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14/10/18

TOTAL IMPUNIDAD

Oportunidad para luchar contra la impunidad

El doctor Eduardo Vela, en una sesión del juicio sobre robo de bebés en la Audiencia Provincial de Madrid. EFE
El doctor Eduardo Vela, en una sesión del juicio sobre robo de bebés en la Audiencia Provincial de Madrid. EFE

A principios de esta semana conocimos la sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid por el caso de Inés Madrigal contra el doctor Eduardo Vela. Inés Madrigal averiguó que en 1969 había sido separada de sus padres biológicos y entregada a una pareja que no podía tener hijos. La perseverancia y la búsqueda de justicia de Inés y de su madre adoptiva permitieron que se sentase en el banquillo al doctor Vela. El juicio al doctor Vela es el único que se ha celebrado sobre la trama de robo de bebés en España.

A pesar de que la sentencia reconoce la comisión de todos los delitos, las Magistradas absuelven al doctor por prescripción de los mismos, es decir, que, por el paso del tiempo, consideran que se ha extinguido la responsabilidad penal.

Esto qué significa

Inés Madrigal

Las Magistradas entienden correctamente que el delito más grave de los tres por los que se le juzga al doctor, el de detención ilegal, prescribe a los 10 años, lo que ocurre es que empiezan a contar el plazo desde que Inés cumplió 18 años, sin tener en cuenta que a esa edad lo único que conocía era que era adoptada, pero no las circunstancias en que lo fue. A día de hoy Inés ni siquiera sabe quiénes son sus padres biológicos.

En la sentencia, la Sala le sugiere que era ella quien debería haber realizado “las pesquisas y acciones que tuviera por conveniente” para averiguar los datos sobre sus padres biológicos. Este mensaje es muy preocupante ya que la responsabilidad de que se juzgue a los responsables recae exclusivamente sobre la víctima del delito.

¿Qué se podría haber hecho diferente?

Código penal español

La propia sentencia reconoce que existen diferentes opciones de interpretar la prescripción del delito de detención ilegal, pero deciden utilizar la más restrictiva para la víctima y, en consecuencia, más favorable para el médico.

El delito de detención ilegal, según el criterio del Tribunal Supremo, es un delito permanente, y, tal y como establece el Código Penal, estos delitos prescriben cuando se pone fin a la situación ilícita o cesa la conducta -en este caso cuando Inés Madrigal tuviera conocimiento sobre su verdadera identidad biológica-. 

La Fiscalía General del Estado también se pronunció sobre este asunto y concluyó que, en los casos de bebés robados, no comenzarán a correr los plazos de prescripción hasta que la víctima no tenga conocimiento de la alteración de su filiación.


Una decisión en este sentido, además, hubiese estado alineada con los estándares que establece el derecho internacional y que son de aplicación en nuestro país. La Sala podría haber ido más lejos concluyendo que el delito que estaba enjuiciando es un delito de lesa humanidad con un componente de género.

Efectivamente, las relaciones de poder desiguales y las desigualdades de género arraigadas tienen repercusiones desproporcionadas en las mujeres y las niñas. Los casos de bebés robados son un ejemplo paradigmático de ello. Se robaban los bebés de un determinado grupo de mujeres, que no se correspondían con la visión que el régimen franquista tenía de las mujeres y del papel que se suponía que debían ocupar en la sociedad.

Además, el derecho internacional de los derechos humanos, también ha sido claro al afirmar que los casos de bebés robados -como el caso español- constituyen formas de desaparición forzada, y que los Estados están obligados a realizar una investigación de oficio, rápida, exhaustiva, independiente e imparcial para esclarecer los hechos, castigar a los responsables y reparar a las víctimas.

Michel Forst, relator de Naciones Unidas

El propio relator de Naciones Unidas para la promoción de la verdad, la justicia, la reparación y las garantías de no repetición en su última visita a España en septiembre de este año reiteró (como ya lo han hecho con anterioridad y en múltiples ocasiones otros organismos internacionales) que “los crímenes del franquismo son crímenes internacionales tipificados a nivel internacional” y que España tiene que investigar, juzgar y condenar a los responsables franquistas y, además, debe hacerlo aplicando un enfoque de género.

Esta absolución evidencia (una vez más) que España incumple con sus obligaciones internacionales y con las recomendaciones de los organismos de Naciones Unidas.

Nueva oportunidad para la justicia


En todo caso, aún existe una puerta abierta para la justicia, ya que las acusaciones van a recurrir la absolución ante el Tribunal Supremo. Y, aunque la sentencia es absolutoria, también reconoce expresamente que el doctor Vela entregó a la recién nacida a un matrimonio, fuera de los cauces legales, simulando un parto que no se había producido y estableciendo una filiación falsa, sin conocimiento ni consentimiento (obviamente) de los progenitores biológicos.

Por lo tanto, el caso sigue su curso y será ahora el Tribunal Supremo el que tendrá en sus manos la oportunidad de romper la impunidad generalizada y comenzar a condenar esta práctica sistemática de desaparición y posterior apropiación de bebés en nuestro país. 

