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3/11/18

NEGOCIAR CON LA SANTA POR SI CEDE

Con el Vaticano se negocia a cañonazos


Llamar profanación a pintarrajear la lápida de Franco es, cuando menos, exagerado. Para que haya profanación siempre ha de haber un pico y una pala y ha de desaparecer algo de las tumbas, empezando por las propias lápidas, que Cela convirtió en La Colmena en mesas de café; el fiambre, ya sea para venderlo a la ciencia, hacer Frankensteins en noches de tormenta o pedir un rescate a la familia; e, incluso, partes del finado, preferentemente los dientes de oro que siempre se vendieron bien al peso para hacer sortijas. Lo del artista Enrique Tenreiro no ha pasado de ser un graffiti inocente con el que, según ha explicado, pretendía promover la reconciliación entre españoles. Siempre se podrá ver sacrilegio en el color rojo de la pintura pero no en la supuesta paloma que, dibujada con tantas prisas, se da un aire al aguilucho de la vieja bandera.


Es verdad que las sepulturas de los dictadores son muy golosas para los profanadores. Nada de esto pasaría con la de Franco si hubiéramos podido imitar a los italianos, que metieron a Mussolini en una tumba sin nombre después de ser fusilado y colgado cabeza abajo; o a los argentinos, cuyas protestas impidieron que Videla yaciera en el panteón familiar y que, al parecer, reposa en un cementerio privado de Buenos Aires bajo una identidad falsa. Desde los egipcios se sabe que levantar pirámides para enaltecer a los tiranos atrae a los saqueadores más que la miel a las moscas.

Benito Mussolini
(1883 - 1945)

En busca de una solución para la momia de Franco, al que su familia quiere inhumar en la catedral de la Almudena cuando abandone el Valle de los Caídos, la vicepresidenta Carmen Calvo viajó a Roma para buscar complicidades y lo que consiguió fue darse de bruces con la diplomacia vaticana o hacer el ridículo, que tanto monta.

Carmen Calvo saludando al secretario de Estado del Papa, Pietro Parolin

Para negociar con la Santa Sede hay que hacerlo a cañonazos, como hizo Enrique de Guzmán, embajador de Felipe II y conde de Olivares, al que el Papa Sixto V quiso prohibir que llamara a sus criados con una campana por considerar que era éste un privilegio cardenalicio. Tras fracasar en sus audiencias, el conde optó por métodos más expeditivos y sustituyó las campanas por disparos de cañón. Poco después, y ante los estruendos que hacían temblar la ciudad, el Pontífice accedió a que el embajador y sus sucesores usaran la campana para comunicarse con el servicio.


El Gobierno tiene en su mano cañones suficientes en esta disputa, más allá de actuar contra las inmatriculaciones o acabar con los privilegios fiscales de la Iglesia, que no han de ser objetos de negociación alguna como seguramente pretende la Curia. Ni siquiera sería necesario aplicar de manera un tanto extraña la Ley de Memoria Histórica, que es la opción que ahora mismo se baraja. Bastaría con hacer cumplir el propio Derecho Canónico, que desde el Concilio Vaticano II prohíbe enterrar cadáveres en iglesias, a no ser que se trate del Papa, cardenales u obispos, y ya de paso acabar con el negocio de la venta de nichos en ‘suelo sagrado’ con el que la Iglesia hace caja con nuestros ricos más distinguidos.

Tumbas en el interior de los templos

Aunque finalmente le saliera el tiro por la culata, un Ejecutivo que planeaba acabar con el veto del Senado al techo de gasto con una enmienda a la ley de violencia de género no debería tener muchas dificultades para modificar la ley general de Sanidad o la normativa aplicable a este caso y prohibir la inhumación en lugares públicos, por muy embalsamados que estén los cadáveres. Un anuncio en este sentido sería suficiente para que los doctores que tiene la Iglesia, que no son sordos, escucharan el estallido del cañón y se avinieran al campanilleo.


FUENTE: publico.es
Tierra de nadie
Juan Carlos Escudier

29/10/16

OTRA PROHIBICIÓN DE LA IGLESIA

El Vaticano prohíbe conservar o esparcir las cenizas de los difuntos

La Iglesia católica prohíbe a sus fieles esparcir las cenizas de los difuntos, dividirlas entre los familiares y también que sean conservadas en casa, según un nuevo documento publicado por la Santa Sede.


La Iglesia prefiere la sepultura de los cuerpos porque con ella 
"se demuestra un mayor aprecio por los difuntos",
 aunque no prohíbe la cremación.

La regulación, redactada por la Congregación para la Doctrina de la Fe*, que está presidida por el Cardenal Gerhard Müller, reafirma las razones doctrinales y pastorales que optan por la sepultura de los cuerpos y de las que emanan las normas relativas a la conservación de las cenizas en caso de la cremación.

En este sentido, recuerda que "la Iglesia recomienda insistentemente que los cuerpos de los difuntos sean sepultados en los cementerios u otros lugares sagrados", pero establece que no hay "razones doctrinales" para censurar la práctica de la cremación.

La cremación no impide la resurrección


Así, la Iglesia establece ahora que "cuando razones de tipo higiénicas, económicas o sociales lleven a optar por la cremación, ésta no debe ser contraria a la voluntad expresa o razonablemente presunta del fiel difunto. "La Iglesia no ve razones doctrinales para evitar esta práctica, ya que la cremación del cadáver no toca el alma y no impide a la omnipotencia divina resucitar el cuerpo y, por lo tanto, no contiene la negación objetiva de la doctrina cristiana sobre la inmortalidad del alma y la resurrección del cuerpo", ha señalado.

