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27/2/16

TETAS, NIÑOS, ROMANONES


En España causa mucho más asco y más escándalo una política enseñando las tetas en la capilla de una universidad que un montón de curas follándose a unos niños por la gracia de Dios. Debe de ser que ya estamos acostumbrados a las violaciones infantiles, puesto que vivimos en un país en el que, durante la mitad del pasado siglo, los niños pobres, los niños de la calle, eran ceros la izquierda. Se los podía follar un cura, los podía robar una monja en un hospital y luego venderlo por cuatro duros a unos ricos o podían acabar en los sótanos de la DGS según le apeteciera al poli de turno. Sobre lo que les podía ocurrir a los niños huérfanos del franquismo dibujó una historieta en seis tomos Carlos Giménez –Paracuellos– que es la crónica más certera, sincera y escalofriante de lo que padeció el país durante aquellos años. Es un tebeo, sí, pero se lee mejor como libro de historia, igual que hay libros de historia -Pío Moa, César Vidal- que se leen mejor como tebeos.


A Rita Maestre la crucificaron en los periódicos y los telediarios la semana pasada como si aún siguiera vigente la Contrarreforma. Aquí la irreverencia y la blasfemia son pecados imperdonables, mientras que el robo en grandes cantidades, la estafa de dinero público, es un deporte nacional. De ahí que estos días haya pasado casi desapercibida, como de puntillas, la noticia de que el juzgado de instrucción número 4 de Granada haya decidido procesar al padre Román, líder del clan de los romanones, por los delitos de abuso sexual y prevalimiento a un joven que ejerció de monaguillo en la parroquia y que tenía 14 años cuando sucedieron los hechos. “Soy tu padre, tienes que dejarte llevar, no vives bien tu sexualidad” son algunos de los consejos eclesiásticos que han salido a la luz tras levantarse el secreto del sumario. “Debes dejarte llevar y vivir la sexualidad sin tapujos, es una sensación increíble que te toquen el punto G” le decía cariñosamente el padre Román. Pensé que el punto G podía ser la Gracia de Dios hasta que leí que, en el momento de decírselo, el padre Román le estaba dando un masaje de aceite entre las nalgas.

No voy a seguir con la descripción del auto porque, la verdad, me da mucha repugnancia. Casi tanto como la hipocresía de esta casta sacerdotal que condena la homosexualidad al tiempo que practica el abuso de menores y luego intenta tapar el delito por todos los medios. Por desgracia, los crímenes de los Romanones no son, como diría el PP, casos aislados. Una película reciente –Spotlight– narra la epopeya que sufrieron los periodistas del Boston Globe cuando publicaron el escándalo que supuso la miríada de abusos infantiles que tuvo lugar en el seno de la iglesia católica y que fueron convenientemente archivados por la archidiócesis de Boston. Esta misma semana, Bélgica volvió a arder con las revelaciones de más de mil casos de pedofilia cometidos por curas belgas, una atarjea de mierda que empezó a apestar en 2010, el día en que Roger Vangheluwe, antiguo obispo de Brujas, confesó que había violado a uno de sus sobrinos. Cuando Cristo dijo aquello de “dejad que los niños se acerquen a mí” seguro que no se refería a esto.


FUENTE: publico.es
Punto de Fisión
David Torres
26/02/2016

19/2/15

EL PAPA DE LOS POBRES Y EL OBISPO DE LOS ROMANONES






















¿Qué poder acumula el arzobispo de Granada, Javier Martínez, para que el Papa Francisco, lejos de destituirle, le respalde?

El llamado Papa de los pobres acaba de nombrar cardenal a Ricardo Blázquez, el obispo de Valladolid y exégeta de los conservadores neocatecumenales de Kiko Argüello. Sin embargo, el Santo Pontífice sigue apoyando al controvertido arzobispo granadino que, hace un par de semanas, viajó al Vaticano maliciando su destitución y regresó con el compromiso de no bajarse de la cruz (sic). Así que seguirá sufriendo por el acoso mediático, por el hartazgo de muchos de sus propios feligreses y por el estupor de la sociedad española que no comprende como los aires de renovación de la Santa Sede siguen sin llegar a la tierra de María Santísima.

