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7/2/19

VENEZUELA; LA CRISIS MORAL DE LA PRENSA ESPAÑOLA (III)

(Esta publicación forma parte de una serie de cuatro artículos)


Obviar el trecho que media entre la cobertura que la prensa española ha venido haciendo de la «crisis venezolana» y aquello que cabe analizar desde el punto de vista de su adecuación a la realidad histórica o los criterios morales más elementales es algo que requiere de un sutil talento para el autoengaño.

Es poco probable que un par de párrafos alcancen a ofrecer una estimación ajustada de esa distancia. Aproximarse a ella resulta en cualquier caso imposible sin un intento de trazar, por una parte, los contornos de la historia reciente de la «lucha por la democracia» en Latinoamérica y, por otra, los de la situación económica y política en Venezuela. Sólo tras perfilar esos contornos resulta razonable echar un vistazo a los principios que rigen aquella cobertura.
La situación política en Venezuela

Chávez gozó de unos índices de popularidad desacostumbradamente altos. Ciertamente, también gozó del favor de la coyuntura: la evolución del precio del petróleo le fue favorable. Ni la tendencia en su último par de años a concentrar excesivos poderes en el ejecutivo ni el peso de la propaganda doméstica y exterior lograron dañar su imagen entre sus bases y "se impuso holgadamente en las elecciones de octubre de 2012". 

Tras la muerte de Chávez, se celebraron nuevas elecciones presidenciales en abril de 2013. Tan siquiera la confluencia de un recrudecido ataque mediático y la mímesis socialista ensayada por una oposición milagrosamente integrada lograron desbancar al heredero de Chávez, aunque su victoria fue mucho más estrecha que las de su predecesor. "La oposición reaccionó con violencia a la derrota, tratando desde un primer momento de disponer los medios para alcanzar el poder sin pasar por las urnas". La arremetida de Capriles se prolongaría en la desmedida incitación a la violencia de López, miembro de una de las familias más poderosas de Venezuela.

Con López entre rejas y en medio de una orgía mediática, la oposición volvió a presentarse unida a unas elecciones, esta vez legislativas, en diciembre de 2015. La confluencia de una decena de partidos opositores lograría por primera vez imponerse al partido en el poder. En este punto surgen las tensiones que han conducido a la situación actual. Se denunciaron fraudes en las elecciones de diciembre. Aparecieron grabaciones en las que la secretaria de la gobernación del estado Amazonas compraba paquetes de votos opositores. El Tribunal Supremo declaró en desacato al órgano legislativo a causa de la negativa de éste a acatar su fallo y suspender a los tres diputados implicados. De haberlo hecho, la oposición hubiera perdido la mayoría absoluta cualificada en la cámara.


Desde entonces, la oposición se ha negado a participar en las sucesivas elecciones legislativas y ejecutivas, optando en su lugar por el recurso a mercenarios en las calles y eslóganes estridentes en los medios. En este contexto, y aunque la oposición decidió no presentarse a las presidenciales, adelantadas a mayo de 2018, Maduro obtuvo en ellas 6,2 millones de votos, apenas un millón menos que en 2013. Lo curioso de este resultado es que la prensa española continúe incidiendo en la «abstención histórica en Venezuela» en lugar de indicar lo realmente reseñable: que "la participación fue tan alta como en las típicas elecciones occidentales a pesar de que no se presentara la oposición".

Los zapatos que asoman bajo la cortina parecen seguir siendo los de López, que, tal y como informa la prensa española, ha conseguido mantener «viva la llama», motivo por el cual «hoy todos reconocen su parte del mérito».

El principio de objetividad y el de relevancia de la fuente



Los medios españoles han recurrido con disciplina militar a dos principios elementales del rigor periodístico para presentar los hechos que superficialmente hemos repasado hasta aquí: "el principio de objetividad y el de relevancia de la fuente".

