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2/6/18

25.000 VÍCTIMAS DE LA PEDERASTIA


El presente artículo apareció en la edición impresa del periódico El País el 24 de mayo de 2009. 

Hoy, nueve años más tarde, considero conveniente que lo volvamos a leer para que nunca se nos olvide el increible destrozo que, miembros de la Iglesia, hicieron en la infancia de la católica Irlanda:

La Iglesia católica cometió en Irlanda abusos físicos y sexuales sobre miles de niños desfavorecidos


Tras casi 10 años de trabajos, la comisión de investigación formada en Irlanda para esclarecer los abusos físicos y sexuales sobre miles de niños desfavorecidos ha hecho públicos sus trabajos esta semana. El informe no ha sido ajeno a la controversia porque no publica los nombres de los más de 400 religiosos y religiosas y un centenar de seglares acusados por las víctimas. No ha sido una sorpresa: los investigadores renunciaron a airear la identidad de los acusados -muchos de ellos ya fallecidos, otros enfermos- a cambio de que las órdenes religiosas implicadas aceptaran colaborar en la investigación.

A la Iglesia católica le ha salido barato el escándalo en términos materiales: apenas ha corrido con el 10% de los más de 1.200 millones de euros abonados por la República de Irlanda a 12.500 de los afectados, gracias al generoso y sospechoso pacto firmado en 2002 con el Gobierno de Dublín sobre la ilusa base de que bastaría con 300 millones de euros para indemnizar a todos los hombres y mujeres víctimas de aquellos abusos cuando aún eran unos niños.

La identidad de los 400 religiosos y 100 seglares acusados nunca ha sido revelada


La Iglesia católica ha podido salvar algunos barcos, pero su honra ha quedado manchada quizás para siempre. En particular la de la potente Congregación de los Hermanos Cristianos, los Christians Brothers, que abrió su primera escuela en Irlanda en 1802 y que aún gestiona dos centenares largos de escuelas por todo el mundo.

Los Hermanos Cristianos estaban al frente de la escuela industrial de Artane (Dublín), probablemente escenario de los abusos a mayor escala durante varios decenios. Allí estuvo Mick Waters, desde los 10 a los 15 años. Waters, que en estas páginas evoca aquellos días traumáticos, se vio encerrado sin motivo justificado y tuvo que emigrar para rehacer su vida. Tal y como hicieron tantos otros de los 25.000 niños que se estima que fueron víctimas potenciales de la pedofilia y la violencia de hermanos y sacerdotes católicos.

Waters, que se dedica a ayudar a la gente que ha sufrido abusos sexuales en la infancia y a investigar esos casos cree que ahora, en Irlanda, está sucediendo lo mismo que en los años 50, sólo que ahora las víctimas son los niños inmigrantes.


12/9/17

HACE UN AÑO YA, PERO NO LO OLVIDEN

Así era las terribles torturas a las que eran sometidas las monjas de Nogoyá

Convento de Nogoyá (Argentina) rodeado por la policía

Una pequeña congregación de 18 religiosas de las Carmelitas Descalzas de Nogoyá, en la provinica de Entre Ríos (Argentina), eran sometidas a la flagelación con látigos, cilicios y mordazas. Además, las obligabas a pasar una semana sin comer y vivir en una habitación sin ventilación. 

Ex religiosas y familiares que dan cuenta del maltrato y la violencia de la que fueron víctimas, aseguraron que “las secuelas físicas y psíquicas han sido muy fuertes”.

Por más de dos años, el periodista Daniel Enz investigó lo que ocurría puertas adentro del convento, luego que familiares de las hermanas lo contactaran para que cuente lo que pasaba en esa comunidad religiosa. Tras conocerse la investigación, la Justicia allanó el convento de Nogoyá la semana pasada.

Daniel Enz

Torturas, sometimiento y enclaustramiento forzado son algunas de las formas en las que eran maltratada las hermanas. Existía una estricta prohibición de no hablar de lo que sucedía en el convento”, por lo cual “varias de las ex monjas están con tratamientos psicológicos por las secuelas”, comentó el periodista en medios locales.

Las situaciones de tortura exigían como castigo el uso del cilicio, un implemento de púas que que se coloca en piernas, brazos o torso y el flagelo con un látigo de varias puntas con pelotas en sus extremos que generan intenso dolor al ser golpeadas con ello. Según el relato las monjas debían auto flagelarse desnudas, pegándose en las nalgas durante 30 minutos.

