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14/12/17

DE LA TRANSICIÓN A LA REGRESIÓN

Del espíritu de la Transición al de la regresión



No hay nada que celebrar. Absolutamente nada, por mucho que haya quien quiera congratularse de un texto caduco que nos tiene secuestrados, como es el de la Constitución. Celebrar algo es una cosa, y otra bien distinta vivir de la renta de los últimos extertores de un consenso que escondió demasiada basura bajo la alfombra. Esa es la realidad del día de hoy, de los 39 años de nuestra Constitución.

No es la primera vez que escribo sobre la Carta Magna. De hecho, llevo años haciéndolo, lo que prueba que la necesidad de una reforma -yo soy más partidario de un proceso constituyente- no es algo nuevo, sino una imperiosa necesidad que los principales partidos que nos han gobernado (PSOE-PP) han eludido de manera muy conveniente para sus intereses. En este sentido, me viene a la cabeza la receta para una nueva Constitución que ya publiqué en 2012 y que cinco años después se ha visto aún más ratificada por la cruda realidad.


Quienes más se oponen a la reforma del texto -y aquí metemos tanto a sus opositores frontales como a los que vienen retrasándola sine die– son, curiosamente, los que más defienden el espíritu de la Transición. No se percatan, sin embargo, que defender este espíritu es, precisamente, traicionarlo. Blindar, como de hecho se está blindando, la Constitución en un intento vano por detener el tiempo en 1978 es torpedear el consenso del que tanto hablan.

El consenso social y político no se encuentra en ese blindaje, sino en la evolución de una Ley de Leyes (¿se seguirá enseñando así en los colegios?) que, de permanecer estática, lo único que preservará es el espíritu de la regresión. ¿A dónde? A un pasado en el que tuvo sentido una Constitución -muy mejorable- que dejaba atrás 40 años de dictadura.


Hablar de la Constitución es hablar de Franco. Ese texto, tan terriblemente imperfecto hoy, nos pareció entonces perfecto, porque tras 40 años sin probar bocado de libertad, un plato de garbanzos nos pareció un cocido. Y no lo es. 39 años después, que nadie nos haga creer que lo que tenemos es un cocido completo, porque siguen siendo garbanzos y, además, con demasiados de ellos podridos. Asimismo, no podemos pasar por alto que más de un 85% de la ciudadanía (64% del censo electoral actual) no votó la Constitución de 1978.

Todos esos partidos que continúan reivindicando el espíritu de la Transición eluden afrontar la realidad, visibilizar las lagunas de una Constitución tremendamente machista, que recoge artículo de incumplimiento sistemático, que impone una monarquía y favorece a la Iglesia Católica a pesar de declararse Estado aconfesional. Quienes niegan ahora el consenso necesario para dar la cobertura social que artículos como el 135 (gracias a PSOE y PP) dinamitaron, quienes continúan favorecidos por una ley electoral injusta, pasarán a la Historia de España como quienes nos arrebataron la segunda Transición.


Me refiero, como no puede ser de otro modo, a una nueva Transición en la que ya no hablemos de padres de la Constitución, sino de padres y madres (algo que no parece que vaya por buen camino, como demuestra la ausencia de mujeres en el Consejo Asesor para el 40ª Aniversario de la Constitución, con 27 hombres frente a 6 mujeres y la exclusión de Unidos Podemos).

Hoy más que nunca hay que hablar de padres y madres de una nueva Constitución que dé paso a una democracia participativa, esa que tanto teme el bipartidismo y los nuevos partidos ultraconservadores como Ciudadanos. Todos ellos parecen haber olvidado que la soberanía reside en el pueblo, el mismo al que todos ellos sólo quieren escuchar una vez cada cuatro años. Eso se acabó, con reforma de la Constitución o sin reforma. Sea como sea, no dejarán ya de escucharnos.


FUENTE: publico.es
Pozos de Anarquía 
David Bollero
06/12/2017

7/12/16

BORBÓNICA Y CADUCA

Qué es peor que una constitución caduca


En el 38 aniversario de la Constitución, hoy todas las miradas se volverán hacia dos puntos: a las ausencias reivindicativas en los actos de conmemoración y al Gobierno. En medio, los que sí acuden a los actos, pero que lo hacen de un modo tan tibio que parecen meros figurantes. Lo mismo sucederá hoy en multitud de actos que se celebran en otras tantas instituciones, incluidos los ayuntamientos.

Juan Carlos de Borbón y Francisco Franco

Se tiende a decir que todos los partidos están de acuerdo en que es necesario lavar la cara a la Constitución. Sencillamente es mentira. Ahí están las palabras del nuevo ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, que no duda en afirmar que la Carta Magna “disfruta de una envidiable salud”.
 
Juan Ignacio Zoido

Lógico, eso sucede porque vive inmersa en un estado de criogenización. Otra cosa bien distinta es que el texto sea tan caduco que ya no sirva para la nueva realidad. Ni siquiera entraré en que 3 de cada 4 españoles no votamos ese texto. No; sencillamente, es que el texto no es capaz de resolver, por ejemplo, la problemática territorial y ni siquiera defiende como es debido los derechos más esenciales.

Los escribanos franquistas que redactaron la Constitución del 78

Peor que ese texto obsoleto o que Rajoy no tenga ni el coraje ni la responsabilidad de abrir un proceso constituyente son todos aquellos políticos que se golpean el pecho reclamando una reforma y, a la mínima de cambio, se pasan por el arco del triunfo los derechos más fundamentales de la Constitución. 

Mariano Rajoy

La hipocresía, el cinismo y la desfachatez parecen no tener límites en esa clase de políticos que ni siquiera son capaces de mantener o abrir procesos de democracia interna en el seno de sus propias formaciones. Ese tipo de profesionales de la política que, cuando no les sirve, apartan a un lado la democracia, la libertad de prensa, de expresión y la participación ciudadana.


Esa situación inquieta porque una reforma constitucional o, lo que sería más lógico incluso, abrir un nuevo proceso constituyente, en manos de ese tipo de personajes es peligroso, es salir de Málaga para meterte en Malagón.

Manos peligrosas

Por este motivo, la ciudadanía ha de reclamar el poder que se le ha arrebatado, ha de exigir ese proceso constituyente cuanto antes y que se le haga partícipe del mismo, no sólo en la recta final con un referéndum, sino también durante el proceso de gestación. Gestación que, como tal, a ver si de una vez por todas no sólo tiene ‘padres de la Constitución’, sino también madres.


FUENTE: publico.es
Posos de Anarquía
David Bollero
06/12/2016