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21/2/15

¡CONTRA LA EUROPA DEL CAPITAL!

En recuerdo a Ramón Fernández Durán, tan entusiasta, tan comprometido, tan lúcido…
tan necesario

¿Información? No, intoxicación. Syriza, Podemos, el cambio que amenaza los privilegios de una minoría que se creía invulnerable, que hacía y deshacía a su antojo, sin rendir cuentas. Pero ahora la situación es muy diferente, el cambio es posible, además de necesario (ya lo era hace mucho tiempo). Es mucho lo que está en juego y han decidido emplearse a fondo, utilizando toda la artillería mediática; anti sistemas, anti europeos, ignorantes, ingenuos, irresponsables… todo vale si, al final, algo queda en el sentir colectivo.


Y también están dispuestos a colocar contra las cuerdas al gobierno de Syriza, que es lo mismo que negar el pan y la sal a los orgullosos griegos que, en medio de una campaña plagada de amenazas lanzadas desde las muy democráticas instituciones comunitarias, han dado su confianza a un gobierno para el cambio, inaugurando un escenario político de ilusión y esperanza. Actuando de esta manera, Europa da la espalda a los que no pueden acceder a los medicamentos que precisan con urgencia, a los millones de personas que han perdido su empleo, a los que han visto sus sueldos caer en picado, a los que se han echado a la calle para mendigar, a los que dependen de la caridad para sobrevivir, a los pobres de solemnidad, a los que sufren y a los que han perdido casi todo.

Gobierno griego (Syriza)

El gobierno de Syriza viene con un mensaje, sólo uno: lo primero es la gente. Nada es más importante, nada es más urgente. Y por esa razón han puesto en marcha un plan de rescate ciudadano (de la mayoría social empobrecida, no de los bancos ni de los ricos). Porque hay un drama humanitario que las elites y las oligarquías, instaladas en su cómoda atalaya, no pueden ni quieren ver, del mismo modo que también está lejos del arco visual de los economistas del mainstream. Todos se escandalizan porque el nuevo gobierno se haya apresurado a aplicar las primeras medidas de un plan social de emergencia; quizá, porque no estamos acostumbrados en estos lares a que los partidos lleven a cabo lo que prometen en las campañas electorales.


Y por esa razón es imprescindible proceder a una rápida y sustancial reestructuración de la deuda pública griega. Porque sin esa reestructuración –con propuestas tan razonables como vincular los pagos a la recuperación de la actividad económica y de las exportaciones-, el gobierno griego estaría obligado a continuar metiendo la tijera en gastos que son absolutamente vitales para la ciudadanía; sin esa reestructuración, simplemente no es posible hacer una política económica centrada en las personas.

La respuesta de las autoridades comunitarias ha consistido en apretar todavía más las tuercas, con el sonrojante e insultante apoyo del gobierno español, esgrimiendo que las exigencias planteadas por el gobierno de Syriza resultan inaceptables, como si su aceptación sancionara el despilfarro griego y dejara tocado el proyecto comunitario.


Ante tanta mentira y cinismo hay que decir con claridad, sin subterfugios ni juegos retóricos, que la economía y la sociedad griega se encuentra en el filo de la navaja en buena medida por culpa de la Troika y de los sucesivos gobiernos. Han aplicado medidas encaminadas a proteger los intereses de los bancos alemanes y de otros países europeos, los cuales, durante muchos años (¡Ay, la memoria selectiva!) hicieron muy lucrativos negocios en Grecia, en abierta connivencia con una clase política en su mayor parte corrupta y con un estado clientelista. Recordemos, asimismo, que los recursos canalizados por el Banco Central Europeo a los bancos a un coste muy bajo, con el objeto de facilitar su saneamiento, también sirvieron para adquirir deuda griega, por la que exigían, rentabilidades muy elevadas. Igualmente, las denominadas políticas de austeridad (¡cuánta perversión y contaminación esconde el lenguaje!), impuestas desde las instituciones comunitarias a Grecia y a otras economías el sur de Europa han sido el gran instrumento, junto a la denominada devaluación interna (reducción de los salarios), para socializar perdidas y para que la población trabajadora pagara las deudas contraídas por bancos y empresarios sin escrúpulos.

Mapa de Grecia

La pequeña Grecia, liderada por Syriza, es un ejemplo de dignidad, de que hay otra manera de hacer política y de que otra economía es posible; también simboliza el clamor de que necesitamos una refundación democrática de la Unión Europea. Ahí reside la amenaza, y no en los costes asociados a la reestructuración de la deuda, para un poder enrocado, envejecido y a la defensiva.

