Los presidentes de la Comisión y del Eurogrupo crearon la trama de fraude fiscal masivo para las multinacionales
Juncker y Dijsselbloem ampararon
personalmente a grandes corporaciones para ayudarles a evadir impuestos,
perjudicando al resto de países de la UE en beneficio de Luxemburgo y
Holanda, y luego bloquearon todos los intentos de la Comisión Europea
por corregir ese sistema impositivo que defraudó miles de millones de
euros a las arcas públicas
Jean-Claude Juncker y Jeroen Dijsselbloem - REUTERS
No sólo han mentido. Han
ayudado a las multinacionales a defraudar masivamente a los
contribuyentes de toda Europa. Su recompensa: son ahora el presidente de
la Comisión Europea y el presidente del Eurogrupo. Es decir, mandan en
los máximos organismos de la Unión Europea y forman parte de la Troika
que impone condiciones draconianas a Grecia y otros países, gravemente
perjudiciales para la ciudadanía, para obligarlos a pagar intereses
desorbitados a las entidades financieras.
Son Jean-Claude Juncker y Jeroen Dijsselbloem, y eran
los ministros de Finanzas de Luxemburgo y Holanda, respectivamente,
cuando se creó el mayor entramado de fraude fiscal que haya conocido
Europa, diseñado para permitir que las multinacionales y grandes
corporaciones evadiesen impuestos a gran escala en perjuicio de los
países miembros de la UE que ahora dirigen.
Además, durante
más de 15 años bloquearon todos los intentos de la Comisión Europea por
corregir ese sistema impositivo que defraudó miles de millones de euros a
las arcas públicas... y hasta ahora mismo han logrado ocultar esos
tejemanejes a la propia Eurocámara, cuyos parlamentarios siguen teniendo
vetado el acceso a los documentos que demuestran la responsabilidad
personal de esos dos políticos en este gigantesco saqueo de las
Haciendas de sus socios.
Sólo se ha descubierto su implicación
directa gracias a la filtración de los cientos de documentos que
mantienen escondidos bajo siete llaves; igual que la existencia de la
trama luxemburguesa de evasión fiscal en beneficio de más de 300
multinacionales sólo fue posible gracias a que un empleado de la
auditora PWC copió y difundió cientos de esos pactos (tax rulings) inconfesables, levantando el escándalo conocido como LuxLeaks.
Hoy, un año después de que se desvelase esa trama, el único que ha sido
castigado es el que la denunció: el auditor Antoine Deltour.
Un Grupo de Código de Conducta con muy mal comportamiento
Lo que ahora se ha filtrado a dos de los medios de comunicación más prestigiosos de Europa (Der Spiegel y Le Monde) son las actas de las reuniones a puerta cerrada que celebraron durante años el Grupo de Código de Conducta (Business Taxation) y el Grupo de Trabajo sobre Cuestiones Impositivas, ambos pertenecientes a la Comisión Europea. El contenido de esas
actas no sólo se les ha negado a los europarlamentarios que lo han
solicitado, sino que se le sigue ocultando a la propia Comisión Especial
TAXE creada precisamente para investigar las ramificaciones del
LuxLeaks.
Ernest Urtasun, europarlamentario del Grupo
Verde y miembro de esa comisión TAXE, subraya que "la publicación de
esas informaciones, hasta ahora confidenciales y a las que los diputados
europeos no hemos tenido acceso, constituye un importante vuelco en
este asunto de las negociaciones secretas sobre fiscalidad. Estas nuevas revelaciones implican directamente a Juncker y Dijsselbloem, como titulares de Finanzas de sus países respectivos, por lo que ahora deben responder de esas artimañas ante el Parlamento Europeo".
Saludo afectuoso entre Juncker y Dijsselbloem
Porque
lo que revela el contenido de esas actas es que los dos máximos
responsables de la UE se dedicaron durante años a obstaculizar todos los
intentos por desentrañar la trama de fraude fiscal masivo, gracias a la
cual cientos de multinacionales pagaban impuestos bajísimos en
Luxemburgo y Holanda por los beneficios que habían hecho en otros países
de fiscalidad mucho más elevada. Ambos han negado haber estado
implicados personalmente en esa maquinación, pero resulta que dichos
documentos demuestran lo contrario, ya que el Grupo Código de Conducta
–creado en 1998, pero cuya existencia no fue descubierta por la mayoría
de los eurodiputados hasta 2014– trabajaba en total secretismo y estaba
bajo el control directo de los ministros de Finanzas de los países
miembros.
