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12/10/18
31/7/18
SUPUESTOS CRÍMENES DE GUERRA
La Fundación Franco aprovecha las visitas al Pazo de Meirás para acusar al Frente Popular del "genocidio de los católicos" españoles
La FNFF instruye al público sobre los supuestos crímenes de guerra del Gobierno Republicano con un gran panel en la capilla del inmueble, donde también ha ubicado las estatuas robadas de la catedral de Santiago.
La Fundación Franco aprovecha las visitas al Pazo de Meirás
para acusar el Frente Popular del “genocidio de los católicos” españoles.
La Fundación Nacional Francisco Franco (FNFF) aprovecha las visitas guiadas al Pazo de Meirás para instruir al público sobre el “genocidio de los católicos españoles” que habría cometido el Frente Popular durante la Segunda República.
El Frente Popular fue la coalición de partidos de izquierda que ganó las elecciones generales de 1936 y cuyo Gobierno fue derrocado por el golpe de Estado de Franco.
Resultado de las terceras elecciones generales convocadas durante la II República Española,
constituida en 1931, tras deponer al rey Alfonso XIII de Borbón.
El genocidio de los católicos españoles, entendido como la intención expresa de acabar con ellos mediante asesinatos en masa, es una tesis que sólo defienden los historiadores afines al franquismo, y que la FNFF utiliza reiteradamente en su propaganda como uno de los argumentos que habrían justificado aquel golpe.
El texto del panel narra las torturas y asesinatos a las que, según la FNFF, fueron sometidos sacerdotes y miembros de órdenes religiosas, y describe sin ambages algunas de las prácticas que habrían padecido, como las violaciones, la amputación de miembros y extremidades o los fusilamientos simulados, además de los robos, saqueos y destrucción de bienes que habría sufrido el patrimonio de la Iglesia, durante la Guerra y en los años previos a la misma.
El texto también contiene alabanzas al dictador, a quien incluso atribuye el mérito de haber ideado el Valle de los Caídos como instrumento de reconciliación nacional. De hecho, sostiene que Franco “construyó y donó a la Iglesia la Basílica” del monumento.
Lo cierto es que éste fue financiado con fondos públicos y con una suscripción popular, pero, sobre todo, con el trabajo decenas de miles de presos políticos, muchos de los cuales murieron durante las obras.
El panel de la FNFF en el Pazo de Meirás asegura que el genocidio supuestamente perpetrado por el Frente Popular afectó a unas 10.000 personas, aunque no existe referencia alguna a las entre 150.000 y 400.000 víctimas mortales que causó la represión franquista durante y después de la guerra, la mayoría de las cuales permanecen desaparecidas.
Según la asociación Jueces para la Democracia, han convertido a España en el segundo país del mundo, después de Camboya, con más personas cuyos restos mortales aún no han sido encontrados.
Según la asociación Jueces para la Democracia, han convertido a España en el segundo país del mundo, después de Camboya, con más personas cuyos restos mortales aún no han sido encontrados.
El Estatuto de Roma al que hace mención la FNFF es la base fundacional de la Corte Penal Internacional, que tiene por objeto la persecución de los crímenes de genocidio, de guerra y de lesa humanidad. Ese Estatuto se basa en la Declaración Universal de los Derechos Humanos adoptada por la ONU en 1948, pero cuyo instrumento de ratificación España no firmó hasta 1979, es decir cuatro años después de la muerte de Franco.
La capilla, en la que también están ubicadas las estatuas de la catedral de Santiago que reclama el Ayuntamiento de esa ciudad, es la primera parada en la visita guiada al Pazo de Meirás, en la localidad coruñesa de Sada, robado por los Franco en 1938. Setenta años después, en el 2008, la Xunta del PSOE y el BNG aprobó su declaración como bien de interés cultural, que obligaba a los herederos del dictador a abrirlo al público. No lo hicieron hasta el año 2011.
Entrada a la capilla del Pazo de Meirás
Desde entonces el Pazo puede visitarse aunque tanto el Ayuntamiento de Sada como la propia Xunta han recibido numerosas denuncias por los obstáculos impuestos por la familia, que llegó a ser sancionada con una multa de 4.500 euros y que el verano pasado anunció que cedía el control de las visitas a la FNFF. Acto seguido, la Fundación advirtió de que las usaría para glosar “la grandeza de la figura de Franco”.
Durante la visita que Público hizo al Pazo el viernes pasado, el guía de la FNFF se refirió a Franco como “el caudillo”, “el generalísimo” o “el anterior jefe del Estado”.
En su discurso ofreció una versión amable de la figura del dictador y de su legado, y mantuvo la tesis de que el inmueble fue adquirido “por un grupo de empresarios coruñeses” que emplearon para sufragarlo una cuestación popular para, posteriormente, regalárselo a Franco
En realidad, éste ya se había hecho con el Pazo. La suscripción popular fue una mera artimaña ya que el dinero recaudado lo fue mediante amenazas, coacciones y descuentos obligatorios en las nóminas de funcionarios y empleados públicos. Por si fuera poco, su superficie fue ampliada mediante el robo de terrenos limítrofes de vecinos de Meirás.