Siguiendo el primero de estos principios, por ejemplo, "cuando Obama justifica la imposición de sanciones económicas al «régimen» arguyendo que Venezuela supone una «amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional» de Estados Unidos", un periodista objetivo ha de limitarse a reproducir con exactitud sus palabras. Apuntar a los obvios motivos por los cuales esa acción viola el derecho internacional, o a los motivos por los cuales semejante afirmación no alcanzan el nivel de la burla hubiera constituido una flagrante violación del principio de objetividad.

En cuanto al principio de la relevancia de la fuente, si el ministro de exteriores británico dice que en las últimas elecciones venezolanas «se impidió la participación de los candidatos de la oposición», un periodista preocupado por la relevancia de sus fuentes debe evitar profundizar en la cuestión contrastando dichas declaraciones con las de, pongamos por caso, un experto independiente para la promoción del orden internacional democrático del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, pues puede que tenga cosas inconvenientes que decir: "ha habido 27 elecciones en Venezuela desde 1998. Y miembros del Centro Carter fueron a observar esas elecciones, y expresaron su muy buena opinión del sistema y de las salvaguardas de las elecciones venezolanas". Entonces, si la oposición realmente se considera democrática, tiene que jugar al juego democrático, y tiene que participar en las elecciones. Sin embargo, ha optado por boicotearlas.


Observando escrupulosamente los señalados principios, los medios españoles se han limitado durante dos décadas a alimentar la clase de propaganda corporativa que cabía esperar de un país cuyas multinacionales –incluyendo las mediáticas, encabezadas por el grupo Prisa– tienen enormes intereses económicos en Venezuela. El espectro de opinión es de este modo tan estrecho que pasar de uno a otro de los cuatro periódicos más leídos del país supone, meramente, deambular por el laberinto de la retórica estridente, la ausencia de fuentes relevantes y la objetividad en la transmisión de notas de prensa estatales o corporativas. A nadie extraña que los artífices de sucesivos golpes militares y guerras en Oriente Medio y Latinoamérica instiguen una nueva guerra civil. 

Los periodistas españoles debieran tener la suficiente altura moral como para detestar la idea de hacerse cómplices de las miles de muertes que esa guerra podría causar. Tampoco estaría de más que nos cupiera atribuirles la suficiente altura intelectual como para suponerles capaces de comprender que ello no equivale a «apoyar al ‘régimen’ de Maduro».

Estar del lado de la democracia y del pueblo venezolano puede significar muchas cosas, pero desde luego no puede equivaler a forzar un resultado electoral: «si votáis a nuestro candidato, os levantamos las sanciones». Esta presión exterior para el «cambio de régimen» no sólo es ilegal desde el punto de vista del derecho internacional, sino que ha resultado, una y otra vez, primero en miseria y luego en violencia. Estar del lado del pueblo venezolano sólo puede equivaler hoy a alzar la voz contra su estrangulamiento económico. Los periodistas demócratas contrarios a Maduro deberían aborrecer la idea del «cambio de régimen». Un demócrata votante del PP no puede desear –a menos que renuncie al adjetivo– que el PSOE salga del gobierno en el contexto de la constricción económica y la amenaza militar alemana.


Es difícil concebir una idea más absurda, y es triste verse en la necesidad de hacer explícita semejante clase de truismos. Los demócratas contrarios a Maduro pueden –y quizá deban– abogar por un nuevo adelanto de elecciones, escenario nada inverosímil si no estalla una guerra civil. Pero antes deberían sugerir al pueblo español "que exija al Estado español la defensa incondicional del derecho internacional, el cese de las amenazas militares y el levantamiento de las sanciones", porque aquel adelanto sólo tendría sentido con «garantías», y es claro que sin estos requisitos previos resulta absurdo hablar de «garantías». Si se defiende que las elecciones de mayo fueron ilegítimas porque no fueron libres, como se ha repetido insistentemente, resulta incomprensible que se suponga que en las actuales circunstancias puedan celebrarse elecciones «libres».

