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23/11/18

BERNARDO CAAL

Líder maya encarcelado por protestar contra un proyecto hidroeléctrico

“Florentino Pérez nos ha robado el río y nos sumerge en la pobreza”

Bernardo Caal

En la misérrima cárcel de Cobán, cabecera administrativa del departamento guatemalteco de Alta Verapaz, el líder indígena Bernardo Caal cumple desde la semana pasada los 7 años de prisión a los que ha sido condenado por un tribunal local.

Caal, detenido en enero por desafiar los planes de construcción de dos de los proyectos hidroeléctricos más descomunales de todo Centroamérica, ha sido acusado de retención ilegal, robo e instigación a delinquir a los trabajadores de una de las empresas que levantan las centrales. Pero la inquietud por la falta de garantías en este juicio, y de otros con cargos similares, es palpable.


Comunidades indígenas y organizaciones civiles internacionales tratan ahora de impugnar un proceso plagado de irregularidades. No les resultará sencillo porque la justicia en Guatemala es un espejismo pese al propósito de enmienda que se promulgó en los Acuerdos de Paz que en 1996 pusieron fin al genocidio maya instigado por las oligarquías locales. Poco ha cambiado la cosa en estos 22 años.

El actual régimen presidido por el humorista Jimmy Morales, una caricatura bufa de Beppe Grillo revestida con el racismo evangelista de Jair Bolsonaro, sigue entregando los inmensos recursos naturales que el país guarda en el subsuelo a empresas mineras, madereras o eléctricas que reparten prebendas para garantizarse fidelidades en todas las estructuras del Estado.

Jimmy Morales

Sólo entre enero y julio de este año se verificaron 137 agresiones y 21 asesinatos de líderes indígenas que protestaban contra la depredación industrial en uno de los parajes más bellos de la Tierra pero hasta ahora nadie ha pagado por ello. Una de las empresas que se reparten el botín guatemalteco es Cobra, empresa subsidiaria de ACS de Florentino Pérez.

Cobra participa en la construcción del megacomplejo hidroeléctrico Renace, seis represas en cascada sobre el río Cahabón con túneles de conducción del agua que cruzan el departamento de Alta Verapaz amenazando el ecosistema de la región y la vida de una población que, a pesar de la prosperidad que les prometieron, subsiste con dos euros al día y casi sin luz eléctrica en sus humildes hogares.

Florentino Pérez

Bernardo Caal se rebeló contra todo esto. Fue detenido y enviado a la cárcel de Cobán, una ratonera inmunda empaquetada con alambre de espino donde 387 presos se hacinan bajo un sol inmisericorde.

Visitarle no resulta difícil si uno acompaña a su letrado y le surte de algo de comida. La fruta es un producto de lujo dentro de los muros de un presidio sin forma ni orden, muy parecido a una perrera. Los reclusos, algunos semidesnudos, conforman un tráfago bullicioso de narcotraficantes, maras, violadores, ladrones y asesinos. Pero los adjetivos habría que reservarlos para otros paisajes y otras miradas que transmitan algo más de compasión. Porque la prisión de Cobán tiene toda la pinta de ser una subasta para la supervivencia.


El ambiente está tan cargado de una crueldad que deja al visitante helado, sin voz, con la mente atónita aunque la memoria no cese de grabar. Son poco más de las 11 de la mañana y un policía llama a voz en grito a Bernardo Caal para que salga al patio del módulo donde se encuentra recluido. Tiene visita. La entrevista se realiza cuatro días antes de conocerse la sentencia –7 años y cuatro meses de cárcel– a la vista de los vigilantes y bajo el escrutinio indisimulado del resto de los presos. La luz es dura, el calor intenso. Caal de pie en el patio, agarra con sus manos los barrotes y habla pausado.

¿Quién es Bernardo Caal?


Estoy casado, tengo dos hijos de 10 y 12 años. Soy maestro de primaria e impartía clases a niños y niñas en la escuela de Cahabón y líder comunitario maya que’chí, defensor del río Cahabón en Alta Verapaz. Soy un preso político por denunciar el secuestro de los ríos que hacen las grandes corporaciones, por declarar que los están matando. Y  lo voy a seguir haciendo, denunciando lo que acontece al pueblo Q’eqchí, el saqueo de nuestro territorio.

Usted está encarcelado desde enero, ¿de qué le acusan?


