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1/5/17

ENTREVISTA A DAVID MACIÁN

“Estamos a un paso de la esclavitud del trabajador”


El director debuta con esta adaptación de la novela de Isaac Rosa, proyecto de cine en cooperativa con el que se construye una alegoría corrosiva y certera de la precariedad laboral, con la que David Macián insiste: “Hace falta reagruparse y reorganizarse”.

David Macián, cineasta

La "mano invisible" que Adam Smith inventó para explicar la capacidad auto reguladora del libre mercado se ha convertido hoy en una zarpa sucia y enorme que está afanando todo lo que puede. El novelista Isaac Rosa aprovechó la metáfora smithiana para titular una de sus novelas, que ahora ha llegado a la gran pantalla de la mano de David Macián, en un proyecto de cine en cooperativa. La precariedad laboral, el significado real del trabajo, el enfrentamiento entre trabajadores, el control y abuso de la empresa, la pérdida de dignidad de los obreros, el miedo a perder un salario… se muestran a los espectadores igual que se ‘exhiben’ los trabajadores de esta ficción política.

Once personas son contratadas para hacer su trabajo en una nave industrial frente al público. Un obrero, una costurera, un carnicero, una teleoperadora… Todo lo que hacen lo destruyen ellos mismos nada más acabarlo. Alegoría corrosiva y certera de la precariedad laboral, la película –muy digna visualmente y con unas interpretaciones notables- es un intento de todo el equipo por provocar una reacción. “Hace falta reagruparse y reorganizarse”.

Isaac Rosa, escritor

Unas personas trabajan en una nave industrial, separadas unas de otras y frente a un público. Muy surrealista, si la realidad no fuera ya delirante, ¿no?

Se juega a llevar al extremo, al absurdo el trabajo. La intención con la puesta en escena es ponerlo más de manifiesto. Esas personas haciendo un trabajo improductivo, un obrero levanta una pared para luego tirarla, un carnicero corta piezas de animales y las mete en la basura... ¡Clama al cielo! Están en un espacio desnudo, solo con un foco sobre ellos, pero ellos sienten que están trabajando. Y ahí ya hay una reflexión sobre lo gratificante o lo absurdo del trabajo.

¿El control sobre ellos es una de las denuncias de la película?

El control de las empresas sobre los trabajadores. Te controlan las webs que visitas desde el ordenador, cuándo entras y cuándo sales, los tiempos de descanso que te tomas…

 Escena de 'La mano invisible'
 Escena de 'La mano invisible'

Casi un estado carcelario…

Pues sí y no solo por el control, también por la psicosis que tenemos y que termina por hacer que unos trabajadores tiren piedras sobre otros. Las empresas quieren resultados aunque quemen a sus trabajadores. Y los trabajadores tienen miedo a perder el puesto y tragan con todo. Al final repercute en que en lo laboral todo se pervierte. Genera algo muy feo, mucha competitividad y terminas pisoteando al de al lado o te conviertes en un chivato para la empresa. Tal y como está la cosa hoy, el trabajo saca lo peor de nosotros. Son los valores contrarios a los que tenían antes los obreros. Hace mucha falta organizarse y manifestarse.

¿Cree usted que uno de los problemas es esa ausencia de conciencia de clase obrera?

Sí, se ha perdido el sentimiento de clase y el orgullo obrero. Todo el mundo se considera clase media y desprecian a los que están por debajo. Muchos asocian clase obrera con trabajos que no están bien valorados en la sociedad, y somos todos lo mismo. Ha cambiado mucho el panorama laboral, ahora con el auge del sector servicios nadie está orgulloso de su trabajo, más bien es una condena.

Escena de ´La mano invisible´'

Usted mismo lo apunta, ¿la clase obrera, aunque no se sienta como tal, ha sido cómplice de la situación?

