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24/10/18

UNA AUTÉNTICA CATÁSTROFE NACIONAL

La Iglesia Católica, una catástrofe para la España contemporánea

Franco, con el entonces futuro rey Juan Carlos durante una visita a la tumba de José Antonio en Cuelgamuros en 1972. Les acompañan en segunda línea Carrero Blanco y Torcuato Fernández-Miranda.
La Iglesia católica hace todo lo que está en su mano para mantener el orden establecido desde el franquismo, que no es otro que el del privilegio, el nepotismo y la corrupción.
Es bien sabido que, sin la ayuda de la Alemania nazi y la Italia fascista, el golpe de Estado de los militares africanistas nunca se habría transformado en una guerra de las dimensiones de la que asoló a España durante tres años. Del mismo modo, conviene considerar que la dictadura franquista no habría subsistido durante cuarenta años sin el apoyo incondicional de Gran Bretaña y Estados Unidos, y el silencio cómplice de las grandes democracias europeas, Santiago Matamoros y su caballo blanco y el fuerte impulso moralizador del brazo incorrupto de Santa Teresa de Jesús, brazo que acompañaba al asesino en su alcoba de El Pardo.

Relicario conteniendo la mano incorrupta de Santa Teresa de Jesús

Tras la derrota de las potencias nazi-fascistas, las dos naciones de habla inglesa arriba mencionadas y la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana se convirtieron en los verdaderos sustentadores del régimen más tiránico y destructor que ha conocido España a lo largo de su historia. Ni el internamiento mortífero de cientos de miles de presos en campos de concentración, ni los fusilamientos en masa, ni las torturas generalizadas que se practicaban en cualquier institución del Estado, ni el exilio de miles de compatriotas, ni el robo de niños, ni la expropiación forzosa de los dineros y propiedades de los vencidos, nada, absolutamente nada, ninguno de los horrores mencionados indujeron jamás a la Iglesia católica española a denunciar ante el mundo la destrucción y la tremenda represión a la que fue sometido el pueblo español. No obstante, era esa institución la columna vertebral sobre la que se asentó el fascismo español hasta la llamada transición, periodo que sentó las bases -pues nada se hizo para recortar su inmenso poder- para su actual vigor pese a que las iglesias sólo se llenen por la afluencia de turistas.

En esa imbricación entre militarismo reaccionario y catolicismo, jugaron papel fundamental dos arzobispos catalanes: Los cardenales Gomá y Pla y Deniel. Del primero de ellos, Isidro Gomá, reproducimos un fragmento de la Instrucción a los Diocesanos de noviembre de 1936, en la que, ajeno a la más mínima noción de justicia, de piedad y ecuanimidad, el Primado de España, justifica y ensalza la rebelión militar y el baño de sangre que propició: 

Isidro Gomá, arzobispo catalán

“Esta cruentísima guerra es, en el fondo, una guerra de principios, de doctrinas, de un concepto de la vida y del hecho social contra otro, de una civilización contra otra. Es la guerra que sostiene el espíritu cristiano y español contra este otro espíritu, si espíritu puede llamarse, que quisiera fundir todo lo humano, desde las cumbres del pensamiento a la pequeñez del vivir cotidiano, en el molde del materialismo marxista. De una parte, combatientes de toda ideología que represente, parcial o integralmente, la vieja tradición e historia de España; de otra, un informe conglomerado de combatientes cuyo empeño principal es, más que vencer al enemigo, o, si se quiere, por el triunfo sobre el enemigo, destruir todos los valores de nuestra vieja civilización... No será la primera vez que España lleve su frente a un tiempo marchita por el dolor y nimbada por la gloria; ella que supo contener con rudo esfuerzo las invasiones del sur y mantenerse indemne de las herejías del norte; que se desangró al alumbrar para la civilización y para Jesucristo un Mundo Nuevo; ella, que ha engendrado héroes sacrificados y gloriosos como los de Tarifa y el Alcázar toledano. ¡Quién sabe si el gesto heroico de nuestra España, que ha sacado del relicario de su alma y de los viejos cofres de su historia la fe y las armas que son hoy la admiración del Cmundo, se adelantó al gesto trágico, destructor, preparado por la diplomacia moscovita contra la Europa occidental! ¡Quién sabe si la operación quirúrgica, cruentísima, que se obra en nuestro país, miembro de Europa, será el remedio que expela del cuerpo del viejo continente el humor pestífero que lo tiene en gravísimo peligro! Las señales del cielo consienten presagiar las tormentas; no faltan signos de mal tiempo en el cielo de Europa. Y España es la nación de los grandes destinos. Quiera Dios que nos hagamos dignos de ellos. Los hombres se mueven y Dios los dirige. Su voluntad triunfa de todas las armas, y ante la diplomacia de sus inescrutables designios sobre el mundo humano son castillo de naipes todos los proyectos y combinaciones de las cancillerías....”.

Carmen Polo, Francisco Franco y el cardenal Pla y Deniel

Dios, que en otros tiempos nos envió a Santiago Matamoros para librarnos del Islam, nos bendijo en esa ocasión trágica con Franco, Mola, Sanjurjo, Yagüe, Gomá, Pla y Deniel, Escrivá de Balaguer, Herrera Oria y monseñor Eijó y Garay, todos ellos dedicados en cuerpo y alma a procurar nuestra salvación salvando primero a banqueros, altos dirigentes de la dictadura, plutócratas de todas las lenguas patrias y arrimados de cien ropajes. La guerra no había acabado, la guerra, de manos del nacional-catolicismo entró en otra fase, la del exterminio, la lobotomización general, la anulación de la mujer y el embrutecimiento del pueblo, de un pueblo que mayoritariamente sobrevivió aquellas décadas bajo el síndrome de Estocolmo que acompaña al terror.