De retención ilegal, robo e instigación a delinquir pero yo lo único que he propuesto a las autoridades es realizar una consulta sobre la hidroeléctrica, algo que Guatemala aceptó al ratificar el artículo 169 de la OIT sobre pueblos indígenas. El artículo 6 lo dice claramente: “Consultar a los pueblos interesados, mediante procedimientos apropiados y en particular a través de sus instituciones representativas, cada vez que se prevean medidas legislativas o administrativas susceptibles de afectarles directamente”. Pero el gobierno de Jimmy Morales lo incumple.

¿Cree que Guatemala está en manos de las grandes corporaciones?


Es que nunca lo perdieron. Los preparativos de este despojo que estamos sufriendo comenzó antes de la firma de los Acuerdos de Paz en 1996. La minería, los madereros, las eléctricas. Las grandes transnacionales llegan aquí a explotar los recursos naturales y no dejan ni un 1% de los beneficios que obtienen. Los acuerdos del 96 sólo sirvieron para legalizar el continuismo de la dictadura porque las mismas familias siguen acaparando tierras, recanalizando ríos y talando bosques enteros.  Y ahora conforman alianzas con "empresas como Cobra cuyo propietario es el empresario español Florentino Pérez. Pero maneja mucho poder. ¿Quién soy yo para enfrentarlo? Un hombre chiquito al que lo único que le queda es contar lo que este señor está haciendo en Guatemala y que se conozca en España.

¿Tiene esperanza de que termine imponiéndose la justicia?


No tengo esperanza, la verdad, porque me enfrento a un monstruo. La imagen que las autoridades tratan de crear sobre mí es la de un criminal. La semana pasada me dijo el juez en la audiencia que "él es el Estado". El mismo Estado que está otorgando las licencias que empresas como la de Florentino Pérez y otras utilizan para quitarnos nuestros recursos y sumergirnos en la pobreza.

¿Hay miedo a la protesta?


Por supuesto que hay miedo. Mi caso es el ejemplo de lo que le espera a quien proteste: O la cárcel o la muerte. Porque aquí se mata a líderes comunitarios que tratan de organizar a sus pueblos, que se informan y que buscan la mejor solución para unas comunidades cuya organización es anterior a la llegada de los españoles.

Y, ¿cuál es la solución en estas circunstancias?


Para nosotros los ríos son sagrados. Está en el Popol Vuh, el libro del consejo del pueblo Q’eqchí y cuya parte mitológica se desarrolla precisamente en el río Cahabón, el mismo río que ahora nos quiere robar Florentino Pérez. Eso supone la destrucción de nuestra cultura y nuestra historia. Imagine que lo hiciera en el río Nilo o en el Jordan. ¿Cómo cree que reaccionarían Egipto e Israel? ¿Piensa que le permitirían apropiarse de sus ríos sagrados? Seguro que no. Para mi pueblo es una etapa muy dolorosa.

¿Hay presiones para que capitulen?



Sí. A mí me quitaron la plaza de maestro cuando propuse la consulta sobre la hidroeléctrica. Como eso no me intimidó me llevaron a la cárcel. Como castigo y para silenciarme. Quieren que salga muerto de aquí, acabado completamente, pero tengo fuerza. Me queda el respaldo del pueblo Q’eqchí. Tengo muy claro que es más valioso el río Cahabón que lo que yo pueda estar sufriendo en la cárcel.

¿Teme por su vida?


Ya estoy en prisión. ¿Qué más miedo puedo tener? ¿Qué me maten aquí dentro? No, he perdido el miedo a la muerte. Me dedico a leer. Escribo cartas para que las lean en el exterior, a veces, hago un poco de ejercicio. Alguna vez viene a verme alguna organización de derechos humanos, toman apuntes y se van. No tengo más contacto con el mundo exterior. Pero sigo convencido de que sólo una alianza internacional por la solidaridad salvará a nuestros pueblos de la codicia del neoliberalismo.

FUENTE: ctxt.es
Gorka Castillo
15/11/2018

13/7/17

EL PODER OMNÍMODO DEL CURA

Hoy voy a descolgarme con un gracioso artículo escrito por el compañero magyanes en su blog "Amontonador urgente de palabras" con fecha 11/07/2017.