Ni el pintoresco papel del arzobispo Martínez en el Caso de los Romanones, ni las dudosas finanzas de su diócesis ni una larga ristra de controversias que afectan al usuario de dicha mitra. Tras el respaldo unánime de los obispos andaluces, el sucesor de San Pedro le mantiene en el cargo, a pesar de que su comportamiento en la denuncia de abusos sexuales no parezca que haya sido ejemplar. Martínez está dispuesto a dar la vida por la diócesis, pero, según ciertas informaciones que él no ha desmentido, no se apresuró a colaborar precisamente con el juez instructor del caso, sino que tuvo que requerirle hasta en cinco ocasiones los informes eclesiásticos elaborados en relación con las denuncias que, de confirmarse finalmente por una condena judicial, pueden convertir en delito flagrante esos pecados terribles contra el sexto mandamiento.

Monseñor Martínez se siente perseguido: “Hay algunas personas que tienen ese interés, pero el pueblo cristiano me quiere y yo al pueblo cristiano”, declaró tras la palmadita en la espalda del Papa Francisco. Antes de este escándalo, hubo otros. En 2013, por ejemplo, su propia editorial, “Nuevo Inicio”, publicaba en español el libro “Cásate y sé sumisa”, el libro de Constanza Miriano que abogaba por el sometimiento de la mujer y su entrega al marido en su calidad de buena esposa y de buena madre. Cuando fue criticado de difundir un texto que promovía la violencia contra las mujeres, declaró en un comunicado: “Sí que favorece y facilita la violencia a las mujeres, en cambio, la legislación que liberaliza el aborto”. Nada extraño si en diciembre de 2009, Martínez alegó en su homilía dominical en la catedral de Granada: “Matar a un niño indefenso, y que lo haga su propia madre, da a los varones la licencia absoluta, sin límites, de abusar del cuerpo de la mujer, porque la tragedia se la traga ella”.


El compañero de viaje de Rouco, obispo desde los 37, el mentor en España del movimiento eclesiástico ultraconservador Comunión y Liberación,  pasa por ser seguidor de San Efrén, un poeta sirio que predicó contra las falsas doctrinas pero que, curiosamente, se negó por humildad a ser ordenado mientras que Martínez se aferra a la diócesis como a un clavo ardiendo.

Se cree un mártir, aseguran algunos de sus detractores. Claro que el mayor martirio lo han sufrido sin duda las víctimas de los malos tratos que se han producido en su demarcación diocesana. Condenado inicialmente por coacciones e injurias por el juzgado del o penal número 5 de los de Granada, fue absuelto por la audiencia provincial en 2008, tras apelar la sentencia judicial, a partir de que un canónigo le acusase de haberle llamado mal sacerdote y advertirle: “Con el látigo te enseñaré a obedecerme”. Su mano dura también había alcanzado un año antes a Gabriel Castillo, conocido como el cura de los senegaleses, párroco de Albuño, que acogía a inmigrantes, lo que debía chocar con el papel de Martínez como responsable de relaciones interconfesionales de la Conferencia Episcopal. Por no hablar de su ruptura de relaciones con la Facultad de Teología de Granada, hasta el punto de que trasladó a los estudiantes al seminario del obispado, bajo su férula. Antes, en 2006, 132 de los 280 sacerdotes granadinos presentaron ante el nuncio del Vaticano en España una carta en la que denunciaban los gastos excesivos del prelado. No contento con ello, cuatro años más tarde solicitaba un préstamo de 19,5 millones de euros para construir el costosísimo centro de magisterio La Inmaculada, a pesar de los edificios vacíos en poder de la Iglesia.

