Mostrando entradas con la etiqueta Kropotkin. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Kropotkin. Mostrar todas las entradas
20/2/19
LA PREGUNTA DE KROPOTKIN
Etiquetas:
Anarquía,
Anarquismo,
Anarquista,
Estado,
Kropotkin,
Libertad,
Política
¡SEGUIMOS AQUÍ!
Sobre las ideas
Cuando La Idea entraba en la cabeza se producía, así, un gran cambio en la percepción que lo cambiaba, a su vez, todo. La vida, en efecto, cambiaba. Cambiaba la percepción de los demás, de la amistad, de la pareja, de la paternidad, de la maternidad. Cambiaba la idea de la propiedad, del dinero, del trabajo, del ocio, del consumo. Era, en efecto, una revolución. Eso fue, por ejemplo, lo que le pasó a Tolstoi. Después de esa revolución en su cabeza creó escuelas, liberó a sus siervos, les dio la tierra.
Y murió en una estación de tren, junto a su hija, intentado huir de una familia que no entendió su cambio. Yo vi personas con esa cabeza. Hace décadas que no existen. Las añoro. No eran Tolstoi. Habían aprendido a escribir a durar penas. Tenían una mirada tranquila, humilde, que no he vuelto a ver. En cierta manera, poseían la mirada del inmortal, la persona que, salvo al destino, no espera ni teme nada, porque ya lo tiene todo.
Me pregunto cuándo cambió todo. Cuándo dejó de ser posible que la revolución se produjera en la cabeza. Cuándo, de pronto, se empezó a producir, en contrapartida, absolutamente todo en la cabeza. Todo. Mejor que en la realidad. Con todo lujo de detalles, de respuestas, de soluciones. Con una energía tan vital que suple la vida, que suple liberar a siervos, darles la tierra. Con más vehemencia, pero sin ningún contacto con el exterior de la cabeza. Cuándo en la cabeza se produjeron políticas tan perfectas y vívidas que impiden ver la brutalidad cotidiana. Cuándo se dejó de percibir la brutalidad porque, en la cabeza, no cabía, ensuciaba el paraíso que nos explicaban.
FUENTE: ctxt.es
Un domingo con Martínez
Guillem Martínez
17/02/2019
Guillem:
¡Seguimos aquí! Batallando en la sombra aunque no se nos vea, porque continuamos creyendo en ese sueño.
Piotr Kropotkin.
Decía Kropotkin que la revolución se producía en la cabeza. Aludía con ello a un momento de comprensión, una aha experience, consistente en percibir que la brutalidad venía de la propiedad, y que la propiedad venía garantizada por el Estado. A esa sencilla ecuación se le denominaba La Idea. Y al momento de su aprehensión, revolución.Cuando La Idea entraba en la cabeza se producía, así, un gran cambio en la percepción que lo cambiaba, a su vez, todo. La vida, en efecto, cambiaba. Cambiaba la percepción de los demás, de la amistad, de la pareja, de la paternidad, de la maternidad. Cambiaba la idea de la propiedad, del dinero, del trabajo, del ocio, del consumo. Era, en efecto, una revolución. Eso fue, por ejemplo, lo que le pasó a Tolstoi. Después de esa revolución en su cabeza creó escuelas, liberó a sus siervos, les dio la tierra.
Y murió en una estación de tren, junto a su hija, intentado huir de una familia que no entendió su cambio. Yo vi personas con esa cabeza. Hace décadas que no existen. Las añoro. No eran Tolstoi. Habían aprendido a escribir a durar penas. Tenían una mirada tranquila, humilde, que no he vuelto a ver. En cierta manera, poseían la mirada del inmortal, la persona que, salvo al destino, no espera ni teme nada, porque ya lo tiene todo.