Sí, al final somos partícipes de ello. Si fuéramos más críticos, nos negaríamos a entregarnos a este juego. Hoy nadie dice que sea de clase obrera. Yo tengo 35 años y no conozco a nadie que no diga que es de clase media. El deterioro del mercado laboral va a ir a peor. El único camino es volver a reagruparse y organizarse.

Antes había hecho cortometrajes, pero en este primer largo ha apostado por el cine político. ¿Es más necesario hoy que en otros momentos?

Mis cortos eran todo lo opuesto, desenfadados, comedia, con algún apunte social pero muy velado. Ahora que he sufrido mis propios cambios internos me siento más apegado a la realidad. Siento que hay que reivindicar tantísimas cosas que necesitaría muchos más años de vida para hacerlo. El cine político es muy necesario.

Escena de 'La mano invisible'
Escena de 'La mano invisible'

Cuando alguien hace una película como ésta ¿tiene en mente un objetivo, alguna pretensión?

Conseguir la visibilidad. El título es La mano invisible. Esta misma película está hecha desde la precariedad, hemos formado una cooperativa y nadie ha cobrado un sueldo. La intención siempre era generar debate y creo que ya lo hemos conseguido. En las proyecciones con público y coloquio posterior funciona muy bien. Hay gente que se emociona muchísimo. A veces hay una sensación triste, la gente ha luchado años a muerte por conseguir mejoras laborales y ahora está todo por los suelos.

Volvemos a lo mismo, ¿los obreros han traicionado a las generaciones anteriores que tanto lucharon?

Sí, ha habido traición, porque hemos participado en esto. Los obreros de hoy han traicionado a los de las generaciones anteriores. Cuando estaba con trabajos de teleoperador o administrativo, intentado sacar algo de dinero para seguir haciendo cine, yo tenía una ventaja, como no me interesaban los trabajos me ponía límites. Pero no es así para todos. También hay gente que quiere jubilarse en una empresa. Yo he visto traiciones, he tenido enfrentamientos con compañeros. Hay casos intolerables. No se puede decir sí a todo. Odio la frase: "Con la que está cayendo". Hay fronteras morales. Llega un momento en que hay que lanzarse y que pase lo que tenga que pasar.


¿La situación laboral en el cine tiene alguna peculiaridad que la diferencie de otros oficios?

Se parece mucho, pero, claro, en el cine hay una parte artística, es vocacional y eso termina siendo malo, porque hace que lo veas todo desde otro lado. La pasión, considerarte un artista, puede precarizar más la situación y poner todavía más bajo el listón de lo que debería estar permitido. A nadie le gusta ser becario, pues en el cine hay gente que está tres años sin cobrar. Es insostenible. Ello sin contar la falta de apoyo institucional a la cultura.

En 'La mano invisible' hay una crítica a una sociedad donde nadie se hace responsable.

Owell Jones hace hincapié en eso en el libro Chavs: la demonización de la clase obrera. Chavs es como choni. Miran a la clase obrera con desdén porque les consideran unas chonis y unos paletos. Todos pertenecemos a la clase obrera, pero responsabilizamos de todo al otro. Si alguien está en el paro es que no ha buscado trabajo, si alguien se va a quedar sin casa, qué hubiera pagado su hipoteca. Así se sienten mejor.


Sus personajes hacen trabajos que luego destruyen. ¿Esa situación refleja la pérdida de dignidad?

Claro, no tiene ni pies ni cabeza que estés haciendo un trabajo que no sirve para nada. Hemos perdido el norte y la dignidad en lo laboral. Antes había un orgullo, por ejemplo, con la minería el pueblo se volcaba, se miraba a los mineros con admiración. Está en ¡Qué verde era mi valle! de John Ford. Ahora se hacen algunos trabajos incluso con asco y personas de mi edad solo piensan en lo que harán el fin de semana y en la jubilación.

Hay quienes hablan ya de esclavitud laboral, ¿usted también cree que vivimos a un paso de ello?