«Lo ridículo no es que Maduro haga referencia a las obvias injerencias exteriores, sino que la prensa le ridiculice por su habitual retórica del enemigo exterior». De hecho, apenas instalada en la Casa Blanca, la administración Trump comenzó a amenazar con intervenir militarmente en Venezuela. Desde el punto de vista de la prensa occidental, estas acciones no resultan reprensibles por su flagrante violación del artículo 2.4 de la Carta de las Naciones Unidas, sino porque ponen al gobierno venezolano en bandeja el argumento del enemigo exterior.

La no intervención en los asuntos domésticos de otros países es la base del derecho internacional. La indiferencia de Estados Unidos hacia esta base y todo lo que sobre ella se erige no puede sorprender a nadie con una mínima familiaridad con la historia reciente. "Lo sorprendente es que ahora Canadá o los países europeos secunden abiertamente el habitual intervencionismo de Estados Unidos". Es más que probable que ello se deba a razones tan simples como el miedo a verse salpicados por sanciones, guerras comerciales u otras acciones análogas emprendidas por el director de la orquesta. En este sentido, el general canadiense Lewis MacKenzie le explicó en 2004 a Paul Jay que, al enviar sus tropas a Afganistán, su país pagaba en sangre el precio de enviar sus productos a través de la frontera. "Si quiern participar en la función, cada instrumentista ha de sentarse en su sitio y tocar su partitura".


Queda implícito en lo antedicho el punto crucial, a saber: "que la responsabilidad moral elemental de cualquier periodista consiste en dirigir contenidos verídicos y análisis relevantes a la audiencia apropiada". Informar acerca de las violaciones de los derechos humanos en Corea del Norte no está mal: quizá satisfaga la curiosidad al tiempo que pone al corriente de desgracias acerca de las cuales poco o nada puede hacer el lector español. Resulta por tanto imperioso que nuestros periodistas se pregunten por la utilidad social de "dos décadas de denuncias de las «atrocidades» bolivarianas en paralelo al silencio respecto de la sintonía comercial y diplomática que nos une a la democracia modélica de Arabia Saudí", por poner un ejemplo obvio.

El lector español tiene cosas extremadamente relevantes que decirle al Estado español acerca del Reino de Arabia Saudita. Respecto de Venezuela, lleva dos décadas siendo bombardeado sin tener nada moralmente relevante que decirle a nadie, excepto ahora, momento en el cual "la prensa le invita a la complicidad con la violación del derecho internacional, el estrangulamiento económico del pueblo venezolano y la preparación de una guerra".


FUENTE: publico.es
Dominio público
Asier Arias


VENEZUELA: LA CRISIS MORAL DE LA PRENSA ESPAÑOLA (II)

(Esta publicación forma parte de una serie de cuatro artículos)


Obviar el trecho que media entre la cobertura que la prensa española ha venido haciendo de la «crisis venezolana» y aquello que cabe analizar desde el punto de vista de su adecuación a la realidad histórica o los criterios morales más elementales es algo que requiere de un sutil talento para el autoengaño.

Es poco probable que un par de párrafos alcancen a ofrecer una estimación ajustada de esa distancia. Aproximarse a ella resulta en cualquier caso imposible sin un intento de trazar, por una parte, los contornos de la historia reciente de la «lucha por la democracia» en Latinoamérica y, por otra, los de la situación económica y política en Venezuela. Sólo tras perfilar esos contornos resulta razonable echar un vistazo a los principios que rigen aquella cobertura.

La situación económica en Venezuela


De acuerdo con el espíritu y la letra de la Carta Económica para las Américas, cuando en un país latinoamericano aparecía petróleo, «grandes empresas extranjeras asumían el control de facto de los recursos nacionales hasta tal punto que las élites gobernantes comenzaban a dudar que fueran realmente ellas las que aún dirigían su propio destino». Esto sucedió en Venezuela durante los años veinte. Desde entonces y hasta 1999, "el petróleo venezolano fue controlado por gobiernos aliados de Estados Unidos". En 1999 cundió el pánico, pero no a causa de la nacionalización del petróleo en sí misma –eso no era nada nuevo–, sino a causa del nuevo gobierno, que podía ser desobediente y hacer cosas inapropiadas con los beneficios. La cuestión estriba en quién utiliza los beneficios y para qué, y "un gobierno que los emplea en programas sociales dentro y fuera de sus fronteras puede ser un incordio", hasta el punto que la oligarquía nacional puede declarar huelgas de capital sólo para que cesen semejantes despropósitos, tal y como sucedió en 2002.

