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26/5/18

"HABLA CHUCHO..."


César Strawberry

Desde hace cuatro años, España viene padeciendo un recorte de libertades y derechos fundamentales inaudito, que bajo ningún concepto puede consentirse en el marco de la Unión Europea

La ciudadanía es víctima de una ofensiva perfectamente planificada por las más altas instancias políticas en peligrosa connivencia con un poder judicial que se percibe excesivamente permeable a sus criterios, reiterándose en la vulneración los convenios suscritos con la Unión Europea en esa materia, a los que nuestro país, además, debe obligada obediencia.



Si Turquía no forma parte de la UE es, entre otras razones, porque no cumple con los requisitos mínimos exigidos por Bruselas en cuanto a Derechos Humanos. Pero la España de M. Rajoy parece más interesada en importar a la piel de toro el argumentario del propio Erdogan que en aplicar las directrices marcadas por Tribunal Europeo de Derechos Humanos a través de las muchas y variadas condenas que acumula hasta el día de hoy el Reino. 

Porque, aunque sea ilegal, aquí siguen haciendo la vista gorda, tratando de normalizar el hecho aberrante de que las condenas a raperos y tuiteros impliquen penas de prisión más altas, incluso, que las aplicadas a corruptos o a las agresiones machistas u homófobas, con la clara intención de imponer un cambio de paradigma de normalidad en el que, creando nuevos perfiles criminales donde nunca los hubo, su represión desproporcionada genere el miedo suficiente para ser asumida mayoritariamente como algo imprescindible para mantener la normal convivencia.



Causa estupor ver cómo sentencias condenatorias que, sin duda alguna, serán convertidas en absoluciones cuando lleguen al TEDH, van a dan lugar, sin embargo, a que Valtonyc tenga que pasar tres años y medio en un más que probable régimen FIES, sólo por lo mucho que tardará Estrasburgo en ordenar su absolución.  

Una justicia lenta beneficia al represor y esa es una de las razones para que nuestros más altos tribunales perseveren en criminalizar aquí lo que posteriormente será descriminalizado allí: “Cuando llegue tu absolución ya te habrás comido la pena con papas, pringáo”, parece querer decir esa doctrina.




Estremece que se ponga tanto empeño en desdibujar la delgada línea que garantiza una separación de poderes efectiva, vulnerando de modo tan obstinado el marco legal de algo tan sensible como los DDHH. 

Porque escribir sandeces, decir burradas, rapear ideas contrarias al discurso del Poder o abiertas mamarrachadas, no puede hacerse pasar por delito si no va directamente vinculado a una incitación fehaciente, reiterada y demostrable a la comisión de actos violentos concretos, según marcan los convenios europeos.  



Pensar distinto o tener mal gusto no es delito ni queriendo, vamos. Porque si lo fuese, antes que Valtonyc tendrían que haber entrado ya en prisión esos voceros reaccionarios que hablan de usar “luparas” para disparar a podemitas, que animan a que exploten cervecerías en Alemania o a “resucitar los GAL para Cataluña”, pero que, sin embargo, siguen sin ser ni tan siquiera reprendidos como enaltecedores de nada.

Y no es que queramos callarlos, no: es que tenemos todo el derecho a disfrutar de la misma libertad de expresión que ellos, y en tal aspiración nos respalda sobradamente el criterio jurídico de esa Europa a quien debemos obligada obediencia. Que el mal gusto o la discrepancia ideológica pueden joder, sí, pero no matan, y madurez democrática es saber escuchar cosas que no nos agradan sin convertirlo en disculpa perfecta para enarbolar la bandera de la ofensa.


Carlos Herrera promoviendo una romería al chalet de Iglesias y Montero

La piel gruesa garantiza mayor tolerancia. En todo caso, como sugiere el brillante Darío Adanti, mongol donde los haya, lo que habría que regular, si acaso, sería el supuesto derecho a sentirse ofendido, antes de ponerse a perseguir penalmente a supuestos ofensores que, curiosamente, resultan ser siempre afines a opciones políticas de izquierda. ¿Han oído hablar de persecución ideológica?

Pero por más que nos escandalicen, incomoden o hieran declaraciones de unos y otras, en ningún caso debemos asumir la actual doctrina bandera del Régimen, consistente en criminalizar cualquier salida de tono, gilipollez u opinión más o menos bizarra lanzada por quienes no piensan como nosotros, incluso pese a que en rara ocasión veáis criminalizadas las sandeces que proceden de la derecha, cosa que, como buenos demócratas, por otro lado, algunos siempre celebraremos.