El periodo dirigido por el cardenal Tarancón, hombre muy de derechas pero pragmático, supuso un breve paréntesis que concluyó con la sustitución de Díaz Merchán al frente de la sección española de la multinacional católica. Superado ese periodo, la Iglesia -que conservó absolutamente todos los privilegios que adquirió en la dictadura- volvió a lo suyo, es decir, al monte, a lo rupestre, invocando a Dios, a las Sagradas Escrituras y al Sursum Corda para combatir todos los derechos que el pueblo español iba conquistando, lanzando a la calle a sus acólitos para impedir la legalidad del divorcio, del aborto, de la igualdad de géneros, inmiscuyéndose en asuntos políticos que le eran totalmente ajenos, callando ante la explotación, el avance de la pobreza, los abusos de sus empleados contra niños, adolescentes y jóvenes que jamás deberían haber caído en sus redes si este país, en todas sus comunidades, no hubiese sido el que tiene más colegios católicos concertados de Europa, superando con mucho a la muy católica Italia, dónde reside el jefe de la multinacional.

Plaza de San Pedro en el Vaticano - Roma

Entre las distintas asignaciones que el Estado español otorga a la Iglesia, ésta recibe -de una Hacienda maltrecha- la nada despreciable cantidad de once mil millones de euros, un dinero que a día de hoy bastaría para cubrir el déficit de la Seguridad Social o para dotar a nuestras escuelas públicas -que son las de todos y las únicas que debiera financiar el Estado- de los elementos humanos y materiales que necesita para que seamos un país culto, despegado de las mixtificaciones sobrenaturales, y apegado al bienestar y el progreso de todos y cada uno de sus habitantes independientemente de sus apellidos, creencias o lugar de nacimiento. Sin embargo, aunque muchos crean que ya no es así, que ha perdido poder, la Iglesia católica hace todo lo que está en su mano -que es mucho porque Dios está de su parte y ya sabemos cómo se las gasta- para mantener el orden establecido desde el franquismo, que no es otro que el del privilegio, el nepotismo y la corrupción.

Como colofón, y en un gesto de chulería intolerable para un Estado Democrático que se precie, los ejecutivos de esa multinacional se disponen en la actualidad a asestar otro golpe más a la dignidad del país entero, al consentir que en uno de sus locales -la horrorosa catedral de la Almudena de Madrid- se entierre al más sangriento y brutal de los dictadores de Europa Occidental: Francisco Franco Bahamonde, que dormirá el sueño eterno -si no lo evitamos obligando al Gobierno a denunciar ya el Concordato, cosa bastante difícil porque los nacionalistas son católicos y la iglesia les ha prestado impagables servicios- en sagrado, convirtiendo esa construcción patética en un centro mundial de peregrinación de fascistas y ultramontanos.


Fachada principal de la catedral de La Almudena - Madrid

FUENTE: nuevatribuna.es

Pedro Luis Angosto
21/10/2018



En el fondo, todos esos integristas católicos, aparte de reaccionarios, son una pila de chiflados adoradores de "reliquias".

20/11/17

LA CASUALIDAD

Franco y el “20-N”: los mitos de una fecha legendaria

Prensa franco
La prensa recoge la muerte de Franco. 

La coincidencia de la muerte de Franco con la de José Antonio Primo de Rivera la misma fecha el 20 de noviembre (20-N), generó una mitología popular en torno a dicha jornada. Asimismo, la prolongada agonía de Franco también originó lecturas que apuntaban a una eventual voluntad de pervivencia del régimen.

Franco no murió el 20-N


Pese a que la fecha oficial de la muerte de Franco es el 20 de noviembre de 1975, la realidad fue otra. En su reciente obra Crónica de la Transición, 1973-1978 (Ediciones B, 2009), Joaquín Bardavío -quien fue entre otros cargos jefe de los servicios informativos de presidencia del gobierno (1970-1973) es rotundo al respecto:

Franco no murió a las 5.25 del día 20 de noviembre de 1975, como dice el parte médico oficial. Falleció varias horas antes, como al filo de la medianoche. Ya al anochecer del día anterior se había decidido dejarle morir ante el largo sufrimiento de su mujer y su hija, y la inutilidad de tenerlo conectado a una vida artificial. Que su óbito coincidiera con el treinta y nueve aniversario de [la muerte] de José Antonio Primo de Rivera pudo ser causa de alargar su existencia unas horas, quizá un poco más de un día. Aunque si el objetivo era sacralizar una coincidencia, no se consiguió en absoluto”.

Y añade que sobre las 9 de la noche o antes, del 19 de noviembre, el Marqués de Villaverde -yerno de Franco- despidió amablemente a los doctores que cuidaban al dictador y -sin testigos- procedió a desentubar y desconectar los mecanismos que permitían a Franco mantenerse en vida. Concluye Bardavío que “el fallecimiento real pudo ocurrir verosímilmente en las últimas horas del día 19 o como muy tarde, en los primeros minutos del día 20”.


Guardar la noticia permitió ganar tiempo al universo oficial del régimen para preparara a la población y estar preparado ante eventuales reacciones populares, por lo que había preparado un dispositivo en relación a su defunción -la “operación lucero”.