Tanto Juncker como Dijsselbloem ostentaban las carteras
de Finanzas de sus gobiernos (Juncker era, además, primer ministro)
cuando bloquearon repetidamente en ese Grupo Código de Conducta todos
los intentos por corregir ese fraude fiscal masivo. Más aún, cuando
(en marzo de 2013) Bélgica, Holanda y Luxemburgo obstaculizaron una vez
más las iniciativas de otros países para acabar con ese
entramado, Dijsselbloem ya había sido nombrado presidente del Eurogrupo,
el organismo de ministros de Finanzas que coordina las políticas
fiscales y financieras de los países que comparten la moneda común.
En
esa ocasión, Holanda planteó –en aquella reunión secreta– una "reserva
de naturaleza política" sin especificar para tumbar el plan británico y
alemán, aprobado previamente por expertos fiscales de la OCDE, que
hubiera acabado con la trama defraudadora. O sea, Dijsselbloem actuaba en secreto contra los intereses de los países miembros del Eurogrupo que él mismo presidía.
Por supuesto, el Grupo de Código de Conducta no llegó a tomar acción ninguna, durante casi dos décadas de reuniones continuas,
para frenar el comportamiento fiscal claramente perjudicial para la
mayor parte de los países miembros de la Unión Europea que practicaban
secretamente los dos actuales máximos cargos de la UE.
Por su parte, Juncker se defendió del escándalo
LuxLeaks aduciendo que asumía la responsabilidad política como jefe del
Gobierno, pero que él no diseñó la trama ni la conocía. A continuación,
fue elegido presidente de la Comisión Europea (el cargo más importante
de la UE) con los votos de la Gran Coalición (los grupos popular, socialista y liberal). Pero los
documentos ahora desvelados prueban que sí estaba al corriente de todo
el entramado, con lo que queda bien claro por qué ordenó ocultarlos a
los propios eurodiputados.
Sven Giegold, veterano
europarlamentario alemán de Los Verdes, trató de consultar esas actas de
las reuniones y se encontró con que no sólo restringían su acceso a una
sala cerrada y blindada en la que no le dejaron entrar ni el móvil,
sino que los párrafos más importantes estaban tachados para hacerlo
ilegibles. A la salida, le fue incautada la libreta donde había tomado notas, como si estuviese en una dictadura.
Asimismo, Juncker ha sido señalado como directamente implicado en las negociaciones con multinacionales por el
exjefe de asuntos fiscales del gigante Amazon, Bob Comfort, quien
mantuvo dos reuniones personales con el ahora presidente de la Comisión
Europea y después reconoció en
una entrevista con el diario luxemburgués Lëtzebuerger Land que su
Gobierno se había comportado como un "socio de negocios" y que el
entonces primer ministro había "ayudado a resolver problemas" a la
multinacional.
Más aun: el propio Juncker alardeó en un
discurso ante el Parlamento de Luxemburgo, en octubre de 2005: "Hemos
construido a lo largo de años, de décadas, un entorno fiscal ventajoso"
con el que su Gobierno logró atraer a multinacionales como Amazon y
America On-Line (AOL). Un año antes, había admitido en una entrevista
que el pacto alcanzado con AOL para que se trasladase a Luxemburgo "fue
el resultado de más de 200 horas de negociaciones".
Tanto era así que la consultora Ernst and Young empezó a recomendar a sus inversores, tanto norteamericanos como rusos, que hicieran negocios en Luxemburgo
porque "sus funcionarios son accesibles" y "su equipo de Gobierno se
implica en una relación muy estrecha con las compañías" multinacionales.
Más claro, imposible.
Los documentos ahora filtrados prueban lo que las
agencias de la Unión Europea han estado negando durante años: la
existencia de una trama de fraude fiscal masivo del que se beneficiaron
las grandes corporaciones fundamentalmente mediante dos mecanismos, los pactos directos (tax rulings) con el Ejecutivo las patentes falseadas (license box rules).