Porque democracia es tolerancia y la tolerancia está reñida con el criterio de trinchera, y quien cree en la democracia sabe que prohibir a un prohibicionista es legitimarle. La libertad de expresión tiene que ser para todos o para ninguno, y cuando determinados sectores supuestamente progresistas tratan de acotarla también a la medida de su corrección política, se están dejando colonizar por el peligroso troyano de la intransigencia.

Muchos aprendimos en el colegio a taparnos los oídos gritando aquello de “habla chucho, que no te escucho” para evitar caer en la provocación de los matones de patio, y es ahí, a las escuelas, a donde deberíamos mirar para tratar de poner orden en algo que se nos está yendo de las manos como sociedad: la intolerancia. 




Sólo un pacto en educación serio, negociado, discutido con todas las fuerzas políticas (¿quimera?), con compromiso de aplicación obligada durante un largo período, podrá aportar algunas generaciones de nuevos españoles y españolas, demócratas de verdad, que al ver entrar en prisión a un Valtonyc por tres años y medio, no miren hacia otro lado murmurando “eso no va conmigo” para poder dormir tranquilos. 

O la sociedad civil hace frente a esto, o habrá que buscarle otro nombre al sistema en que vivimos, porque ninguna democracia del mundo que aspire a ser reconocida como tal encarcela a sus raperos por hacer canciones críticas con el Poder. Y e que, tras el tuitero Alfredo Remírez, el ingreso en prisión de Valtonyc deja al sistema al borde de un peligroso abismo.



FUENTE: publico.es
Escritor, compositor y cantante español, miembro del grupo Def Con Dos.
24/05/2018

7/6/17

HABEMUS CONTROL

Los peligros de aprovechar el terrorismo para recortar derechos en Internet


El Gobierno británico quiere responder a los atentados de Manchester y Londres con su décima legislación antiterrorista en lo que va de siglo, esta vez, para impedir la encriptación de mensajes en red. "Es la salida populista", advierten los expertos, desmintiendo que este nuevo recorte de libertades facilite la persecución de terroristas

Vigilia en honor de las víctimas del atentado en el Puente de Londres y el Borough Market, en la capital británica, en el Potters Field Park, este lunes. REUTERS/Marko Djurica
Vigilia en honor de las víctimas del atentado en el Puente de Londres y el Borough Market, en la capital británica, en el Potters Field Park, este lunes. REUTERS/Marko Djurica

Phil Zimmermann, el creador del software para el cifrado de comunicaciones PGP (siglas en inglés de Privacidad Bastante Buena), suele comparar esta práctica con el uso de cartas con sobre en el mundo físico. "¿Tratas de esconder algo? Si escondes tu correspondencia en sobres, ¿significa que eres subversivo, o un traficante de drogas? ¿Qué pasaría si todo el mundo creyera que los ciudadanos que respetan la ley sólo deben usar tarjetas postales?"

Es uno de los ejemplos más comunes cuando se explica cómo funciona la criptografía en red. El correo electrónico y, por regla general, toda comunicación digital, puede ser violada casi sin esfuerzo, automáticamente y de forma masiva. Cifrando un mensaje quedan al descubierto emisor y receptor, pero no su contenido. Sin cifrar, todas las comunicaciones son como una postal.

Sin embargo, obligar a todo el mundo a escribir postales es justo lo que propuso este domingo Theresa May, primera ministra del Reino Unido, tras el atentado de Londres. "Hemos sido demasiado tolerantes con el yihadismo", dijo May. Y para solucionarlo propuso una nueva regulación antiterrorista, poniendo el foco esta vez en la criptografía y las aplicaciones que permiten el cifrado de mensajes. 

Theresa May anunciando una política antiterrorista más dura

El problema es que desde el año 2000 el Reino Unido ha redactado una nueva ley contra el terrorismo cada dos años. Tantas que el Gobierno casi "se ha quedado sin nombres para ellas: Ley sobre terrorismo, Ley antiterrorista, Ley contra el terrorismo", explicaba en Twitter David Allen Green, comentarista legal y político del Financial Times.