Las fantasías: no es lo mismo morir el día 19 que el 20

joseantonio-La Falange
El Régimen intentó, con la muerte de Franco el 20-N, que su figura 
se uniera indefectiblemente a la del fundador de la Falange.

Como señala lo expuesto, un rumor muy extendido afirmó que la larga agonía del dictador tuvo un propósito: hacer coincidir la fecha de su defunción con la de Primo de Rivera, ejecutado el 20 de noviembre de 1936 en la cárcel de Aliacante.

 De ese modo, el 20-N devenía una jornada llena de simbolismo porque unía en el recuerdo de los devotos y nostálgicos de ambos su memoria y la cripta del Valle de los Caídos el lugar donde podían reunirse para rememorar a los dos “ausentes”.

Misa previa al entierro de los restos mortales de Franco.

Sin embargo, circuló otra cábala de signo opuesto sobre la fecha de la muerte del Generalísimo, que atribuyó su óbito entonces que se prolongó su existencia para evitar que su muerte acaeciera el día 19. para ello se argumentó que la suma de la fecha oficial de inicio de la Guerra Civil (18-07-1936) y la de su fin (01-04-1939) proporcionaba un llamativo resultado: 19-11-1975.  

Franco y José Antonio... digo, Juan Carlos.
(¡Chacho, chacho! En qué estaría yo pensando)

Es decir, la ecuación contenía una profecía latente con la fecha de la muerte de Franco.

FUENTE: https://xaviercasals.wordpress.com
Blog de Xavier Casals

20/11/14

FRANQUITO 39

Hoy, que se cumplen 39 años de la partida del viejo dictador... Me estoy refiriendo a Francisco Franco; lo digo por si alguno-a no había caído aún. Pues hoy, repito, escarbando en la Red para buscar algunas referencias que me permitieran llenar la entrada correspondiente a esta efeméride, he tenido la suerte de toparme con un magnífico y extenso artículo escrito por el periodista, novelista, poeta, ensayista, antólogo, crítico, humorista... y a saber cuantas cosas más, el ínclito Manuel Vázquez Montalbán, desgraciadamente fallecido en Bankog (Tailandia) el 18 de octubre de 2003:

De 'Franquito' a ¡Franco, Franco, Franco!

MANUEL VÁZQUEZ MONTALBÁN

EL PAÍS Semanal, 29 / 11 / 1992


Franco


De pequeño le llamaban Paquito o Paco, diminutivo lógico si recordamos que fue bautizado el 17 de diciembre de 1892 en la parroquia castrense de San Francisco, en El Ferrol, como Francisco Hermenegildo Paulino Teódulo más un montón de apellidos paternos y maternos, según la costumbre de la época y de la gente de posibles. Los Franco no tenían demasiado dinero, pero en El Ferrol los oficiales de Marina eran como una casta aristocrática y endogámica. Paquito, para los niños de su edad, para su familia, diminutivo con el que nunca se sentiría a gusto, sobre todo porque a su primo Francisco Franco Salgado Araujo, más alto, le llamaban Pacón, a pesar de que era huérfano y tenía en la familia Franco Bahamonde el trato de ahijado del padre, don Nicolás. Paquito y Pacón. Así se relacionaron durante años, hasta que, compañeros de carrera militar, el huérfano Pacón se convirtió en el perpetuo actor secundario en el reparto, el amigo del chico, el hombre que ya a punto de morir dejaría escrita su amargura por lo mucho que le había dado a su primo y lo poco que había recibido.

Franco joven Se le empezó a llamar Franquito en la Academia de Infantería de Toledo, donde ingresó en 1907, tras un viaje desde El Ferrol acompañado por su padre, del que hay testimonio directo redactado por el propio Franco, según consta en el libro de su último médico de cabecera, el doctor Pozuelo, que le incitó a recordar y redactar unas memorias para reactivar al alicaído Franco posterior a la crisis de la flebitis. Una página interesante por lo que revela de constantes de su vida: relación con el padre, retórica en los ojos y en la comprensión de la historia.

Es curioso que en Raza, el personaje positivo, representado por José, él mismo, lance un canto a lo que se puede aprender en las piedras frente al conocimiento frío de los libros. También aprovechó Raza para hacer un ajuste de cuentas a los primeros de la clase. Él nunca lo fue. Al contrario, un estudiante del montón, situado en el escalafón de notas muy por detrás de don Camilo Alonso Vega, amigo de infancia y futuro ministro de la Gobernación. Y es que Franco, Franquito, lo pasó muy mal en sus primeros meses de estancia en aquella academia. Casi un niño, frágil, con una voz retenida por el frenillo, le llamaban Franquito y le ofrecían los mosquetones más pequeñitos, a la medida del diminutivo. Hasta que un día, harto de aguantar novatadas, cogió una lámpara y se la tiró a la cabeza al cabecilla de los provocadores... Dejaron de importunarle, pero siguieron llamándole Franquito.

Sus compañeros de promoción le recordaron años después según sus afinidades ideológicas, pero poco hablaban sobre el periodo de la academia y empezaban a agigantarle la estatura a partir de su primera misión en África. Del Franquito de la academia, Vicente Guarner, militar republicano que vivió un largo exilio, lo recuerda como un gallego poco culto, tímido, receloso, y se compromete a decir que de haber hecho una encuesta en la Academia de Toledo sobre cuál de aquellos aspirantes a oficial podría llegar a caudillo, Franco no hubiera estado en las listas. ¿Despecho del vencido? Es posible; pero no deja de ser cierto que la biografía gloriosa de los franquistas suele vitaminizarse y cargarse de proteínas a partir de la primera misión en África, y sobre todo tras la gravísima herida que recibió en El Biutz en junio de 1916. Pero a pesar de su buen comportamiento durante las batallas, demostrando un desprecio de vida propia y ajena que sorprendía por su frialdad calculada, siguió siendo Franquito para los altos oficiales, y todavía Sanjurjo en 1936, cada vez que dudaba si Franco se decidía o no a intervenir en el Alzamiento, preguntaba: "¿Qué va a hacer Franquito?".