Guardias civiles transportando un cuadro de Franco
tras un incendio acaecido en el Pazo de Meirás en 1978
En su discurso ofreció una versión amable de la figura del dictador y de su legado, y mantuvo la tesis de que el inmueble fue adquirido “por un grupo de empresarios coruñeses” que emplearon para sufragarlo una cuestación popular para, posteriormente, regalárselo a Franco
En realidad, éste ya se había hecho con el Pazo. La suscripción popular fue una mera artimaña ya que el dinero recaudado lo fue mediante amenazas, coacciones y descuentos obligatorios en las nóminas de funcionarios y empleados públicos. Por si fuera poco, su superficie fue ampliada mediante el robo de terrenos limítrofes de vecinos de Meirás.
El propio guía de la Fundación Franco reconoció que el Pazo consta ahora de seis hectáreas, cuando en 1938 sólo tenía tres. Cuando Franco murió tenía casi nueve. Las tres que faltan corresponden a los terrenos que sus herederos vendieron mediante varias sonadas operaciones urbanísticas.
En cuanto a las estatuas de la catedral de Santiago –dos esculturas de Isaac y Abraham talladas en piedra entre los siglos XII y XIII-, se encuentran en la capilla sin protección ni barrera de seguridad alguna, e incluso se pueden tocar. El guía de la Fundación aseguró que fueron regaladas a los Franco por el Ayuntamiento de la capital, aunque lo cierto es que también fueron expoliadas.
Una de las esculturas expoliadas de la Catedral de Santiago
y que se encuentran sin protección alguna.
y que se encuentran sin protección alguna.
El año pasado, el Parlamento de Galicia aprobó por unanimidad una moción reclamando a los Franco que las devuelvan. El Consistorio sostiene que la presunta donación no está avalada por ningún acuerdo de la Corporación ni del Pleno, y que los Franco no han mostrado documento ni han ofrecido prueba alguna que pruebe que las obtuvieron lícitamente.
FUENTE: publico.es
Juan Oliver
A Coruña - 30/07/2018

Unos ciudadanos nacidos y educados bajo los preceptos de la Iglesia, qué hartos no estarían para jugarse su "alma inmortal", atreviéndose a rebelarse contra ella.
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26/5/18
ME CAGO EN...
Me cago en la rana y la libertad de expresión
Alguna vez he citado una parábola que trata de que si se echa una rana a una olla con agua hirviendo, ésta percibe la mortal temperatura, salta inmediatamente hacia afuera y consigue escapar de la olla sin quemarse. En cambio, si inicialmente en la olla ponemos agua a temperatura ambiente y echamos la rana, ésta se queda tan tranquila dentro del recipiente y, si comenzamos a calentar el agua poco a poco, la rana no reacciona bruscamente sino que se va acomodando a la nueva temperatura del agua hasta perder la conciencia y terminar muerta por el calor. La he vuelto a recordar con motivo de algunos procesos judiciales recientes.
Hace veinte años no hubiéramos imaginado que un cantante entrase en prisión por las letras de una canción, condenado a tres años y medio por enaltecimiento del terrorismo e injurias a la Corona. Ni tampoco que un rapero pudiese ser condenado a dos años y un día de cárcel y 24.300 euros de multa por delitos de enaltecimiento del terrorismo con agravante de reincidencia, injurias y calumnias contra la Corona y las instituciones del Estado por el contenido de unos tuits. Ni que el director y subidrector de la revista satírica El Jueves fuesen juzgados por un delito de injurias por una noticia de humor claramente inventada sobre la policía. O que un actor debiera presentarse ante un juez por escribir que se caga en Dios, algo que se decía en los bares hasta en los tiempos del nacionalcatolicismo (cuando no te oía el cura ni el sargento).
¿Se han parado a pensar cuántas de las cosas que decíamos, publicábamos o defendíamos hace veinte años ahora serían motivo de banquillo judicial? Si hasta un chaval tuvo que pagar una multa por hacer un montaje con su cara y la de Jesucristo, cuando hace treinta años eso formaba parte del puritanismo de Jesucristo Superstar.
Hoy estaría en prisión Ivá con su Makinavaja, todos los músicos de La Polla Records por las letras de sus canciones, Albert Camus por apología del terrorismo en su novela Los Justos, la Bruja Avería por atentar contra el honor de las multinacionales y Asterix por sedición. El argumento de Crimen y castigo, de Dostoievski, o el de la película Monsieur Verdoux, de Chaplin, sería enaltecimiento del asesinato. Y La vida de Brian sería sin duda, un delito contra los sentimientos religiosos. A este paso hasta Quino podría haber sido acusado de rebelión por las frases de Mafalda.