La Inmaculada - 'Studium Granatense et Sacromontanum'

Sin embargo, su flanco más débil es el de la denuncia de los abusos sexuales por parte de doce imputados entre quienes figuran varios sacerdotes y otros religiosos granadinos. Se trata de diversas denuncias que pueden terminar archivadas por haber prescrito el plazo de interposición de la denuncia correspondiente. ¿Van a quedar libres los acusados por diversos delitos de agresión sexual, abusos, exhibicionismo y las agravantes de prevalimiento, cooperación o encubrimiento? Probablemente, si, a excepción del sacerdote Román Martínez V.C., el líder del clan y que le da nombre al caso. Es el único acusado de penetración, un abuso sexual con prevalimiento que no habría prescrito todavía y que podría suponer una condena superior a cinco años. Al menos, esa es la posición de la fiscalía, aunque lla acusación particular ejercida por la asociación Proderechos del Niño (Prodeni), los hechos denunciados no sólo pueden calificarse “no sólo como abuso sexual, sino también como verdaderas agresiones sexuales”. E incluso podrían ser considerados como un delito de violación.

Si la justicia civil lo tiene difícil, tampoco cabe esperar mucho de la eclesiástica: el canon 1395/2 del Código de Derecho Canónico no llega a fijar una sanción exacta contra “el clérigo que cometa de otro modo un delito contra el sexto mandamiento del Decálogo, cuando este delito haya sido cometido con violencias o amenazas, o públicamente o con un menor que no haya cumplido dieciséis años de edad”. En todo caso, se dice que “debe ser castigado con penas justas, sin excluir la expulsión del estado clerical cuando el caso lo requiera”. Ni siquiera llega a tipificarse como delito si no se cumplen determinados requisitos que así lo determinen.


Los delitos de abuso sexual conciernen a la Congregación para la Doctrina de la Fe, si se comete con un menor de 18 años. El Papa Ratzinger, en su día, incrementó la prescripción de estos casos de diez a veinte años, a partir de que el menor cumpla la mayoría de edad. El 16 de mayo de 2011 se hizo pública una carta circular sobre las líneas guía en caso de abuso sexual: “Entre las importantes responsabilidades del Obispo diocesano para asegurar el bien común de los fieles y, especialmente, la protección de los niños y de los jóvenes, está el deber de dar una respuesta adecuada a los eventuales casos de abuso sexual de menores cometidos en su diócesis por parte del clero”. ¿Así lo hizo el obispo Martínez? Dado el apoyo del Papa, tuvo que ser así.

“La Iglesia, en la persona del Obispo o de un delegado suyo, debe estar dispuesta a escuchar a las víctimas y a sus familiares y a esforzarse en asistirles espiritual y psicológicamente”, se inculca en dicha Carta. ¿Procedió así el titular de la diócesis de Granada antes, durante o después de que la primera denuncia fuera sustanciada ante el Vaticano? ¿O se limitó a amparar a los acusados, basándose en la presunción de inocencia? A pesar de dicha precaución lógica, la carta-guía aduce que “el Obispo en cualquier momento puede limitar de modo cautelar el ejercicio de su ministerio, en espera que las acusaciones sean clarificadas”. Aunque, eso sí, “si fuera el caso, se hará todo lo necesario para restablecer la buena fama del sacerdote que haya sido acusado injustamente”. ¿Prescriben también los pecados al margen de los delitos? .


Las medidas canónicas para un sacerdote que es encontrado culpable del abuso sexual de un menor vienen siendo generalmente de dos tipos, las que restringen completamente el ejercicio público del ministerio sacerdotal o al menos excluya el contacto con menores, así como la dimisión del estado clerical o la concesión de una dispensa de sus obligaciones clericales, incluyedo el celibato. Todo ello, confidencialmente, sin alarma social, claro. Sin pena de telediario, tampoco.

En 2010, Benedicto XVI endureció la legislación canónica sobre esta materia. Durante los dos años siguientes, 384 sacerdotes perdieron su condición clerical a partir de ser condenados como culpables de abusos de menores. Otros 260 lo hicieron en 2011. Y 124 en 2014. Entre ese año y 2004, la Santa Sede condenó a 3.420 sacerdotes por abusos sexuales a menores, pero sólo 848 fueron apartados de dicha condición. ¿Por qué? ¿Considera la Iglesia que tampoco es para tanto? ¿Es ese el motivo por el que se brinda ese trato protector a un obispo que no parece que estuviese a la altura de las circunstancias en el caso Romanones, como sugirió en su día el propio Papa Francisco? En 2010, el entonces fiscal de la Congregación para la doctrina de la Fe, el maltés Charles J. Scicluna, asumió públicamente que sólo el 40% de los sacerdotes denunciados por abusos a menores era sometido a un proceso canónico y que al otro 60% restante se le dispensaba “por motivos de edad”.