"El Gobierno y el Parlamento se han quedado sin formas de legislar contra el terrorismo. Se han utilizado todas las vías posibles", resumía el abogado. Pero May —ministra del Interior de 2010 a 2016— insiste y esta vez fija su vista en Internet, en herramientas que los ciudadanos usan masivamente y de las que sólo una ínfima parte tiene una vinculación con el terrorismo.

"Es lo fácil, la salida populista", expone Stephane Grueso, cofundador de la Plataforma en Defensa de la Libertad de Información (PDLI): "Internet inquieta a los poderes: de lo que se trata es de hacer un recorte de libertades y en estos casos siempre se aprovechan estas coyunturas para intentar controlar un poco más".

Grueso adelanta además que se trata de "un tipo de recorte muy poco efectivo porque siempre hay sistemas alternativos, no puedes controlar a tanta gente y es muy difícil filtrar todo el contenido". 

"Todos estamos de acuerdo en que se debe controlar terroristas, pero no puede ser que estemos obligados a vivir en un estado policial", asevera.

Y esto no es nuevo

Edward Snowden

Las revelaciones de Edward Snowden en 2013 mostraron que un grupo de países liderados por EEUU habían utilizado la legislación antiterrorista puesta en marcha tras los atentados contra las Torres Gemelas para organizar un entramado de vigilancia masiva tan potente que puede usar cualquier dispositivo electrónico conectado a Internet de un ciudadano para vigilarle.

El exanalista de la Agencia Nacional de Seguridad estadounidense (NSA, por sus siglas en inglés) aportó pruebas de que, una vez puesto en marcha, los espías de estos países usaron ese sistema para perseguir terroristas para mucho más que eso. Desde el espionaje político de líderes de la talla de Angela Merkel al económico, estudiando el potencial de los yacimientos de petróleo cuya explotación Brasil sacaba a subasta, dando ventaja competitiva a sus empresas. 

Para Floren Cabello, profesor de Tecnología de la Comunicación en la Universidad de Málaga, el hecho de que los gobiernos sigan restringiendo las libertades en red con la excusa del terrorismo "da la razón a Snowden". "Existe un propósito claro, que viene de largo, de impulsar un proyecto de control social. Dibuja un panorama totalmente totalitario, esta vez basado en una alianza público-privada, donde son empresas digitales las que suministran datos a los gobiernos mientras estos permitan que hagan lo que quieran sobre la privacidad de los usuarios". Las postales digitales son interceptadas y almacenadas con facilidad por los sistemas de vigilancia masiva. Sin embargo, un mensaje cifrado con un simple párrafo sobre tus vacaciones es casi imposible de desentrañar. 



"La lógica no es si tengo algo que ocultar, sino que tengo una libertad que proteger", explica el profesor. "La libertad de comunicación habilita toda otra serie de libertades que tienen que ver con el disenso, con la crítica… con la actividad política que es fundamental para la democracia. Si erosionas esta capa básica de la comunicación estás debilitando todo lo que se construye sobre ella".

Virus y seguridad, por el mismo agujero

La NSA (que compartió sus sistemas de vigilancia con las agencias de inteligencia de Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda en una alianza denominada Los Cinco Ojos) utiliza varias herramientas para el espionaje. Como refiere Cabello, una de ellas es la relación directa con las principales empresas de la red para consultar los datos de sus usuarios.

Sede de la NSA estadounidense

Otra vía es utilizar puertas de atrás que los desarrolladores dejan abiertas para que los gobiernos puedan usarlas para entrar en sus sistemas informáticos a voluntad. Se supone que la localización de estos agujeros es alto secreto, dado el riesgo evidente que llevan aparejado. No obstante, ni siquiera la NSA ha sido capaz de mantenerlas en secreto.  

FUENTE: publico.es
Carlos del Castillo
05/06/2017

Los gobiernos del mundo no se pensaron nunca que ese "juguete" que nos dieron para mantenernos entretenidos, nos fuera a abrir tanto los ojos, ni tampoco la tremenda capacidad de convocatoria que sería capaz de generar, así que, "más temprano que tarde", acabarán capándolo del todo, alegando que es "un peligro real para el Estado". La excusa perfecta para hacerlo se llama terrorismo. Y si no, háganse la pregunta del millón:



"¿El endurecimiento a nivel internacional de la política antiterrorista, ha servido para algo?