Estamos a un paso de la esclavitud del trabajador. Pero con el 15M muchos despertamos y ha habido una especie de cambio. A la gente no le gusta nada lo que está viendo. Pero ahora están pasando cosas en todas las direcciones, espero que haya más cambios y que sean más coherentes.


La situación es bastante desalentadora, ¿usted cómo contempla el futuro?

Es verdad, ¡lo increíblemente horrible que está todo! Parece que hemos tocado fondo, pero seguimos cayendo más bajo. Cada día suceden cosas inexplicables. Pero yo soy optimista, creo que sí, que tocaremos fondo de verdad y eso nos hará reaccionar. Personalmente eso es lo que me pasó a mí, cuando lo veía todo oscuro, reaccioné. La situación es horrible, pero hay que tener esperanza, es necesario morir de pie. Si nos rendimos ante la desesperación de lo que vemos… es una gran putada vivir así.

FUENTE: publico.es

10/2/17

TARAJAL - LA POLÍTICA ANTIMIGRATORIA DE LA UE

“Las políticas de la UE van encaminadas a ver la frontera como un lugar de conflicto”


Xavier Artigas y Xapo Ortega dirigen el documental 'Tarajal', que desmonta la impunidad en las fronteras del sur. La película se ha proyectado en el Parlamento Europeo con motivo del tercer aniversario de la muerte de 15 personas por la acción de antidisturbios cuando trataban de cruzar la frontera entre Marruecos y España.

Playa del Tarajal - Ceuta

El 6 de febrero de 2014, al menos 15 personas mueren al tratar de cruzar la frontera entre España y Marruecos por la playa del Tarajal. La Guardia Civil los repelió con material antidisturbios cuando aún estaban en el agua. El caso fue archivado sin depurarse las responsabilidades pertinentes. La reapertura del mismo coincide con la presentación del documental ‘Tarajal, desmontando la impunidad en la frontera sur’, que hoy se proyecta en el Parlamento Europeo en Bruselas. Público ha entrevistado a Xavier Artigas y Xapo Ortega, sus directores.

Xapo Ortega y Xavier Artigas

¿Encontráis dificultades, obstáculos, de parte de las instituciones a la hora de realizar un documental sobre un hecho tan polémico como el caso de Tarajal?


X.O. Toda la parte de investigación ya estaba hecha, sobre todo por algunos diarios, que son quienes estuvieron ahí todos los días presionando e incluso desencadenó que la Guardia Civil acabase cediendo las imágenes de las cámaras de seguridad, que hasta entonces estaban editadas y por fragmentos. Nosotros no investigamos sino más bien lo que hacemos es recoger toda esa información que ya era pública, ponerla en orden cronológico y añadir algo de discurso sobre el racismo institucional. Pero al margen de que sí que pedimos alguna entrevista con la Delegación del Gobierno en Ceuta y el Ministerio y no hubo respuesta, como es habitual, no sucedió nada.

Defendéis que en el discurso insitucional referente a los hechos, se producen contradicciones, ¿a qué tipo de contradicciones hacéis referencia?


X.A. Las contradicciones aparecen en las declaraciones de los responsables políticos, sobre todo del ex ministro del Interior, en sus declaraciones en sede parlamentaria o a medios de comunicación, no tanto en las entrevistas que nosotros hicimos. Sí que es verdad que pudimos hablar con dos representantes de la Guardia Civil. No consideramos que mintieran pero sí que manipulaban la información o que solo contaban una parte de lo que había ocurrido. Pero yo personalmente no detecté contradicciones específicas. Es un relato coherente, en lo que comentaba Xapo, en una estrategia de normalización de la violencia con fines racistas, considerar que una seria de personas no tienen los mismos derechos que otras. No hay contradicciones porque es un relato coherente con esto. Yo creo que uno de los logros del documental es que consigue visibilizar eso de una forma muy clara.

