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18/9/18

PUTA CRISIS

Diez años de Lehman Brothers: ¿qué has hecho tú?


Hoy se cumple una década del día que pensamos que nuestras vidas cambiarían: la caída de Lehman Brothers. Entonces, muchos pensamos (pobres idealistas) que la sociedad aprendería la lección, que se emprendería esa carrera de fondo hacia un sistema mejor, que huya de la depredación y la depravación del capitalismo. Nos equivocamos, lo afianzó aún más.

Hace diez años, aún con miseria, se vivía mejor que ahora. Esta estafa que nos metieron en la cabeza que llamáramos crisis, no ha hecho sino empobrecernos económica, social y moralmente. Podemos culpar de lo sucedido a las entidades financieras, al mismo capitalismo; podemos compartir nuestra indignación porque buena parte de los verdugos de esta ejecución mundial -gente de la calaña de Luis de Guindos- vivan hoy aún mejor que entonces… A todo ello podemos culpar de nuestros males, ¿pero dónde estamos nosotr@s como sociedad?

Luis de Guindos

Ha pasado una década y ¿qué lecciones se han extraído de todo aquello? No hace falta irse muy lejos para comprobar cómo la sociedad no se sacude la codicia de encima, cómo la avaricia ha trascendido el mercado de compra-venta de vivienda y se ha instalado en el del alquiler. No hace falta irse muy lejos para ver cómo la extremaderecha ha aprovechado la alfombra roja que se le ha tendido y capta a las víctimas de su propio egoísmo con sus mentiras y demogogia.

De una vez por todas tenemos que dejar de asumir el papel de víctimas. Es cierto que el capitalismo ha conseguido consolidar esa relación de dependencia, de auténtica subordinación de la clase obrera respecto a la élite económica. De eso no cabe duda, como tampoco la cabe en el hecho de que parte de su éxito ha sido la despolitización de las personas a través, paradójicamente, de la política.


Hoy hay más gente hablando de política en la calle, en los bares, en las plazas, que hace una década, ¿pero de qué clase de política? En general, de una política zafia, adoctrinadora, hueca de fundamentos y desbordada de exabruptos que, desafortunadamente, el amarillismo de los medios ha amplificado.

De todo eso hemos formado parte. ¿Qué hacer llegados a este punto? Lo primero, no autocompadecerse como víctimas y, al mismo tiempo, tampoco autocomplacerse quienes han protestado, quienes se han movilizado o, incluso, quienes han triunfado con las mareas. Esas personas no han sido diferentes de quienes lo hicieron en el pasado y, hoy más que nunca, han de ser conscientes de la maratón que tienen por delante, de los kilómetros de lucha que restan. Esa distancia hasta la meta no impide saborear las victorias, pero desaconseja dormirse en los laureles.


El recientemente fallecido Samir Amin hablaba de la falta de una integración del trabajo. El capitalismo ha sabido evolucionar y generar una integración, un sistema mundial en el que integra desde las materias materias hasta sus productos terminando por los mercados de capitales (¿Qué son, si no, aberraciones como el TTIP?). ¿Qué ha sucedido con el trabajo? Que ése no se ha integrado y ahí radica nuestro poder.

Aprovechando los fundamentos de Amin, yo apuesto por una integración de la clase obrera cuyo pegamento sea la solidaridad que se nos ha perdido por el camino. Destruyamos esa relación de subordinación con esa élite económica que se sustenta de nuestra miseria y fomentemos la desconexión. Hagamos un by-pass, desconectándonos de ese sistema capitalismo que nos emponzoña con esas ansias de posesión más que de compartir, de acumular más que de dar, de competir más que de cooperar, y conectémonos a otra red.


Hay un sistema paralelo con una red mucho más extensa, pero a la que le faltan glóbulos rojos: esa red de solidaridad, antidesahucios, antimonarcas impuestos, anticorrupción, autocrítica… Y usted y yo debiéramos formar parte de su torrente sanguíneo porque, de lo contrario, nosotr@s mism@s abriremos el tajo por el que nos seguirán desangrando, poco a poco, tan medido que nos deja agónicos en continua anemia, lo suficiente para seguir pudiendo vampirizarnos.

FUENTE: publico.es
Posos de Anarquía
David Bollero
15/09/2018
¿Qué que he hecho yo?... 

¡Cagarme en todo lo cagable! a la vez que intentaba convencer a mis conciudadanos, berreando como un energúmeno en este blog, de que debíamos contraatacar de algún modo. Pero "nasti de plasti". La gente no está por la labor, y es que nos han hecho perder aquella cohesión que, como clase trabajadora, alguna vez tuvimos.

18/9/13

LAS CONDENAS A LOS BANQUEROS NO PROSPERAN

Gobiernos y reguladores de todo el mundo han aumentado su vigilancia a los bancos y han actuado contra los delitos financieros ante el clamor  de los ciudadanos por los costosos rescates. Pero apenas han podido presentarse cargos en los tribunales contra los que se encuentran en lo más alto del escalafón bancario.