El estudiante tímido, ordenancista, mirón de piedras, receptor de una historia y una filosofía de la vida filtrada por la endogamia cultural de la academia, callejeante por un Toledo que sólo le ofrecía barberos callejeros, mentideros y poca cosa más para su asignación de dos pesetas para gastos, cambió de psicología cuando se hizo soldado en guerra, pero en función de ese escenario y de los reflejos que le despertaban la convivencia con gente militar. En la vida privada seguía siendo un muchacho inseguro en los ambientes donde no podía aplicar las ordenanzas de Carlos III o los reglamentos militares particulares. En Melilla se enamoró de una muchacha, Sofía Subirán, hija de un coronel, y ya muerto Franco, la anciana ex cortejada de Franquito se confesaba a Vicente Gracia: "¿Que cómo era Franco? Fino, muy fino. Atento, todo un caballero. Si se enfadaba tenía un poco de genio, pero en plan fino. Tenía mucho carácter y era muy amable. Entonces era delgadísimo. Parece mentira como cambió luego. Conmigo era exageradamente atento. A veces te fatigaba. Me trataba como a una persona mayor y eso que yo era casi una niña... Estaba en la plaza de Melilla casi todos los días, el paseo por las tardes o por las mañanas en el parque de Hernández... No, no me contaba chistes, no tenía ocurrencias... Resultaba demasiado serio para lo joven que era. Tal vez por eso no me gustaba, me aburría un poco"... Y más adelante, doña Sofía sanciona: "Debió ser un buen marido, sí. Aburridito el pobre, sí, pero bueno...".

Toda la inseguridad de Franco en la vida privada, entre civiles, se convertía en su contrario cuando entraba en el cuartel o en campaña. Tenía fama de reglamentista, duro, implacable, exageradamente implacable hasta la crueldad, pero también exigente consigo mismo y concienzudo en sus movimientos de liturgia militar o de guerra. Y allí se construyó la base de su pedestal, de oficial africanista, muy diferente a los otros militares echaos palante, puteros, jugadores de la soldada, de valor caliente. Él antes de atacar ponía los prismáticos entre él y el enemigo. Los otros oficiales solían echarle muchos testículos al asunto... Franco examinaba, calculaba y luego sacaba de su frenillo toda la voz que podía para anunciar la carga. Esta diferencia de talante le creó admiradores entre sus compañeros de mando más cabestros y entre la alta oficialidad (Berenguer o Sanjurjo), que enseguida reconocieron en él a un oficial con porvenir. Los indígenas decían que tenía baraka, algo así como buena suerte y que sabía manera, es decir, que sabía mandar. La oficialidad africanista era muy dada al autobombo propiciador de ascensos, hasta el punto de que los oficiales de la Península se sintieron molestos y acusaban a sus compañeros en campaña africana de exagerar hazañas para acumular méritos y ascensos. Pero aquella oficialidad africana joven, respaldada por veteranos como Millán Astray o Sanjurjo o los mismísimos Berenguer, Queipo de Llano, Silvestre, ya empezaba a ser un grupo de presión dentro del Ejército, un lobby como diríamos ahora, que tenía acceso directo al rey. Y el propio rey bien pronto preguntaría por Franquito, y le llamaba Franquito años después, cuando ya era general, y no por la estatura, sino porque le hacía gracia lo grave que se ponía aunque hablara de las plagas del cerezo, y el tonillo de gallego con las palabras justas y la prudencia en el gatillo.

Abc fue un diario muy importante en la historia de España, lo sigue siendo, y en la de Franco. De hecho el futuro generalísimo era seguidor de Abc porque era el diario de su madre y porque le emocionó aquella carta de Luca de Tena protestando contra la conjura internacional antiespañola, a raíz del ajusticiamiento de Ferrer Guardia, tras la Semana Trágica de 1909. Pero también debería a Abc buena parte de su prestigio militar en la Península, cimentado por los corresponsales del diario en la guerra de África y muy especialmente por Tebib Arrumi, seudónimo de Ruiz Gallardón, abuelo del actual antagonista de Leguina en el Gobierno de la comunidad autónoma de Madrid. Entre los biógrafos más laudatorios de Franco aparece otro abuelo de un nieto hoy importante, don Manuel Aznar, pretérita semilla del actual José María Aznar, cabeza joven del PP.