"Antes de entrar en materia es necesario dejar claro que resulta ridículo presentar a la economía venezolana como un ejemplo de economía socialista. Eso no fue así con Chávez ni, mucho menos, lo es ahora con Maduro". Menos de una tercera parte de la economía venezolana está fuera de las manos del sector privado. Por otra parte, el impulso a los esfuerzos cooperativistas no aparece ni mucho menos en el núcleo de la actual agenda económica. Finalmente, y "al igual en todas las economías mixtas del planeta –esto es, todas las economías del planeta–, el poder político y el económico cohabitan a sus anchas". En el caso de Venezuela, al parecer, ello se ha acentuado con el desplome económico del último par de años, que la oligarquía venezolana ha aprovechado para arremeter desde los medios contra el gobierno, metérselo en el bolsillo, acurrucarse frente a su hoguera, o todo ello a la vez.

Sea como sea, "la pregunta a realizar en este punto es, justamente, la relativa al modo en que se gestó ese desplome". No se trata de algo que quepa explicar en un par de párrafos, pero tampoco es física cuántica.

A Hugo Chávez debió resultarle ciertamente sencillo encontrar la melodía que el electorado venezolano necesitaba escuchar en 1998. "Las tasas de pobreza e inflación estaban por aquel entonces saliéndose de las gráficas. Las de inflación eran, de hecho, las mayores de la región, y asimismo las mayores de la historia previa de Venezuela". [No, Maduro no se sacó de la chistera la profundamente enraizada tendencia a la inflación de la economía venezolana]. "Así las cosas, no era difícil convencer al electorado de la conveniencia de hacer públicos los beneficios de la riqueza natural del país con mayores reservas petrolíferas del mundo". Resulta un poco embarazoso tener que mencionar lo obvio: esa melodía no le sonó tan bien a la pequeña oligarquía venezolana, ni tampoco a los inversores extranjeros. Como cabía esperar, pues, la persecución mediática del «régimen» no se hizo esperar. "A lo largo de la década siguiente a la elección de Chávez los índices de pobreza cayeron del 50% al 25% y los de pobreza extrema del 25% al 7%."

Por su parte, "el PIB per cápita se duplicó holgadamente mientras la mortalidad infantil y el desempleo cayeron un 50%". No obstante, la historia de la economía venezolana durante de era Chávez es ciertamente compleja, e incluye una considerable cantidad de graves errores, entre los que cabe destacar el unilateralismo extractivista. "Los esfuerzos por diversificar la economía y reducir su dependencia de la exportación de materias primas, si existieron, fueron totalmente ineficaces".

"La economía venezolana depende esencialmente del petróleo". Su exportación proporciona al país la práctica totalidad de las divisas extranjeras –fundamentalmente dólares– que obtiene y sin las cueles no puede importar los bienes que necesita pero no produce. De este modo, "la caída del precio del petróleo, agravada por la decisión de Arabia Saudí de sostener el exceso de la oferta, condujo en 2014 a la economía venezolana a una situación crítica".
Nicolás Maduro llevaba apenas un año en el gobierno, y prometió que los programas sociales no cesarían a pesar de la caída del precio del petróleo. «A nadie va a faltarle de nada», dijo.



