Mostrando entradas con la etiqueta Estado de bienestar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Estado de bienestar. Mostrar todas las entradas

18/6/17

EL CAPITALISMO HABRÍA MUERTO DE PURO ÉXITO


"De este modo, el capital va preparando su bancarrota por dos caminos. De una parte porque al expandirse a costa de todas las formas no capitalistas de producción camina hacia el momento en que toda la humanidad se compondrá exclusivamente de capitalistas y proletarios asalariados, haciéndose imposible, por tanto, toda nueva expansión y como consecuencia de ello toda acumulación. De otra parte, en la medida en que esta tendencia se impone, el capitalismo va agudizando los antagonismos de clase y la anarquía política y económica internacional en tales términos que, mucho antes de que se llegue a las últimas consecuencias del desarrollo económico, es decir, mucho antes de que se imponga en el mundo el régimen absoluto y uniforme de la producción capitalista, sobrevendrá la rebelión del proletariado internacional, 
que acabará necesariamente con el régimen capitalista" 

  
Rosa Luxemburgo (1871 - 1919)

Desde sus orígenes, el capitalismo se reproduce en cada formación socioeconómica en oposición a los otros modos de producción o restos de ellos con los que coexiste; el capitalismo se expande gracias, precisamente, a que encuentra en aquellas relaciones de producción precapitalistas y sus agentes sociales el mercado suplementario necesario para la realización total del producto social. El capitalismo trasciende las fronteras nacionales, en búsqueda del contacto con otras sociedades atrasadas, cuando, o bien ha realizado una expansión más o menos homogénea en todo el territorio nacional, o cuando, no culminada ésta, encuentra en aquellas sociedades un ventaja relativa, es decir, una posibilidad de extracción de plusvalía suplementaria.

Las sociedades capitalistas por antonomasia (Estados Unidos, Alemania, Francia, Inglaterra, Japón) culminada, en lo esencial, la tarea de la formación, en sus respectivas formaciones socioeconómicas, del capitalismo, provocan, a finales del siglo XIX y principios del XX, el fenómeno del imperialismo; esto es, espoleadas aquellas por la necesidad de encontrar el mercado precapitalista suplementario al que nos venimos refiriendo para poder reproducirse, incorporan a su sistema económico al resto del mundo, pero a condición de, en un proceso contradictorio, mantener a éste en el status del subdesarrollo.


Un escenario de perfecta y absoluta extensión mundial de las relaciones de producción y propiedad capitalistas, aparte de resultar fatal para el capitalismo, es sólo una posibilidad teórica, pues antes, en el penúltimo estadio, habría entrado en un callejón sin salida, en la imposibilidad fáctica de reproducirse ampliadamente y sucumbido, por tanto, al estancamiento. Habría muerto, pues, de puro éxito; quizá sea este el momento histórico en el que el capitalismo fenezca de verdad y deje paso a otro sistema social, es decir, sólo cuando haya desplegado, en las coordenadas de espacio y tiempo, todas o el grueso de sus potencialidades. Y a este respecto nos deberíamos preguntar si el fenómeno de la globalización que la economía mundial ha experimentado en estos últimas décadas ha borrado sustancialmente los restos de modos de producción precapitalistas, con lo cual el capitalismo habría eliminado la posibilidad real de realizar la totalidad de su producción social, entrando en una fase de estancamiento, decadencia y depresión generalizadas, de la que la actual crisis de sobreacumulación y depresión no sería sino su primera etapa o, por el contrario, como al parecer resulta de la observación empírica, habría mantenido, en contra de sus externas manifestaciones, un escenario de desigual desarrollo mundial de las relaciones de producción capitalistas, y con ello una suplementaria posibilidad histórica de reproducción ampliada y, por tanto, una salida a la actual crisis, en cuyo caso, lógicamente, aún estaríamos lejos de aquel penúltimo estadio, umbral de la verdadera globalización (y principio del fin del capitalismo).

Globalización, violencia estructural y pobreza

En cualquier caso, una y otra alternativa estarían preñadas de peligros para la humanidad, pues se contextualizarían en periodos históricos en los que se estrechan significativamente los límites de las zonas NO capitalistas susceptibles de anexión o integración, recrudeciéndose las rivalidades interimperialistas y aumentando, en consecuencia, las posibilidades de catástrofes políticas y humanas de alcance colosal (guerras mundiales, revoluciones, etc.).