También fue Abc quien utilizara por primera vez la calificación de caudillo aplicada a Franco. A raíz de su boda con doña Carmen Polo Meléndez Valdés, le llamaba el joven caudillo y con razón, porque era joven y había llegado a jefe de la Legión y a emparentar con una rica familia de Oviedo, muy por encima de los niveles de pequeñísima burguesía militar ferrolana de los Franco. Dos testimonios complementarios señalan ese salto de mando y estado de los años veinte como la clave del progresivo acercamiento de Franquito a ¡Franco, Franco, Franco! Otra vez Guarner señala ese tiempo de glorioso herido de guerra, destinado a Oviedo y prometido a doña Carmen, como el arranque de su definitivo complejo de excelencia: "Desde entonces se despertaron en él ambiciones ilimitadas y un inmenso complejo señoritil de vanidad y presunción, rayando el narcisismo. Incluso había cambiado su aspecto, adelgazando y ostentando fino bigotito. Medía prudentemente todos sus pasos y acciones, y en Oviedo, en un destino poco militar, como era la zona de reclutamiento, podía aguardar tranquilamente ascensos sucesivos y el acceso al generalato, figurando en la sociedad local, tan admirablemente retratada por Clarín en La Regenta, con aspiraciones a la mano de una señorita adinerada (con disminuida fortuna, de origen indiano), en caudillo y con razón, porque era joven y había llegado a jefe de la Legión y a emparentar con una rica familia de Oviedo, muy por encima de los niveles de pequeñísima burguesía militar ferrolana de los Franco.

Con Millán AstrayCuando el inconmensurable histrión que era Millán Astray organizó, bajo el patrocinio regio, la Legión Extranjera, imitada de Francia, escribió a los tres comandantes de Infanteria más jóvenes para mandar banderas, pequeños batallones, y Franco mandó la primera de ellas, con imposición de una disciplina que rayaba en la crueldad. El pelotón de castigo trabajaba duramente, con las mochilas rellenas de piedras, y eran fusilados sistemáticamente los legionarios indisciplinados. Franco no tuvo nunca prejuicios humanitarios. La compasión y la piedad ante los sufrimientos de sus semejantes no entraban en su mentalidad. Se cubrió, desde entonces, con una falsa máscara impasible y severa". La boda de una Polo Meléndez Valdés no era un trueque desigual. Ella portaba posibles y apellidos sonoros, pero Franco ya era gentilhombre del rey. A la boda asiste la familia del novio, menos el padre, desde 1907 residente en Madrid, donde hacía vida marital con una buena mujer que tenía estudios de maestra de escuela, aunque los Franco, menos Pilar Jaraiz, siempre dijeron de ella que era una "chacha" que se había aprovechado del viejo. La sobrina de Francisco Franco, Pilar Jaraiz, era una niña que formó parte del cortejo de la novia y años después comentaría que, a partir de aquel enlace, Franco se había ido distanciando de su familia ferrolana, paulatinamente, entre 1923 y 1939; distanciamiento acentuado cuando los Franco Polo emparentaron con los Martínez Bordiú, altos, bronceados, con título nobiliario, frente a la gordura y la escasa estatura y la drogadicción por el lacón con grelos de los Franco. A Francisco Franco le gustaba el lacón, pero a doña Carmen le ponía nerviosa.

En Historia de una disidencia, la sobrina socialista de Franco, Pilar Jaraiz, hija de doña Pilar y reinstauradora del PSOE en Barcelona en los años del tardofranquismo, escribe: "Nostalgia del tiempo pasado, sí, y desencanto del tiempo que había de venir. Porque, recordando ahora todo lo que allí pasó, pienso en los cambios que experimentan las personas. ¿Por qué los protagonistas de aquellos acontecimientos llegaron a convertirse en unos seres extraños a mí?, ajenos. Y no lo digo como es natural por mi abuela, que siguió siendo la misma hasta su muerte. Pero ¿y los demás? ¿Qué se hizo del cariño, de la intimidad que nos unía? ¿Qué de la confianza y de la llaneza en el trato? ¿A qué vino más tarde tanta sequedad y dureza? Porque es lo cierto que hasta a mi madre se la recibía a veces a regañadientes. A mi madre, la única hermana del jefe del Estado y en cuya casa habían pasado tantas temporadas e incluso durante una de sus estancias se había operado mi tía Carmen de las amígdalas y mis padres les habían cedido su propio cuarto. Dígase lo que se diga, la actitud de despego no partió de mí cuando empecé a concienciarme. Tampoco yo entonces era la misma. Pero el cambio de posición hizo de aquella familia unos seres llenos de despego, inamistosos, altaneros. ¿Por qué? ¿Les parecíamos poco? ¿Ambicionaban alternar con personas de mayor alcurnia? ¿Tanto había cambiado Franco desde que asumió la jefatura del Estado? ¿Y la familia Polo? ¿Qué se hizo de su trato cortés y amable? ¿Dónde quedaba su cariño? Y mirándolo desde otro punto de vista, ¿cuál había sido nuestro delito?, ¿les habíamos hecho algún daño? o ¿es que nuestra posición social les parecía poco?".

Complementa la impresión de Guarner o la de Pilar Jaraiz el testimonio de Hidalgo de Cisneros, oficial aviador, piloto de hidroaviones durante la guerra de África: "También hice varios viajes con Francisco Franco, que había ascendido aquellos días a teniente coronel, y por el cual nunca sentí la menor simpatía. En la base de Mar Chica lo detestábamos, empezando por su hermano Ramón, con el que casi no se hablaba. Cuando pedían un hidro para el teniente coronel Francisco Franco, todos procurábamos eludir el servicio, pues nos molestaba su actitud. Llegaba a la base siempre puntualísimo y siempre serio. Muy estirado, para parecer más alto y disimular su tripita ya incipiente. Según nos decía su hermano, siempre tuvo el complejo de su pequeña estatura y de su tendencia a engordar. Nos saludaba muy reglamentario, ponía mala cara o decía algo desagradable si el hidro no estaba listo. Montaba al lado del piloto y no soltaba palabra hasta llegar al sitio de destino. Allí se despedía también muy militarmente, sin haber abandonado un solo instante su aspecto antipático de persona perfecta. No recuerdo nunca haberlo visto sonreír ni tener un gesto amable o humano. Con sus compañeros del Tercio era igual o quizá más seco; se veía que lo respetaban y temían, pues como militar tenía mucho prestigio, pero sin la menor muestra de amistad o de afecto. Franco es antipático desde que era célula". Pero la hagiografía franquista opone a estas apariencias, posiblemente interesadas, comentarios como el de Petain,que conoció a Franco en las campañas africanas y que, después de la batalla de Alhucemas, dijo de él: "Es la espada más limpia de Europa".

