Mostrando entradas con la etiqueta Antidemócrata. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Antidemócrata. Mostrar todas las entradas

26/5/17

SUSANA DÍAZ, LA ANTIDEMÓCRATA


Susana Díaz quiere morir matando. Tras ser derrotada por goleada en las elecciones primarias del PSOE, tras ser humillada con menos votos que avales, ha terminado por revelar su verdadera cara, incluso, a quienes no había sido capaces de verla.

La hija del fontanero nunca ha sido una demócrata o, por ser más precisos, lo es tanto como la derecha, es decir, instrumentaliza la democracia, la defiende mientras le resulta útil para sus propósitos personales. Lo demostró la misma noche que Pedro Sánchez le pasó por encima con más de diez puntos de diferencia. Su “tranquila, tranquila” barruntaba lo que ya se ha confirmado: Díaz hará más mal que bien al PSOE, como de hecho ya se lo está haciendo a Andalucía en general, que ve como se esfuman los planes de empleo, cómo las políticas de igualdad se recortan, como la Sanidad se privatiza por la puerta de atrás, cómo la Educación no es una prioridad…


El domingo pasado, Díaz esbozó lo antidemócrata que es, cuando ni siquiera nombró a su nuevo secretario general, cuando abandonó la sede de Ferraz antes de escuchar el discurso de Sánchez. Ahora, adelantar cuanto antes el congresillo andaluz para evitar que los sanchistas se consoliden aún más y, muy especialmente, negarse a que el reparto de compromisarios sea proporcional y refleje el resultado de las primarias vuelve a delatar a Díaz como lo que es: una mala perdedora, una dirigente que no encaja que ni siquiera los que creía suyos la han votado (de ahí la diferencia entre votos y avales), una antidemócrata, en definitiva.

Un susanista declarado me decía hace unos días que “yo creo, en mi modesta opinión, que el único partido que siempre se rasga las vestiduras es el PSOE; en los demás partidos no se ve esto, sus líderes saben cerrar las filas, realmente las primarias libres las ha hecho sólo el PSOE”. Más allá de que la última parte de esa afirmación, sencillamente, es falsa y así está demostrado, le queda ahora a ese y al resto de susanistas, demostrar el resto de su exposición.


Que Susana Díaz no acepte un resultado democrático y esté dando un espectáculo tan bochornoso como el del golpe de estado interno que orquestó en el PSOE es una cosa, que el resto de la militancia, el resto de susanistas no estén a la altura, es otra. Ahora más que nunca el PSOE está en tela de juicio, ahora más que nunca, especialmente en Andalucía, ha de demostrar que no se pliega al clientelismo, que es digno de sus siglas. Susana Díaz, sencillamente, no lo es; como tampoco lo son otros incondicionales que vendieron su alma al diablo, como en los casos malagueños Miguel Ángel Heredia o Francisco Conejo.

Confío en que el resto de susanistas, sean democrátic@s; de no serlo, seguirán suscribiendo de su puño y letra el epitafio de un partido con demasiada historia como para morir a manos de tamaña ruindad.


FUENTE: publico.es
Posos de Anrquía
David Bollero
24/05/2017

30/10/14

FUERA DE TODA SOSPECHA

Leopoldo López, un venezolano fuera de toda sospecha democrática

 Leopoldo López Mendoza

Hay figuras públicas de dudosa reputación, personajes que ocultan un pasado o un oscuro presente, figuras públicas anodinas, políticos corruptos, embusteros y pusilánimes, oposiciones reaccionarias y retrógradas…

Desde que Hugo Chávez asumió la Presidencia de Venezuela no ha habido día en que la oposición no intentara derrocar al presidente electo. Golpes de Estado, sabotajes, asesinatos, acaparamiento de alimentos, actos terroristas… El método menos utilizado ha sido la contienda electoral.


Para la oposición venezolana las elecciones han tenido, desde el triunfo continuado del proyecto bolivariano, un carácter complementario de la desestabilización. Tal vez porque, a diferencia de los tradicionales golpes en Latinoamérica, estamos en otro momento histórico en el que las fuerzas progresistas europeas son débiles y los procesos transformadores están más localizados geográficamente. De ahí que los gobiernos europeos reconozcan sin sonrojarse a gobiernos como el de Ucrania, resultado de un golpe de Estado de corte fascista o apoyen las campañas de opositores fanáticos y agresivos.