Sede de Lehman Brothers en Nueva York, en septiembre de 2008, cuando se declaró en quiebra.

¿Terminarán los grandes banqueros en la cárcel alguna vez por su conducta? ¿O las mala decisiones empresariales no son realmente un delito? Cinco años después de la bancarrota de Lehman Brothers, aún persiste el debate sobre cuánto deben costarles las decisiones fallidas a los presidentes de los grandes bancos y la posibilidad de sanciones legales para altos cargos del sector se mantiene como una amenaza lejana. Incluso aunque las leyes han evolucionado (en Reino Unido, el gobierno quiere penalizar la imprudencia bancaria), una repetición de la crisis financiera y el caso colapso mundial de 2008 no llevaría aún hoy necesariamente a demasiadas imputaciones, según algunos abogados. El problema radica en la dificultad de culpar a una persona por la toma de riesgos y decisiones en toda la cadena de mano de una entidad, lo que se convierte en uno de los mayores obstáculos para iniciar un proceso.

Los reguladores en todo el mundo aumentaron su escrutinio a los bancos y actuaron contra los delitos financieros ante la ira de sus ciudadanos por los costosos rescates públicos y sus consecuente escándalos. Pero todo ello apenas ha resultado en unos pocos intentos de presentar cargos contra aquellos que se encuentran en lo más alto del escalafón bancario.


En Estados Unidos, sede de Lehman Brothers, ningún alto cargo en todo Wall Street o la banca comercial ha sido condenado en relación a la crisis bancaria de 2008. En territorio europeo, la implosión del sector financiero de Islandia hace cinco años, ha finalizado con algunas de las sentencias más importantes, incluída la del expresidente de la entidad bancaria Glitnir, que fue condenado a prisión. En Alemania y Países Bajos también se se han producido, de manera aislada, condenas de directivos, y algunos casos relevantes pudieron materializarse. La cúpula ejecutiva al completo del banco alemán HSH Nordbank está siendo juzgada por las decisiones tomadas en el transcurso de la crisis.

Pero en Reino Unido, donde Royal Bank of Scotland y Lloyds fueron rescatados con un coste de 66.000 millones de libras (78.500 euros), ningún alto cargo bancario ha sido acusado de delito alguno. Tres ejecutivos de la entidad irlandesa Anglo Irish Bank serán juzgados en 2014, cinco años después de que la investigación al banco comenzara, mientras que en España, unas 100 personas están siendo investigadas por los tribunales por dejar las entidades arruinadas tras la explosión de la burbuja inmobiliaria, aunque ninguna ha sido procesado aún.


El hecho de que se produzcan tan pocas condenas se origina en parte en que, en algunos países, las leyes que podrían haberse aplicado contra tales delitos simplemente no existen. El ministro de Finanzas de Reino Unido, George Osbore, dijo en julio que adoptaría las recomendaciones realizadas por un influyente grupo de parlamentarios de que los banqueros deberían afrontar la pena de cárcel por un nuevo delito de "conducta imprudente en la gestión de un banco". "El regulador debería considerar responsible a la gente de manera personal por sus decisiones. Tienen que tener miedo al regulador, lo que desde luego no ocurrió en el pasado", dijo Mark Garnier, un diputado conservador de la Comisión Parlamentaria de Normas Bancarias.

En Estados Unidos, los fiscales siguen buscando nuevas estrategias para incriminar a banqueros de Wall Street que concedieron las hipotecas basura que iniciaron la crisis financiera, incluyendo el uso de una vieja ley que pretende castigar a aquellas personas de defraudar en banca minorista.


A pesar del alto coste de los rescates, en España, por ejemplo, los políticos de los principales partidos han evitado pedir investigaciones sobre distintos bancos fallidos, como ocurrió en Reino Unido después de que el Gobierno británico se viese ante una fuerte presión pública con motivo de la crisis. "(En España) es más la ausencia de voluntad de llevar estos casos que la falta de instrumentos, ya que algunos casos podría probarse sin gran dificultad", dijo Juan Torres, profesor de Economía en la Universidad de Sevilla, quien agregó que algunos estaban relacionados con claros ejemplos de fraude.

"En España, no hay voluntad de llevar estos casos adelante", dice Juan Torres López
En su defecto, las demandas de clientes y grupos de activistas han llevado a la Audiencia Nacional a investigar varios colapsos bancarios como el de Bankia, que fue rescatada en 2012 menos de un año después de salir a bolsa. La frustración por el lento avance de los procesos probatorios en España está llevando a algunos grupos activistas a considerar hacer lobby en Naciones Unidas para conseguir que incluyan los delitos económicos como crímenes contra la humanidad, aunque admiten que conseguirlo sería muy difícil.


FUENTE: Público.es
Sarah White / REUTERS 
Londres 14/09/2013