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1/3/19

A FRANCO NI TOCARLO

Tumba de Franco en la basílica del Valle de los Caídos

No tiene sentido proponer el olvido para superar ese estado de cosas, como una y otra vez proponen los supuestos bien pensantes.

Primero, porque es imposible. La dramática y traumática historia forma parte del acervo de las familias y ninguna consigna conseguirá borrarla.

Segundo, porque no sería bueno. Una colectividad, un país, también se sostienen en su pasado, en el más ejemplar y reconfortante pero también en el peor.

El Gobierno admite que las demandas pueden retrasar la exhumación de Franco
Monumento del Valle de los Caidos (Cuelgamuros - Provincia de Madrid) - EFE

"Si los restos de Francisco Franco salen del Valle de los Caídos, la democracia española habrá dado un paso muy importante para su plena consolidación". Porque habrá vencido la resistencia de sus enemigos declarados o de hecho y también la del variopinto y nutrido colectivo de personas, grupos e incluso instituciones que aceptan formalmente la Constitución pero que siguen considerando que el franquismo ha de ser reconocido como un referente de nuestro presente. "El asunto no es por tanto una cuestión de memoria histórica sino de nuestra realidad política actual. Y va mucho más allá de la batalla jurídica, a veces ridícula, que se libra al respecto".


Son cada vez menos los españoles que vivieron en el franquismo con edades que les permitían saber lo que entonces ocurría en la política de su país. "Pero son muchos más los que creen que aquel régimen fue bueno para España", que algunos de sus planteamientos y actitudes podrían ser útiles para hacer frente a los problemas de nuestros días. "Los hay maduros y jóvenes, gentes que piensan así por su propia experiencia o por los recuerdos que les han transmitido sus mayores", particularmente los relativos a la guerra civil. Que siguen viven vivos, en los dos bandos por cierto, a pesar de que hayan transcurrido de ocho décadas desde que terminó.


"No tiene sentido proponer el olvido para superar ese estado de cosas, como una y otra vez proponen los supuestos bien pensantes". Primero, porque es imposible. "La dramática y traumática historia forma parte del acervo de las familias y ninguna consigna conseguirá borrarla". Segundo, porque no sería bueno. "Una colectividad, un país, también se sostienen en su pasado, en el más ejemplar y reconfortante pero también en el peor".


Tampoco vale para nada mirar para otro lado, como políticos e intelectuales de todo pelaje han venido haciendo desde hace cuarenta años. Esa actitud ha fracasado sin paliativos. "Y los conflictos que genera el franquismo latente vuelven a aparecer con las mismas características que lo hacían al inicio de nuestra andadura democrática. Últimamente, desde la entrada en escena de Vox, incluso con más fuerza".

"España no es una sociedad franquista. Ni mucho menos. Pero los usos y costumbres políticas de aquella época siguen permeando los comportamientos sociales en el debate cotidiano de la calle y en el campo de la política". Nuestro sistema institucional democrático es mucho más sólido de lo que normalmente se cree, "pero la cultura democrática, la de la tolerancia y la convivencia, aún tiene mucho camino por recorrer" para equipararse con la que existe en los países que, al menos hasta hace poco, eran referencia en ese crucial terreno.

"La culpa no es solo de la derecha", pero en este territorio político en el que el problema se manifiesta con más claridad. Las biografías personales cuentan. "Son seguramente mayoría los dirigentes y cuadros del PP, en el aparato central y en los de las provincias y los pueblos, cuyos abuelos o bisabuelos hicieron la guerra con Franco, cayendo no pocos de ellos en el empeño, en los frentes o ejecutados, o que posteriormente tuvieron cargos y prebendas en el régimen".


"Los niños de esas familias crecieron escuchando por todas partes que Franco era bueno o que había salvado a los suyos. En casa, en el colegio, casi siempre religioso para los hijos de la clase media. Y por supuesto en misa".

Algunos rompieron con esa herencia. Otros, la mayoría, no. Ninguna acción política puede acabar con ella por decreto. Y por mucho que se denuncien las barbaridades de aquel régimen, quien quiera verlo con buenos ojos encontrará excusas o mentiras piadosas para no tenerlas en cuenta.

"El problema no está en las conciencias personales, sino en el hecho de que el PP, hasta hace poco el único partido de la derecha, nunca ha tenido la mínima intención de renunciar a los beneficios políticos que podía proporcionarle esa vinculación sentimental de buena parte de sus votantes con el franquismo".


