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6/12/18

ESA "PATRIA"

"Defender nuestra patria no es enfrentar al último contra el penúltimo. Defender nuestra patria es luchar por derechos sociales, empleo digno y servicios públicos para todos. Excluir no es patriotismo, porque la patria es la gente."

*

Sí, pero algunos consideran "la patria" como cosa suya, hecha a su medida por el régimen franquista y bendecida por la Iglesia. Y todo lo demás se la suda. De hecho, el franquismo nunca se ha ido; ahí siguen sus hijos, nieto, sobrinos y demás familiares manejando el "pís" a su capricho.

Esa famosa "patria", es la que, a la mayoría de los ciudadanos nos produce sonrojo.

Ya lo decía bien clarito Rafel Amor en "El loco de la vía": 

patria, patricio, patrón, patriarca, patraña...

26/11/18

REACCIONES A LA IMPUTACIÓN DE DANI MATEO


Apoyo incondicional a Dani Mateo.
Humor es humor, lo pintemos del color que lo pintemos.



Españoles, protestad o al final sólo os quedará Bertin Osborne.

"Ultraje" a España es que seamos el país de la UE con más trabajadores pobres. Puede no gustarnos la broma pero esta deriva de convertir humor y arte en delito es muy peligrosa y un retroceso a la Edad Media.

Una querella por hacer un chiste y pedir hasta 4 años de cárcel no solo descalifica a quien denuncia, también a quien admite a trámite.


A todas éstas, ¿la bandera se ha quejado de algo? ¿Y la patria qué dice?


Por Tremending
25/11/2018

DÉSPOTA


10/11/18

CON EME DE...

Mierda de país


Al escribir ese título, “mierda de país” sé que voy a provocar una reacción brutal en una parte de la población, que a esa parte de la población se le echará a hervir la sangre con la simple lectura de estas tres palabras y con una indignación mostrenca se prepararán para dar una respuesta a tamaña provocación en redes o donde sea que tienen su lugar de desahogo.

Habrá también quienes, sin leer el texto, con la simple visión del título, se lancen a insultos y amenazas, hombres y mujeres que viven mascando odio y tela de bandera.

Porque esto va de banderas, "vivaespañas" y basura.

Seguidores de Vox, en un actio del partido ultraderechista en Valencia. REUTERS/Heino Kalis
Seguidores de Vox, en un acto del partido ultraderechista en Valencia. REUTERS/Heino Kalis

Todo empezó a salirse de madre, con el permiso de la madre de todas las banderas, la de la madrileña plaza de Colón, cuando una mañana al salir a la calle, nos dimos cuenta de que se nos habían llenado de banderas los balcones, todas iguales, la misma bandera decorando edificios como parches de pecho henchido, como gritos en el silencio de unas calles hasta entonces de un pardo tranquilo que adquiría sus toonos naranja al caer la tarde. Una estridencia que parecía pasajera y se ha convertido en dolorosa.

Muy poco después, aquellos cuyos balcones voceaban en banderas decidieron unirse a ese clamor en un “a por ellos” al que no dimos la suficiente importancia.

En ese triste rebuzno estaba ya la semilla de lo que vemos y lo que vendrá: un ellos y un nosotros. Y a por ellos es a por quien vamos. ¿Para qué vamos “a por ellos”? Es evidente que para nada bueno.


Y entonces llegó España. Se les llenó la boca de España, el pecho de España, los genitales de España, el cerebro (les quedaba sitio) de España. ¿De qué España? ¿Qué es esa España que les envuelve la neurona? Nada y todo. No se trata de aquella “marca España”, versión hortera del “Spain is different”. No se trata de alabar la gastronomía, las playas, el sol, no se trata de vender las maravillas de su tierra como el paleto llega con su gallina porque en la ciudad no hay huevos. Se trata de una España sin atributos, una España que empieza y acaba en sus seis letras, armas suficientes para empezar su particular batalla contra el otro. El mismo otro a por el que iban encendidos en patria.

Ahora, un cómico se suena los mocos con la bandera de España y las empresas le retiran el apoyo a la cadena, o sea agrede a quien lo hace e instan a su lapidación. Después, ese odio prende en las redes rojigualdas y deciden, “a por ellos, destruir el local que por lo visto tiene el cómico. La consecuencia es la humillación del artista, el castigo y el intento de arruinarle la vida.