El caso es que la oposición venezolana parece entender las votaciones como una tapadera para obtener legitimidad internacional que avale sus desmanes y maquille a unos líderes con amplio historial violento. Algo que sólo es posible por la complicidad de los medios de comunicación y la connivencia de gobiernos como el español, que no dudan en apoyar a personajes como Leopoldo López, situándose así a su altura democrática.


Sobre los medios de comunicación, venimos denunciando desde hace años la guerra mediática contra Venezuela, pero ¿acaso podrían hacer otra cosa unos medios de contaminación cuya propiedad está en manos de grandes corporaciones? No olvidemos que sólo seis conglomerados de empresas controlan toda la información que circula por el planeta y de ellos, cuatro son de capital estadounidense y en el quinto tiene participación. Así, no es descabellado sostener que más del 99% de la información que recibimos sobre Venezuela, es decir, la difamación sistemática de su Gobierno así como la ocultación y tergiversación de las acciones de la oposición, sigue criterios muy interesados.

Lo que resulta un tanto sorprendente, sólo un poco, es que un Gobierno como el español haga declaraciones y actúe en contra de los intereses del Estado y del pueblo al que dice representar. Caben dos hipótesis: una, que nuestros gobernantes desconozcan el perfil de la oposición venezolana; dos, que estén actuando al servicio de intereses ajenos.

 Mariano Rajoy y Lilián Tintori

La actuación de Mariano Rajoy entrevistándose con la mujer de Leopoldo López —que anda de campaña contra el Gobierno venezolano—, y sus declaraciones respecto al juicio que se sigue contra su marido por delitos de daños, incendios, instigación y asociación para delinquir, no son sólo actos de ingerencia en un país soberano, son acciones que definen el talante democrático del presidente español y su Gobierno. Por un lado, la proximidad entre la derecha golpista venezolana y el Partido Popular, por otro, su servilismo hacia una potencia extranjera, Estados Unidos.

El pedigrí golpista de Leopoldo López es tan puro como el de Enrique Capriles (hasta hace poco cara visible de la oposición venezolana). Pero tras la derrota electoral de Capriles y su partido en las elecciones del 2013 y 2014, hubo que cambiar el rostro opositor, pues también cambió la estrategia desestabilizadora. Si las elecciones eran un complemento para derrocar al Gobierno, ahora ya ni siquiera serán eso. Cambió el plan de intervención en Venezuela.

 Enrique Capriles - Leopoldo López

Leopoldo López, que hasta el 2011 no era una opción política —según los cables de wikileaks— para derrocar electoralmente al Gobierno venezolano, porque generaba división dentro de la propia oposición y era excesivamente beligerante y extremista, pasó a convertirse en el rostro opositor venezolano en las calles o, como gusta decir a nuestra derecha ultramontana, “la disidencia” venezolana. Cualquier parecido con la terminología anticubana es pura casualidad: damas de blanco, maridos encarcelados, giras europeas, denuncias del Alto Comisionado de Derechos Humanos de NNUU, etc.

Está ampliamente documentado el vínculo de Estados Unidos con la oposición venezolana, a la que ha financiado durante más de 12 años. Pero también es pública la vinculación de Leopoldo López con el golpe de Estado de 2002 contra Chávez, encabezando la marcha al Palacio de Miraflores que provocó la muerte de decenas de personas, o su inhabilitación política por la malversación de recursos públicos cuando era alcalde de Chacao.


Cualquier demócrata bien informado pondría el grito en el cielo temiendo que el currículo de Leopoldo López salpicara a las instituciones de su país. Pero aquí, en el Estado español, nos limitamos a denunciar a la “casta” por lo que roban económicamente, sin pararnos a denunciar lo que nos roban en términos de dignidad. Mariano Rajoy y su política exterior hacia Venezuela es un ejemplo más de que no somos, a diferencia de los venezolanos, un pueblo soberano, sino un pueblo intervenido al que cada día que pasa le roban otro pedazo más de dignidad.

FUENTE: publico.es  
Otras miradas
Ángeles Diez (Doctora en Ciencias Políticas y Sociología y profesora de la UCM)

29 oct 2014