Ni tampoco al acerbo ideológico que ese pasado suministraba a un partido casi siempre carente de ideas. "La UCD de Adolfo Suárez sí se atrevió a avanzar por ese camino. La Alianza Popular de Fraga nació justamente para reivindicar ese pasado. Y el PP, primero con Fraga, luego con Aznar, siguieron con esa línea. Primero disimulándola. Luego a pecho descubierto, apelando a dejar de lado los 'complejos' que el pasado franquista pudiera haber generado".

"Y en esas estamos". El ascenso de Ciudadanos, más laico en estas cuestiones, parecía apuntar a que la derecha podía dar un salto cualitativo en esa materia. Ahora ya ni se sabe que piensa el partido de Albert Rivera. "Y encima ha aparecido Vox. Y las ideas franquistas, sobre la unidad de España, sobre la izquierda, sobre la familia y las mujeres, suenan con una fuerza que no tiene precedentes en nuestra democracia, salvo en algunos momentos en los que la Iglesia más retrógrada tomó el mando en el discurso de la derecha".

"La decisión del gobierno socialista de sacar los restos de Franco del mausoleo que él construyó para glorificar su victoria y su dictadura rompe el estanque de hipocresía que ha enfangado durante décadas el debate sobre el franquismo". De ahí las reacciones que está provocando. Lo de menos son las iniciativas de la familia Franco, del abad del Valle o de los jueces que militan en esa causa.


"Lo peor es que la derecha no abre la boca al respecto. Haciendo pensar que se opone a la iniciativa de Pedro Sánchez y que solo espera que fracase. Pero sin mojarse". De cara a la opinión pública en general y a sus votantes más añorantes del pasado en particular. Y también porque Vox se le tiraría al cuello.

"El asunto es por tanto de enorme calado. Por todo lo anterior, pero sobre todo porque esa exhumación representaría la primera derrota en campo abierto del franquismo latente en la España de nuestros días". Desde que el dictador murió, en la cama, han ido perdiendo posiciones. Pero no la cara. "Nadie ha tratado de hacerles pagar por lo que hicieron. Por el contrario, todos les han permitido adaptarse a los nuevos tiempos. E incluso mandar, y no poco, en ellos. A cambio de nada".

"Ahora tendrían que aceptar que lo del Valle de los Caídos es impresentable. Tampoco sería para tanto. Pero no quieren. Están demasiado mal acostumbrados".


FUENTE: eldiario.es 
Zona crítica
Carlos Elordi
27/02/2019

 






¡¡¡Mi mi mi mi...!!!

21/7/18

LAS SEIS LOSAS DE FRANCO


Tras la retirada de los restos de Franco, el Valle de los Caídos dejará de ser el símbolo de una larga dictadura sobre la amplia mayoría de españoles, que la padecieron durante las cuatro décadas que vivió el dictador, más otras cuatro en las que nos vimos obligados a soportar ese insulto petrificado a la democracia española. Ahora, cuando el gobierno de  Pedro Sánchez se dispone a reconvertirlo en un espacio democrático, previa retirada de los restos de Franco, llama la atención que algunos viejos socialistas critiquen un supuesto antifranquismo retroactivo del PSOE, como si la cuestión del franquismo fuese un anacronismo en esta España actual donde los españoles todavía vivimos bajo la muy pesada losa de las seis herencias de Franco.

Primera Losa:


Desde 1941, en que todos los principales tenientes generales de Franco contaban con suculentas cuentas corrientes en Suiza, según fuentes estadounidenses, hasta otoño de 1975,  en que desaparece Franco, la dictadura fue la corrupción institucionalizada. El dictador la fomentó, socializándola entre los clanes de la derecha que le llevaron hasta El Pardo. Es evidente que Aznar y Rajoy, desde la Moncloa, han actuado como lo hizo Franco desde el Pardo. Hasta tal punto, que el PP ha dejado de ser gobierno por el hartazgo moral de la sociedad española. La institucionalización de la corrupción es ahora, bajo el actual Jefe del Estado, tan escandalosa como lo fuera bajo el anterior.