Será, además, una ocasión perfecta para reconocer los actos de violencia que sufrieron específicamente las mujeres durante el franquismo y la transición. Y, en definitiva, para avanzar en la justicia de género, identificando el robo de bebés como lo que es, un crimen internacional de género y una grave vulneración de los derechos humanos de las mujeres.


FUENTE: publico.es
Dominio público
Aintzane Márquez Tejón
11/10/2018


¡¡¡Pues vaya una mierda de justicia!!!

28/6/18

VERGONZOSA DESMEMORIA

Un país sin vergüenza

Eduardo Vela

Un anciano de 85 años, con una chaqueta sobre los hombros, se lleva una mano al oído y dice que no oye bien; la fiscal tiene que repetirle varias veces la misma pregunta, aunque casi siempre entiende a la primera a su abogado. Se llama Eduardo Vela, fue ginecológo en la clínica San Ramón de Madrid durante los años sesenta y ayer, por fin, una mujer, Inés Madrigal, logró la proeza increíble de sentarle en el banquillo después de una disputa titánica. Está acusado de detención ilegal, suposición de parto y falsificación en documento oficial.

Un día la madre de Inés Madrigal le confesó que ella no era su verdadera madre, que Vela -a quien reconoció en un careo durante la fase de instrucción- se la había regalado como si fuese un cachorrito después de quitársela a sus auténticos padres y de enseñarle cómo fingir un embarazo. Vela contesta a las preguntas con vaguedades, dice que él no sabe nada, que no se acuerda de nada.

Inés Madrigal

Es lógico que no se acuerde, es incluso plausible: lo terrible, lo imperdonable es que no nos acordemos nosotros. El caso de Inés Madrigal, que lleva media vida preguntándose dónde andará su madre biológica, es sólo una gota de agua en un océano de desdicha. Porque San Ramón sólo era una más de las docenas y docenas de clínicas, maternidades e instituciones religiosas dedicadas al expolio de recién nacidos a todo lo largo y lo ancho de la geografía española, una auténtica trama criminal que implicaba a médicos, funcionarios del gobierno, monjas, curas, comadronas y agencias de adopción estatales.

Este robo sistemático de bebés se remonta a 1937, cuando el doctor Antonio Vallejo-Nájera, psiquiatra oficial del régimen y admirador confeso de Himmler, ideó la estrategia de separar a los hijos de las madres republicanas presas en las cárceles de Franco para evitar la propagación de lo que él denominaba “el gen marxista”. Posteriormente, durante los años cincuenta y sesenta, esta maquinaria criminal adquirió el rango de un lucrativo negocio, cuando el bebé arrancado a su madre legítima -a quien se le decía que había muerto en el parto- era vendido a otra familia por un buen puñado de dinero y con todos los papeles en regla.

Himmler, Franco y Serrano Súñer, en la visita del primero a España

Son miles de españoles quienes, como Inés Madrigal o el abogado Enrique Vila Torres, siguen preguntándose en vano por su origen, pero son muchos más quienes ni siquiera se imaginan que su biografía empezó con un crimen. Se calcula que, entre los cuarenta y los ochenta, la cifra puede ascender a sesenta mil niños robados, quizá la historia más negra del franquismo y la más ignorada.

Por desgracia, tuve la desgracia de investigar algunos detalles de la trama durante la escritura de mi último libro, Palos de ciego, en el que, entre otras cosas, intenté esclarecer qué había sucedido con mi hermano mayor, David, muerto en la clínica de San Ramón a las pocas horas de su nacimiento. O al menos eso les dijeron a mis padres. Así descubrí cómo, en 1981, el fotógrafo Germán Gallego publicó en la revista Interviú unas asombrosas fotografías donde se veía a un bebé congelado en una cámara frigorífica de la clínica San Ramón. Ese trozo de carne helada y triste era lo que le enseñaban a las pobres desgraciadas que no se resignaban a la noticia de que habían perdido a un hijo.

María Antonia Iglesias
(1945 - 2014) 

Gracias a ese reportaje firmado por María Antonia Iglesias se inició una investigación policial que terminó con la clausura de la clínica y la detención de Vela, pero la causa no fue más allá, quizá porque implicaba a personajes demasiado poderosos relacionados con los estamentos religioso y político. Años más tarde, en 2010, en una de las pocas entrevistas que concedió, el ginecólogo confesó que no había congelado un solo niño, sino varios, que se trataba de una práctica corriente que llevaba a cabo cuando no tenía tiempo para realizar la autopsia en el momento. También dijo que él mismo había quemado los archivos donde se guardaban los historiales clínicos y los datos de las parturientas.

La semana pasada toda España se indignó y los principales periódicos publicaron a todo trapo las repugnantes fotos de los niños separados de sus madres y albergados en jaulas por la administración Trump mientras esperaban la deportación. Ayer pasaron casi de puntillas sobre la ignominia de Inés Madrigal y de los miles de huérfanos que andan reclamando justicia en un país sin memoria, sin dignidad y sin vergüenza. No, Vela no se acuerda de nada, y nosotros tampoco.


FUENTE: publico.es
Punto de Fisión
David Torres
27/06/2018