En los últimos meses se ha producido una "militarización" del lenguaje migratorio y para referirse al control de fronteras, ¿apreciasteis esto durante la realización del documental?


X.O. Sí, yo creo que está claro por lo que hablábamos antes, hay esa normalización de lo que ocurre en la valla cuando el ministerio de Interior en 2011 no dejaba acceder a la zona a fotógrafos ni a periodistas, se les quitaba las cámaras, se requisaba tarjetas… Hay un cambio de estrategia a partir de 2011, 2012, que es dejar pasar a todo el mundo, hipervisibilizar la frontera para teatralizarla; hacer un teatro de la invasión, el asalto… Los grandes diarios hablan de asalto, de invasión, de 30.000 personas a punto de saltar, la valla o invadirnos… convirtiéndolo casi en un territorio de guerra. Poco después de los hechos del Tarajal, creo que hubo una visita de representantes del gobierno húngaro que vinieron a tomar nota de cómo se estaba tratando a las personas en la valla para aplicarlo en sus fronteras a los refugiados. Yo creo que está claro que las políticas de la Unión Europea van encaminadas a visibilizar la frontera como un lugar de conflicto, cuando en realidad la entrada por la frontera sur no sé si supone un 2 o un 3% de los migrantes que llegan al Estado español y que muchos de los que cruzan la frontera ni si quiera van a quedarse, van a otros destinos.

También sois autores del documental ‘Ciutat morta’ que también pone en el ojo del huracán a las fuerzas de seguridad del Estado, ¿habéis encontrado paralelismos en estas dos historias?


X.A. Para mí el paralelismo está en esa maquinaria del poder que se pone en marcha cuando hay que garantizar la inmunidad por parte de los cuerpos de seguridad, en la que de repente hay una alineación total entre el poder político, el poder judicial y, en muchos casos, los medios de comunicación. Esta promiscuidad que hay entre estos distintos poderes tiene un fin tan claro como no permitir que se deslegitime el poder policial, que es el que garantiza que las órdenes se ejecuten. De una forma mágica acaba ocurriendo este acuerdo que es donde mejor se visibiliza el poder, que en el caso de nuestro Estado es heredero de un sistema dictatorial y ahí es donde se ve más claro.

Imagino que el cierre del caso durante la realización del documental fue un duro golpe. ¿Sentís la reapertura del mismo como una pequeña victoria? ¿Esperáis que se haga justicia?


X.A. Yo creo que es un momento clave ahora. Personalmente, esperanza tengo muy poca pero es en momentos como este en los que se ve la fuerza de la sociedad civil organizada y de la capacidad que tenemos de influir en la opinión pública para demostrar lo que todos ya sabemos y es que los jueces no son neutros; que se empapan también de lo que se vive en la opinión pública y que si hay también una indignación general en el Estado español y a nivel europeo de la impunidad sobre estos hechos y esto se visibiliza y se vive de una forma intensa, pues va a afectar y va a influenciar el resultado de lo que pueda venir. En este sentido creo que tenemos una responsabilidad muy grande. No nosotros que el documental ya lo hemos hechos, sino aquellos que quiera reapropiarse del documental y difundirlo como se está haciendo hoy aquí para que esto no deje de ser un debate público y acabe influenciando el resultado a nivel judicial.

Después de haber realizado este documental, ¿qué opinión os merece que la UE ponga de ejemplo a España como gestor de fronteras?


X.O. (Risas). Yo creo que es un pez que se muerde la cola. Lo que hablábamos antes de esta hipervisibilización de la frontera por parte del ministerio, nosotros creemos que aparte de la intención de animalizar al invasor y normalizar la violencia que se ejerce…También es una manera de reclamar recursos a la Unión Europea. Es una forma de decir: “Mira, existe un problema aquí en el sur, tenemos una invasión y necesitamos más recursos económicos". Que la Unión Europea aplauda a España por la manera de gestionar la frontera, no deja de ser parte de la política europea racista y que deberíamos luchar para revertir.

