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15/5/17

ARMAS NUCLEARES EN COREA DEL NORTE

La amenaza de una confrontación militar en Corea se acompaña de un relato tan simple como engañoso. La narrativa más difundida es que el malintencionado régimen dictatorial dePyongyang está decidido desde hace décadas a obtener armas nucleares. Los medios internacionales se han encargado de difundir y desarrollar las noticias sobre la irresponsabilidad de Corea del Norte. Como siempre, la historia que lleva a la crisis actual es más compleja.


Es cierto que el régimen de Pyongyang ha mantenido una postura militar belicosa como elemento de disuasión y su brazo castrense ha sido un elemento clave para perpetuar el régimen. En la actualidad tiene un poderoso ejército convencional y un programa de armamentos nucleares que incluye esfuerzos para miniaturizar bombas y el desarrollo de misiles de alcance intermedio. Éstos últimos componentes son el principal foco de atención de la administración Trump, quien vocifera  que la imprudencia de Pyongyang sólo puede detenerse con muestras de firmeza.

Sin embargo, la experiencia muestra que el proyecto nuclear de Corea del Norte pudo frenarse mediante esfuerzos diplomáticos. También enseña que los seguidores de la línea dura en Washington han entorpecido las posibilidades de un acercamiento y la normalización de relaciones.

 
Portaaviones estadounidense en el Mar de Japón

En 1994 la administración Clinton firmó un Acuerdo marco con Pyongyang con el que Corea del Norte congelaría su incipiente proyecto nuclear a cambio de concesiones diplomáticas y económicas por parte de Estados Unidos. En particular, el acuerdo establecía que la planta nuclear de Yongbyon se cerraría y quedaría sujeta a inspecciones internacionales. Hoy se estima que sin ese acuerdo Corea del Norte tendría más de un centenar de bombas nucleares.

La implementación del acuerdo avanzó muy lentamente, pero en 2000 una delegación de Pyongyang visitó Washington y los dos países emitieron un comunicado conjunto en el que se comprometían recíprocamente a no mantener intenciones hostiles. Ese mismo año Clinton envió en visita oficial a Pyongyang a su secretaria de Estado, Madeleine Albright. Se estaba planeando una histórica visita del presidente estadounidense a Corea del Norte.


Las cosas cambiaron con la llegada de George W. Bush a la Casa Blanca. La declaración sobre intenciones hostiles no fue confirmada y el Acuerdo marco fue relegado a un segundo plano. En 2002 Bush incluyó a Corea del Norte en la lista de países que formaban el eje del mal (junto con Irak e Irán). Además, Washington canceló el Acuerdo marco argumentando que Pyongyang continuaba embarcado en un programa para dotarse de armas nucleares.

La guerra en Irak y la doctrina de cambio de régimen que Bolton, Cheney y Rumsfeld promovieron convenció a los norcoreanos sobre el camino a seguir. Bolton sentenció que Pyongyang debería sacar las lecciones apropiadas de la guerra en Irak. Y, en efecto, la jerarquía norcoreana le hizo caso: la aceleración del programa nuclear sería el pilar de una política de disuasión.

Misiles norcoreanos de largo alcance

En 2004 la diplomacia china convenció a Estados Unidos, Japón, Rusia y las dos Coreas para iniciar negociaciones entre las seis partes. En septiembre 2005 se llegó a un acuerdo, pero ese mismo mes el Departamento del Tesoro anunció que un banco en Macao, el Banco Delta Asia, era culpable de operaciones de lavado de dinero y lo castigó con fuertes sanciones financieras. Ese banco tenía numerosas cuentas del régimen norcoreano y la irritación en Pyongyang llevó a terminar las conversaciones entre los seis y proponer negociaciones para resolver la cuestión del Banco Delta Asia. Washington rechazó la propuesta y pidió a otros países intensificar las sanciones contra Pyongyang. Al año siguiente fue cuando Corea del Norte llevó a cabo su primera prueba nuclear.

China trató de revivir las conversaciones de los seis en 2007, para llegar a un nuevo acuerdo. Sin embargo, los halcones en Washington exigieron un severo régimen de inspecciones que Pyongyang rechazó. Hoy Corea del Norte considera que sus armas nucleares no son negociables y las ha elevado a rango constitucional. Quizás el proceso nuclear en Corea del Norte hubiera tomado otro derrotero si la vía diplomática se hubiera consolidado.

