vivieron la dictadura y la Transición. Otros como yo, que pertenecemos a la generación anterior, y todavía la de mis padres, que muchos estaban vivos, las vivimos también. Y estuvimos en pie de guerra durante largos años para que no se ratificaran los pactos que nos traicionaban. La Transición fue la gran Traición. De los que estaban en el exilio, como Carrillo. y de los que habían estado en la cárcel. como Camacho. Solé Tura y otros redactores de la Constitución ni habían estado en la cárcel ni en el exilio, y pronto se vio el beneficio que obtuvieron. Por supuesto los grandes beneficiados fueron los que estaban el poder y que no lo abandonaron.


Es falso que se hubiera podido avanzar mucho con los pactos de la Transición, la prueba es el camino que hemos andado. Y no únicamente por culpa de la derecha, a menos que creamos que las derechas son demócratas y benéficas y sólo ahora, con Rajoy de gran culpable, han cambiado. Desde el momento en que el Partido Comunista acepta la Monarquía, el himno franquista y la bandera borbónica; el mismo Ejército que había masacrado a su pueblo, la misma Iglesia que había sido cómplice del genocidio español, y consiente en mantener intacto el reparto de la riqueza, el poder de la banca, de los grandes consorcios industriales y de los latifundistas del sur y del oeste de España, y aprueba la Ley de Amnistía del 77 que dejaba impunes a los asesinos fascistas, la rendición de las clases trabajadoras era sin condiciones. Tan sin condiciones que un año antes de aprobar la Constitución se firmaban los Pactos de la Moncloa para entregar todo el poder al capital y dejar al proletariado sometido a la patronal.

Y tan humillante rendición se acepta por el PCE para implantar esta parodia de democracia que reinstaura a una Casa Real corrupta, que nos está esquilmando desde hace 39 años, y que alterna en el gobierno a uno u otro partido, ambos siervos de la Banca Mundial, de las multinacionales y de la empresa armamentística, mediante la parodia de elecciones en que los resultados están previstos de antemano. Es demasiado el precio que se ha pagado por el acta de legalización del Partido Comunista.


Que nadie arguya que sin esa legalización el PCE no podía participar en política. Un partido que fue el hegemónico durante 40 años de dictadura, cuyos heroicos militantes habían sufrido persecuciones, torturas y asesinatos sin cuento, ¿qué podía temer en la era de las “democracias” europeas? Todos sabíamos que la clandestinidad se había acabado, quizá no pudiera obtener los escaños en el Congreso y las concejalías en algunos ayuntamientos, pero el precio de tanta rendición era demasiado barato.

A raíz del golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 escribí un análisis que publiqué en Poder y Libertad (¿dónde iba a ser?) sobre la imposibilidad de que aquel golpe triunfase. Y eso que todavía no tenía todas las claves de la implicación del rey y de los socialistas en el diseño del otro golpe, el de Armada. No me equivoqué. Ni la situación de Europa en aquel año ni el lugar que tenían en la producción, y en la ideología dominante, el Ejército, la banca, los consorcios industriales, los Grandes de España que poseen Andalucía y Extremadura, y la Iglesia, podían propiciar un golpe a lo del año 36. Como decía Marx, si la primera vez fue una tragedia, la segunda fue una farsa. Y así fue y así ha sido. Al fin y al cabo, los vencedores de la Guerra Civil seguían, y siguen, siendo los que detentaban el poder; no necesitaban provocar una nueva guerra.


Los Pactos de la Moncloa hundieron la capacidad adquisitiva del proletariado, el Estatuto de los Trabajadores anuló ventajas y derechos que había concedido la dictadura y la Ley de Amnistía garantizó la impunidad de los asesinos y ladrones que nos habían aniquilado y esquilmado. 

Todavía están en todas las cunetas, caminos, cementerios y carreteras de España los restos insepultos de nuestros padres y de nuestros abuelos, que en número de más de 150.000 convierten a España en el más grande cementerio. Y cuando en esforzado trabajo, costeado por ellos mismos, los nietos de los asesinados han conseguido hallar una fosa con restos humanos, los jueces se niegan a acudir a levantar los cadáveres, contraviniendo toda norma legal.

Somos el país con más desaparecidos del mundo, en proporción a su población, después de Camboya. Y el más desgraciado. Porque hasta en Camboya y en Sudáfrica se ha constituido una Comisión de la Verdad y se ha enjuiciado a algunos de los criminales que perpetraron las matanzas. En Argentina, en Chile, en Uruguay, en Guatemala, en El Salvador, en Italia, en Grecia, en Portugal, en Alemania, se ha procesado a algunos de los verdugos, que hasta han llegado a ingresar en prisión, mientras que en España los genocidas o sus hijos o sus cómplices son los que gobiernan el país. Nunca se ha investigado la fortuna de los Franco, de la que siguen disfrutando sus herederos. Nunca se ha enjuiciado a Manuel Fraga, a Serrano Suñer, a Arias Navarro, a Martín Villa, que mantiene las mismas prebendas y negocios.