También “las obligaban a usar la mordaza. Les hacían abrir la boca (y les colocaban) un tubo que va atado con un elástico, el cual se lo hacían usar por 24 horas y solamente se lo podían sacar para comer”, relató Enz.

Cilicio

En cuanto al lugar donde habitaban las religiosas, se dió a conocer que cada una tenía su habitación, sin calefacción ni ventilación de techo. Como parte del martirio, durante las épocas de mucho frío se les hacían usar sandalias sin medias, así como en el verano, ropa de lana.

“El lugar está rodeado de muros altos de más de cinco metros, con alambres de púa en el extremo superior”, precisó el periodista, y detalló que cuando una mujer quería ingresar “su voto de silencio era obligatorio” y “si un familiar iba de visita, siempre había alguien escuchando las conversaciones para que no hablaran de temas vulgares”.

En la investigación periodística se destaca que las hermanas “nunca pudieron abrazar a un familiar. Tampoco darle la mano. Una de las hermanas no pudo ver a su padre durante un periodo de diez años, porque se había divorciado de su madre y por ende era “un pecador público”.


De la misma manera, no se podían mirar a un espejo porque es símbolo de “vanidad” y si detectaban que alguna de ellasveía su reflejo en el vidrio de alguna ventana, había un inmediato castigo. Hubo veces que solamente se podían bañar una vez cada siete días.

Por otro lado existía una regla que debían respetar las hermanas: no hablar o hablar de Dios. Además tantos las cartas enviadas o recibidas eran leídas por la superiora.

También se conoció que aquellas hermanas que pidieron salir de la congregación se les negó dicha posibilidad. Por lo que además del delito de torturas se le suma el de privación ilegítima de la libertad.


Entre las hermanas que fueron rescatadas del convento se registran varios casos de desnutrición, ya que parte de las torturas comprende también vivir a “pan y agua” durante una semana.

“Hubo demasiadas víctimas entre las que lograron salir del convento, de las cuales dos llegaron a cometer intentos de suicidio en los últimos años”, por lo que “el arzobispo (Juan Alberto) Puiggari debería preocuparse realmente de revertir lo que sucede”, remarcó Einz.

En el convento de las Carmelitas Descalzas de Nogoyá, se encontraron 18 religiosas. La mayoría ingresó con 18 años al convento, pero hubo algunas que lo hicieron a los 16, por lo cual tuvieron que hacerlo con permiso de sus padres.


Fuente: Diario Uno
Daniel Acierno
01/09/2016


Le "rompían el alma" a las muchachas para que congujaran el verbo OBEDECER sin razonamientos de ningún tipo.

Las convencían de que obedeciendo ciegamente atraerían las bendiciones de dios.

¡Cabritos!

7/9/15

MISERIA, DESNUTRICIÓN Y MALTRATO

Piojos, hambre y palizas: un día normal en la vida de los presos de la Ranilla

Para muchos se trata de un edifico maldito. Las paredes de la que fuera prisión provincial de Sevilla, conocida como la Ranilla, fueron testigos de la más implacable represión en los años cuarenta, pero también de la presencia de presos políticos que por sus ideas llegaron a abarrotar esta cárcel a las puertas de la Transición.

Presos de posguerra en la cárcel sevillana de la Ranilla.

Hay grabados miles de nombres las paredes de la Ranilla, algunos de cuyos pabellones de los que siguen en pie tras la creación del nuevo parque en el barrio de Nervión, que ha sido declarado Lugar de la Memoria por la Dirección General de Memoria Democrática de la Junta de Andalucía. Cosas tan nimias como silbar los primeros acordes de La Marsellesa podían conllevar durísimos castigos, que se sumaban a los ‘castigos naturales’ que ya eran signo de identidad de la penitenciaría, como las terribles epidemias del tifus conocidas como ‘piojo verde’.

El caso de Juan Antonio Velázquez es uno de esos nombres. Vinculado a las Juventudes Sociales, sus escasos veinte años los cumpliría en 1945 entre aquellos barrotes llenos de humedad y miseria. Palizas, celdas de castigo, hambre y mucho sufrimiento le obligaron a estar meses de condena en la conocida galería tres de la Ranilla donde cumpliría una condena que a pesar de que se fijó inicialmente en 30 años, quedaría reducida por el juzgado militar a tan solo ocho meses.