¿Está preparada la clase obrera mundial del siglo XXI para ahorrar a la humanidad estos cataclismos? ¿Y su vanguardia? Los precedentes históricos no son nada prometedores. La clase obrera del siglo XX y sus capas dirigentes fueron incapaces de paralizar la guerra. Las socialdemocracias de la II Internacional ampararon a sus respectivas burguesías en la primera contienda; los errores de la III Internacional y la posición decididamente contrarrevolucionaria de la socialdemocracia abonaron el triunfo del fascismo y con ello el estallido de la Segunda Guerra Mundial.


Ahora bien, la alternativa de la guerra sólo es factible en un contexto de debilidad extrema de las capas populares. Las privaciones y los horrores que la guerra supone sólo pueden imponerse a una sociedad previamente derrotada. El actual estado del bienestar imperante en las sociedades capitalistas desarrolladas, aunque lleva consigo la integración de la clase obrera en el sistema capitalista, está lejos de aquella situación de extrema debilidad y derrota de las capas populares; sobre este estado de cosas es imposible que los gobiernos burgueses de turno encuentren en la aventura militar un discurso político realista. El desmantelamiento progresivo del Estado del Bienestar, empresa a la que, en cuerpo y alma, se dedica la derecha y en la que, ¿inconscientemente? colabora la socialdemocracia en su deserción total hacía el liberalismo, y que tan sólo es posible con la paralela derrota del movimiento obrero, se erige, pues, en la premisa material para que, llegado el momento, las distintas facciones del capital internacional decidan, sin peligro de estallido social interno, poner en marcha su solución final a la crisis: un nuevo equilibrio interimperialista a través de la guerra y la destrucción.


Es por ello esencial que seamos del todo punto intransigentes en lo tocante a las conquistas sociales; que jamás, bajo el pretexto de aunar fuerzas para salir de la crisis, se colabore con políticas estatales que permitan la pauperización de las capas populares (tras ello no se esconde el socialismo sino el fascismo). Y en este contexto es preciso (y factible), arrancar al liberalismo partes sustanciales, cuantitativa y cualitativamente, de la socialdemocracia (los ejemplos de Oskar Lafontaine en Alemania y Jean-Luc Mélenchon es en Francia son paradigmáticos). Aunque resulte paradójico y parezca una variante más del gradualismo reformista, el socialismo se esconde tras el Estado del Bienestar. El mantenimiento de éste a toda costa, privará al capitalismo de su extrema solución y preservará a la humanidad de la barbarie de la guerra. Esta es la razón que explica la profunda aversión del núcleo duro del capitalismo (el neoconservadurismo político) hacia el Estado benefactor; ven en él, con pavor, el espectro del socialismo.

FUENTE: rebelion.org
Juan Jiménez Herrera

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

20/8/15

¿DEMOCRACIA SIN SOBERANÍA POPULAR?

Europa se jactó, con razones, de haber sido el continente de las democracias. Especialmente durante las décadas en que tuvo vigencia el Estado de bienestar social, el continente podía enorgullecerse de combinar sistemas políticos democráticos con democracia social. Pero la unidad europea que, se supuso, vendría a consolidar esos sistemas y afirmar su lugar en el mundo, se convirtió en todo lo contrario.


Cuando se mira hoy a Europa, lo que se ve es la destrucción de los derechos sociales que han caracterizado los países del continente durante décadas y la consolidación de la hegemonía de un país sobre los otros, así como la pérdida de la capacidad de los ciudadanos para decidir sobre los destinos de sus países.
 
Se descaracteriza el sistema de partidos cuando las grandes corrientes tradicionales disuelven sus diferencias en la adhesión a las políticas de austeridad, cuando las decisiones de la gente –como en el caso de Grecia– no encuentran cauces para realizarse. Al simple surgimento de fuerzas renovadoras que se rebelan en contra de ese consenso del gran capital financiero, se desatan los poderes conservadores como el Banco Central Europeo y sus acólitos. Nada nuevo puede ser posible, a riesgo de que todo caiga, de que otro mundo sea posible. Davos y no Porto Alegre.

 

Así, tristemente, Europa exhibe al mundo un escenario de intrascendencia del continente en la política internacional por tanto subordinarse a las políticas de Washington y ahora a su Consenso.  El orgullo de las especificidades europeas se disuelve y hasta el rol importante que el pensamiento europeo y su cultura han tenido en el mundo se destiñe. No vienen ideas y referencias desde Europa sino, al contrario, es un mundo viejo que se resiste a cambiar.