FUENTE: publico.es
Beatriz Ríos - Bruselas
08/02/2017


¿Y en ningún momento se les pasó por la cabeza, que en la misma situación en la que se hallaban aquellas personas a las que  disparaban, podrían encontrarse sus propios hijos en un futuro? 

¿O es que las "putas órdenes" siempre lo van a justificar todo?

4/9/16

NO PROFANARÁS EL NOMBRE DE BEN-HUR


Primero los antecedentes:

En 1880 el general Lew Wallace escribió la novela "Ben-Hur". Apenas una década después se estrenó una adaptación teatral. Fue en 1907 cuando se rodó para el cine un cortometraje de quince minutos en plena época del cine mudo. En 1925 se filmó el primer largometraje, con Ramón Navarro, una de las estrellas del momento. Tendría que llegar 1959 para que William Wyler (que había participado en la versión de 1925) dirigiera esa obra maestra que se hizo acreedora de once eunucos dorados y que contiene una de las mejores escenas de la historia del cine: la mítica carrera de cuadrigas, dirigida por Andrew Morton con la inestimable ayuda de Yakima Canutt, e, incluso de un joven Sergio Leone. 

Nada bueno se presagiaba cuando se anunció una nueva versión de este clásico para el 2016. La elección de Timur Bekmambetov, artífice de las olvidables "Abraham Lincoln: cazador de vampiros" y "Se busca", terminó por confirmar los peores temores. Solo reseñar que para las escenas de acción Bekmambetov encontró inspiración visual en YouTube. Una grabación de seguridad de un accidente de una guagua que tuvo lugar en la vida real en Corea del Sur ayudó al equipo técnico a crear una colisión convincente entre el barco griego y la galera romana. Asimismo, las grabaciones de la NASCAR ayudaron a Bekmambetov a marcar el ritmo, la rapidez y la intensidad de la carrera de cuadrigas. Ahí queda eso. 


El resultado de esta nueva versión cinematográfica no puede ser más chapucero, sobre todo teniendo en cuenta que emplea los mismos ingredientes que su predecesora de la década de los 50. Los aspectos emotivos de la película, la contraposición de venganza y perdón, quedan reducidos a añicos. A unos diálogos insustanciales se unen unas interpretaciones olvidables (no se salva de la quema ni Morgan Freeman). La banda sonora de Marco Beltrami cumple el expediente, pero no alcanza las cotas de excelencia de la partitura de Miklós Rósza. Y a los 94 minutos comienza la carrera de cuadrigas, que aunque no llega a la altura de la que protagonizaron Charlton Heston y Stephen Boyd, es lo único que merece la pena ser visto de este mediocre filme.

Con este innecesario remake se pone de relieve una de las grandes falacias de la sociedad contemporánea, que determina que lo nuevo es mejor que lo anterior solo por la novedad. No es una cuestión de nostalgia sino de valía cinematográfica. En este caso en concreto, la cosecha gran reserva de 1959 es infinitamente mejor que la del vino joven de 2016. Con su permiso, me voy a ver por enésima vez la versión de "Ben-Hur" de 1959.


FUENTE: eldía.es
Cultura y espectáculos
Benjamín Reyes
02/09/2016


Si Benjamín lo dice, es más motivo más que suficiente para que este ciudadano se ahorre el mal trago de deglutir (y valga la "rebundancia", que debe venir de algo parecido a "rebunzno") el bodrio de marras. Así que, siguiendo sus pasos, voy a pinchar en mi viejo vídeo VHS la versión ganadora de los 11 óscares, que aún conservo como oro en paño, para disfrutarla una vez más.