CENTRO NEURÁLGICO DE LA REPRESIÓN

 

La creación de la prisión de la Ranilla sustituyó a la antigua cárcel de El Pópulo. Creada en 1887, su infraestructura no empezó a tener uso penitenciario hasta principios de los años 30. Al comenzar la guerra y durante toda su duración, se acumularon en sus celdas un número ilimitado de presos que ingresaban en la prisión apenas sin espacio. La ocupación media para 350 reclusos, fue el mismo día del golpe cubierta por 320 personas. Cinco días más tarde se hacinarían en las celdas 1.438 reclusos convirtiéndose, según relata el historiador José María García Márquez, en uno de “los centros neurálgicos de la represión en la ciudad de Sevilla”. En años posteriores de la posguerra, la capacidad de la Ranilla llegaría a quintuplicar su aforo.

Los datos facilitados por el director de la prisión de la época apuntan que 1.039 presos saldrían de la cárcel “sin reingreso”, contabilizándose en un tercio del total las víctimas que, según apunta Márquez, “fueron ejecutadas por aplicación de bandos de guerra hasta febrero de 1937”. Desde los muros de la Ranilla los presos podían tener como destino la inminente ejecución o su traslado a la delegación de Orden Público, siendo desplazados a las tapias del cementerio de San Fernando en los días posteriores. Para los vivos, las condiciones de insalubridad acarreaban enfermedades y epidemias tales como la de “piojo verde”, a lo que había que unir una malísima alimentación.

CUIDADO CON LA SALUD, CARAMADA’


En la Ranilla había una fuerte política de represalia para todo aquel que cometiera un acto de protesta, por pequeña que fuera la reivindicación. Los presos acusados de estas acciones eran trasladados a celdas de castigo donde eran vigilados por funcionarios. En algunas ocasiones, tal y como apunta Márquez, la “delegación de Orden Público dio parte de aquellas actuaciones siendo entregados algunos de ellos a la fuerza pública y desapareciendo posteriomente”.

Hasta el más mínimo silbido de la Marsellesa podía ser objeto de denuncia, al igual que ocurría con el saludo de “salud” entre los comunistas. Estos gestos acarreaban un posterior castigo por parte de las autoridades que custodiaban la cárcel. Tan férreo era aquel control que está documentado que hubo presos que fueron conducidos al suicidio, como fue el caso de Manuel Gómez Prieto, natural de Alcalá del Río. En su celda se cortaría las venas de su antebrazo derecho. Sin embargo, el parte oficial alegaba una enfermedad de “tuberculosis pulmonar” como causa de la muerte.

CONTRA EL OLVIDO


En un gran número de ocasiones, los presos de la Ranilla fueron usados como mano de obra esclava, trabajando en la fabricación de zapatos para la intendencia militar o en la confección de ropa para el ejército, en el caso de las reclusas. Nada podía faltar para la puesta en marcha del nuevo régimen. En otros casos los presos dedicaban sus escasas energía a otros sectores, como la construcción y canalización del agua de la Confederación Hidrográfica del Gualdaquivir.

La antigua cárcel de la Ranilla fue declarada Lugar de la Memoria Histórica durante la pasada legislatura. El entonces vicepresidente de la Junta y consejero de Administración Local y Relaciones Institucionales, Diego Valderas, proclamaba solemnemente este compromsio: “Los hombres y mujeres de nuestra tierra víctimas de la barbarie nunca serán víctimas del olvido”.


FUENTE: andaluces.es
Ciudadan@s
María Serrano
06 sep 2015

17/8/12

PROMETO QUE NO SOY VIOLENTO

No soy una persona violenta. Los que me conocen, pueden dar fe de ello, pero ¡por dios! que hoy me quedé con las ganas de arrearle un estacazo a alguien, en un acceso de justa cólera, al ver el maltrato verbal que inflingía a una persona muy allegada a ambos... pero me contuve.


A veces pienso que esa educación pacifista que recibí de mis abuelos, tiene sus más y sus menos. Porque, a riesgo de traicionar sus postulados, si le hubiera dado una buena castaña, ahora no estaría remordiéndome la conciencia. Y es que, algunas veces, hay que hacerle caso a los instintos.

Perdonen ustedes este arranque.

Ciudadano Plof