La prueba de que esto se nos está yendo de las manos es que hace solo cuatro años, otra cómica, Ana Morgade, también había dejado en la bandera sus mocos y no pasó absolutamente nada.


Ahí esta la bicha. Ahí está el dolor que se nos viene encima. Ahí está la destrucción de la inocencia y el principio de un movimiento putrefacto al que no estamos plantando cara porque, como siempre, como idiotas, no lo estamos viendo venir.

El chovinismo aparentemente cretino de Donald Trump con su America first no se acaba en sí mismo. De la misma manera que el nuevo chovinismo violento y abanderado español no es ese tipo de alarido que empieza y acaba en lo que dura un partido de fútbol.

En esa construcción, en absoluto inocente, está el principio del odio. En las banderas de esa construcción que no debería resultarnos desconocida, ondean ya la xenofobia, el racismo y el odio al inmigrante. Ahí late una idea masculinamente castrense de cómo plantar cara a quienes osen plantear lo que sus cabezas empañadas de paño decidan que es un agravio al país, a su idea de España.

La bandera más grande de España se encuentra en la Plaza de Colón de Madrid, 
mide 21x14 (294 m2), pesa 35 kg. y es izada en un mástil de 50 metros de altura

La bandera y su patria son su argumento, un argumento vacío de contenido que ya solo es arma. Nos queda para enfrentarla la sutil contundencia de las palabras.

Por eso ellos tratan de construir el silencio. Por eso la censura, la amenaza, la ignorancia que siembran a su paso. Por eso las tres palabras de este título les encienden la sangre. Por eso no debemos callarnos. Nunca. Bajo ningún concepto.

FUENTE: publico.es
Otras miradas
Cristina Fallarás
08/11/2018



"¡Pís!"

28/2/18

SÍMBOLOS PATRIOS Y FASCISMO

La patria de la pulsera o la patria de la nevera

Ricardo Costa

Hace unas semanas, veíamos a Ricardo Costa, quien fue Secretario General de la ultra-corrupta federación valenciana del Partido Popular, declarar en la Audiencia Nacional. Le veíamos mover las manos relatando cómo su organización (criminal, dicen los jueces) pagaba campañas electorales con dinero negro y cómo el multi-imputado Francisco Camps (que aún se pasea en su cochazo por Valencia y cobra un salario público) era quien daba las órdenes. Mientras tanto, muchos no podíamos quitar los ojos de la pulserita con la bandera de España que lucía en la muñeca.

Cada uno se identifica con las banderas que prefiere. En mi caso, por ejemplo (supongo que debido a mi edad y mi politización tardía), yo me identifico con la rojigualda más que con la tricolor. Si alguien me pregunta cuál es la bandera de mi país, señalo con naturalidad la actual bandera oficial. Cuando España ganó el mundial de fútbol, por continuar con el ejemplo, fui una más de esas millones de personas que salimos emocionadas y orgullosas a ondear la bandera roja y amarilla.

Quizás por eso me da un asco especial que los corruptos, es decir, los que han trabajado activamente contra los españoles para beneficiarse a sí mismos, se permitan la desvergüenza de ensuciar uno de los símbolos que considero que representa a mi país luciéndolo con ostentación desde el cohecho a la celda.


La pulserita de Ricardo Costa es una anécdota, pero mi tesis es que no se trata de un hecho aislado. Mi tesis es que hay una manera muy sencilla de entender ese fervor por los símbolos patrios (subráyese: los símbolos, no la patria) que vemos últimamente entre aquellos que trabajan contra los intereses de España y de los españoles. Mi tesis, que se aplica de igual manera a aquellos que (con otros símbolos distintos) trabajan contra los intereses de Cataluña y de los catalanes, es que hay dos ideas fundamentalmente distintas de patria.

Decía Sampedro que hay dos tipos de economistas: “los que trabajan para hacer más ricos a los ricos y los que trabajamos para hacer menos pobres a los pobres”. Parafraseando a Don José Luis, yo voy más allá y sostengo que hay dos tipos de políticos, de periodistas, de juristas, de organizaciones, de leyes, de discursos y también de economistas: los que trabajan para proteger o aumentar el patrimonio, los privilegios y el poder de una minoría y los que trabajamos (humildemente) para proteger o aumentar la dignidad y los derechos (económicos, pero también civiles, sociales, culturales) de la inmensa mayoría de las personas que habitan nuestro país. Los primeros tienen una cierta forma de entender la patria, los segundos tenemos una forma muy distinta.