El Caudillo
Con la familia en una imagen navideña. (Archivo de la Biblioteca Nacional).
Tras la batalla de Alhucemas, que compensaba el desastre de El Annual e iniciaba el principio del fin de las guerras africanas, Franco asciende a general. Ya es el general más joven de Europa y, con Goded, el militar joven más valorado por los entendidos. De ahí que no sorprendiera a nadie que, mientras Goded se llevaba con el general Primo de Rivera las glorias de ultimar la pacificación en Marruecos, a Franco se le encargara la Academia Militar de Zaragoza. Ya pocos le llamaban Franquito. Los más viejos de la milicia. El personaje ha cambiado. En Madrid se codea con la oligarquía asturiana (su mujer), la Casa Real, la alta oficialidad y hasta asiste a una tertulia política en casa del ex ministro Natalio Rivas. Allí aparece por primera vez un Franco locuaz, que no siempre calla ante lo que no entiende. Es el mismo Franco locuaz que tratará de dar una lección de economía a Calvo Sotelo, dejándole perplejo ante una exhibición de nacionalismo económico autárquico que desbordaba el talante no excesivamente abierto del señor ministro. También salió de actor de cine en una sobremesa de casa de Natalio Rivas y presumía de ser un buen filmador de escenas de lo cotidiano, coincidente con Lenin en la importancia propagandística que iba a adquirir el aún llamado séptimo arte. Como director de la academia persiguió las novatadas y la sífilis, dos de sus cuatro obsesiones persecutorias. Las otras dos, el comunismo y la masonería. Las novatadas, porque las había padecido; la sífilis, porque la temía como una consecuencia de los desórdenes de la sexualidad. El comunismo, porque leía una revista francesa dedicada a impedir que la Tercera Internacional penetrara en los ejércitos de Europa, revista a la que le había suscrito Primo de Rivera. Su odio a la masonería es consecuencia de lo que aprendió en los libros de devoción y desinformación histórica de su infancia y del espectáculo de la masonería influyendo en carreras militares y en la ruina del imperio español. Pero la masonería siempre le siguió como una sombra. Su hermano Ramón fue masón. Su padre admiraba a los masones y despreciaba a Paquito como político. Uno de los más importantes jefes sindicales fraguados en la Cruzada, Salvador Merino, resultó ser masón. Su fotógrafo particular, Campúa, había sido masón, y tanto doña Carmen como su hija siempre desconfiaron de que hubiera dejado de serlo. En cuanto a la sífilis también se burló alguna vez de sus terrores. Paul Preston, del que está anunciada una inmediata biografia de Franco, me contaba que altísimos cargos del franquismo de después de la guerra fueron contagiados por la misma espía del Intelligence Service.

Durante su etapa al frente de la Academia Militar de Zaragoza se convierte en un punto de referencia social en la ciudad. Se codea con lo mejorcito, aunque de vez en cuando vaya en coche hasta Valencia a ver a Nicolás, que trabaja como ingeniero naval en una empresa de Juan March, o a Madrid, a comerse el lacón con grelos que tan excelentemente hacía su hermana Pilar. Su sobrina Pilar Jaraiz Franco sigue haciéndolo estupéndamente. En Zaragoza, Franco es una figura social y militar, consultado mediante los rudimentarios teléfonos de la época por los altos oficiales que desde Madrid asistían nerviosos a la caída de la dictadura, el desgaste del rey: "¿Tú que harías si se provoca la caída del rey?", le preguntan Berenguer y Millán Astray. Y él contesta con otra pregunta: "¿Qué haría Sanjurjo?". Le contestan: "Nada". Pues si Sanjurjo, que es el jefe de la Guardia Civil, no iba a hacer nada, Franquito tampoco.

Y cae el rey y llega la República, y Azaña le cierra la academia. Pobre Azaña, Franco no le cazó nunca para hacerle pagar esta agresión a su ilusión y su soberbia, pero sí cazó a su cuñado Rivas Cheriff, en el mismo lote de Companys, Juan Peiró y Julián Zugazagoitia, devueltos por la Gestapo alemana a la gestapo franquista. Los tres políticos fueron fusilados. Rivas Cheriff, sin otras responsabilidades que haber sido hombre de teatro y secretario de su cuñado Azaña, pasó largos, larguísimos años en el penal del Dueso. Azaña y Prieto sabían que Franco era el militar más peligroso, mal compensado por el republicanismo de su hermano Ramón, autor de una de las exposiciones más insultantes que jamás nadie se atreviera a hacer a ¡Franco, Franco, Franco!: "Si desciendes de tu tronito de general y te das un paseo por el Estado llano de capitanes y tenientes, verás que pocos piensan como tú y cuán cerca estamos de la República", y tras este toque lo deja para el arrastre: "Como estoy profundamente convencido de que los males de España no se curan con la monarquía, por eso soy republicano, ¿está bien claro? Creo sería una gran desdicha para España que perdurase la monarquía. Hoy se es más patriota siendo republicano que siendo monárquico, pero claro es, esto es incomprensible cuando la vida que se ha creado uno le lleva a tratarse con las clases aristocráticas y más acomodadas del país, como te pasa a ti".

