Mostrando entradas con la etiqueta Muertes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Muertes. Mostrar todas las entradas

4/6/18

LOS HIJOS DE OTROS

Niños inmigrantes malviven y mueren solos en España

 
Menor extranjero sin familia y solo – (C) Ignacio Marin

Esta es una historia real. Érase una vez una familia muy humilde con un padre, una madre y un hijo de 16 años. Él murió en otro país, solo y tras 20 días en coma. Nadie avisó a los padres de que su hijo estaba hospitalizado.

Si los padres hubieran sido españoles y esto hubiera sucedido en Inglaterra, Alemania o Estados Unidos, esta historia habría sido un escándalo internacional. Pero se trata del hijo de otros, de esos ‘otros’ que no son como nosotros, o eso pensamos.

“Nadie les avisó de que su hijo había muerto. Nadie les contactó cuando su hijo fue enterrado tres meses más tarde en un cementerio a miles de kilómetros de su casa”


Esta historia sucede en España a principios de este año. Ese chaval, no era mayor de edad no había nacido en España. Algo que mucha gente no sabe es que, cuando un niño, de donde sea, no tiene padres ni familia en España, la tutela pasa a las autoridades locales, por delegación del Gobierno central

Así que ese ‘hijo de otros padres’, cuando murió, era responsabilidad de las autoridades locales. Y si nos paramos a pensar, ese ‘hijo de otros’ era a fin de cuentas nuestra responsabilidad, ya que son nuestros impuestos los que financian a las autoridades que deberían haber cuidado de él.

Da igual de dónde fuera el niño, quiénes fueran sus padres, cómo llegó a España o cómo estaba viviendo su vida aquí. Era un niño. Ese estatus borra cualquier otro. Ese estatus confiere al individuo unos derechos, los derechos del niño, que son inalienables para asegurar que se protege a esta población tan sumamente vulnerable.

Niños durmiendo en la calle en Melilla

En Melilla hay cientos de niños que no son tratados como tales. Allí murió este ‘hijo de otros padres’ en circunstancias extrañas que, cinco meses después de su fallecimiento, aún no han sido aclaradas y seguramente no se aclaran porqué las autoridades locales parecen no tener ningún interés en ello. Si no fuera por un grupo de personas que están dedicando su vida y sus recursos personales a ayudar a estos niños, esta historia no sería contada. 

La abogada de la familia, que trabaja pro bono y se enfrenta sola a todo un sistema deshumanizado y lleno de irregularidades, me contaba que se enteró de que estaban enterrando al niño porque la llamó el presidente de la única ong autogestionada presente ahora en Melilla, Prodein.

El entierro se ordenó  un día antes de que llegara desde Guinea el poder con el que ella podía iniciar los trámites para, por ejemplo, pedir la autopsia y aclarar las causas reales de la muerte del niño o repatriar el cuerpo a su país de origen.


El juez que ordenó el entierro tenía esta información presentada por la abogada por escrito y aún así ordenó  el entierro. La fiscal de menores que permitió que esto sucediera también tenía toda esta información presentada por escrito por la abogada.

Ahora, para realizar una autopsia, que sería privada y muy costosa, habría que exhumar el cadáver, lo cual, además de doloroso para la madre del niño, es carísimo.

“El juez y la fiscal de menores sabían que la abogada iba recibir el poder para representar al niño y aun así el entierro se celebró el día antes. La abogada ha denunciado el caso a la Fiscalía General de Menores y al Defensor del Pueblo, y ambos han abierto sendas investigaciones”


La abogada ha denunciado el caso a la Fiscalía General de Menores y al Defensor del Pueblo y ambos han abierto sendas investigaciones. Pero es probable que la abogada pague un alto precio por su osadía. En Melilla el sistema está diseñado para expulsar a aquellos que intentan que se haga justicia y se respeten los derechos humanos que son universales, especialmente los de los niños.

El Gobierno melillense lleva meses, desde la muerte de dos chavales a su cargo, una en diciembre y la otra en enero, intentando maquillar su desastrosa gestión de los menores bajo su tutela, a los que trata peor que si fueran animales. No solamente existe un notable racismo institucional que se traduce en historias como la aquí descrita, sino que además existe una enorme campaña de comunicación dirigida a demonizar y denigrar a los niños extranjeros sin familia que viven en la ciudad.