Para nosotros, la patria es la gente. Para nosotros, amar a tu país es amar a tu pueblo y ser patriota es trabajar para que las personas que habitan en España tengan toda una vida digna. Por eso, nosotros nos sentimos enormemente orgullosos de ser españoles al contemplar logros colectivos que sirven para cuidarnos y para que nadie se quede tirado cuando las cosas le van mal, o que sirven para proteger la educación, la cultura, las libertades y los derechos civiles (los elementos clave de las democracias avanzadas que nos permiten luchar para alcanzar esos logros).


Para nosotros, la sanidad universal fue un motivo de orgullo nacional, como fue un motivo de vergüenza e indignación cuando el Partido Popular la eliminó con argumentos falsos y racistas. 

Para nosotros, ser patriotas es defender una educación pública y de calidad, la libertad de expresión frente a mordazas y censores, el derecho de las personas LGTBI a ser y a amar como quieran, el derecho de los más de dos millones de españoles emigrados a votar sin tener que “rogarlo”, una ley de dependencia que no insulte la dignidad de las personas dependientes y sus familias, unos derechos laborales que merezcan llamarse así, una justicia eficaz e independiente, una cultura al alcance de todos y que proteja a los artistas, una política de inmigración sin concertinas o pelotas de goma y con derechos humanos, un sistema de ciencia e I+D+i a la altura del talento de nuestros investigadores, la igualdad retributiva entre mujeres y hombres, la erradicación de las violencias machistas en todas sus formas, unos servicios sociales que acaben con la pobreza, unas pensiones dignas y públicas y tantas cosas más.

Para nosotros, la mejor forma de amar a España es pelear por estas cosas. Porque ningún derecho para las mayorías se ha conseguido sin lucha y sin que la gente saliera a la calle a reclamar lo que es suyo.


Por eso nosotros nos sentimos orgullosos de ser españoles cuando comprobamos una y otra vez la inteligencia de nuestro pueblo levantándose frente a los que nos quieren engañar para robarnos la cartera. España es el país de la decencia y la fraternidad de las mareas (verde, blanca, naranja, granate), el país de las marchas de la dignidad, de los pensionistas rodeando el Congreso y dando una lección, de las mujeres valientes luchando contra un sistema machista y preparando un 8M que será histórico y hermoso, de la gente llenando las plazas de democracia y de futuro. Nosotros nos sentimos orgullosos de ser españoles cuando pensamos en el 15M y nos duele nuestro país cuando recordamos que el Partido Popular y Convergència i Unió (ese partido condenado por robar 6,5 millones de euros a los catalanes y que últimamente se ha disfrazado de revolucionario) ordenaron a la policía y a los mossos cargar contra los manifestantes pacíficos en Madrid y Barcelona.

Nuestra España es la España del 15M y nos hace brillar los ojos y sonreírle al futuro.

Por supuesto que un país también es los símbolos patrios que lo representan: su nombre, su bandera, su himno. Pero esto no es para nosotros lo importante. Para nosotros, la patria es la gente y los logros colectivos que sirven para cuidarnos… y las banderas y los símbolos no son más que un modo natural de hacer referencia a ello. Nosotros no sentimos orgullo por los símbolos como tales sino por aquello que los símbolos representan o deberían representar.


Para los corruptos y para los que defienden los privilegios de los privilegiados (en su tradicional versión azul gaviota o en su nueva versión naranja), la cosa es mucho más sencilla. Para ellos la patria es solamente los símbolos. Para ellos ser patriota es repetir muchas veces la palabra España, felicitar a Marta Sánchez por su versión del himno y llevar una pulserita con la bandera rojigualda.  

Todo ello acciones muy legítimas y hasta incluso sanas, pero que, si no van acompañadas de la defensa de la dignidad y los derechos de tu pueblo, no es más que un envoltorio vacío. Por debajo de la superficie de su idea de patria no hay nada. Es un globo rojigualda que dentro no tiene otra cosa que aire.

La explicación de por qué han elegido esta idea vacía de patria también es muy sencilla:


En primer lugar, porque es la única posibilidad que les queda. Dado que su actividad real va dirigida a beneficiar los intereses de una minoría poderosa, dado que esto casi siempre pasa por perjudicar a la inmensa mayoría de la gente (pensemos en la corrupción, en la evasión fiscal, en la privatización de los servicios públicos, en las reformas laborales o las leyes mordaza) y dado que esto tiene, obviamente, mala prensa, no les queda otra opción que dedicarse a lo simbólico y cruzar los dedos para que el ondear de la bandera oculte los sobornos y el himno a todo volumen no permita escuchar los pinchazos telefónicos de la Gürtel o del caso Palau.