Y mientras eso sucede en un bando, en el otro, el de los que mandan, observamos que sus tropelías, robos y delitos han convertido aquel caso Juan Guerra en una travesura infantil. Resulta impresionante cómo nuestra capacidad de indignarnos por la corrupción del poder, que entonces se encendía por unos bolsos de Pilar Miró, ahora tolera volquetes de puta pagados con dinero público para gobernantes y banqueros. Hasta soportamos que un vicepresidente justifique su choriceo espetándole a un diputado la respuesta “es el mercado, amigo”. Y nuestra capacidad de movilización, que antes convocaba manifestaciones multitudinarias cuando un insumiso al servicio militar entraba en prisión, ahora ni se plantee concentrar a una decena de personas para protestar por el encarcelamiento del rapero.
La explicación a esta deriva solo puede deducirse por haber asumido un individualismo que ha destruido el sentimiento de colectividad y solidaridad entre las personas, la resignación a la hora de luchar y reivindicar al lado de los otros, y la percepción de que no hay alternativa a la situación actual. O sea, la rana en el agua hirviendo. Pues yo me cago en la rana, en Dios y en la Corona.
FUENTE: publico.es
Pascual Serrano
Alguna vez he citado una parábola que trata de que si se echa una rana a una olla con agua hirviendo, ésta percibe la mortal temperatura, salta inmediatamente hacia afuera y consigue escapar de la olla sin quemarse. En cambio, si inicialmente en la olla ponemos agua a temperatura ambiente y echamos la rana, ésta se queda tan tranquila dentro del recipiente y, si comenzamos a calentar el agua poco a poco, la rana no reacciona bruscamente sino que se va acomodando a la nueva temperatura del agua hasta perder la conciencia y terminar muerta por el calor. La he vuelto a recordar con motivo de algunos procesos judiciales recientes.
Hace veinte años no hubiéramos imaginado que un cantante entrase en prisión por las letras de una canción, condenado a tres años y medio por enaltecimiento del terrorismo e injurias a la Corona. Ni tampoco que un rapero pudiese ser condenado a dos años y un día de cárcel y 24.300 euros de multa por delitos de enaltecimiento del terrorismo con agravante de reincidencia, injurias y calumnias contra la Corona y las instituciones del Estado por el contenido de unos tuits. Ni que el director y subidrector de la revista satírica El Jueves fuesen juzgados por un delito de injurias por una noticia de humor claramente inventada sobre la policía. O que un actor debiera presentarse ante un juez por escribir que se caga en Dios, algo que se decía en los bares hasta en los tiempos del nacionalcatolicismo (cuando no te oía el cura ni el sargento).
¿Se han parado a pensar cuántas de las cosas que decíamos, publicábamos o defendíamos hace veinte años ahora serían motivo de banquillo judicial? Si hasta un chaval tuvo que pagar una multa por hacer un montaje con su cara y la de Jesucristo, cuando hace treinta años eso formaba parte del puritanismo de Jesucristo Superstar.
Hoy estaría en prisión Ivá con su Makinavaja, todos los músicos de La Polla Records por las letras de sus canciones, Albert Camus por apología del terrorismo en su novela Los Justos, la Bruja Avería por atentar contra el honor de las multinacionales y Asterix por sedición. El argumento de Crimen y castigo, de Dostoievski, o el de la película Monsieur Verdoux, de Chaplin, sería enaltecimiento del asesinato. Y La vida de Brian sería sin duda, un delito contra los sentimientos religiosos. A este paso hasta Quino podría haber sido acusado de rebelión por las frases de Mafalda.
Y mientras eso sucede en un bando, en el otro, el de los que mandan, observamos que sus tropelías, robos y delitos han convertido aquel caso Juan Guerra en una travesura infantil. Resulta impresionante cómo nuestra capacidad de indignarnos por la corrupción del poder, que entonces se encendía por unos bolsos de Pilar Miró, ahora tolera volquetes de puta pagados con dinero público para gobernantes y banqueros. Hasta soportamos que un vicepresidente justifique su choriceo espetándole a un diputado la respuesta “es el mercado, amigo”. Y nuestra capacidad de movilización, que antes convocaba manifestaciones multitudinarias cuando un insumiso al servicio militar entraba en prisión, ahora ni se plantee concentrar a una decena de personas para protestar por el encarcelamiento del rapero.
La explicación a esta deriva solo puede deducirse por haber asumido un individualismo que ha destruido el sentimiento de colectividad y solidaridad entre las personas, la resignación a la hora de luchar y reivindicar al lado de los otros, y la percepción de que no hay alternativa a la situación actual. O sea, la rana en el agua hirviendo. Pues yo me cago en la rana, en Dios y en la Corona.
FUENTE: publico.es
Pascual Serrano
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21/6/16
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