Sin embargo, se puntualiza que "la Iglesia sigue prefiriendo la sepultura de los cuerpos porque con ella se demuestra un mayor aprecio por los difuntos". En todo caso, precisa que la cremación no está prohibida, a no ser que haya sido elegida por razones contrarias a la doctrina cristiana". Además, avisa de que se deberá tener cuidado de caer en alguna expresión que pueda causar "escándalo o indiferencia religiosa".


El nuevo documento agrega que "si por razones legítimas se opta por la cremación del cadáver, las cenizas del difunto, por regla general, deben mantenerse en un lugar sagrado, es decir, en el cementerio o, si es el caso, en una iglesia o en un área especialmente dedicada a tal fin por la autoridad eclesiástica competente".

Conservación en lugares sagrados


El texto establece además que la conservación de las cenizas en un lugar sagrado puede ayudar a reducir el riesgo de sustraer a los difuntos de la oración y el recuerdo de los familiares y de la comunidad cristiana. Así, además, se evita la posibilidad de olvido, falta de respeto y maltrato a los restos, que pueden sobrevenir sobre todo una vez pasada la primera generación, así como prácticas inconvenientes o supersticiosas.

Excepciones para conservar las cenizas en casa


En cualquier caso, la doctrina de la fe señala que está totalmente prohibida "la conservación de las cenizas en el hogar". "Sólo en casos de graves y excepcionales circunstancias, dependiendo de las condiciones culturales de carácter local, el sacerdote, de acuerdo con la Conferencia Episcopal o con el Sínodo de los Obispos de las Iglesias Orientales, puede conceder el permiso para conservar las cenizas en el hogar", se especifica. Pero alerta de que las cenizas no pueden ser divididas entre los diferentes núcleos familiares y se les debe asegurar respeto y condiciones adecuadas de conservación.

El Papa Francisco también ha aprobado que para evitar cualquier malentendido panteísta, naturalista o nihilista, no sea permitida la dispersión de las cenizas en el aire, en la tierra o en el agua o en cualquier otra forma, o la conversión de las cenizas en recuerdos conmemorativos, en piezas de joyería o en otros artículos". En esta línea, señala que hay que tener en cuenta que para estas formas de proceder no se pueden invocar razones higiénicas, sociales o económicas que pueden motivar la opción de la cremación.


El texto recuerda que en 1963 la propia Santa Sede estableció que "la Iglesia aconseja vivamente la piadosa costumbre de sepultar el cadáver de los difuntos". Entonces añadió que la cremación no es contraria a ninguna verdad natural o sobrenatural y que no se podían negar los sacramentos y los funerales a los que habían solicitado ser cremados, siempre que esta opción no obedezca a la negación de los dogmas cristianos o por odio contra la religión católica y la Iglesia.

Extendida en muchos países


La Doctrina de la Fe destaca que la cremación se ha extendido "notablemente en muchos países" y que, al mismo tiempo, "también se han propagado nuevas ideas en desacuerdo con la fe de la Iglesia". El Vaticano también explica que "la inhumación es en primer lugar la forma más adecuada para expresar la fe y la esperanza en la resurrección corpórea".

"Enterrando los cuerpos de los fieles difuntos, la Iglesia confirma su fe en la resurrección de la carne y pone de relieve la alta dignidad del cuerpo humano como parte integrante de la persona con la cual el cuerpo comparte la historia", destaca el texto.


La Iglesia advierte que "no puede permitir, por lo tanto, actitudes y rituales que impliquen conceptos erróneos de la muerte, considerada como anulación definitiva de la persona, o como momento de fusión con la Madre naturaleza o con el universo, o como una etapa en el proceso de re-encarnación, o como la liberación definitiva de la 'prisión' del cuerpo".

La nueva instrucción especifica finalmente que "mediante la sepultura de los cuerpos en los cementerios, en las iglesias o en las áreas a ellos dedicadas, la tradición cristiana ha custodiado la comunión entre los vivos y los muertos, y se ha opuesto a la tendencia a ocultar o privatizar el evento de la muerte y el significado que tiene para los cristianos".



COMENTARIOS

Galleto Fontanedo
Lo que resulta innegable es que, con la cantidad de gente que han quemado viva a través de la historia, sobre el tema de las cenizas la Iglesia Católica es toda una autoridad.

laquintacolumna
De mezclarlas con cocaína y esnifarlas no dice nada ¿no?

FUENTE: publico.es
Europa Press
Roma - 25/10/2016


Fíjense bien que la Iglesia no recomienda: ¡prohibe! Y es que resulta algo inherente a su razón de existir. Tal vez esté ahí la clave de todos sus males: el excesivo uso del verbo PROHIBIR. 

¡Hay que ver qué cucos! Hasta hace relativamente poco tiempo (años 60 del pasado siglo) la Iglesia prohibía taxativamente la incineración, aduciendo que eliminaba el soporte físico necesario para una futura resurreción, pero ahora, ante el aumento imparable de las cremaciones, resulta que sí se puede "resucitar" aunque no exista cuerpo, aduciendo el peregrino razonamiento de que "para la divinidad no hay nada imposible"

Es que no pierden una.

En cuanto al interés por los enterramientos tradicionales y el consiguiente negocio funerario, es algo sobre lo que habría que hablar largo y tendido.