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6/2/18

HAGAMOS TEMBLAR A LAS ÉLITES ECONÓMICAS

Cada informe que publica Oxfam Intermón es un torpedo en la línea de flotación del buque neoliberal y sus charlatanerías de recuperación de la economía en España. 

 
Si hace unos meses la ONG revelaba que desde el inicio de la crisis la desigualdad en nuestro país ha crecido un 20% más que la media europea, hoy podemos ponerle nuevas cifras a esa desoladora situación.

El año pasado la élite volvió a ganar: El 1% de la población más rica española acaparó el 25,1% de la riqueza del país. Los estudios macroeconómicos hablan de un crecimiento de nuestra economía del 3,2% pero, ¿cómo se repartió esta nueva riqueza? Pues el 40% de ella fue a parar al 1% más rico, mientras que en el 50% más pobre de la población llegaron las migajas del 7% de la riqueza.


Esa es la España que tenemos, de la que much@s se sienten orgullos@s envuelt@s en sus banderas. A mí, en cambio, me avergüenza y alienta a hacerle frente, a rebelarme, a plantar cara al hecho de que me sigan robando con tamaña desfachatez.

Una de las claves esenciales para darle la vuelta a la tortilla es la lucha obrera que no atraviesa, precisamente, por uno de sus mejores momentos. Entre las causas que han propiciado esta pasividad de l@s trabajador@s ante los abusos laborales -porque tasas superiores al 20% de desempleo, también son un abuso laboral- destaca el papel de los sindicatos.


Basta de esconderse en excusas del tipo de “nos han demonizado” o “hemos tenido a todos en contra”. Es verdad que ha existido una campaña mediática orquestada para amplificar el descrédito de los sindicatos mayoritarios, pero no es menos cierto que ha faltado autocrítica. El hecho de que cientos de sindicalistas hayan sido procesados por dar la cara no exculpa de otros pecados, como el ninguneo de los dos sindicatos mayoritarios -salpicados por la corrupción- hacia otros más pequeños y activos, que ha terminado por minar uno de los principios básicos de la lucha obrera: la solidaridad.

Otro ejemplo: lo que sucede en la empresa mixta del limpieza de Málaga (Limasa), propietaria al 49% por el Ayuntamiento, y el restante 51% por FCC, Sando Unicaja y Urbaser. En Limasa, ahora al borde de nueva oleada de movilizaciones reclamando la remunicipalización total, nada dicen sus trabajador@s del hecho de que siga en vigor la norma no escrita de que cuando alguien se jubila, no está abierto el proceso de nueva contratación, sino que tienen prioridad los familiares de la persona que se retira.


Eso no es solidaridad con la clase obrera, eso, sencillamente, apesta a privilegio. Asquea la tolerancia sindical con estas prácticas.

El sindicalismo se enfrenta a una realidad bien distinta a la que vivieron en los años en los que su fuerza era innegable. En lugar de aquella sociedad industrial en la que, por hacer un símil con el mundo rural, el dominio correspondía a unos pocos latifundios empresariales con condiciones de trabajo homogéneas, ahora la capilaridad y heterogeneidad es significativa mayor.


Sin embargo, si los sindicatos -y no hablo únicamente de los dos mayoritarios- y, muy especialmente, la clase obrera tomamos conciencia de lo que realmente somos, dejando de estar encantados por los cantos de sirenas neoliberales, podremos enderezar el rumbo de esta barco que marcha hacia la deriva de la miseria.

La élite tiene la riqueza, pero l@s trabajador@s tenemos el verdadero poder. Hemos olvidado esta máxima, pero si la recuperamos, los de arriba temblarán.


Hoy más que nunca es preciso extender una nueva corriente de solidaridad obrera multisectorial, de manera que cuando una huelga persiga derechos laborales vayamos tod@s a una: en lugar de echar pestes porque nos afecta el paro en el servicio que presta, nuestro apoyo ha de ser incondicional porque aunque no trabajemos en esa empresa, nos afecta.

Cada victoria ante la patronal, cada golpe que asestemos a ese sistema neoliberal cuya élite se enrique con el sudor de nuestra frente mientras nos hunde más y más en la pobreza, es un peldaño más hacia la victoria, que pasa por un reparto justo de la riqueza.


FUENTE: publico.es
Posos de Anarquía
David Bollero
22/01/2018



Entiendo que, a igualdad de nota en el examen de acceso, la empresa pueda tener una deferencia hacia los hijos de sus empleados, pero darles una serie de puntos graciablemente hasta llegar a pisarle la nota a otra persona que lo ha hecho mejor, es inadmisible.

13/10/14

SINDICATOS

20 preguntas sobre los sindicatos

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1. ¿Hay que reinventar el sindicalismo?

2. Si, como parece, el fin del bipartidismo anda cerca, ¿conseguiremos que ocurra lo mismo con el “bisindicalismo” en España?

3. ¿Es imaginable la posibilidad de que los trabajadores vuelvan a sentirse alguna vez protegidos por los sindicatos?

4. ¿Se pueden neutralizar los sindicatos “amarillos“, como se denomina a aquellos que defienden más y mejor los intereses de las empresas que los derechos de quienes trabajan para ellas?

5. ¿Es hoy el sindicalismo un instrumento útil para la lucha social y para el objetivo de la igualdad?


6. ¿Cómo se debe financiar un sindicato?

7. ¿Cómo conseguir que los trabajadores tengan representantes con tiempo libre (“liberados“) sin que eso acabe convirtiendo a estos últimos en gestionadores de poder y trincadores de prebendas y mamandurrias?