Citizen Plof 
*

EL PODER OMNÍMODO DEL CURA

En los años duros de la dictadura, en los pequeños pueblos de la geografía patria, el poder omnímodo de la Iglesia era detentado por el cura; un personaje que, junto con el alcalde, el maestro, el médico, el boticario y el cabo de la Guardia Civil, venía a ser las fuerzas vivas de la comunidad.


Contaba mi abuelo paterno (Don Juan, para los vecinos; Juanito, para los amigos y Báez para los compañeros laborales) una tremenda anécdota, que demostraba bien a las claras quién mandaba aquí:


"Aprovechando el rescoldo de Lorenzo que, tímidamente, asomaba entre las nubes, hallábanse sentados aquella mañana de frío invierno, los antedichos personajes, frente a una copa de cazalla en la terraza del único bar que tenía el pueblo.

Debidamente pertrechados con abrigos, guantes, bufandas, sombreros y, como no, armados con la garrota de rigor, charlaban animadamente cuando una vecina cruzó ante ellos. Fue en ese momento qué, a alguno (mi abuelo no tenía claro quién había sido) se le ocurrió la idea de un juego peligroso: picar en el suelo con la punta de la garrota cada vez que pasara una mujer a la que se hubieran cepillado. Dicho y hecho.

Pasó la mujer del panadero, picaron los cinco; pasó la del lechero picaron tres... y así estuvieron hasta que, de repente, pasó la mujer del boticario, y solo picó el cura. Lo mismo ocurrió con la del maestro, la del médico y la del alcalde. Y el cabo de la Guardia Civil se salvó porque estaba soltero."




Miguel Ángel G. Yanes



28/10/14

FULGOR Y MUERTE DE UN MAESTRO ANDALUZ

José Sánchez Rosa nació en Grazalema, un pueblo de la serranía de Cádiz, el 22 de octubre de 1864 en una familia numerosa. Desde pequeño trabajó en el campo como peón. Fue asesinado en Sevilla el 1 de agosto de 1936 por los golpistas del 18 de julio.

 
Hijo de un zapatero, desde muy joven, gracias a los dos años que había acudido a la escuela, era el encargado de leer en voz alta a sus compañeros los periódicos y la propaganda libertaria que llegaba a sus manos. Posiblemente sería de este temprano gusto por la lectura de donde le vino la idea de ejercer el magisterio. Nunca llegó a tener título oficial. Sin embargo, fue reconocido como maestro en su tiempo y con posterioridad. En la persona de Sánchez Rosa se unen la tinta del militante de organizaciones que luchaban por la justicia social; la palabra del propagandista anarquista y la tinta del maestro de trabajadores.

Unas actividades que le llevaron a prisión. Parece que una primera vez cuando los sucesos de la «Mano Negra», la trama policial nacida para detener el avance del primer obrerismo en la provincia de Cádiz. Después, en 1892, cuando vivía ya en Jerez, volvió a ser encarcelado acusado de ser uno de los organizadores del llamado «asalto campesino a Jerez». En 1891 había estado entre los asistentes en Barcelona al congreso en el que se pretendía reorganizar la Internacional. Para entonces ya era un conocido militante al que se le conocía por el sobrenombre de «Fermín». ¿Quizás en honor al ya entonces mítico Fermín Salvochea, que había regresado a Cádiz a finales de 1885 tras diez años de penales y exilios? Aunque también puede que lo fuera por llamarse así su padre. Fuera como fuere, en 1892, ambos –Sánchez Rosa y Salvochea- quedaron atrapados en la red policial del asalto jerezano.

LA BATALLA POR LAS OCHO HORAS


Una trampa elaborada a medida que renacían las sociedades obreras por la comarca, se organizaban nuevos grupos ácratas y las calles se llenaban de trabajadores exigiendo las ocho horas. Sánchez Rosa fue acusado de estar entre los anarquistas que se entrevistaron con el gaditano, ya encarcelado en la prisión de Cádiz, para organizar la ocupación de Jerez. Tuvo mejor suerte que su compañero José Fernández Lamela, que fue uno de los cuatro ejecutados a garrote unas semanas más tarde.

Compareció ante un consejo de guerra, unos meses después, junto a otros 45 acusados. Sobre él recayó una condena a cadena perpetua. Pasaron ocho años hasta que, en 1901, con motivo del matrimonio de la Princesa de Asturias, se dictó una amnistía que le devolvió a la calle. Los había pasado en el presidio ceutí de El Hacho. A la ciudad africana se habían trasladado también Ana Villalobos, su compañera desde 1889, y la hija de ambos, Paca. Cuando regresaron a la península lo hizo además con otros dos nuevos retoños: Fermín y María.