Me pregunto cuándo cambió todo. Cuándo dejó de ser posible que la revolución se produjera en la cabeza. Cuándo, de pronto, se empezó a producir, en contrapartida, absolutamente todo en la cabeza. Todo. Mejor que en la realidad. Con todo lujo de detalles, de respuestas, de soluciones. Con una energía tan vital que suple la vida, que suple liberar a siervos, darles la tierra. Con más vehemencia, pero sin ningún contacto con el exterior de la cabeza. Cuándo en la cabeza se produjeron políticas tan perfectas y vívidas que impiden ver la brutalidad cotidiana. Cuándo se dejó de percibir la brutalidad porque, en la cabeza, no cabía, ensuciaba el paraíso que nos explicaban.
Prometeo, el titán que se rebeló contra la tiranía de los dioses
simboliza al abanderado del sueño anarquista
FUENTE: ctxt.es
Un domingo con Martínez
Guillem Martínez
17/02/2019
Guillem:
¡Seguimos aquí! Batallando en la sombra aunque no se nos vea, porque continuamos creyendo en ese sueño.
Etiquetas:
Anarquía,
Anarquismo,
Anarquistas,
Estado,
Ideas,
Kropotkin,
Los humildes,
Política,
Revolución,
Seguimos aquí,
Tolstoi
15/7/17
5/6/16
ANARQUÍA ¿PASADO O FUTURO?
Ni siquiera los expertos se ponen de acuerdo sobre la vigencia de la vieja “utopía” libertaria, pero ante el aumento de movimientos sociales que hablan de acción directa, autogestión, democracia real, etc., no han sido pocos los que han visto en estas actuaciones un gran trasfondo anarquista. Hemos planteado a tres expertos cuatro cuestiones sobre una de las ideologías más populares del siglo XIX y principios del XX.
Hubo un tiempo, entre la I República (1873) y la Guerra Civil (1936/39), en que el anarquismo –y sobre todo el anarcosindicalismo– eran corrientes políticas con un gran respaldo popular en España. Por entonces, la creciente industrialización y la floreciente conciencia crítica de muchas personas chocaba frontalmente con las actuaciones conservadoras de las altas esferas del poder político, económico y religioso. El trabajador, maniatado socialmente, despertaba a su condición de clase, y las nuevas ideas se difundían a través de libros, de charlas, de panfletos o, simplemente, del boca a boca.
El mundo no tenía por qué ser tal cual lo querían los poderosos, había nacido una nueva forma de entender la sociedad: el anarquismo. Según escribe el profesor de Ciencia Política Carlos Taibo en su obra Repensar la anarquía. Acción directa, autogestión y autonomía (Los Libros de la Catarata, 2013), los elementos principales del cuerpo doctrinal del anarquismo eran (son) los siguientes: “el rechazo de todas las formas de autoridad y explotación, y entre ellas las que se articulan alrededor del capital y del Estado, la defensa de sociedades asentadas en la igualdad y la libertad, y la postulación, de resultas, de la libre asociación desde abajo”.
Pero sobre todo, desde el principio, dada las numerosas corrientes dentro del propio movimiento, era más fácil definir a los anarquistas desde todo aquello que rechazaban, como enumera Taibo: “el Estado, el capitalismo, la desigualdad, la sociedad patriarcal, la guerra, el militarismo, la represión en todos los órdenes, la autoridad”.
Lejos siquiera de acercarse a algo parecido a la ansiada Utopía libertaria, y pese a que el anarcosindicalismo llegó a ser un movimiento de masas en España –un hecho excepcional en toda Europa–, la llegada de la Guerra Civil primero, y de la dictadura franquista después, sepultaron de golpe al anarquismo en la clandestinidad y el exilio. Lo peor fue que, en contra de lo que muchos pensaban, a la muerte del dictador el ideario libertario no encontró un hueco social relevante en la nueva democracia, ‘malviviendo’ durante dos largas décadas gracias a la constancia de unos grupos más o menos marginales que han mantenido viva la llama anarquista.