No obstante, la política de control de cambios y precios que el gobierno venezolano ha mantenido desde 2003 a fin de garantizar el acceso universal a bienes indispensables no logró evitar el desabastecimiento, sino que muy probablemente lo fomentara. "Las empresas que dominan la distribución de cada uno de los bienes básicos disponen de la posibilidad de crear mercados alternativos al fijado por el gobierno, propiciando ciclos de desabastecimiento y alza de precios". Además, a pesar de estar obligadas a importar al tipo de cambio fijado por el Estado, pueden luego vender en el mercado interior al tipo de cambio extraoficial, "echando leña al fuego de la inflación y obteniendo grandes beneficios".

Estos problemas internos se ven agravados por factores externos. Entre ellos, es preciso hacer mención de al menos dos. En primer lugar, la manipulación de tipos de cambio a través de compañías como DolarToday, dedicada al control cambiario desde Miami y acérrima opositora del gobierno venezolano. En segundo lugar, las sanciones económicas. "En 2014 la administración Obama impuso sanciones económicas a Venezuela alegando razones de seguridad nacional". Más tarde, en agosto de 2017, la administración Trump prohibió las transacciones con títulos de deuda y acciones emitidos por el gobierno venezolano y su compañía petrolera estatal (PDVSA), así como las transacciones con bonos del sector público venezolano y los pagos de dividendos al gobierno, "lo que redunda, en resumidas cuentas, en un bloqueo comercial y financiero que obstruye la afluencia de los dólares necesarios para las importaciones de las que Venezuela depende".

"Las presiones económicas no han cesado en el año y medio transcurrido desde entonces". La última vuelta de tuerca tuvo lugar el pasado lunes 28, cuando la administración Trump anunció su ataque a PDVSA, cuadragésima empresa a nivel mundial por volumen de ingresos y núcleo de la economía venezolana. Las anteriores rondas de sanciones impedían ya a la empresa refinanciar su deuda o emitir nuevos bonos. Ahora, además, se congelan todos sus fondos en Estados Unidos y se le bloquea el acceso a su principal mercado, pues queda prohibida toda relación con ella a toda entidad estadounidense. Al día siguiente, "el Departamento de Estado anunciaba su decisión de poner en manos de Guaidó las cuentas bancarias venezolanas en Estados Unidos".


John Bolton añadía una nueva nota al pie de la Carta Económica para las Américas al apuntar a "la bonanza que la nueva situación habrá de suponer para las petroleras estadounidenses, libres ya para invertir y explotar el petróleo venezolano". No obstante, como veremos, los más elevados principios rectores del quehacer periodístico permiten despachar esta nueva serie de delitos internacionales señalando, sencillamente, que «el apoyo estadounidense es clave para la viabilidad del plan que busca impulsar una transición hacia la democracia en Venezuela».

"Hablamos de delitos internacionales dado que estas medidas unilaterales constituyen una obvia violación tanto de la letra como del espíritu de la Carta de las Naciones Unidas, así como de numerosos acuerdos internacionales". Por otra parte, el efecto de estas sanciones en la economía venezolana no es nada parecido a un bulo bolivariano. De este modo, Francisco Rodríguez, consejero económico del opositor Henri Falcón, publicaba en enero de 2018 un artículo haciendo explícitos los "graves efectos de las sanciones sobre la economía venezolana".

"Estas medidas afectan siempre a los más débiles". Es el caso de los entre uno y dos millones –las cifras bailan, y parece verosímil que los más de cinco millones de los que ha llegado a hablar el gobierno venezolano estén «hinchados de colombianos desplazados en Venezuela» . Su regreso a Colombia a causa del declive económico venezolano forma parte de la reciente «crisis migratoria». Su desplazamiento desde Colombia, que de forma consistente ha venido liderando el ranking mundial de desplazados y violaciones de los derechos humano, no. Hay razones para ello: Colombia no es, en la terminología de Kissinger, un virus que podría infectar a la región. En otras palabras, "obedece y no pone en riesgo el buen clima para las inversiones extranjeras".