UNA FE LLAMADA HUELGA


No volvió a trabajar ni de jornalero, ni de zapatero. Comenzó su larga trayectoria de tres  décadas como maestro de sociedades obreras. No fue un maestro racionalista, seguidor de los planteamientos de la escuela de Ferrer Guardia. Mantuvo relaciones con la Escuela Moderna y utilizó sus publicaciones. Sin embargo, Sánchez Rosa también había bebido de otras fuentes: de los maestros cortijeros que había conocido antes de ser encarcelado y de la propia tradición oral y escrita andaluza que se plasmó en la colección de manuales y textos que fue editando durante años. De momento se dirigió a Los Barrios a hacerse cargo de la escuela que la sociedad obrera local acababa de abrir. Hasta 1903 resistió la presión de las autoridades militares que, ese año, lograron cerrarla y acusar al grazalemeño de un delito de opinión que le obligó a exilarse a Tánger.

Sánchez Rosa no abandonó su militancia societaria y propagandística. Participó en la Federación de Sociedades Obreras de Resistencia de la Región Española, la reconstituida organización nacional de tendencia antiautoritaria, y en actos de propaganda anarquista. Era un entusiasta seguidor de la huelga general revolucionaria. El obrerismo no era sólo reivindicativo y defensivo, también debía tener una finalidad revolucionaria. Con 36 años y tras pasar casi diez en prisión se reincorporaba a un mundo obrero en ebullición. El que estaba a punto de abandonar la infancia del societarismo para entrar en la madurez del sindicalismo revolucionario. A difundir estas ideas se dedicó durante meses, recorriendo en comisiones de propaganda todo el país: lo moderno era el anarquismo, lo viejo, lo caduco, el mundo capitalista. También empuñó frecuentemente la pluma. Comenzó a ser un colaborador habitual de La Revista Blanca que editaba la familia Urales con la que estableció una larga amistad.

LA ARITMÉTICA DEL OBRERO


Su labor pedagógica no se limitó a las clases en la escuela campo gibraltareña. En 1902 editó su primer folleto: Las dos fuerzas: reacción y progreso. A este le seguirían, hasta la década de los treinta, otros diecisiete. Especial éxito, con numerosas ediciones y decenas de miles de ejemplares, tuvieron tres «manuales»: La aritmética del obrero, aparecido en 1909 y La gramática y El abogado del obrero publicados en 1912. El primero buscaba dotar al trabajador de herramientas contables básicas con el objetivo de que no le engañaran ni en los salarios, ni en las compras y ventas. Mismo objetivo que tenía la gramática con la que, mediante demostraciones ortográficas y gramaticales claras y comprensibles, los trabajadores mejoraran sus niveles de expresión y comprensión. Finalmente, el abogado era un compendio, siempre actualizado, de leyes, decretos y reglamentos oficiales, que los trabajadores podían utilizar para presentar reclamaciones, peticiones y legalizaciones de sociedades por ellos mismos sin recurrir a personas que les cobrarían unos honorarios por encima de sus posibilidades.

Regresó a España a finales de 1904 para hacerse cargo de la escuela de a sociedad obrera de la población sevillana de Aznalcóllar. Allí vivió hasta su traslado a Sevilla en 1911. Siete años durante los que la tiza, la tinta y la palabra continuaron protagonizando la vida de quien se había convertido en un referente del mundo anarquista andaluz. Participó en la reconstrucción de la sociedad obrera aznalcoreña y mantuvo contra viento y marea, incluso de forma ambulante, la escuela. Combatió al clericalismo local y a la empresa minera que dominaba la vida económica de la localidad. Su situación llegó a hacerse insostenible presionado por las autoridades y la Guardia Civil y amenazado de muerte. En 1910 se produjeron una serie de explosiones en domicilios de capataces de la mina y sabotajes en fincas. Sánchez Rosa fue acusado de instigarlos y de participar personalmente en algunos. Se defendió atribuyendo las acusaciones a una campaña de «terrorismo reaccionario».