Recuerdo a mi amigo Ramón cuando acudía a las manifestaciones enarbolando con orgullo y convicción –entonces, muy minoritaria- la consigna “Contra la Europa del capital”. ¡Cuánta razón tenía!
Ramón Fernández Durán
(1927 - 2011)
FUENTE: publico.es
Otra economía
Fernando Luengo
18/02/2015

13/12/14

DOS LIBROS REVOLUCIONARIOS

"La abolición del trabajo" y "Voladura controlada"

En El ruido eterno, el fabuloso libro de Alex Ross, hay una anécdota deliciosa, cuando en 1984, en los Cursos de Verano de Darmstadt, el búnker de la vanguardia musical contemporánea, el gran compositor estadounidense Morton Feldman soltó esta bomba de efecto retardado: “Las personas que pensáis que son radicales podrían ser en realidad conservadoras; las personas que pensáis que son conservadoras podrían ser en realidad radicales”. Ross añade: “Y empezó a tararear la Quinta de Sibelius”.


Otro tanto sucede con algunos libros cuyo peligro difícilmente se alcanza a ver desde el título. Los libros más revolucionarios (en el sentido estricto de la palabra) que he tenido la fortuna de leer este año han sido dos breves, lúcidos y flexibles volúmenes. El primero, La abolición del trabajo, de Bob Black, es puro músculo cerebral, una auténtica santabárbara del sentido común que pulveriza no sólo principios sagrados del capitalismo sino también varias tesis básicas del marxismo. Black, un paladín del pensamiento libertario estadounidense, desmenuza hasta sus últimas consecuencias el mundo laboral, extrayendo perlas tan jugosas como la idea de que el “tiempo libre” del operario se opone consecuentemente al “tiempo de la esclavitud”. El trabajo, tal y como se concibe en la sociedad contemporánea, no es más que una condena degradante: 

La disciplina es lo que la fábrica, la oficina y la tienda comparten con la cárcel, la escuela y el hospital psiquiátrico. Es algo históricamente nuevo y horrible. Va más allá de las capacidades de los dictadores demoníacos de antaño como Nerón y Gengis Khan e Iván el Terrible. Pese a sus malas intenciones, ellos no tenían la maquinaria para controlar a sus súbditos tan completamente como los déspotas modernos. La disciplina es el modo de control moderno, especialmente diabólico, es una irrupción novedosa que debe ser detenida a la primera oportunidad.


El segundo opúsculo, no menos radical, es Voladura controlada, de Octavio Cortés, un libro que bajo su apariencia de artilugio cómico y satírico esconde una diabólica serie de cargas explosivas capaz de partir en dos al lector desprevenido. La primera carga se esconde en el título que, en realidad, oculta un sintagma fragmentado: “Voladura controlada de la Estatua de la Libertad”. La segunda es una cita de Aldous Huxley, quien en una carta a George Orwell, fechada nada menos que en 1949 habla de la infantilización y la hipnosis como instrumentos de control de masas mucho más efectivos que la tortura, la cárcel o la simple violencia física. ¿Y qué otra cosa son los concursos televisivos, la moda, los videoclips, la literatura prefabricada, la autoayuda, el arte pop y la música pop? Con mucha guasa y mucha mala leche, Cortés practica un corte quirúrgico radical de la superestructura dominante que abarca la política (“Nueve errores que suelen cometer los dictadores asesinos”), el fútbol (“Los tres tipos básicos de futbolistas gordos”), el refranero (“Dos consejos que a Vd. pueden parecer buenos, pero que son una auténtica mierda”), la cocina (“Ocho formas de comer spaghetti que harán de Vd. un hombre feliz”) o la educación (“Cuatro problemas de matemáticas extraídos de un libro de primaria que demuestran que estamos sometidos a prácticas de control mental, masivo, subliminal y de efectos irreversibles”) entre otras muchas áreas de pensamiento y de recreo.


Como se ve, sólo con los títulos, es un libro para descuajarse de risa, pero también puede ocurrir que las carcajadas se corten de repente ante fulminantes relámpagos de lucidez o ante extraordinarios raptos de poesía, como en el soberbio fragmento que remata las “Tres canciones que Vd. puede escuchar mientras va conduciendo durante una lluvia de meteoritos”. Igual que ciertas sinfonías de Sibelius, la prosa de Cortés parece amable, armónica y despreocupada en la superficie, un tranquilo paisaje de bosque finlandés que guarda abismos, diplodocus y terremotos de fondo. Al final, después de un repaso dadaísta y brutal a nuestro triste mundo, Cortés propone un sano ejercicio de anarquismo simbólico invitandonos mediante “un atentado discreto” a derribar la Estatua de la Libertad, esa “vestal de piedra de cincuenta metros, envuelta en una neblina fluvial helada, blandiendo una antorcha y una tablilla pseudo mosaica”. ¿Por qué? Porque la libertad que nos venden no es más que una ilusión, un fraude: “Se invita al preso a escoger el tipo de celda, se invita al perro a escoger el tipo de bozal, a Sócrates se le pregunta si quiere azúcar blanco, azúcar moreno o sacarina en su vaso de cicuta. A eso se reduce todo”. Un libro para romper cadenas ideológicas, para enviar mensajes de amor con golondrinas o para cortarse el cuello hoja tras hoja hasta que la sangre fluya desatada.

FUENTE: publico.es
Punto de fisión
David Torres
09/12/2014