8. ¿Se puede erradicar el enorme componente sectario en el que se mueven buena parte de las organizaciones sindicales?

9. ¿Cómo adelgazar esos enormes “aparatos” de los sindicatos, que tienen los pasillos de sus sedes llenos de “elefantes”, gentes que en su día creyeron ser “alguien”, liberados que siguen chupando del bote y se les permite que no vuelvan a sus puestos de trabajo en “agradecimiento a los servicios prestados”?

10. ¿Debe asumir el sindicalismo las funciones de representación política del conflicto social?


11. ¿Sabrán volver a ser útiles?

12. ¿Sabrán recuperar el espíritu de servicio al trabajador, que es lo que define su única razón de ser?

13. ¿Cómo es posible que tantos representantes sindicales, sobre todo quienes ocupan puestos de responsabilidad en las cúpulas de las organizaciones, hayan olvidado que están en sus sillones para servir y no para servirse de ellos?

14. ¿Es posible generar conciencia y prácticas de cooperación entre las personas que trabajan cuando el modelo productivo en el que nos movemos tiende a la descentralización y a la competencia entre los propios trabajadores?

15. ¿Diseñarán los movimientos emergentes (mareas y tantas otras organizaciones sociales nacidas tras el 15M) el futuro del sindicalismo en España?


16. ¿Qué relación debe tener el sindicalismo con otras formas de organización social de los trabajadores fuera de su lugar de trabajo?

17. ¿Cómo pasar del activismo en la calle a la defensa de problemas concretos en el mundo laboral?

18. ¿Cómo organizar a tanta gente que cada vez tiene menos vínculos permanentes con una empresa para que no los exploten, no abusen de ellos y consigan salarios dignos?

19. ¿Se merecen los sindicatos mayoritarios, como le ocurre a buena parte de los partidos políticos de nuestro país, que en la calle se les grite “No nos representan“?

20. ¿Es viable un sindicalismo propio del Estado Nación en el marco de una economía globalizada?

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Surgen todas estas cuestiones, y bastantes más, tras el seguimiento durante casi tres meses de “Los sindicatos en tiempos neoliberales”, el debate más reciente que el diario Público ha organizado en su foro “Espacio Público” para tratar del presente y el futuro del sindicalismo en nuestro país. Una sólida ponencia de Joan Coscubiela, diputado en el Congreso por Iniciativa per Catalunya-Verds (ICV), dejó paso a un debate que se puede consultar aquí y en el que han intervenido representantes de todas las organizaciones sociales y políticas de nuestro país, así como expertos profesores de universidad y miembros de foros sindicales internacionales.

Con esos mimbres, Orencio Osuna y Bonifacio R. Cañibano, moderadores del debate en la página web “Espacio Público”, han preparado para el próximo miércoles 8 de octubre una versión televisiva, cuya moderación han tenido a bien encargarme, que Público TV retransmitirá en directo por streaming.



Veremos cómo sale. Desde luego, material para no aburrirnos, sobra. Y más si tenemos en cuenta los últimos “acontecimientos” (Cajamadrid y otras entidades de ahorro nacionalizadas, uso fraudulento de tarjetas, irregularidades varias, dimisiones…) ¡Uf!

FUENTE: publico.es
Las carga el diablo
Juan Tortosa 
03 oct 2014

31/10/13

ESTO ES LO QUE HAY

No sé si todo el mundo estará de acuerdo con esta apreciación, pero ahora que la crisis económica ahonda tantísimo las diferencias sociales, caigo en la cuenta de que: “la pasada bonanza económica, el desaparecido estado del bienestar y la dichosa globalización, en el fondo ha fortalecido a los empresarios y debilitado a los trabajadores” (y lo que te rondaré, morena) porque el batacazo (el nuestro, se entiende) terminará siendo terrorífico.

Hemos perdido una serie de ventajas sociales y laborales que no eran regalo de nadie. Costaron muchos años de lucha y sacrificios; vidas incluso. Pero se ha ido cediendo tanto y hasta tal punto que, hoy por hoy, el movimiento sindical está totalmente descafeinado, su credibilidad en entredicho y no digamos ya su poder de convocatoria.


Eso por no hablar de los más jóvenes, a los que el Sistema se ha encargado ya de inculcarles que lo importante es un puesto de trabajo, al precio que sea, con el horario que sea y en las condiciones que sea. Todo vale.

Hemos perdido el norte. Nos han tapado la boca con una serie de contraprestaciones irrisorias, y hemos callado por miedo a que la situación laboral empeorara aún más, pero olvidamos algo fundamental; aquella máxima de Carlos Marx de que...


“El capital no es nada sin la clase trabajadora”.

Supongo que todos recordaremos el ejemplo:

“Llene Vd. una habitación de billetes hasta alcanzar el techo y cierre la puerta con llave. Vuelva al cabo de un año. ¿Qué encontrará? Como mucho el mismo dinero que dejó (depreciado además) siempre que no se haya quemado, mojado o haya sido roído por las ratas.”


“Si la clase trabajadora no entra en esa habitación, el capital no crecerá nunca”.

Ése es nuestro poder, amén de la unidad de acción, pero nos fuimos "aburguesando" tanto que terminamos por no creernos esa sagrada máxima.

Que conste que no estoy en contra de los pactos, siempre y cuando se hagan desde una posición de equilibrio, y no siempre a la baja y con el temor de una espada de Damocles sobre nuestras cabezas. Pero claro, los que firman en nuestro nombre se han tragado ingentes ruedas de molino aderezadas con lentejas... y así nos va.

La verdad es que si miro hacia el futuro, sólo me resta decir…


¡Coño!... ¡Pero qué negro!
Citizen Plof