UNA ESCUELA EN TRIANA

 Sáncez Rosa, con alumnos de Triana. // RMHSA-CGT
Sánchez Rosa, con alumnos de Triana. // RMHSA-CGT

Sin embargo terminó abandonando Aznalcóllar. Se abrían nuevos tiempos y Sánchez Rosa, en el transcurso de los actos en los que había continuado participando, había advertido las posibilidades y rápida difusión de las ideas que pretendían sustituir a las viejas sociedades obreras por «modernos sindicatos ». Ideas que llenan su folleto El obrero sindicalista y su patrono aparecido en 1911, recién instalado en Sevilla. Cuando llegó a la capital del Betis tenía 47 años, la aureola de ser uno de los condenados en los grandes procesos contra el anarquismo de dos décadas antes y una reputada fama de propagandista y maestro libertario.  

Primero abrió su escuela en el barrio de Triana, en la calle Pagés del Corro. Después, se trasladó a su emplazamiento definitivo de la calle Enladrillada, en el barrio de San Julián, uno de los feudos del anarquismo sevillano. Escuelas que tenían alumnos entre 3 y 10 años durante el día y adultos por la noche. Apenas instalado, participó en la huelga general que sacudió la ciudad en octubre por lo que sufrió una primera detención hispalense.


Durante los años siguientes la actividad de Sánchez Rosa fue incansable. Participó en numerosas giras de propaganda que le llevó por toda Andalucía y otras regiones del país, actos de controversia con socialistas, continuó escribiendo folletos y sus actividades educativas. También ingresó en la masonería, producto de sus relaciones con, otro antiguo anarquista, y ahora caracterizado dirigente del republicanismo radical y la masonería española, Diego Martínez Barrio. Lo hizo en 1911 en la logia «Justicia y Libertad» con el nombre simbólico de «Salvochea». Pero sobre todo lo que le distinguió fue su compromiso con la creación de entidades sindicalistas y la educación.

PRESIDENTE DE CNT ANDALUCÍA


Su máxima aspiración era la creación de una federación local de sociedades. A pesar de haber nacido ya la desconfianza en los medios anarquistas hacia el sindicalismo, el grazalemeño se mantuvo partidario de éste. Hasta el punto de que terminaría presidiendo la creación, en 1918, de la sección de la CNT en Andalucía: la Federación Regional Obrera Andaluza.

No significó que abandonara otros campos de actuación más propios del mundo anarquista. Participó en los diversos intentos por crear una organización regional, primero, y nacional, después, de grupos anarquistas y viajó hasta El Ferrol para asistir a las sesiones del, finalmente impedido por las autoridades, Congreso Internacional por la Paz que pretendía reunir a los adversarios de la guerra que había estallado en Europa. También, en Sevilla, participó en la creación de una Liga de Inquilinos con la que hacer frente al aumento de los precios de la vivienda, y de las subsistencias en general.

ADIÓS A TODO ESTO


Hasta este momento Sánchez Rosa había equilibrado anarquismo y sindicalismo. De hecho podía aparecer como un ejemplo vivo, de un reconocido militante, que ligaba al ya pasado societarismo nacido en el siglo xix con el moderno sindicalismo y su adscripción anarquista, defensor de la instrucción racional de los hombres, con la actuación y participación en la CNT, el sindicato que se estaba convirtiendo en el vehículo que catalizaba las aspiraciones reivindicativas y revolucionarias de gran parte del proletariado español. Sin embargo, a partir de 1919 las dudas, desconfianzas y contradicciones estallaron. Sánchez Rosa terminaría, organizativamente, apartado del mundo al que había dedicado toda su vida.

Las diferencias entre anarquistas y sindicalistas comenzaron a hacerse visible a lo largo de 1917. Mientras se extendía como la espuma la CNT y los anarquistas vieron el poder que iban adquiriendo las estructuras sindicales. Más adelante vendrían los acontecimientos rusos y la eliminación de los anarquistas por los bolcheviques. En ese contexto los intentos de crear una organización específica ácrata retomaron nuevas fuerzas. También se abrió un debate teórico. De ellos terminaría naciendo el anarcosindicalismo. En ambos participó Sánchez Rosa y se dejó algunas plumas. Defendió tanto la participación de los anarquistas en los sindicatos, frente a quienes propugnaban su abandono, como denunció los peligros que suponían, para la propia revolución, la estructura de poder, y las sinergias que originaban.

