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11/8/14

ROSA LUXEMBURGO

Ayer, cuando colgué en este blog el artículo de Emir Sader (profesor de la Universidad de São Paulo y de la Universidad del Estado de Río de Janeiro, así como coordinador del Laboratorio de Políticas Públicas de esta última) sobre la guerra que había dividido a la izquierda, me quedé rumiando sobre la composición fotográfica que agrupa las imágenes de Vladimir Ilich Lenin, Rosa Luxemburgo y León Trotsky. Hela de nuevo aquí:


Vengo a abundar en ello, porque el personaje central, a pesar de ser el menos conocido de los tres, no deja de tener igual importancia en el devenir histórico y político del pasado siglo.

Reconozco que casi no tenía referencias suyas, salvo el detalle de que había sido una importante luchadora social, asesinada apenas finalizar la Primera Gran Guerra, por lo que decidí indagar sobre su persona. Así que acudí a la Wikipedia para saber que:

Rose Luxemburg en alemán o Róża Luksemburg en polaco, más conocida por su nombre castellanizado Rosa Luxemburgo, nació en Zamosc (Imperio ruso) el 5 de marzo de 1871 y falleció en Berlín (Alemania) el 5 de enero de 1919.


Fue una teórica marxista de origen judío y militó activamente en el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), hasta que en 1914 se opuso radicalmente a la participación de los socialdemócratas, por considerarla un «enfrentamiento entre imperialistas». Integró entonces el grupo internacional que en 1916 se convirtió en la Liga Espartaquista, grupo marxista que sería el origen del Partido Comunista de Alemania (KPD). Al terminar la guerra fundó el periódico Bandera Roja junto con el alemán Karl Liebknecht. Sus libros más conocidos, publicados en castellano, son Reforma o Revolución (1900), Huelga de masas, partido y sindicato (1906), La Acumulación del Capital (1913) y La revolución rusa (1918), en el que critica constructivamente a la misma y sostiene que la forma soviética de hacer la revolución no puede ser universalizada para todas las latitudes.



Tomó parte en la frustrada revolución de 1919 en Berlín, aun cuando este levantamiento tuvo lugar en contra de sus propios consejos. La revuelta fue sofocada con la intervención del ejército y la actuación de los "freikorps" o 'cuerpos libres' (grupos de paramilitares reclutados entre los excombatientes recién desmovilizados y pagados por los industriales y banqueros). A su término, cientos de personas, entre ellas Rosa Luxemburgo, fueron encarceladas, torturas y asesinadas por dichos grupos.

Cada año, un domingo a mediados de enero se celebra en Berlín, una jornada en memoria de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, como fiel recuerdo del asesinato de estos dos dirigentes comunistas, acaecido el 15 de enero de 1919.


 FUENTE:  Wikipedia - La enciclopedia libre

10/8/14

LA GUERRA QUE DIVIDIÓ A LA IZQUIERDA

 
 
Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, el efecto de sus bombas no aunó a la izquierda. Al contrario, provocó la más importante ruptura que conformó las dos corrientes que han dominado el escenario político durante décadas: la social demócrata y la comunista.

Lo primero que hace un Gobierno cuando decide entrar en guerra es solicitar al Parlamento licencia para administrar libremente los recursos y darle a la guerra prioridad absoluta. Los partidos socialistas se vieron entonces frente al dilema de apoyar a sus gobiernos o reafirmar sus políticas pacifistas e internacionalistas apoyadas en los análisis de Lenin, que las tildaba de guerras interimperialistas, de división y repartición de las colonias entre las potencias.


Colocados frente a esta alternativa de sumarse a la guerra interimperialista (en que las burguesías de cada país peleaban por sus colonias en contra de las de otros países), movidos por el clima patriótico generado en cada país que va a la guerra; o reafirmar el pacifismo, la mayoría de los países socialistas optó por la primera opción.

Cada uno de los partidos socialistas se alineó con la burguesía de su país y privilegió la cuestión nacional en detrimento de la cuestión social, apoyando el envío de sus pueblos —cuya masa mayoritaria estaba conformada por trabajadores— a pelear en los campos de batalla contra los pueblos de los otros países para defender los intereses de las clases dominantes de sus países.


La minoría —entre ellos Lenin, Rosa Luxemburgo y Trotsky—, manteniendo las tesis del pacificismo y del internacionalismo, rompió con la Segunda Internacional. Poco tiempo más tarde se fundaría la Tercera. Reafirmaban así la tesis de Lenin de que, si es cierto —como decían algunos dirigentes que se quedaron en la Segunda Internacional— que nunca una revolución es tan difícil como en el comienzo de una guerra (por el predominio del clima de unión patriótica), la revolución nunca es tan posible como en el trascurso de una guerra (cuando el pueblo se da cuenta de los sufrimientos que acarrea y del significado mismo de la guerra).


Fue una fractura traumática en la izquierda: generó la división entre la social democracia —que apoyó a la guerra— y los comunistas—pacifistas, internacionalistas—. Posteriormente, la ruptura fue asumiendo otro carácter: la social democracia renunció al socialismo, optó por la democratización del capitalismo y acusó a la URSS de totalitaria. Mientras, los comunistas asumieron a la URSS como modelo y acusaron a la social democracia de haber abandonado el socialismo y de haberse reconvertido al capitalismo.

Aquel momento clave sirvió para definir las opciones entre la prioridad de la cuestión nacional —bajo su forma chovinista— o la de la cuestión social, es decir, del anticapitalismo. Fue un momento trágico para la izquierda mundial: la mayoría de los partidos de izquierda se rindieron a la guerra de sus élites dominantes y las dos corrientes siquiera lograron unificarse en la lucha en contra del nazismo ascendiente pocos años más tarde, cuando el caso de Alemania fue el más evidente.


FUENTE: publico.es
A contracorriente
Emir Sader
07/08/2014