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26/5/18

ME CAGO EN...

Me cago en la rana y la libertad de expresión


Alguna vez he citado una parábola que trata de que si se echa una rana a una olla con agua hirviendo, ésta percibe la mortal temperatura, salta inmediatamente hacia afuera y consigue escapar de la olla sin quemarse. En cambio, si inicialmente en la olla ponemos agua a temperatura ambiente y echamos la rana, ésta se queda tan tranquila dentro del recipiente y, si comenzamos a calentar el agua poco a poco, la rana no reacciona bruscamente sino que se va acomodando a la nueva temperatura del agua hasta perder la conciencia y terminar muerta por el calor. La he vuelto a recordar con motivo de algunos procesos judiciales recientes. 

Hace veinte años no hubiéramos imaginado que un cantante entrase en prisión por las letras de una canción, condenado a tres años y medio por enaltecimiento del terrorismo e injurias a la Corona. Ni tampoco que un rapero pudiese ser condenado a dos años y un día de cárcel y 24.300 euros de multa por delitos de enaltecimiento del terrorismo con agravante de reincidencia, injurias y calumnias contra la Corona y las instituciones del Estado por el contenido de unos tuits. Ni que el director y subidrector de la revista satírica El Jueves fuesen juzgados por un delito de injurias por una noticia de humor claramente inventada sobre la policía. O que un actor debiera presentarse ante un juez por escribir que se caga en Dios, algo que se decía en los bares hasta en los tiempos del nacionalcatolicismo (cuando no te oía el cura ni el sargento).


¿Se han parado a pensar cuántas de las cosas que decíamos, publicábamos o defendíamos hace veinte años ahora serían motivo de banquillo judicial? Si hasta un chaval tuvo que pagar una multa por hacer un montaje con su cara y la de Jesucristo, cuando hace treinta años eso formaba parte del puritanismo de Jesucristo Superstar. 

Hoy estaría en prisión Ivá con su Makinavaja, todos los músicos de La Polla Records por las letras de sus canciones, Albert Camus por apología del terrorismo en su novela Los Justos, la Bruja Avería por atentar contra el honor de las multinacionales y Asterix por sedición. El argumento de Crimen y castigo, de Dostoievski, o el de la película Monsieur Verdoux, de Chaplin, sería enaltecimiento del asesinato. Y La vida de Brian sería sin duda, un delito contra los sentimientos religiosos. A este paso hasta Quino podría haber sido acusado de rebelión por las frases de Mafalda.


Y mientras eso sucede en un bando, en el otro, el de los que mandan, observamos que sus tropelías, robos y delitos han convertido aquel caso Juan Guerra en una travesura infantil. Resulta impresionante cómo nuestra capacidad de indignarnos por la corrupción del poder, que entonces se encendía por unos bolsos de Pilar Miró, ahora tolera volquetes de puta pagados con dinero público para gobernantes y banqueros. Hasta soportamos que un vicepresidente justifique su choriceo espetándole a un diputado la respuesta “es el mercado, amigo”. Y nuestra capacidad de movilización, que antes convocaba manifestaciones multitudinarias cuando un insumiso al servicio militar entraba en prisión, ahora ni se plantee concentrar a una decena de personas para protestar por el encarcelamiento del rapero. 

La explicación a esta deriva solo puede deducirse por haber asumido un individualismo que ha destruido el sentimiento de colectividad y solidaridad entre las personas, la resignación a la hora de luchar y reivindicar al lado de los otros, y la percepción de que no hay alternativa a la situación actual. O sea, la rana en el agua hirviendo. Pues yo me cago en la rana, en Dios y en la Corona.


11/9/14

¿QUIÉN LLORA A EMILIO BOTÍN?

 
 Emilio Botín

Aparte de su familia, claro está.

Con esa pregunta abrió ayer su blog "Las carga el diablo" el periodista Juan Tortosa para, después de una serie de acertados razonamientos, llegar a la siguiente conclusión:

"Lloran en la Fórmula Uno y lloran en la troika. Lloran en los paraísos fiscales, lloran los banqueros alemanes y lloran sus múltiples paniaguados, tan acostumbrados durante tantos años a hacerle la pelota sin parar que andan hoy desconcertados hasta que conozcan quién será el heredero o heredera de su poder para ponerse inmediatamente a sus pies sin ningún remilgo ni pudor."


Habla también Juan Tortosa de...

"Una  nutrida cohorte de agradecidos: esos partidos políticos cuyas deudas fueron una y otra vez condonadas, esos políticos profesionales de las “puertas giratorias” y mimados en tantos de consejos de administración donde “don Emilio” tenía influencia, esos medios de comunicación serviles ante sus instrucciones y ciegos ante sus desmanes, esos otros banqueros delincuentes a quienes siempre trató como un padre, ese Corte Inglés a cuyo rescate salió quedándose con su servicio de tarjetas de crédito, esos comprensivos jueces que pasaron por alto tantos de sus pecadillos, ese Alfredo Sáenz para quien consiguió el indulto de zetapé…" 


Y, cómo no, de las múltiples tropelías de Botín, haciendo hincapié en los miles de familias desahuciadas por el Banco de Santander. Y acaba haciendo una reflexión sobre estos inicios de mes:

"La segunda semana de septiembre ha empezado fina: el martes 9 dimite Ana Botella; el miércoles 10 muere Emilio Botín. La verdad es que estos de Podemos no paran de hacer estragos."






 La presión los está constriñendo.