CAMINO DEL DESTIERRO


Hasta comienzos de 1919 Sánchez Rosa actuó dentro de la CNT y fue representante suyo en actos tan destacados como en el primer congreso de la federación andaluza. También defendió la permanencia de los anarquistas en el sindicato en la conferencia nacional que los grupos ácratas celebraron en Barcelona. Como consecuencia de las huelgas de inquilinos, en marzo, fue desterrado a Extremadura. Cuando regresó las hostilidades estallaron. El motivo fue el destino poco claro que se le había dado a un dinero enviado desde Cataluña para ayudar a los sindicatos sevillanos y al uso de la violencia de algunos militantes cenetistas. Pronto al enfrentamiento se suman las descalificaciones personales. Del deterioro de la situación fueron muestras la ausencia de Sánchez Rosa del congreso del teatro de la Comedia de Madrid, en diciembre de 1919, y la publicación de Discordancias de bronce. El hecho que terminó rompiendo sus relaciones con la CNT fue el texto que escribió en respuesta a las afirmaciones que Ángel Pestaña y Salvador Seguí habían hecho en el Ateneo de Madrid en las que aseguraban que la única organización e ideas revolucionarias eran las sindicalistas.

A mediados de 1920 Sánchez Rosa fue apartado oficialmente de la CNT andaluza en medio de una lluvia de insultos y descalificaciones personales. A partir de estos momentos abandonó cualquier relación pública con el cenetismo. Se retiró a la militancia anarquista. De los grupos andaluces fue representante en el congreso nacional celebrado en marzo de 1923 en Madrid. Continuó con su tarea pedagógica en la escuela de la calle Enladrillada y acudiendo a los actos y mítines a los que era invitado.

Y LLEGÓ LA DICTADURA


La proclamación de la dictadura del general Miguel Primo de Rivera le supuso nuevas detenciones, encarcelamientos y destierros. En septiembre de 1924, a la vez que eran ilegalizados los sindicatos sevillanos, fue detenido y trasladado a la prisión de Murcia. Casi un año permaneció en la cárcel levantina hasta que a mediados de 1925 fue liberado y regresó a Sevilla. Sobrepasaba ampliamente los 60 años y se mantuvo al margen de la reorganización sindical y de la creación de la FAI. Conocería los movimientos pero no participó. El anarquismo y el sindicalismo de la Segunda República sería obra de generaciones más jóvenes.

De todas formas continuó siendo un referente del anarquismo sevillano al que las autoridades no perdían de vista. Tampoco sus antiguos compañeros de militancia. Las autoridades republicanas lo mantuvieron vigilado y estuvo entre los candidatos para ser deportado a las colonias africanas en 1932. Llegó a estar encerrado en la fortaleza militar de Santa Catalina en Cádiz. Año en el que, también fue de nuevo detenido en el transcurso de los sucesos conocidos como «las bombas de mayo». A la vez, olvidadas las viejas rencillas de una década antes, el 1 de mayo fue uno de los oradores del mitin que la CNT sevillana celebró en el cine Oriente de la calle Luis Montoto, y en julio acompañó a Ángel Pestaña, secretario nacional de la CNT, en su visita a la ciudad. Un artículo defendiendo a los campesinos procesados en 1932 fue su último testimonio de actividad pública: apareció en el diario madrileño CNT en octubre de 1933 y se titulaba «Paso libre a la anarquía».

1936: SECUESTRO Y ASESINATO


El artículo terminaba afirmando que, a pesar de sus setenta años, estaba seguro de que iba a ver concretizarse el ideal anarquista. No se equivocó. Si no llegó a conocerlo fue porque el golpe de Estado del 18 de julio de 1936 le cogió en Sevilla. Ocupada la ciudad, fue secuestrado de su casa en la plaza de la Mata por un grupo paramilitar encabezado por Enrique Barrau Salado. Enfermo lo subieron al camión en el que se apilaban parte de las pertenencias que le habían robado y trasladado al hotel Inglaterra, en la plaza Nueva, en donde los carlistas habían montado su cuartel y checa. Seguramente de allí salió la madrugada del 1 de agosto para ser asesinado en la tapia del cementerio sevillano.


(*) De “Discordancias de bronce. Nuestra opinión sobre el sindicalismo”. Folleto editado a propósito del 150º aniversario de su nacimiento. (RMHSA-CGT.A. 2014)

FUENTE: andaluces.es
Política
José Luis Gutiérrez
27 oct 2014