Pero el siglo XXI y la debacle del sistema capitalista han devuelto a la actualidad todas aquellas ideas que enarbolaban la libertad del ser humano, su capacidad de autogestionarse o de decidir sobre su propia existencia. Así explica la historiadora Laura Vicente, en su Historia del Anarquismo en España (Los Libros de la Catarata, 2014) esta última evolución: “(el anarquismo) se infiltró por las grietas de la sociedad del bienestar y emergió, y emerge, con formas nuevas en la actualidad. Si quedará solo en eso, en materia primigenia que emerge aquí o allá, o conseguirá reinventarse a sí mismo, es cosa del futuro”.
FUENTE: numerosrojos.com
Texto: David Losa
Hubo un tiempo, entre la I República (1873) y la Guerra Civil (1936/39), en que el anarquismo –y sobre todo el anarcosindicalismo– eran corrientes políticas con un gran respaldo popular en España. Por entonces, la creciente industrialización y la floreciente conciencia crítica de muchas personas chocaba frontalmente con las actuaciones conservadoras de las altas esferas del poder político, económico y religioso. El trabajador, maniatado socialmente, despertaba a su condición de clase, y las nuevas ideas se difundían a través de libros, de charlas, de panfletos o, simplemente, del boca a boca.
El mundo no tenía por qué ser tal cual lo querían los poderosos, había nacido una nueva forma de entender la sociedad: el anarquismo. Según escribe el profesor de Ciencia Política Carlos Taibo en su obra Repensar la anarquía. Acción directa, autogestión y autonomía (Los Libros de la Catarata, 2013), los elementos principales del cuerpo doctrinal del anarquismo eran (son) los siguientes: “el rechazo de todas las formas de autoridad y explotación, y entre ellas las que se articulan alrededor del capital y del Estado, la defensa de sociedades asentadas en la igualdad y la libertad, y la postulación, de resultas, de la libre asociación desde abajo”.
Pero sobre todo, desde el principio, dada las numerosas corrientes dentro del propio movimiento, era más fácil definir a los anarquistas desde todo aquello que rechazaban, como enumera Taibo: “el Estado, el capitalismo, la desigualdad, la sociedad patriarcal, la guerra, el militarismo, la represión en todos los órdenes, la autoridad”.
¿El renacimiento?
Considerados los padres del pensamiento anarquista
Lejos siquiera de acercarse a algo parecido a la ansiada Utopía libertaria, y pese a que el anarcosindicalismo llegó a ser un movimiento de masas en España –un hecho excepcional en toda Europa–, la llegada de la Guerra Civil primero, y de la dictadura franquista después, sepultaron de golpe al anarquismo en la clandestinidad y el exilio. Lo peor fue que, en contra de lo que muchos pensaban, a la muerte del dictador el ideario libertario no encontró un hueco social relevante en la nueva democracia, ‘malviviendo’ durante dos largas décadas gracias a la constancia de unos grupos más o menos marginales que han mantenido viva la llama anarquista.
Pero el siglo XXI y la debacle del sistema capitalista han devuelto a la actualidad todas aquellas ideas que enarbolaban la libertad del ser humano, su capacidad de autogestionarse o de decidir sobre su propia existencia. Así explica la historiadora Laura Vicente, en su Historia del Anarquismo en España (Los Libros de la Catarata, 2014) esta última evolución: “(el anarquismo) se infiltró por las grietas de la sociedad del bienestar y emergió, y emerge, con formas nuevas en la actualidad. Si quedará solo en eso, en materia primigenia que emerge aquí o allá, o conseguirá reinventarse a sí mismo, es cosa del futuro”.
FUENTE: numerosrojos.com
Texto: David Losa
Etiquetas:
Ácratas,
Anarcosindicalismo,
Anarquía,
Anarquismo,
Bakunin,
Kropotkin,
Proudhon
Suscribirse a:
Entradas (Atom)