Estas últimas eran descaradas: las multinacionales asignaban falsamente
la propiedad de sus licencias, copyrights y patentes a sus filiales en
Luxemburgo o La Haya –donde, por supuesto, no se habían desarrollado ni
explotado– y transferían los beneficios obtenidos en otros países a esas
empresas pantalla, para que pagaran tipos fiscales cercanos a cero
aunque las ganancias fueran de miles de millones.
Una de las actas secretas que han salido a la luz expone ya en 2005 que "ciertos países miembros han regresado a prácticas de rulings potencialmente perjudiciales" para el resto de los miembros de la UE. Otras
actas especifican claramente que se trata de "Países Bajos, Luxemburgo y
Bélgica" (17 de abril de 2012) y detallan las maniobras que esos tres
gobiernos del Benelux acometen coordinadamente una y otra vez a lo largo de los años para obstaculizar cualquier intento de tirar de la manta.
El egoísmo y la avaricia de algunos dirigentes está hundiendo la Unión Europea.
Hasta
que un frustradísimo alto funcionario alemán dirige a Berlín un cable,
en marzo de 2013, en el que protesta de que no se estaba haciendo nada
para frenar los "modelos impositivos dañinos" que "sobre todo se basan en las license box rules de Luxemburgo y Países Bajos". Pero de nada sirvió su denuncia porque esos dos países siguieron bloqueando cualquier medida correctiva.
"Estas
revelaciones dejan claro lo que hemos sospechado durante mucho tiempo:
los países más que se han beneficiado del dumping fiscal han trabajado
activa y sistemáticamente para bloquear el progreso de la UE sobre las
reformas fiscales encaminadas a abordar el problema", explica Urtasun a Público.
"Juncker y Dijsselbloem, eran los responsables políticos en esta
materia en Luxemburgo y Holanda respectivamente cuando sus gobiernos
bloqueaban los avances en materia fiscal. Por lo tanto, deben asumir su
responsabilidad es esencial que comparezcan ante el comité especial de
investigación TAXE para explicar su relación con los comportamientos de
sus gobiernos detallados en esta filtración".
"Aprovechándose de
que las decisiones del Consejo deben tomarse por unanimidad en materia
fiscal, han vetado cualquier progreso", subraya el eurodiputado español.
"Eso les ha permitido mantener las lagunas en la legislación de la UE
en virtud del cual las grandes corporaciones (como IKEA, Google,
Amazon, Starbucks, Fiat y muchas otras) fueron capaces de evitar el pago
de miles de millones de euros de sus impuestos a las haciendas nacionales".

Logos de Starbucks y Fiat
Urtasun recuerda que "España es uno de los ocho
países que más dinero han perdido por las planificaciones fiscales
agresivas, casi 5.000 millones de euros perdidos en 2012 según los
cálculos de Tax Justice Network. La Comisión Europea también es
responsable, y debería explicar por qué no intervino en su papel de
guardiana de los Tratados de la UE".
"Además –concluye
Urtasun–, estas fugas demuestran la importancia de un acceso completo a
todos los documentos para poder completar el trabajo de la investigación
del comité especial. Hasta ahora, la Comisión Europea y los gobiernos
se han negado a cooperar. Estas revelaciones deberían hacerlos
reconsiderar su posición y darnos a los miembros del comité de
investigación acceso completo a los documentos pertinentes".
La danesa Margrethe Vestager, comisaria de Competencia, ya ha identificado tax rulings ilegales de Luxemburgo con Fiat y con Amazon, de Holanda con Starbucks, y de Irlanda con Apple.
Pero si el comité especial de investigación de la Eurocámara estudia
las actas ahora filtradas, se podrá demostrar que los actuales
presidentes de la UE capitanearon desde sus gobiernos la mayor operación
de defraudación fiscal masiva jamás cometida en Europa.
Margrethe Vestager
No
sorprende, pues, que Juncker haya intentado impedir que esos documentos
salieran a la luz pública. Pero ahora ya no tiene más remedio que rendir
cuentas... y son astronómicas.
FUENTE: publico.es
Madrid - 12/11/2015
Esta trapisonda, que tanto ha perjudicado económicamente a España, me recuerda la charla que, allá por los años 80 (si no me falla la memoria) dio Fidel Castro en el Club Siglo XXI de Madrid, donde dijo no entender el el empeño del gobierno español (en aquel momento) por ser el vagón de cola de Europa, cuando podía crear un mercado con los países del norte de África y ser la locomotora.