24/11/10

...COJONES


ME HA VUELTO A OCURRIR; AL PUBLICAR LA PRESENTE ENTRADA, EL TEXTO SE HA DESCONFIGURADO, SE HA LLENADO DE MAYÚSCULAS Y HAN APARECIDO UNA SERIE DE PALABRAS QUE YO NO HABÍA ESCRITO: NACIONES, UNIDAS, ONU, PECADO... ¿DE QUÉ VA ESTO?

Estoy Hasta los cojones de la Ley porqué electorales reales, El Pecado Heno Una Equidad en El reparto de los votos, y no en Sí Respeta la Máxima Democrática de "un voto Personaje Una"

Estoy Hasta los cojones de Dar El voto util, Con Lo Cual Nunca Crecera El partido Al Que Me considero afin. 


Estoy Hasta los cojones de las Naciones, Unidas Votar UNOS y LUEGO Que, mis votos en contra, gobernando Otros de Signo contrario terminen, Pecado parrafo merced Acuerdos SUS "cacho agarrar".

Estoy Hasta los cojones de los sindicatos mayoritarios Que Si vendan Al Estilo de Libros UNOS patronales Platos Que ningun Hijo exactamente de lentejas.




Estoy Hasta los cojones de Que los ricos neps Hagan CREER Que la culpa de la Economía Vaya Que es El mal de los Trabajadores.

Estoy Hasta los cojones de Pagar y Pagar Impuestos Parr Que Otros Sí mamen El Dinero.




Estoy Hasta los cojones de mantener El Pecado Tanto Parásito, corrupto Tanto El Pecado ya mamón del Tanto.

Estoy Hasta los cojones de Que, Los Mismos de siempre, intenten robarle El Futuro de Nuestros Hijos ONU.

Estoy Hasta los cojones de ESTAR Hasta los cojones.

Ciudadano Plof
 

21/11/10

EL ABUELO DE "TATI"


"Tati" y yo somos amigos de la infancia, ya que, de chicos, a pesar de habitar en barrios diferentes (yo vivía con mis abuelos) jugábamos juntos cuando acudía al suyo, todos los fines de semana, para visitar a mis hermanos y a mis padres.
Luego, la vida y los años nos han ido distanciando más de la cuenta, aunque siempre es una alegría para ambos cuando, muy de tarde en tarde, nos encontramos de relance en algún lugar inesperado.
Hace unos años, cuando la empresa para la que yo trabajaba, como premio a mis treinta y tantos años de servicio, "me desterró" a la periferia de la ciudad intentando aburrirme, cosa que consiguieron, me veía obligado a tomar a diario la guagua, (autobús, autocar, coche de línea...) de las 7 A.M. rumbo a Barranco Grande. El primer día me llamó la atención que, exceptuándonos al chófer y a mí, el resto del pasaje lo componían extranjeros de los más diversos lugares: africanos, sudamericanos, asiáticos, europeos del este... lo que dejaba bien claro quiénes formaban, en aquellos momentos, la mano de obra no cualificada que se había hecho cargo de los trabajos más duros, madrugando mucho y cobrando poco.

Días más tarde, dos paradas más arriba de la mía (aquí todo se nos va en subir y bajar) entraron al "colectivo" dos nuevos pasajeros: Uno de ellos era "Tati". Otra vez ese reencuentro inesperado. Tras el abrazo y los saludos de rigor, miró a su alrededor y dijo en voz alta: ¡Coño! si parece que los extranjeros fuéramos nosotros.

Luego coincidiríamos a diario, de lunes a viernes, en ese viaje matutino de la línea 136, hoy desaparecida. Ellos se bajaban mucho antes que yo, en el Portal del Ángel, cerca de la obra que era su lugar de trabajo, pero aún así nos daba tiempo de echar unas buenas parrafadas: hablar de la infancia, de la familia, de los amigos, de la vida en sí. En uno de esos viajes, con la carretera aún a oscuras por el maldito cambio horario, "Tati" contó una anécdota que no tiene desperdicio:

- No recuerdo bien el año; sólo sé que estábamos en campaña electoral, la ciudad llena de vallas y pasquines, y la radio y la televisión, bombardeándonos a diestro y siniestro a todas horas. Yo formaba parte de un equipo de albañiles y habíamos empezado a hacer unas obras de reforma en un enorme chalé de la Rambla. Al mediodía, amasábamos cemento en el jardín bajo un sol de justicia, cuando la dueña apareció con una jarra de limonada y nos ofreció un vaso a cada uno. Aquel "impasse" le dio pie a la señora para darnos un mitín en toda regla y convencernos (reconozco que no teníamos ni puta idea de política) de que debíamos votar por Alianza Popular, porque, según ella, eran gente de orden... gente de bien.

El día de las votaciones, acudí a la mesa electoral del barrio, acompañado por mi abuelo. Nos acercamos a la estantería donde se encontraban las papeletas y cuando, totalmente decidido, fuí a introducir la de Alianza Popular en el sobre correspondiente, mi abuelo me agarró la mano y me dijo:


- Vamos a ver "Tati". ¿Tú eres rico o pobre?

-¡Abuelo! ¿Y me lo preguntas tú?... ¡Más pobre que las ratas!

- Entonces, ¿por qué vas a votar por los que defienden los intereses de los ricos?

- Es que hace unos días, la dueña del chalé donde estábamos trabajando, nos convenció de que había que votar por esta gente.

- Mira hijo, da igual por cual, pero tú vota por un partido de izquierdas, porque "no hay nada más tonto que un obrero de derechas".

Ciudadano Plof