El otro día el consejero melillense de Bienestar, el señor Ventura, se jactaba de que han invertido 35.000 euros en crear una cátedra dentro de la UNED con el fin de mejorar su imagen internacional en lo relativo a la gestión de los menores extranjeros no acompañados que deambulan por la ciudad.


Son recurrentes las declaraciones en medios afines, principalmente locales, tanto del señor Ventura como del alcalde, Juan José Imbroda, en las que aseguran que todo está ya bajo control y no hay más problemas. Y entre tanta manipulación, de vez en cuando vuelve a aflorar el racismo y la inconsciencia de estos cargos públicos en declaraciones como las realizadas por el juez decano el otro día en las criminaliza a los menores y exige a Marruecos que se haga cargo de ellos. El artículo del Faro de Melilla que recoge las informaciones es terrorífico, no dejen de notar la foto que lo ilustra.

Estarán pensando que mezclo poderes, jueces con gobierno local. Pues sí, esto pasa en Melilla, donde todo está mezclado, lo cual criminaliza y bloquea el trabajo de las personas que intentan proteger a estos chavales. 

“Esto que está pasando con “los hijos de otros” podría acabar pasándole a nuestros hijos. Los derechos no pueden ser parciales nunca. Aplicarlos de forma selectiva aboca a su pérdida”


Entiendo que Melilla puede quedar muy lejos. Y entiendo que esto al final es hablar de los hijos de otros. Entiendo que hay final de Champions, Mundial de Fútbol, moción de censura, elecciones anticipadas y políticos huidos en Suiza. Pero tenemos que darnos cuenta de que esto que está pasando con ‘los hijos de otros’ podría acabar pasándole a nuestros hijos. Los derechos no pueden ser parciales nunca. Aplicarlos de forma selectiva aboca a su pérdida.

En España están pasando cosas muy graves con los derechos que tanto nos costó adquirir. La libertad de expresión, la igualdad entre géneros, la libertad de movimiento y el cuidado de los niños son derechos reconocidos por la Carta de Derechos Humanos que suscribimos. En nuestro país no se están respetando y solo una minoría está luchando para que no dejen de existir.

Los derechos son como un bosque de robles: tardan muchisimo en crecer, pero si se les prende fuego, todo puede reducirse a cenizas en cuestión de días. Y necesitaríamos años para poder recuperarlos.


Todo bien, pensarán ustedes, pero, ¿qué podemos hacer nosotros? Para empezar, difundir esta información para que toda la sociedad se entere de que hay ‘hijos de otros’ sufriendo e incluso muriendo abandonados en nuestro país, concretamente en Melilla, donde la autoridades no cumplen con sus obligaciones.

También tenemos el deber de seguir informándonos, leeyendo sobre estas violaciones para que no queden en el olvido y podamos exigir responsabilidades a nuestros representantes. 

Este espacio pretende ser un altavoz de historias como esta y muchas más. No es fácil mirar de cara a la realidad, pero esa es la única manera de que empiecen a cambiar las cosas. El pasado nos enseña que con gente mirando para otro lado empiezan los episodios más oscuros de la historia. No lo permitamos. Cambiemos el mundo.


FUENTE: publico.es
Con M de
Lucila Rodríguez-Alarcón
29/05/2018

1/3/18

DOCE TRABAJADORES MUERTOS A LA SEMANA

El número de ciudadanos fallecidos en España mientras trabajaban ha ascendido en 2017. También el número de accidentes laborales. La precariedad influye decisivamente en el aumento de la siniestralidad laboral.

Una persona cubre con un plástico el cadáver de un trabajador fallecido (Imagen de archivo). EFE

618 trabajadores muertos. Ni uno más ni uno menos. 618 ciudadanos fallecieron en 2017 en España mientras trabajaban o acudían o regresaban de su centro de trabajo. Es decir, doce personas fallecieron trabajando en cada una de las 52 semanas del año. Una media de 1,7 muertos al día. En total, lo escribo otra vez, 618 trabajadores muertos. Once más que en 2016 y 54 más que en 2012. Todas las veces que se repitan son pocas. 618 trabajadores muertos.