"Todavía es tiempo de que rectifiques tu conducta y no pierdas el tuyo en vanos consejos de burgués. Tu figura, al lado de la República, se agigantaría; al lado de la monarquía, pierdes los laureles tan bien ganados en Marruecos. Si te gusta una postura más cómoda, más de cuco, siéntete constitucionalista como han hecho muchos políticos viejos y conviértete en censor de la pureza de las nuevas elecciones, y no olvides que se puede ser amigo de la persona del rey —aunque el monarca no lo sea tuyo— y ser un buen republicano. A la República no debe irse por odios, solamente por ideales, y cuanto más amigo se fuere del rey y más favores se hayan alcanzado de él, más mérito tiene ser republicano".

Ni caso. Pero por si las moscas, cuando su hermano Ramón tuvo que exilarse, Paquito le mandó 2.000 pesetas porque un Franco no debe hacer el ridículo en el extranjero, aunque sea republicano, masón y anarquista, futuro diputado de Esquerra Republicana y colaborador de Blas Infante en el renacimiento de Al Andalus. Tampoco se subleva Franco con Sanjurjo en 1932, pero ayuda a reprimir salvajemente la revuelta asturiana de 1934, la Legión por delante, la misma Legión a la que había permitido cortar orejas y cabezas de los moros muertos o acuchillarlos in situ si se ponían plañideramente pesados (lean, si quieren comprobarlo, la primera edición de Diario de una bandera).

Así como Kindelán, Mola, Orgaz, Galera, Barba... estuvieron conspirando contra la República desde que fue proclamada, Franco se dejaba querer y ayudaba indirectamente, devolviendo posiciones claves a militares antirrepublicanos durante su etapa de jefe de Estado Mayor a las órdenes del ministro Gil-Robles. Se dejaba querer y tardó en subirse a la conspiración del 36, hasta el punto de que sus compañeros de conjura llegaron a llamarle Miss Canarias por lo mucho que se dejaba cortejar, y Queipo, cuando supo que Franco se había cortado el bigote para subir al Dragon Rapide y así poder encabezar la Cruzada desde África, comentó: "Ese bigote es lo único que Franco ha sacrificado por el Alzamiento". No era cierto. Se jugaba una carrera militar, aunque don Juan March ya le había prometido cubrirle las espaldas en caso de fracaso y exilio. Se suma al alzamiento a las órdenes de Sanjurjo, porque Goded no hubiera tolerado que lo encabezara Franco, y las simpatías de Franco por Goded eran equivalentes. "No hay mal que por bien no venga", es una frase constante en boca y pluma de Franco y la pronuncia cuando se le mueren Sanjurjo, Mola, o le matan, muchos años después, a su mano derecha, Carrero Blanco. Tiene algo de síndrome de viuda, desconsolada en un primer momento, pero consciente de que la desaparición del marido le va a dejar un espacio libre que podrá recuperar.

La muerte de Sanjurjo, el fracaso y fusilamiento de Goded en Barcelona y la poca ambición de Mola le convierten en el jefe in péctore del bando rebelde, por más que, necesitado siempre de poseer la razón jurídica, llamara rebeldes a los otros, a los que defendían el Gobierno legítimo de la República. Esta curiosa contradicción la observó el mismísimo Serrano Súñer, su cuñado, quien junto a Nicolás Franco y Matilde Fuset componen la tríada de pigmaliones que hicieron de aquel caudillo militar un caudillo político. Al recibir el mando único de los ejércitos y posteriormente del conglomerado político que respaldaba la Cruzada, Franco deja de ser responsable ante los hombres y ya sólo lo será ante Dios y ante la historia. La jerarquía católica española le pone bajo palio, cerrando los ojos a los horrores que está causando la Cruzada y a los que causará en una de las posguerras más largas de la historia de la humanidad. Franco ya ha dejado de ser, para siempre, Franquito, y cuando él lo olvide, momentáneamente, la señora, es decir, doña Carmen Polo, se lo recordará. Es un rey sin corona que juega con el aspirante a rey, don Juan, entre 1939 y 1946: Franco de ratón y don Juan de gato; pero a partir del encuentro en el Azor de 1948 y del respaldo norteamericano y vaticanista de los primeros años cincuenta, Franco será el gato y don Juan el ratón. Por eso alguna vez Franco dijo: "yo no seré nunca una reina madre".

¿Cómo iba a ser una reina madre un hombre cuya estatura personal, militar, providencial sería jaleada como si se tratara de un dios o a lo sumo la estatua de Dios en una perpetua procesión de Semana Santa? "Oh, ruina del Alcázar./ Yo mirarte no puedo, / convulsa flor de otoño, sin asombro / Vivero de esforzados capitanes. / Nido de gavilanes. / Huevo de águila: Franco es el que nombro".