El caso de Granada no es el único en la geografía española –donde se registra una quincena de condena contra sacerdotes–, aunque tampoco parece que hasta ahora existiera una red como la que se intuye en la trama granadina y que puede escapar de rositas.

Propagandistas como Bruno Mastroianni o Massimo Introvigne le restan importancia al número de condenas y acusaciones, mientras que el encubrimiento ha sido, durante años, una práctica tan corriente como sórdida. Si todo esto ocurre en las parroquias regulares, ¿qué puede ocultar la vida cotidiana en comunidades tan herméticas como el Opus Dei, en donde los menores pueden alcanzar compromisos con dicha prelatura al margen de sus progenitores, sin que necesariamente tengan conocimiento de los mismos?

FUENTE: publico.es
Corazón de Olivetti
Juan José Téllez
15/02/2015

24/12/10

EL CERDO QUE SE VOLVIÓ LOCO


En su último libro Fernando Sánchez-Dragó le cuenta a Albert Boadella que dos crías de 13 años se turnaban para trajinárselo, una detrás de otra, y que lo volvieron loco.

Él, que es un tipo prudente, se ve que ha hecho números y le cuadran las fechas, así que ha constatado que el delito ha prescrito.

Lo peor de estos culturetas cagalindes es que se ven muy dignos ellos, y este además se ve con absoluto derecho y razón de haber penetrado, sí, penetrado a dos niñas pequeñas y enloquecer de placer con tales hechos.

Este amasijo de sinapsis fallidas explica que fueron ellas, las muy felonas, las que se lo follaron a el ya que vestían como zorritas, con los labios pintados, carmín, rimel, tacones, minifalda.

Que una mujer se acerque por su propia voluntad a semejante cara ya me resulta dudoso, que se deje tocar por semejantes pellejos difícil, que acceda a mantener sexo con él foco de semejante hedor impensable y que en vez de una, fuesen dos…no se lo cree ni él.

¿Qué hubo?, quizá prostitución infantil, trata de niñas, ¿con quién contactó para acceder a dos menores?


¿Nadie le va a preguntar eso?, me da a mí que no, otro golfo que se pasa la ley por el forro.

Tras un denso silencio por parte de los medios, los comités de empresa del EP RTVM han solicitado formalmente a la Dirección la inmediata anulación del contrato con semejante individuo.

Solo nos faltaba tener que soportar el careto de un apólogo de la pederastia en nuestras casas, las babas de un tipo que presume de haber mantenido relaciones sexuales con niñas de trece años en el salón de nuestra casa.

Y aquí, en este punto en el que nos encontramos a un ser lo suficientemente abyecto como para lanzar esa piedra con las fechas calculadas.

Un elemento que hoy legalmente impune puede jactarse de haber follado con dos niñas preadolescentes, niñas sin terminar de formar sus cuerpos; y hacerlo con un brillo triunfal en los ojos, sin un solo atisbo de arrepentimiento, ¿de verdad puede salir de rositas?
 

Me cuesta muchísimo creer que un delito semejante tras un número determinado de años se de por “prescrito”, como si no hubiese ocurrido.

¿Ustedes permitirían que se vendiera en la calle las memorias de un terrorista que orgulloso de sus actos contase relamiéndose como un puerco entre su propia mierda que mató a dos transeúntes con una bomba lapa y que alucinó viéndoles saltar en pedazos?, ¿podría prescribir tal crimen en este país?

Lo peor de todo es que este asunto ha logrado lo que su escaso talento y su verborrea estúpida y petulante no habría conseguido jamás: vender libros.

 Así somos, comemos mierda, siempre y cuando nos la pinten de colores.

Esta vez viene aderezada por unos tonos rojo carmín, unas azules sombras de ojos y unas miradas infantiles, ¿quién da más?


Pasen y vean.

Cada día comprendo más que haya gente que no quiera ser española, y si este tipo queda impune también, yo añadiré mi nombre a la lista de avergonzados de este país.

FUENTE: elsopazax.wordpress.com
26/10/2010


Mejor me callo.