La cifra ha sido aportada por el Ministerio de Empleo y Seguridad Social y supone un aumento 1,8% respecto al año anterior. Y no. El aumento de la mortalidad no está relacionada con el mayor número de personas trabajando. No. Si se tienen en cuenta estos datos, el índice de muertos ha crecido en un 1% hasta alcanzar la cifra. Lo escribo otra vez, 618 trabajadores muertos..

Muertos como Juan (nombre ficticio), de 59 años, que murió congelado en la cámara frigorífica donde quedó atrapado tras caerle encima unos palés. O como Roberto, de 35 años, que falleció asfixiado en una cámara de almacén de frutas y nadie se dio cuenta hasta que su familia dio la voz de alarma al ver que no regresaba a comer. O como María (nombre fícticio), de 46 años, que murió tras quedar atrapada bajo una máquina de recogida de patatas mientras trabajaba en el campo sevillano. Y así sucesivamente. Hasta a llegar 618 trabajadores muertos en 2017.


Prácticamente un tercio de estas muertes fueron causadas por un "infarto o un derrame cerebral". Se trata, de hecho, de la principal causa de muerte en el trabajo. 208 trabajadores fallecieron de esta manera. Los sindicatos alertan de que el estrés y la presión laboral influyen, y mucho este tipo de muerte. Y, sin embargo, la prevención ante este tipo de muertes sigue siendo la gran olvidada de los planes de prevención. Las patologías provocadas por el estrés o por el acoso laboral ni tan siquiera están reconocidas como una enfermedad profesional por el Estado y en los medios de comunicación es posible leer titulares como el siguiente: Necesitas estrés para rendir mejor. Mientras tanto, 208 trabajadores fallecieron por un infarto o un derrame cerebral.

La segunda causa de muerte es el accidente de tráfico en horario laboral (80 muertes) y la tercera es que el trabajador quede atrapado o aplastado (79 muertes). Como Juan en la cámara frigorífica o como Roberto en la cámara de almacén de frutas. La cuarta causa, con 61 muertes, es como resultado de una caída. Como la que sufrió Soraya Rodríguez, de 36 años, que se cayó del camión de limpieza de la empresa municipal de Getafe y se golpeó la cabeza con el bordillo de una rotonda.

Suben los accidentes
Protesta que tuvo lugar el pasado sábado en Madrid, convocada por CGT, 
por el aumento del número de trabajadores fallecidos realizando su trabajo.- A.T.

Pero no sólo suben las muertes en el trabajo. También lo hacen los accidentes. Los leves y los graves. En 2017 hubo 583.425 trabajadores que sufrieron un accidente por el que tuvieron que coger una baja laboral. Un 5% más que en 2016. 27.703 accidentes más.

En términos relativos, teniendo en cuenta el aumento del número de trabajadores, un 1% más. Accidentes como el que sufrió un vecino del municipio de San Sadurniño (A Coruña), que perdió los dos brazos manipulando una máquina en la explotación de ganado vacuno en la que trabajaba..

"Mi empresa le dijo al inspector que todos los empleados habían hecho los cursos de riesgos. Nunca pisé esos cursos", señala un trabajador.




O como el que sufrió Diego Luque, un malagueño de 26 años que en marzo de 2017 se cayó de una altura de cuatro metros mientras colocaba un cableado en un centro comercial de Majadahonda. Tenía contrato de formación, aunque de aprendiz tenía poco. De hecho, se encontraba solo a la hora del accidente. Se fracturó ocho vértebras, la cadera y el coxis. Tendrá secuelas para toda la vida..

"Mi empresa le dijo al inspector de trabajo que todos los empleados habían hecho los cursos de riesgos laborales. Nunca pisé esos cursos", señala a Público Diego Luque, que dice que "lo peor es que todos sus compañeros trabajan en las mismas condiciones" que provocaron su caída.

