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19/10/18

IMPERMEABILIDAD REAL

Sus Majestades los Reyes durante el recorrido por las calles de Sant Llorenç

En pocos días hemos visto gestos públicos de la ciudadanía que han dejado en evidencia que hay una España que no quiere monarquía, que no acepta a Felipe VI como Jefe de Estado por el simple hecho de que se apellide Borbón. Una escoba o unos diplomas sirven para un mismo cometido: decir NO al Borbón.

Durante mucho tiempo, la Casa Real y el Borbón de turno (Juan Carlos I y Felipe VI) se han presentado como dos personajes impermeables al desprecio que much@s español@s sentimos por la monarquía; impermeables a las críticas de quienes vemos profundamente deshonesta su propia figura al no prestarse siquiera a escuchar la opinión de la ciudadanía sobre su continuidad.

Eso ha cambiado: el Borbón ya está más que calado por la ciudadanía.

Felipe VI de Borbón

Tan grande está siendo el chaparrón que le cae al Borbón, que su impermeabilidad ha perdido efectividad. Por mucho tratamiento repelente que PP, PSOE y C’s le quieran aplicar, está calado.

El rechazo de Felipe VI a coger una escoba en Mallorca para ayudar a las personas afectadas por las inundaciones porque “ahora no puedo” choca, por ejemplo, con aquellas otras de los príncipes William y Harry en 2014, con el agua hasta las rodillas, pasándose sacos de arena en las inundaciones de Datchet (Berkshire), en Reino Unido.

Más contundentes aún si cabe son el plantón y las declaraciones de Diego Fernández y Juan Martínez, dos antiguos alumnos de la universidad de Oviedo con los mejores expedientes de su promoción.

Diego Fernández y Juan Martínez

Su comunicado conjunto es una bofetada de realidad para el Borbón, asegurando que "estos premios se han usado todos los años para hacer un lavado de cara a una institución como la monarquía que cada vez representa a menos personas, sobre todo a las generaciones más jóvenes“.

En su misiva, los estudiantes aseguran que "los evidentes casos de corrupción, su relación con dictaduras y ventas de armas o el origen franquista de su implantación en nuestro país no hace sino negar su legitimidad”.

Hoy somos muchas las personas más orgullosas por estos dos estudiantes que por el monarca, y que nos sentimos mucho más representados por ellos que por un tipo cuyo único mérito es apellidarse Borbón.

Escudo del apellido Borbón

La coherencia y sensatez de Diego Fernández es abrumadora: "La universidad pública nada tiene que ver con la empresa borbónica y monárquica que representan los reyes de España”. El joven de 25 años se refiere al acto al que ha rechazado acudir como “una fiesta privada y hecha por y para las élites, por y para la oligarquía asturiana y española”. Y no le falta razón.

Ante esta realidad, si algo de decencia le resta, Felipe VI debería poner su cargo a disposición de la ciudadanía a través de un referéndumfirma solicitándolo aquí– que, o bien le aporte la legitimidad de la que ahora carece o lo largue de una vez del Palacio de la Zarzuela. De no hacerlo así, ya no es sólo que siga cada vez más calado porque la impermeabilidad ya no es efectiva, sino que llegará una tromba que lo borre del mapa político.

FUENTE: publico.es
Posos de Anarquía
David Bollero
17/10/2018
Que se puede esperar de alguien que aceptó la corona real de manos de un padre que, para hacerse con ella, no dudo en jurar fidelidad a los principios del "Movimiento Nacional Franquista".

Eso es historia. No se puede negar, ni alegar ignorancia:

“Juro por Dios y sobre los Santos Evangelios, cumplir y hacer cumplir las Leyes Fundamentales del Reino y guardar lealtad a los principios que informan el Movimiento Nacional”.  

Así juró Don Juan Carlos de Borbón el 22 de noviembre de 1975 su proclamación como Rey de España ante unas Cortes preconstitucionales que aún lloraban la muerte del "generalísimo" Franco, fallecido dos días antes.

2/10/17

¿ALGUIEN SABE DÓNDE ESTÁ EL REY?


Como no aparezca pronto, no lo voy a votar más.

Citizen Plof 

9/6/14

LA INVIOLABILIDAD REAL

El rey inviolable


El rey se cortó la coleta en la Plaza de Las Ventas en la Corrida de la Beneficencia, regia y secular tradición a beneficio de los pobres y de los huérfanos, la sangre derramada sobre el albero, rojo y gualda, vinillos de Jerez y de Rioja, Patria pura. No están los huesos de Su Majestad como para salir a hombros de esforzados vasallos. Los gladiadores agradecen al rey su defensa de la Fiesta mayúscula y racial, “Morituri te salutant”. Juan Carlos I no cortó trofeos esta vez para aumentar su colección de despojos cinegéticos. Ya no abatirá nada en las verdes praderas de Botswana, solitario es el camino que conduce al cementerio de elefantes, el arma en el armero y los únicos safaris posibles en la PlayStation. No ha perdido del todo sus superpoderes, su persona seguirá siendo inviolable (signifique lo que signifique tan ambiguo término, violables somos todos, y todos imputables y, llegado al caso guillotinables). En este país, o lo que sea, en el que nadie admite ni abdica sino es estrictamente necesario, en este país de indultos y aforamientos, el rey ha dado ejemplo de prudencia, que más prudente es abdicar con garantía de impunidad que arrostrar el descrédito y la desafección, ver como el índice de popularidad cae al mismo nivel que el de los ministros del gobierno menos valorado desde que hay estadísticas y que la Justicia le sigue los pasos aunque a respetuosa distancia. 


Ni exilio, ni destierro, el rey padre quedará entronizado como patriarca de la familia en cuanto Antonio López termine su retrato interminable, cuya elaboración promete durar más que el propio reinado del monarca. La imagen de la consagrada familia seguirá dando portadas al Hola, y probablemente escándalos a los diarios sensacionalistas, pero las ovejas negras serán tratadas con mayor benevolencia sobre todo si son fotogénicas y sus finanzas no se entroncan con las del Estado.

El rey está en el limbo, en el que tantos monarcas vivieron durante sus reinados, en una nube legal y vaporosa que tapa sus vergüenzas. La continuidad dinástica (parece que hubo suerte) ha recaído en un príncipe discreto que no aparece ni en las revistas escandalosas ni ante los tribunales, aunque está suficientemente preparado para ello. ¿Pero estamos nosotros sus forzados súbditos preparados para afrontar otras nueva etapa borbónica sin poder expresar lo que pensamos sobre la anacrónica institución. Hay repúblicas nefastas pero no conozco ninguna monarquía buena…


Permitan un momento de perplejidad ¿Conozco alguna buena república?, mmm…. Me gustaría hablar de Uruguay pero el presidente Mujica me regañaría; como le dijo a Évole, "si Uruguay es un país ejemplar: como estarán los otros".

La República no solucionará nuestros males pero disminuirá algunos, la posibilidad de cambiar a un Jefe del Estado , cada cierto tiempo, sin derramamiento de sangre y sin sustituirlo por su vástago preferentemente masculino, no depender de la genética, ni de la heráldica, no hacer genuflexiones ni seguir otros protocolos de humillación. Una república aliviaría algo la cosa y nos quitaría parte de nuestra cara de tontos. Además me gustaría comprobar en directo cómo con la monarquía desaparecen los monárquicos como ya se van esfumando los juancarlistas para hacerse “felipistas”, aunque suene mal decirlo. La monarquía borbónica en España comenzó con Felipe V y puede terminar con el VI. Menos da una piedra.

 











FUENTE: publico.es
Cabeza de ratón - Moncho Alpuente
06/06/2014