Cuando Europa fue menos liberal, más reguladora, fue un continente más justo. Cuando se rindió al liberalismo, se sumó al mundo de la desigualdad y de la exclusión social. Europa no ha sacado lecciones de su pasado reciente, sino que ha importado los modelos del FMI y del Banco Mundial. En lugar de valerse de su capacidad para crear alternativas, ha cedido a los modelos neoliberales que han fracasado en todo el mundo.

 

Se han vaciado así sus sistemas políticos, que han perdido su contenido democrático. Es un desastre para la lucha democrática en todo el mundo que las democracias europeas pierdan sentido, se vuelvan reiteración de lo mismo mediante distintas siglas partidarias.

El drama de Grecia representa esa rendición. Un pueblo elige un gobierno que quiere romper con el círculo vicioso que la dominación del capital especulativo ha impuesto a los países y a sus gobiernos y hace una consulta popular por la cual la ciudadanía expresa su voluntad de ruptura de esas cadenas. Pero las estructuras económicas y políticas de poder de Europa impiden que esa voluntad popular se realice. El poder del capital financiero se contrapone a la soberanía popular, a la democracia del pueblo.


¿Se termina así la democracia en Europa? Si se sigue impidiendo que nuevas fuerzas como Syriza y Podemos puedan llegar al gobierno y poner en práctica políticas alternativas, la democracia política estará siendo reducida a un cascarón sin contenido popular.

Para intentar bloquear a esas alternativas nuevas se desata el monstruoso poder mediático para generar formas de rechazo a esas fuerzas mediante campañas de mentiras y difamaciones, de diseminación del miedo al cambio, que es la única fuerza que queda a las fuerzas conservadoras y sus variantes mal disfrazadas de renovación de lo viejo para intentar que sobreviva.
 

En esa lucha entre lo viejo y lo nuevo, en el no podemos y el podemos, entre la resignación y la indignación, se juega el destino de la democracia en Europa.

FUENTE: publico.es
A contracorriente
Emir Sader
17/08/2015

11/7/13

SIN LEVANTAR CABEZA

Un año después del mayor destrozo del estado de bienestar, la economía sigue sin levantar cabeza.

El 11 de julio de 2012 el Gobierno anunció un duro ajuste de 65.000 millones de euros. El Ejecutivo dice que aquella decisión salvó a España del rescate, pero desde entonces la recesión se ha agudizado.


El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en el Congreso. EFE
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en el Congreso.
 EFE

Un año después de que Mariano Rajoy anunciara el mayor destrozo del Estado de bienestar, con un duro paquete de medidas de ajuste económico que incluyó la subida del IVA al 21%, la reducción de la prestación por desempleo o la eliminación de la paga de Navidad a los funcionarios, la situación económica del país ha empeorado: hay más paro, controlar el déficit público aún es una quimera, los salarios bajan, la prima de riesgo sigue en cotas altas y la recesión sigue pegando duro. Pese a ese lúgubre escenario, el Gobierno considera que ese esfuerzo fue determinante para eludir el rescate —aunque hubo uno a la banca— y está convencido de que ya no serán necesarias decisiones similares.


Fue el 11 de julio de 2012 cuando el presidente del Gobierno compareció ante el pleno del Congreso para informar de los resultados del Consejo Europeo celebrado dos semanas antes y avanzó un nuevo ajuste de 65.000 millones de euros en dos años y medio para hacer frente al déficit. Rajoy anunció entonces el incremento del 18% al 21% del IVA general y del 8% al 10% del reducido, la suspensión de la extra de Navidad a los funcionarios, a los que redujo el número de días de libre disposición, y el recorte del subsidio de desempleo a partir del sexto mes.

También avanzó, entre otras decisiones, la eliminación de la deducción por vivienda para los nuevos compradores a partir de 2013, un recorte de 600 millones en los gastos de los ministerios, y una revisión del baremo y las prestaciones económicas del sistema de dependencia.

FUENTE: Público.es
Madrid 11/07/2013

Este ciudadano cree, al igual que Novluckermisogino, que el estado del bienestar comenzó a desmantelarse tiempo ha, ya que, los sucesivos gobiernos de izquierda y de derecha (tanto monta, monta tranto) de este país, lo único que han hecho, uno tras otro,  ha sido plegarse servilmente a las consignas de la ultradedercha neoliberal, lo que ha llevado a la clase trabajadora al borde del abismo.

Y también, haciendo eco a  Novluckermisogino, pregunto:

¿Seremos capaces de hacer algo?