La precariedad mata


Sindicatos y abogados laboralistas advierten a Público de que el número de accidentes aumenta año tras año desde las reformas laborales de PSOE y PP en 2010 y 2012. La causa: el aumento de la precariedad. "El aumento de la precarización se traduce en contratos temporales, en más horas extra, más carga de trabajo, en trabajar en dos empleos diferentes, más traslados, empleos de peor calidad y falta de formación adecuada, lo cual a su vez tiene como consecuencia más estrés y más ansiedad", explica a Público la abogada de La Red Jurídica Naomi Abad.

También Ana García de la Torre, secretaria de Salud Laboral y Medio Ambiente de UGT, destaca que la precariedad laboral no consiste sólo en el descenso de los salarios sino, también, en el deterioro de las condiciones laborales. Y eso se paga con la salud de los trabajadores. "A partir de 2012 hay un repunte claro en el número de accidentes. No tengo dudas de que va a haber más accidentes en los años sucesivos si no cambia el modelo de contratación. ¿Cómo vas a recibir formación en riesgos laborales con un trabajo por días?", se pregunta García de la Torre.

La principal causa de los accidentes es el "sobreesfuerzo físico sobre el sistema musculoesquelético". Solo en 2017 este factor ha provocado 187.788 bajas laborales, un 31,2% del total. 1.805 casos más que el año pasado. Pedro J. Linares, secretario de salud laboral de CCOO, advierte que pocas cosas influyen en estos sobreesfuerzos físicos que la "subcontratación o externalización de servicios a terceras empresas".


Un ejemplo humano es Raquel Samblás, de 50 años. Trabaja desde hace 21 en un céntrico hotel de Madrid limpiando las habitaciones que otros ensucian. Es decir, es una kelly. Desde que el hotel decidió contratar a otra empresa para que se hiciera cargo de la limpieza, en 2015, Raquel tiene que limpiar cuatro o cinco habitaciones más cada día de las que limpiaba anteriormente. Si no alcanzara el cupo establecido por la empresa sería penalizada con suspensiones de empleo y sueldo.

"Yo ya no tengo 30 años. Llevaba unos días con dolores de espalda y una mañana fui a mover una cama y me quedé doblada", recuerda Raquel, que había sufrido una lumbalgia por la que tuvo que estar mes y medio de baja, aunque cuando se reincorporó no estaba del todo recuperada. "Fui a trabajar medicada, tomando calmantes y, al final del día, el dolor era insoportable. Volvía a casa jorobada. Se lo decía a mis jefes, pero no me hacían caso. Sólo quieren que limpies y si te vas, mejor, porque quieren quitarse de encima a las antiguas trabajadoras del hotel", continúa.

Sanciones que no arreglan nada


Raquel Samblás y sus compañeras acudieron a Inspección de Trabajo y descubrieron que su empresa no disponía del obligatorio Informe de Prevención de Riesgos Económicos, que estipula cuánto peso y durante cuánto tiempo puede soportar el cuerpo humano en determinados trabajos. La empresa, relata la mujer, fue sancionada con su correspondiente multa, pero nada ha cambiado ya que siguen sancionando a las mujeres que no cumplan los objetivos.

Pagar la multa sale más barato que respetar los derechos de los trabajadores.

Las sanciones a posteriori a la empresa responsable tampoco cambiará nada para el trabajador de 35 años que falleció en septiembre de 2016 en la empresa Sigma Brakes tras quedar sepultado por una carretilla elevadora.


La Inspección de Trabajo y Seguridad Social de Navarra reconoció que la responsabilidad era de la empresa contratante ya que "el diseño de trabajo y las instrucciones eran confusas y/o insuficientes" y el procedimiento de trabajo que seguía el accidentado "era inadecuado e inseguro".

La empresa recibió una sanción económica de 20.000 euros. Una sanción limitada que para el sindicato ELA significa "un peligroso mensaje a la clase empresarial, que puede pensar que sale más barato pagar multas que invertir en prevención y protección de la salud de los trabajadores". El caso de este hombre es uno más. Un drama personal y familiar más. En total, 618 trabajadores muertos. 

FUENTE: publico.es
Alejandro Torrús / Jairo Vargas
Madrid - 28/02/2018

Está claro que la precariedad laboral, amparada en la crisis económica, 
mata cada día a más trabajadores.

Un país en el que los accidentes laborales aumentan con el paso de los años en lugar de disminuir, es una puñetera mierda.