En segundo lugar, porque la patria como concepto vacío es un dispositivo que apela a una identidad que no tiene que ver con tus condiciones materiales de vida y permite, por tanto, dividir a los de abajo. El manual de los poderosos y de sus delegados parlamentarios tiene un primer punto en mayúsculas y subrayado: poner al penúltimo de la sociedad a pelear contra el último.

Te cuentan que la culpa de que haya lista de espera es de tu vecino senegalés que no puede pagar la hipoteca para que así no pienses en los verdaderos culpables, para que así no pienses en los que han hecho recortes brutales por orden de los bancos alemanes, para que así no te acuerdes de los que, ondeando la rojigualda o la estelada, malvendieron la sanidad pública a los fondos buitre.


Por último y no menos importante, ellos vacían el concepto de patria porque el concepto de patria es verdaderamente transformador. La patria como comunidad, la patria como la unión de la inmensa mayoría para construir un país más justo, la patria como el conjunto de acuerdos y dispositivos institucionales que garantizan la dignidad de la gente trabajadora, la patria como todo eso es una idea que amenaza sus privilegios y su capacidad de saqueo. Por eso deciden aplicar aquí también el punto dos del manual reaccionario: si te encuentras con una idea poderosa y potencialmente revolucionaria, vacíala de contenido y conviértela en un producto de marketing. Que parezca lo mismo por fuera, pero que dentro no tenga nada. Albert, do you know what I mean?

La patria de la pulsera o la patria de la nevera. Estos son los dos conceptos de patria que hoy se sitúan en el centro del debate político y elegir con cuál nos quedamos va a definir el futuro de España.

FUENTE: publico.es



Esto de la pulserita con la bandera rojigualda no es nada nuevo, solo ha venido a sustituir a la plaquita con los mismos colores, que los afectos al régimen franquista solían llevar adherida al cierre de sus relojes, esclavas, pulseras... para, girando la muñeca, identificarse con sus afines sin necesidad de mediar palabra: cosas de fachas. Y es que, en el fondo, siguen pensando que esa bandera es solo suya.

29/7/14

LA MEMORIA HISTÓRICA QUE NO GUSTA A LA IGLESIA

Los historiadores Francisco Espinosa y José María García publican 'Por la religión y por la patria', un ensayo que analiza el papel de la jerarquía católica en el golpe de Estado franquista y detalla los excesos por parte del clero

mposición a Franco en 1954 de la Orden Suprema de Cristo.EFE
Imposición a Franco en 1954 de la Orden Suprema de Cristo - EFE

La Iglesia católica española nunca ha rehuido la memoria histórica. Al menos la propia. De hecho, la jerarquía eclesiástica ha dedicado un gran esfuerzo a honrar la memoria de sus mártires. Los fondos Biblioteca Nacional son prueba del afán de los religiosos en este aspecto. En concreto, cabe la pena resaltarlo una y otra vez, entre 1936 y 1939 fueron asesinados en España 6.629 religiosos, según la investigación del obispo Antonio Montero en la Historia de la persecución religiosa en España. Una cifra más que importante pero que, no obstante, sirvió para desmentir la propia propaganda franquista, que hablaba de 16.750 asesinatos.

La otra memoria histórica, la de los vencidos y la de los supuestos herejes ha gustado menos en la jerarquía católica, que continúa sin permitir el libre acceso de investigadores e historiadores a los archivos y expedientes personales de la época. Por ello, a día de hoy, continúan siendo necesarios libros como Por la religión y la patria (Crítica), que acaban de publicar los historiadores Francisco Espinosa y José María García Márquez y que trata de poner luz en un asunto silenciado desde púlpitos, pasillos y despachos.


"A nivel histórico ya es conocido que la Iglesia participó gustosamente en 'la cruzada'. Este libro, en cambio, permitirá al lector encontrar historias reales de curas en la Guerra Civil detallando en qué medida participaron, cómo lo hicieron y recopilando toda una serie de historias personales diferentes", señala a Público Francisco Espinosa, coautor del ensayo.