Sanctus, Sanctus, Sanctus De momento Gerardo Diego ya le ha confesado su amor. Pero atiendan al rosario de declaraciones: "El Caudillo es como la encarnación de la patria y tiene el poder recibido por Dios para gobernarnos..." (del Catecismo patriótico español, publicado en Salamanca en 1939). Ridruejo tampoco se había quedado corto: "Padre de paz en armas, tu bravura / ya en Occidente extrema la sorpresa, / en Levante dilata la hermosura...". La Estafeta Literaria lo compara con Cervantes, sin duda tras haber leído Diario de una bandera o Raza. Manuel Aznar, un galápago de mucho cuidado, proclama que Franco era arquitecto de capitanes de la historia y que su espada estaba por encima de la que había vencido a los sarracenos en las Navas de Tolosa. Cunqueiro, Álvaro, tuvo un orgasmo y, tras sostener que Franco era el Sol, añadía que la mirada del Señor le escogió entre los soldados: "De ella está ungido. El Señor bruñó su espada y el santo Uriel arcángel le enseñó a pasearse entre las llamas...". Laín Entralgo afirma que al burgués y al empresario hay que oponerle el modelo de jefe, "... más acorde con nuestro concepto militar de la vida". Pero quizá nadie como Pemán y Ernesto Jiménez Caballero para poner las cosas en su sitio. Empecemos por Jiménez Caballero, el partidario de casar a Pilar Primo de Rivera con Hitler y de masculinizar la Falange hasta el punto de llamarla Falanjo: "Nosotros hemos visto caer lágrimas de Franco sobre el cuerpo de esta madre, de esta mujer, de esta hija suya que es España, mientras en las manos le corría la sangre y el dolor del sacro cuerpo en estertores. ¿Quién se ha metido en las entrañas de España como Franco, hasta el punto de no saber ya si Franco es España o España es Franco? ¡Oh, Franco, caudillo nuestro, padre de España! ¡Adelante! ¡Atrás, canallas y sabandijas del mundo!".

En cuanto a Pemán, a él se debe uno de los botafumeiros más impresionantes que perfumaron de incienso la efigie del Caudillo y avalaron aquel ¡Franco, Franco, Franco! con que las notas de prensa resumían la aclamación popular, en recuerdo de la eufonía del Sanctus, sanctus, sanctus: "Sabe marchar bajo palio con ese paso natural y exacto que parece que va sometiéndose por España y disculpándose por él. Se le transparenta en el gesto paternal la clara conciencia de lo que tiene de ancha totalidad nacional la obra que él resume y preside. Parece que lleva consigo a todas las ceremonias y liturgias protocolarias el honor de los caídos. 

Un caballoParece que lleva, sobre su pecho, la laureada como ofreciéndosela, un poco, a todos. Éste era el caudillo que necesitaba esta hora de España, difícil, delicada y de frágil tratamiento, como toda contienda civil. Todo, la guerra o la integración, el avance cotidiano o el cotidiano gobierno, había que manipularlo con mano firme y suave. Se necesitaba un hombre cuya imparcialidad fuera absoluta, cuya energía fuese serena, cuya paciencia fuese total. Había que tener un pulso exacto para combatir sin odio y atraer sin remordimiento. Había que escuchar a todos y no transigir con nadie. Había que llevar hacia allí, en dosis exactas, el perdón, el castigo y la catequesis; como hacia aquí, en exactas paridades, la camisa azul, la boina roja y la estrella de capitán general. Conquistó la zona roja como si la acariciara: ahorrando vidas, limitando bombardeos. No se dejó arrebatar nunca porque estaba seguro de España y de sí mismo. Éste es Francisco Franco, Caudillo de España. Concedámosle, españoles, el ancho y silencioso crédito que se tiene ganado. En Viñuelas hay un hombre que sabe dónde va. Que lo supo siempre. Y que, gracias a su paso inalterable sobre toda impaciencia, nos devolvió a España a su tiempo y nos rescató intactas muchas cosas que estuvieron en gran peligro. Lo que hizo en la guerra, lo hará en la paz".

Enriquecido por la aportación política de su cuñado Ramón Serrano Súñer, Franco a medida que crecía bajo el palio buscaba colaboradores aduladores, militantes en aquella cruzada de la adulación a la que se refirió su propio cuñado. Pacón, el teniente general Francisco Franco Salgado Araujo, en sus memorias póstumas, se hace cruces sobre la insensibilidad de su primo para darse cuenta de tanto pelotilleo. No hay que olvidar que a lo largo de su caudillaje, ya no Franquito, ya definitivamente ¡Franco, Franco, Franco!, fue comparado con Napoleón, Fernando el Católico, el Gran Capitán, Agamenón (difícil de entender), César, Almanzor, Federico II de Prusia, Recaredo... El cardenal Plà y Daniel aprovechó el sermón de bodas dirigido a Carmen Franco y el marqués de Villaverde para equiparar la pareja de la Virgen María y san José con la de Franco y doña Carmen, y entre las metáforas la lista da que pensar sobre la poesía como laboratorio del lenguaje: "... desde 'padre adoptivo de la provincia' hasta 'la figura más importante del siglo XX', pasando por 'espiga de la paz', 'vencedor del dragón de siete colas', 'el cirujano necesario', 'el gran arquitecto', 'el redentor de los presos', 'guerrero elegido por la gracia de Dios', 'vencedor de la muerte', '... el que sube las cuestas que es un contento', 'clínicamente: genial', 'enviado de Dios', 'padre que ama y vigila', 'voz de hierro', 'centinela de Occidente', cientos, miles de imágenes de esplendor y gloria".

Pero yo me quedo con aquella perla que le dedicara Joaquín Arrarás cuando lo imaginaba conduciendo la nave de la nueva España, la nave de la muerte, la tortura, la expatriación, la desidentificación para tantos de sus compatriotas: "Timonel de la dulce sonrisa".

 MVM


Manuel Vázquez Montalbán 
             (1939 - 2003)