 Masacre en Corea (Pablo Picasso - 1951)

Trump señaló recientemente que estaría dispuesto a reunirse con Kim Jong-un, el líder norcoreano. Es posible que la táctica del presidente estadounidense incluya hoy una especie de apertura para medir la reacción de su adversario. Pero las condiciones para tal encuentro incluyen la aceptación por parte de Pyongyang de desmantelar su programa nuclear. Esa es una condición inaceptable para Corea del Norte.

Es recomendable no olvidar que durante la guerra de Corea el bombardeo del Norte llegó a extremos inauditos. Más de 635.000 toneladas de bombas fueron lanzadas sobre Corea del Norte entre los años 1950 y 1953 (en comparación con las 503.000 toneladas utilizadas por Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial en todo el marco del Pacífico). La propia fuerza aérea estadunidense reconoce que la destrucción al norte del paralelo 38 fue peor que la de Japón al terminar 1945. Nadie en Corea del Norte ha olvidado esos bombardeos.

La ciudad de Pyongyang totalmente arrasada en 1953

FUENTE: http://www.jornada.unam.mx
Alejandro Nadal
13/05/2017

A la vista de los antecedentes, y sin alabar para nada el régimen norcoreano, tiene hasta cierta lógica su defensiva postura armamentística, porque... ¿quién les asegura que no volverán a machacarlos?

De todas formas no debemos olvidar quiénes han sido los únicos que se han atrevido a lanzar esos pepinos nucleares y ¡sobre poblaciones civiles!... Creo que no eran precisamente coreanos.

8/4/12

LO QUE HAY QUE DECIR (POEMA)

 

 El poeta alemán se opone a un ataque israelí contra Irán

Günter Grass, en su casa de la isla danesa de Mon. / Bernardo Pérez

EN FORMA DE POEMA

Por qué guardo silencio, demasiado tiempo,
sobre lo que es manifiesto y se utilizaba
en juegos de guerra a cuyo final, supervivientes,
solo acabamos como notas a pie de página.

Es el supuesto derecho a un ataque preventivo
el que podría exterminar al pueblo iraní,
subyugado y conducido al júbilo organizado
por un fanfarrón,
porque en su jurisdicción se sospecha
la fabricación de una bomba atómica.

Pero ¿por qué me prohíbo nombrar
a ese otro país en el que
desde hace años —aunque mantenido en secreto—
se dispone de un creciente potencial nuclear,
fuera de control, ya que
es inaccesible a toda inspección?

El silencio general sobre ese hecho,
al que se ha sometido mi propio silencio,
lo siento como gravosa mentira
y coacción que amenaza castigar
en cuanto no se respeta;
“antisemitismo” se llama la condena.

Ahora, sin embargo, porque mi país,
alcanzado y llamado a capítulo una y otra vez
por crímenes muy propios
 sin parangón alguno,
de nuevo y de forma rutinaria, aunque
enseguida calificada de reparación,
va a entregar a Israel otro submarino cuya especialidad
es dirigir ojivas aniquiladoras
hacia donde no se ha probado
la existencia de una sola bomba,
aunque se quiera aportar como prueba el temor...
digo lo que hay que decir.

¿Por qué he callado hasta ahora?
Porque creía que mi origen,
marcado por un estigma imborrable,
me prohibía atribuir ese hecho, como evidente,
al país de Israel, al que estoy unido
y quiero seguir estándolo.

¿Por qué solo ahora lo digo,
envejecido y con mi última tinta:
Israel, potencia nuclear, pone en peligro
una paz mundial ya de por sí quebradiza?

Porque hay que decir
lo que mañana podría ser demasiado tarde,
y porque —suficientemente incriminados como alemanes—
podríamos ser cómplices de un crimen
que es previsible, por lo que nuestra parte de culpa
no podría extinguirse
con ninguna de las excusas habituales.

Lo admito: no sigo callando
porque estoy harto
de la hipocresía de Occidente; cabe esperar además
que muchos se liberen del silencio, exijan
al causante de ese peligro visible que renuncie
al uso de la fuerza e insistan también
en que los gobiernos de ambos países permitan
el control permanente y sin trabas
por una instancia internacional
del potencial nuclear israelí
y de las instalaciones nucleares iraníes.

Solo así podremos ayudar a todos, israelíes y palestinos,
más aún, a todos los seres humanos que en esa región
ocupada por la demencia
viven enemistados codo con codo,
odiándose mutuamente,
y en definitiva, también ayudarnos.

*

Traducción de Miguel Sáenz.
El texto original en alemán ha sido publicado
en el diario Süddeutsche Zeitung
con fecha 04/04/2012.