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23/9/17

RAZÓN FRENTE A VICTORIA

<p>Antidisturbios de la Policía Nacional, frente a la sede de las CUP, el miércoles 20 de septiembre. </p>
Antidisturbios de la Policía Nacional, frente a la sede de las CUP, el miércoles 20 de septiembre.
Adriana M. Andrade

Que nadie tenga la desfachatez de cantar victoria el día 1 de octubre. El colmo de la vergüenza sería que Mariano Rajoy, disponiendo de toda la fuerza del Estado, considerara un éxito personal la no celebración del referéndum catalán o que Carles Puigdemont y Oriol Junqueras, empeñados en decantar a favor del independentismo --sin importarles el coste-- a todos aquellos catalanes que prefieren una tercera vía, colocaran unas urnas y se creyeran artífices del nacimiento de un nuevo estado. Los tres son ejemplos de políticos peligrosos que llevan a sus ciudadanos a callejones sin salida, pero que saben muy bien lo que hacen: están fortaleciendo sus opciones personales o las de sus partidos de cara a las nuevas elecciones generales y autonómicas, su verdadero objetivo. 

Por eso, porque el día 1 no habrá victoria posible de la razón ni de la democracia, es por lo que urge encontrar y proponer vías de encuentro. A la izquierda le corresponde cortar esta espiral y dar alternativas a una situación que amenaza con desembocar en un conflicto civil, en los que siempre pierde la ciudadanía. La salida no puede pasar por la humillación de las instituciones democráticas, ni españolas ni catalanas, porque esas instituciones no son propiedad de sus políticos, sino creación política de sus ciudadanos y merecen respeto.



La salida tendría que pasar por dos acuerdos prácticamente simultáneos: la desconvocatoria del referéndum y la apertura inmediata de una negociación entre todas las fuerzas políticas para debatir una reforma constitucional que contemple una nueva estructura territorial del Estado y que prevea una fórmula pactada para conocer, en su momento y con todas las garantías, la voluntad de la mayoría de los catalanes, expresada con conocimiento de causa.

La desconvocatoria del pretendido referéndum es imprescindible porque ni tan siquiera puede llevarse a cabo con las mínimas condiciones de solvencia ni credibilidad. Y la convocatoria de la negociación es igualmente indispensable porque un estado democrático como el español no puede ignorar su principal problema político. Encontrar una vía que permita conocer qué piensan los catalanes y qué consensos estamos dispuestos a compartir todos no es una propuesta ingenua, sino la condición necesaria para afrontar los otros graves problemas que sufre la ciudadanía española y catalana. Problemas acuciantes que se ven relegados una y otra vez, escondidos tras banderas, himnos y proclamas de unidad o independencia. Estos problemas no se resolverán con represión ni con victimismo, sino con análisis, conversación y negociación.


Es cierto que resulta improbable que el Partido Popular y su presidente Mariano Rajoy acepten sentarse a esa mesa de diálogo, con real voluntad de compromiso y acuerdo.  Nada indica en el historial de Rajoy que pueda dar ese paso, pero esa no puede ser la excusa para que el presidente Puigdemont no desconvoque su referéndum, si las demás fuerzas políticas se comprometen a plantear, en ese caso, una moción de censura y la inmediata celebración de elecciones. Lo que no son capaces de arreglar los políticos podemos, quizás, resolverlo los ciudadanos.

No hay punto de retorno, afirman algunos. Es inútil proponer que se activen los frenos. Es ingenuo creer que se puede encontrar una solución. Pero lo que está enfrente es lo suficientemente absurdo como para que ninguna propuesta resulte inútil o simple. Lo que está enfrente es muy grave. Para la razón, la inteligencia, la convivencia y la democracia, en España y en Cataluña.


FUENTE: ctxt.es
Editorial
20/09/2017

20/12/10

LAS DOS COREAS


Para entender por qué existen dos Coreas, hay que remitirse al término de la Segunda Guerra Mundial, cuando la península coreana, antigua posesión japonesa, fue ocupada por la Unión Soviética y por Estados Unidos, tomando como línea de división el paralelo 38º. En el norte, se estableció un régimen comunista: la  "República popular de Corea", mientras que en sur se creó la "República de Corea", de carácter  anticomunista. Pero, con posterioridad, en octubre de 1949, el triunfo de la revolución comunista en China, alteró el equilibrio geoestratégico de esa parte de Asia. Y entonces, el régimen de Stalin, que había sufrido profundos contratiempos, tales como el fracaso del bloqueo de Berlín o el cisma de los Balcanes, optó por permitir a los norcoreanos que atacaran Corea del Sur, con la finalidad de ampliar su poderío en aquella región.


Aquella invasión dio pie a una sangrienta guerra que se alargó durante tres años (1950 a 1953) en los que, la participación de EEUU, fiel aliado de Corea del Sur, logró contrarrestrar el rápido avance comunista, llevándolos incluso a conquistar Pyonyang, la capital de Corea del Norte; pero meses más tarde, una coalisión formada por los ejércitos ruso y chino, los hicieron retroceder; penetraron en Corea del Sur y tomaron su capital: Seúl, el 4 de enero de 1951.

Fue entonces cuando, el general norteamericano MacArthur, propuso el bombardeo atómico del norte de China, lo que provocó que el presidente Harry S. Truman lo destituyera fulminantemente, ante el peligro de una confrontación directa con la Unión Soviética; lo que llevó al gobierno de esta potencia, a manifestar su intención de no participar en el conflicto, permitiendo así que coexistieran dos regímenes políticos diferentes en la misma península. Esto condujo a la apertura de negociaciones que, a pesar de no haberse alcanzado jamás un alto el fuego definitivo, concluirían en julio de 1953 con el Armisticio de Panmunjong, volviendo a establecerse la frontera prácticamente en torno al paralelo 38.


Después de múltiples encontronazos fronterizos, y algunos intentos de reunificación  (el último de ellos acaecido en el año 2009), el asunto ha vuelto a enconarse. Que si unos tiros por aquí, que si unos maniobras por allá, que si  me atacaste primero, que si invadiste mis aguas territoriales, que si me derribaste un avión, que si me hundiste un barco...

Ahora cabe preguntar: ¿A quién/énes interesa que estos dos países sigan enfrentados, para que no se produzca su reunificación?

Piensen mal y acertarán.

Ciudadano Plof