La obra busca, como señala el historiador Ángel Viñas en una reseña de su blog, mostrar al lector "la otra cara de la moneda" de la represión religiosa; "la participación activa, indecorosa, vil, de numerosos clérigos en el asesinato y persecución que efectuaron los militares, la Guardia Civil, la Policía, la Falange y las demás fuerzas en una operación destinada a sembrar el terror en los territorios bajo control de los sublevados y a liquidar físicamente a la anti-España".

En esta búsqueda, los autores establecen una tipología de las diferentes formas en la que los sacerdotes participaron en la Guerra Civil. Así, se dan ejemplos de aquellos curas que participaron directamente en la 'caza del rojo'; de los que dieron falso testimonio sobre el comportamiento de izquierdistas de cara a los consejos de guerra; los que alentaron desde los púlpitos y los micrófonos de radio a los que cometían barbaridades; y también da buena cuenta de otro grupo de religiosos que no dudaron en defender a la República y que también fueron castigados por las fuerzas sublevadas."En el libro se acredita que la Iglesia española colaboró con el fascismo y que formó parte importante de la represión de muy diferentes maneras. Hay un mosaico enorme que hemos podido documentar aunque sin duda alguna su papel más relevante fue su masiva intervención en la elaboración de informes sobre sus fieles", explica a este medio José María García Márquez, que afirma que la Iglesia actuó como una "verdadera policía político-social".

El Padre Vicente: "Le cazaste"

 


Entre los numerosos casos documentados en la obra se encuentra el caso del navarro Padre Vicente, un capellán castrense de la Legión que fue descrito por el británico Peter Kemp como "el hombre más arrojado y sanguinario" que vio jamás en España. Kemp era un joven tory de ideas ultraconservadoras que luchó junto a los requetés y la legión y decidió publicar sus experiencias en 1937. El historiador inglés Southworth recuperó el relato de este combatiente que en su obra aludía al deseo de sangre del capellán, quien le apremiaba "con sus gritos a que disparara" contra los republicanos y cómo, aún después de alejarse de su lado, escuchaba al cura decir: "¡No le dejes que se escape! ¡No le dejes que se escape! ¡Dispara, hombre, dispara! ¡Le cazaste!".

"Es consolador ver cómo mueren muchos"

  
Cortegana - Huelva

 

La obra recoge también el caso del jesuita Bernabé Copado, que fue capellán militar con la Columna Redondo, que adopta el nombre de su líder, "un fanático militar carlista que había dejado el ejército acogiéndose a la generosa Ley Azaña". Al cura pertenecen estas palabras que se recogen en la obra Con la Columna Redondo. Combates y conquistas. Crónica de güera (1937):"Es consolador ver cómo mueren muchos, mejor dicho, la totalidad. Todos se confiesan y algunas de las muertes han sido edificantes y sobremanera consoladoras. En Cortegana fueron fusilados en una noche seis, entre ellos estaba un médico, muchacho de veintiséis años, que hacía once meses se había casado y tenía un hijo de cinco días. Cuando llegamos al lugar del fusilamiento a las dos de la madrugada, los seis me abrazaron; recibieron de nuevo la absolución y el médico, en nombre de los demás, me dijo que morían consolados y con la esperanza de que habíamos de hacer una España grande, ya que los políticos y ellos la habían destrozado, y que por esto ofrecían sus vidas y su sangre".

El obispo de Madrid-Alcalá: Eijo Garay
 

Leopoldo Eijo y Garay

El 26 de junio de 1923 Eijo Garay fue nombrado obispo de Madrid-Alcalá y permanecería en el cargo durante cuarenta años. Suyas son estas palabras que se publicaron en la revista Martín Códax: "Dios está entre nosotros. Dios está con Falange. Y la Falange, que ayuda en los frentes a ganar la guerra y prodiga en la retaguardia la caridad cristiana, salvará a España". También se conoce de este obispo la contestación que dio a cuatro esposas de condenados a muerte en 1941 cuando éstas le pidieron clemencia.

"Muy señoras mías: En contestación a su carta, pidiéndome que intervenga a favor de sus familiares condenados a dar cuenta a Dios de sus culpas, siento mucho manifestar a ustedes, que no me es posible hacer otra cosa en su favor que rogar a Dios Nuestro Señor que les dé lo que más les convenga...", contestó el religioso.


