También hay consenso casi absoluto entre editorialistas y columnistas a la hora de olvidar que Mariano Rajoy, presidente en funciones, candidato más probable a gobernar de nuevo el país, andaba por allí. O sea, como vicepresidente de aquel gobierno que nos aseguró que Sadam poseía armas de destrucción masiva.
Y concluye la periodista con un aserto que casi duele: “Los ciudadanos británicos tienen más suerte que los españoles. Allí la verdadera historia se estudia e investiga. Aquí preferimos enterrarla”. Pues es lo que está haciendo ella.
En La Razón, le encargan la editorialización del tema a un profesor de Birmingham, David Dunn, que ni siquiera cita a España en su artículo. Y en las dos páginas de foreign affaires dedicadas a Chilcot tampoco hay alusión alguna a Aznar, Rajoy, España, el 11-M o el PP. Ya nos ha dicho Rajoy que pasó mucho tiempo, y no se acuerda de aquello. Tenemos un presidente que nos mandó a una guerra ilegal hace 13 años y se olvidó. Aun así, todavía quedan españoles, periodistas y otros bichos raros que lo ven legitimado para ser presidente. Como el dinero de Luis Bárcenas estaba en Suiza, creo que también deberíamos de relegar ese asunto a las páginas de internacional.En El País, Lluis Bassets se limita a aludir a Aznar como “el caniche del caniche” en su apoyo a la invasión. Supongo que le resultaría fatigoso añadir que había un caniche del caniche del caniche vociferando desde la vicepresidencia a favor de la guerra y la muerte. Por si alguien anda despistado, ese caniche del caniche del caniche está hoy viviendo en La Moncloa.
Inauguró esta semana El País su canal videográfico en Facebook con una entrevista a Pablo Iglesias. A preguntas de los ciudadanos, el líder venezolano que asesinó a Manolete para cortarle la coleta se atrevió a cuestionar la modernidad del periódico ante el jefe de opinión, mi respetado José Ignacio Torreblanca. La entrevista fue reflejada en el periódico de papel al día siguiente, sin aludir a la crítica expresa al diario de Prisa. Los medios nos negamos a debatirnos a nosotros mismos, salvo en el aspecto tecnológico. Todos nuestros males son la adaptación a la tecnología, que nos está matando con sus prisas zangolotinas y tuiteras. Yo creo que el debate sobre el presente y futuro de la prensa no es tan tecnológico como científico y ético, como cualquier otra revolución en las bellas artes. A ver si nos vamos enterando, que al final nos va a acabar leyendo solo Juan Carlos Monedero, y para insultarnos con razón.
FUENTE: publico.es
El repartidor de periódicos
Aníbal Malvar - 09/07/2016