24/7/14

EL MALO DE LA PELÍCULA

EL SIMIO MALOTE


La carga ideológica de El amanecer del planeta de los simios, la última entrega de una serie de éxito comercial asegurado, está tan oculta que, por momentos, la película de Matt Reeves se presenta como un homenaje a la paz y la concordia entre los seres (humanos o no) de buena voluntad. Pese a su trágico pasado, simios y hombres, cada vez más indistinguibles, son capaces de superar sus diferencias y entenderse, de complementarse incluso, de ensayar una coexistencia pacífica aunque segregada.

Estos simios y humanos podrían ser musulmanes e hindúes tras las matanzas que siguieron a la independencia de la India; o norteamericanos y vietnamitas tras las guerras de los años 60 y 70 del pasado siglo; o hutus y tutsis tras el genocidio de 1994; o serbios, croatas y bosnios tras los atroces años 90; o rusos y chechenos tras las conmociones que siguieron a la explosión de la URSS; o ucranios y rusos de hoy mismo; o palestinos y judíos de un mañana que quizás no llegue nunca.

Pero se trata de una película, así que en este caso son simios (que se comportan a veces como humanos) y humanos (que se comportan a veces como simios) quienes, tras el enfrentamiento que puso a ambas especies al borde de la extinción, intentan rehacer su vida por separado, pero ven como el odiado y temido “otro” pone en peligro su supervivencia.


En ambos lados hay buenos y malos, belicistas y pacifistas, tolerantes e intransigentes. La balanza podría inclinarse por el platillo de quienes buscan la concordia, pero el mal (que no es exclusivo de una de las partes) muestra una capacidad superior para generar dinámicas destructoras y provocar incidentes que arrastren a todos ellos por el camino de la guerra.

Hasta aquí, la película, aun siendo totalmente prescindible, merece cierto respeto como producto de entretenimiento. Es muy accesible, comercial hasta el exceso, fruto de una industria poderosa y con talento, favorecida por una enorme operación de mercadotecnia, desmesurada sin superar los límites de lo admisible en una gran pantalla, bien dirigida e interpretada, apoyada en los últimos avances de la técnica, con espectaculares efectos especiales y, por fin, con un “hermoso” mensaje: aun siendo distintos podemos entendernos.

Así, aunque los espectadores pertenecen a uno de los bandos contendientes (a los monos no les gusta el cine o no tienen dinero para pagarse la entrada), Matt Reeves consigue que no tomen partido, que sean neutrales en el conflicto, tal vez porque estos simios tienen poco de simios (¡incluso hablan!) y parecen compartir con el ser humano más del 97% del ADN que se atribuye a los orangutanes.


Pero, ¡ay!, tanto se parecen a los humanos que son capaces de reproducir sus peores instintos, su capacidad de enfrentamiento y autodestrucción. En la Arcadia feliz de los simios, también hay espacio para las manzanas podridas, para el ansia desmesurada de poder, para la violencia desenfrenada y sin sentido, para el liderazgo cruel y egoísta, para quienes desprecian la norma de que “simio no mata a simio”.

Y aquí es donde el director evacua su cagada ideológica, tan consustancial con Hollywood. Porque el gran “malo entre los malos”, el perverso, implacable, sanguinario y maquiavélico dictador totalitario responsable de que vuelva a estallar la guerra con los humanos no lleva un nombre cualquiera, sino el de Koba. No ya Hitler, Franco, Leopoldo o, ya puestos, George, sino Koba.

Y, Koba, como recordarán por ejemplo los lectores de Martin Amis, era el nombre de guerra de Iosif Vissariónovich Dzhugashvilli, un revolucionario georgiano y cabeza del imperio soviético que ha pasado a la historia, con muchas luces y sombras, con el nombre de Stalin.


Conclusión: la culpa de todo la tiene ese malote simio comunista.

FUENTE: publico.es
El ojo y la lupa
Luis Matías López
22/07/2014

29/7/13

CARTEL CINEMATOGRÁFICO

Ciudadanos:
¡No se pierdan esta película!


No se arrepentirán.