"Muerto el animal, muerta la rabia"

 

 Uncastillo - Zaragoza

La obra recoge el siguiente pasaje de las memorias de Jesús Pueyo Maisterra, de Uncastillo (Zaragoza). "Otros de los sucesos más horribles, que tuvimos que presenciar, fue el fusilamiento de Basilia Casaus, que tenía 19 años y que estaba embarazada de gemelos, según el médico le faltaban entre una o dos semanas para dar a luz. Teniendo en cuenta el pronóstico del médico, la Guardia Civil aceptó esperar para fusilarla. También la Falange decidió esperar. Pero su primo, que era sacerdote, se negó a prorrogar la sentencia y en contra de la decisión del médico Don Jesús, de la Guardia Civil y de la Falange, dijo: 'Hay que fusilarla, muerto el animal, muerta la rabia', y fue fusilada frente al castillo de Sádaba".

"Un día de verdadero gozo para la cristiandad"

 


En el capítulo Un país poblado de curas fascistas se recoge el discurso radiofónico del padre Carballo: "Ayer, día de la Asunción, se celebraron en todos los frentes y todas las ciudades reconquistadas a los 'rojos' solemnes misas de gloria a la religión civilizadora de nuestra patria. Nuestro glorioso ejército, la guardia civil, los requetés y las centurias falangistas, así como toda la población fiel a España, se postró fervorosamente, besando el crucifijo y llorando de emoción por la próxima caída de Madrid, después de destruir a su paso la impiedad moscovita, cuyos prisioneros, momentos antes de ser fusilados por nuestros bravos legionarios de África, besaron los símbolos sacrosantos de la religión entre protestas de arrepentimiento.

Recemos todos por la salvación de España contra el poder extranjero de las logias que no conocen la piedad y el amor. Ayer tuve la satisfacción de ver con mis propios ojos los efectos del bombardeo de los aeródromos de Cuatro Vientos y de Getafe y cómo bajaban los 'rojos' con camiones y los llenaban de cadáveres. Ayer fue un día de verdadero gozo para la cristiandad caritativa y generosa".

El cura bueno que no lo fue tanto

 


La obra de Espinosa y García Márquez incluye un capítulo dedicado a desmontar mitos sobre algunos religiosos y sus supuestas bondades durante la Guerra Civil, que las investigaciones posteriores han permitido poner en evidencia. Este es el caso del arzobispo de Zaragoza Rigoberto Doménech, quien tiene una calle a su nombre en Zaragoza. Su nombre aparece en las memorias del médico Pablo Uriel, que estuvo en la prisión militar de San Gregorio.

Según rezan sus memorias, un sacerdote, el padre Gómez, intentó mediar por Leonardo Navarro, un joven de Izquierda Republicana recluido en la mencionada prisión. El religioso habló primero con los militares sin éxito alguno y después se dirigió a su arzobispo, Rigoberto Doménech, quien un tanto molesto le dijo que "si el rigor de la represión era excesivo, esa era una cuestión en la que ellos no podían intervenir" y que "de ningún modo debía el sacerdote discutir con esas autoridades la legitimidad de su conducta en la represión". "Dios está entre nosotros. Dios está con Falange".
 

 
Rigoberto Doménech y Valls

El joven Leonardo Navarro fue finalmente asesinado y el padre Gómez fue detenido después de varios sermones que fueron considerados poco acordes con el Nuevo Orden, según señala la obra.

El historiador Julián Casanova en La Iglesia de Franco (Editorial Crítica) también recoge unas declaraciones de este religioso, apenas un mes después del inicio del conflicto: "La violencia no se hace en servicio de la anarquía, sino lícitamente en beneficio del orden, la Patria y la Religión".

Contra los maestros

 El profesor Nicolás Madejón de El Salobral junto a su hijo Amancio
(ambos fusilados por el régimen franquista)

El cura de Nierva (Segovia) escribió el siguiente informe sobre el maestro Mariano Domínguez, asesinado en agosto de 1936: "Nunca cumplió con sus deberes cristianos, en la labor en la escuela antirreligiosa y antipatriótica en grado supremo, poseía ideas avanzadas y pertenecía a grupos políticas de extrema izquierda, todo ello comprobadísimo y desgraciadamente palpable en el pueblo y en los niños, y por documentos escritos de su puño y letra, algunos de ellos obran en mi poder, era suscriptor de El Liberal y en su biblioteca y en la de la escuela había un gran número de libros perversos contra la moralidad y contra la Patria".

FUENTE: publico.es
Memoria Pública
Alejandro Torrús 
Madrid - 27/07/2014