Segunda Losa:


La visión cerrada y centralista de España es la misma de Franco y José Antonio Primo de Rivera. Cataluña, Euskadi, Navarra y Galicia viven hoy como ayer bajo la sospecha de encarnar la AntiEspaña. Ya no son calificadas oficialmente como unas provincias traidoras, como lo fueron dos provincias vascas y todas las catalanas hasta 1959, pero, reiteradamente, son vistas como ajenas a esa España oficial cada vez que plantean sus propias reivindicaciones. Son todas estas mismas políticas separadoras las que hoy, precisamente, generan respuestas separatistas. Pedro Sánchez sufre ahora el acoso que padeció en su día Adolfo Suárez por también intentar hacer oficial la España plural.

Tercera Losa:


El espantoso ridículo de la justicia española representada por el magistrado Pablo , que ayer retiró  la petición de extradición de Puigdemont, es casi análogo al de los magistrados del Tribunal de Orden Público que procesaban a los líderes demócratas enfrentados a la dictadura. Que ni siquiera se haya atrevido hoy a presentar un recurso contra la sentencia del tribunal alemán, que descalificaba el delito de rebelión, ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea de Luxemburgo, ahorra la necesidad de cualquier tipo de comentario sobre la peculiar concepción de la independencia de la Justicia española heredada del amoral sistema judicial de la dictadura. Como bajo Franco, los españoles somos europeos de segunda clase. Lo que en España es delito, en Europa no lo es.

Cuarta Losa:

"¡Huy! ya me he vuelto a dejar la lista en casa."

La lista de los 29.000 españoles que se acogieron a la amnistía fiscal del  ministro Montoro, que continúa sin publicarse, es el suma y sigue del sistemático fraude fiscal que fuera la dictadura. Nada más iniciarse la transición, el ministro Fernández Ordóñez se vio obligado a no publicar más las declaraciones fiscales que habían comenzado a ser públicas, con el argumento del riesgo de extorsión por ETA. Más que argumento, pretexto, porque la violencia etarra ha pasado a la historia hace ochos años sin que podamos conocer la identidad de quienes defraudan. Hacienda, como lo fuera durante el franquismo, no somos todos, por mucho que un eslogan se atreva a manifestar lo contrario.

Quinta Losa:


El nacionalcatolicismo que llevaba a Franco bajo palio sigue siendo una realidad en la España democrática. Lo es en la fiscalidad, donde sus privilegios permanecen casi intactos, lo es jurídicamente, con un Concordato de 1953 actualizado, lo es también en la enseñanza, con la educación concertada, lo es en la Constitución, que define a España como estado aconfesional ajeno a la laicidad que, por ejemplo, existe en Francia desde 1905. Que el Estado español tenga que negociar con la Iglesia Católica la retirada del cadáver de Franco del Valle de los Caídos refleja que la separación de Estado e Iglesia deja mucho que desear. Un asunto de Estado, como son los restos del dictador, no necesita ningún nihil obstat.

Y sexta Losa:


RTVE, nacida bajo Franco, es todavía el instrumento político del Gobierno de turno. Salvo dos únicos breves períodos, el de Fernando Castedo y el de Luis Fernández, todos los cuarenta años transcurridos desde la transición lo han sido bajo la privatización política de un servicio público. Con dinero de los contribuyentes, todos los partidos que han pasado por la Moncloa han financiado su propia propaganda política presentada como información propia de RTVE, a la  vez que la han descapitalizado al regalar la publicidad a las cadenas privadas bajo Zapatero. Tanto que toda la derecha ha tenido que esperar hasta hoy mismo, cuando ha perdido el control del consejo de administración del Ente, para apoyar finalmente un concurso público.


O Sánchez logra levantar estas seis losas o la democracia española será aplastada por ellas. El actual presidente del Gobierno tiene hoy el mismo papel que tuvo Adolfo Suárez en la transición, terminar con el franquismo. UCD no pudo y murió en el intento; unos cuarenta años después, el PSOE, apoyado en una amplia mayoría progresista, vuelve a  intentarlo hoy en condiciones tan complicadas como aquellas de entonces. Demolerlas es condición sine qua non para poder superar los riesgos de involución democrática. Los últimos nueve meses, que han precedido la llegada de Sánchez a la Moncloa, han sido toda una lección política sobre la muy urgente necesidad de terminar con Franco en el Valle de los Caidos y con el franquismo en el valle de los vivos.


FUENTE: publico.es
El desconcierto
Fernando López Agudín
20/07/2018


Ciertamente, la frase que define a la perfección a los dirigentes de la democracia española, es ésa que dicen tan a menudo los monarcas:


"Me llena de orgullo y satisfacción"