A pesar de la desastrosa situación económica, el gobierno venezolano ha mantenido sus programas sociales en los contextos de la sanidad, la educación y la vivienda, expandiéndolos de hecho para hacer frente a la escasez y la caída de las rentas. De este modo, hace tres años puso en marcha un programa de suministro de alimentos importados a través de los así llamados "Comités Locales de Abastecimiento y Producción".

En el contexto del desbocado proceso hiperinflacionario experimentado durante el último año, las constantes subidas del salario mínimo habrían sido por sí solas insuficientes para mantener a flote a la población, cuyo 50% más pobre ha salido adelante gracias a este programa. Pero "para la prensa española, esto no es más que una estratagema para el control de los votos a través de subsidios".

No obstante, no es descabello sugerir que Venezuela ha venido mostrando en este punto un respeto por la Declaración Universal de los Derechos Humanos infrecuente en los países occidentales. Como es sabido, la Declaración incluye una serie de derechos socioeconómicos. Así, por ejemplo, el artículo 25 establece que «toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure (…) la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios». Esto es lo que Jeane Kirkpatrick, la embajadora de Reagan ante las Naciones Unidas, definió como una «carta a Santa Claus».


Jeane Kirkpatrick
(1926 - 2006)
FUENTE: publico.es
Asier Arias
03/02/2019

1/6/16

MANIJA, MANGO, PUÑO, MANUBRIO O MANIVELA

A vueltas con Venezuela y el empecinamiento del PP y de sus adláteres de Ciudadanos y PSOE por culpar al gobierno de Nicolás Maduro de todos los males existentes en aquel país, este ciudadano pregunta:

Nicolás Maduro, presidente de Venezuela
 
¿Es qué a algún gobierno del mundo, del signo ideológico que sea, le interesa crear una situación como la que actualmente existe en Venezuela: generar un conflicto social que ponga el país al borde del abismo y que pueda acabar en una revuelta social que se los lleve por delante?

Bandera venezolana

¿Quiénes creen ustedes que tienen la manija de la economía para abrirla y cerrarla cuando se les anotoja... los gobernantes venezolanos o las grandes empresas de dentro y de fuera?


¿Quiénes abarataron el precio del petróleo para dejar al gobierno bolivariano con el culo al aire, sin recursos económicos para sacar adelante sus proyectos?


¿Quiénes desabastecen el país en un intento desesperado por hacerse con el control?
 

¿Quiénes generan la escasez, el hambre, las tremendas colas para intentar conseguir artículos de primera necesidad a precio de oro?... ¿El gobierno?

 

Ahora pregúntense qué medidas debería tomar ese gobierno, presionado hasta lo indecible, para  solventar la situación, sacar adelante el país y que el pueblo llano coma (los ricos nunca pasan hambre), que los hospitales no carezcan de los medios necesarios, que el combustible se distribuya en las gasolineras; todo ello sin llegar a desatar una guerra civil... ¿Permitir su derrocamiento, renunciar a sus principios, rendirse, entregar el poder a quienes no lo han ganado en las urnas, o intentar enderezar el rumbo hasta alcanzar el fin de la legislatura, y que el propio pueblo venezolano, sin injerencias externas de ningún tipo, elija libremente lo que desee en unas próximas elecciones?


¡Ah! y a todas éstas ¿qué cantidad de compatriotas dice Mariano Rajoy que tiene en Venezuela? ¿200 mil?... ¿Y en su propio país, cuántos?


Pues mire usted, Don Mariano, en su país (creo que se llama España), donde la población alcanza los 47 millones de habitantes, el 30%: aproximadamente unos 15 millones, son pobres y están en riesgo de exclusión, y (¡¡¡agárrese bien!!!) hay, además, 3,3 millones de españoles en un estado de pobreza extrema; es decir, subsistiendo con menos de 332 euros mensuales. ¿A usted eso no le da vergüenza?  ¿O es que intenta ganar las próximas elecciones en Venezuela?



Su sonsonete me recuerda aquel tema de La Trinca que decía: "Pasa con el Darwin, tanto dar la lata..."

Citizen Plof