Contra todo lo que defienden los hagiógrafos de La Ley de Amnistía, desde Nicolás Sartorius a Manuel Fraga, ese cuerpo legal no vino a sacar de la prisión a los antifranquistas encarcelados sino a garantizar la impunidad de los franquistas. El indulto del 27 de noviembre de 1975, por la coronación del nuevo rey, dio la libertad a miles de presos por delitos de asociación, opinión, sindicalismo, prensa, como al propio Sartorius y a Camacho y a los del proceso 1001. Y sobreseyó los sumarios y dejó sin juicio a miles de nosotros que nos encontrábamos en libertad provisional. El segundo indulto en el 76 concluyó de liberar a los que tenían acusaciones de más calado y posteriormente, en el 77, cuando se aprueba la Ley de Amnistía, solo quedaban encarcelados 70 u 80 presos de ETA condenados por terrorismo. Esta fue la única contrapartida por haber dejado sin Memoria Histórica, sin pasado, sin justicia y sin compensaciones a cientos de miles de represaliados por el fascismo y a todo un pueblo. 

Cayo Lara podía saber, y debía decir, que es falso que los redactores de esa perversa Constitución se propusieran construir un Estado Federal. Ni en 1978 ni en 2015. Desde el mismo momento en que aceptaron la Monarquía sabían que estaban aherrojando a los pueblos de España. Para eso la escribieron, para seguir explotando a los trabajadores y las trabajadoras, para impedir que se proclamara la III República, para que no se pudiera articular la forma de Estado como una Federación. Sometido el país al Ejército como garante de la unidad de España. Ni aunque ahora el PSOE invente esa farsa de federalismo tiene voluntad de implantarlo, porque lo primero que es preciso para ello es proclamar la III República. Nunca se ha visto mayor disparate político y jurídico que el de una Monarquía Federal. Y ni siquiera Cayo Lara se lo dice.


Todo esto, y mucho más, como los más de trescientos trabajadores, mujeres, y militantes de la izquierda, asesinados por los fascistas entre 1925 y 1982, contuvo la tan elogiada Transición. Y Cayo Lara no sólo debería saberlo, sino que debería explicárselo a nuestros hijos y a nuestros nietos antes de que se embrutezcan totalmente con las enseñanzas oficiales, con la propaganda dominante de las televisiones en poder de las oligarquías. Cayo Lara tiene la responsabilidad de estar informado y de informar, porque para eso es dirigente de Izquierda Unida, y aunque ya no se llame Partido Comunista muchos camaradas están ahí, muchas mujeres y hombres de izquierda siguen entregando su esfuerzo para que este país no sea tan amnésico, tan cruel, tan indiferente, tan cainita con sus antepasados y con sus contemporáneos. Y las mujeres y los hombres de las clases explotadas no se merecen una explicación falsa y traicionera como la que precisamente está defendiendo la derecha, desde Rajoy a González. ¿No es una extraña casualidad?

Fueron los comunistas los que inventaron la autocrítica. Más exigentes que los que les habían precedido hasta entonces en las luchas políticas, decidieron no entregarse a la autocomplacencia de sentirse satisfechos con todo lo actuado. Tanto han sido críticos con ellos mismos que en ciertos momentos se han despedazado, y ahora, cuando ya ha llegado el momento de ajustar cuentas con el enemigo, ahora aceptan la tesis de éste y muestran que están padeciendo el síndrome de Estocolmo, como decía tan certeramente Carlos París.

Carlos París Amador (1925 - 2014)
Filósofo, escritor y columnista español; catedrático de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Valencia
entre 1960 y 1968; presidente del Ateneo de Madrid desde 1997 hasta 2014

Pero lo que nosotros, los resistentes, no podemos aceptar con resignación es que la Historia la escriban los enemigos y los conformistas. Porque nuestros antepasados, aquellos que dieron la libertad y la vida por evitar el triunfo fascista, se merecen que se reivindique su heroicidad, y también nuestros descendientes se merecen que les cuenten la auténtica historia, a los que de otra manera dejaremos en la ignorancia y el engaño para que sufran nuevas derrotas. Como también nosotros mismos, los que aún estamos vivos y sabemos lo que fue la interminable lucha contra la dictadura y más tarde contra la democracia, por tener un país digno que legarle a nuestros hijos, no nos merecemos tanta mentira.

Hasta la última gota de saliva, hasta el último resuello del aliento, hasta el último minuto de vida, debemos seguir gritando la verdad; esa que, como decía Antonio Gramsci, es siempre revolucionaria.

FUENTE: publico.es
La verdad es siempre revolucionaria
Lidia Falcón
01/01/2015




Carlos París tenía una cara de buena persona que asustaba a algunos.

Me queda el desconsuelo de no haber llegado a conocerlo personalmente.