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28/10/18

YA NO QUEDAN FACHAS COMO LOS DE ANTES


En una de las escenas más divertidas de la película «Ópera Prima» de Fernando Trueba, Oscar Ladoire se lamenta con nostalgia, después de una pelea en unos billares de barrio, de que ya no quedan macarras como los de antes. "Los de ahora – dice – se han descafeinado".

A mí me pasa eso mismo hoy, solo que con los fachas.


Cada vez que recuerdo al falangista José Antonio Girón, apodado «El león de Fuengirola», pronunciando en plena Transición aquella frase terrorífica de «nos impulsa el deberrrrrr de cerrarrrr el paso a quienes pretenden arrrrrebatarnos la victoria» se me ponen los pelos como escarpias.

José Antonio Girón de Velasco

No en vano aquella fanática cerrazón política se tradujo luego en el golpe de estado de 1981. Golpe, dicho sea de paso, en el que yo lo pasé en grande (modo irónico on), porque el Tejerazo me pilló haciendo el servicio militar y a las órdenes del entonces teniente coronel Monzón, el militar chiflado que quiso retar a muerte a Willy Toledo y al que la Sexta Noche abrió las puertas para permitirle decir que Franco no fue un genocida y que no había asesinado a nadie.

General Manuel Fernández-Monzón Altolaguirre

De Girón (Falange), de Sánchez Covisa (Guerrilleros de Cristo Rey), de Blas Piñar (Fuerza Nueva) acojonaba todo: no solo lo que decían, sino cómo lo decían. En concreto, Girón tenía unas erres vibrantes múltiples que resultaban tan espeluznantes como el ruido de cadenas de los tanques de la Brunete.

Blas Piñar López

Los fachas de ahora, en cambio– desde Casado a Abascal,  desde  Cossidó al Escupeaceitunas – no son, como señalaba con acierto hace poco Pepa Bueno en EL PAÍS, más que un puñado de frikis. Cuando hablan, producen una mezcla –muy penosa de escuchar– de lástima y vergüenza ajena (porque las majaderías que salen de sus bocas las dicen con el mayor de los convencimientos)

Pablo Casado Blanco (PP) - Santiago Abascal Conde (VOX)

Felipe González lo expresó a la perfección hace años al referirse a Aznar: «es un tipo que solemniza lo obvio».

José María Aznar López

Cuando el marido de Ana Botella dijo aquello (no recuerdo de si «cocido» o no) de que le gustaban los niños y que la gente tuviera niños porque es importante que la gente tenga niños, te dabas cuenta no solo de que se gustaba más que el torero Padilla recibiendo a porta gayola, sino de que se veía a sí mismo haciendo historia, como un Winston Churchill carpetovetónico, en el momento de dictarle a su secretaria uno esos épicos discursos que aún hoy, ponen la carne de gallina.

Winston Churchill

Ese es el estilo que practican ahora sus herederos políticos.

Conozco bien a los políticos frikis ya que hubo algunos en mi familia. Mi bisabuelo, Víctor Pradera, tenía que viajar con frecuencia desde San Sebastián a Madrid, debido a sus múltiples obligaciones profesionales. Sus jóvenes acólitos solían ir a despedirle a la estación, y él, acodado en la ventanilla del vagón, les regalaba opiniones de «cuñao», incluso ya con el tren en movimiento. Con motivo de la visita a España de Albert Einstein, uno de sus secuaces – el tren ya saliendo lentamente de la estación, el joven discípulo apurando hasta el último metro del andén– quiso saber qué opinaba su maestro del descubridor de la Teoría de la Relatividad.

Albert Einstein

–Don Víctor – le gritó para hacerse oír sobre el estruendo de la locomotora¿y Einstein?

–Ya hablaremos, muchacho, ya hablaremos – le contestó mi bisabuelo. Para enseguida apostillar, en actitud ridículamente ninguneadora:

–Pero nada ¿eh?, ¡nada!


Este es quizá uno de los rasgos esenciales del frikismo en política: la capacidad de trivializar lo esencial, que se combina con la ya apuntada de solemnizar lo obvio. En una especie de reinterpretación chikilicuátrica del principio de Ockham – «en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla a un determinado fenómeno suele ser la más probable» este hatajo de Dinios de la política, esta cuadrilla de Tamaras del pensamiento (no se me olvidan ni Rosa Díez, ni Cayetana Álvarez de Toledo, ni Dolors Montserrat), han reducido el postulado a «sean cuales sean las condiciones, la explicación más sencilla a un determinado fenómeno suele ser la verdadera»

Rosa Díez

De ahí que si hubiera que condensar la ideología de la actual derecha española en un Chiki-chiki con el que pudieran presentarse en Bruselas, los pasos de baile serían, en vez del maiquelyason y el brikindans, los siguientes:

UNO:
¡Viva el rey!


DOS:
¡No caben todos!


TRES:
¡Se rompe España!


CUATRO:
¡Golpe de estado!

FUENTE: publico.es
Otras miradas
Máximo Pradera
24/10/2018

31/1/14

FALLECE A LOS 95 AÑOS EL ULTRADERECHISTA BLAS PIÑAR

Elogio de Blas Piñar


  blaspi 

Se ha muerto Blas Piñar. Disculpad cierta tristeza. Cuando yo era niño, mi padre me ponía en el coche cintas de Blas Piñar. Nos hacía escuchar en la casette los discursos de Blas Piñar. No es broma. Eso pasaba.

-¡Españoles!

Es lo único que recuerdo del entramado intelectual de aquellos discursos extravagantes y muy gritados.

-¡Españoles!

Y yo creo que es bastante recordar.

La primera vez que entrevisté a Blas Piñar, se lo conté. Lo de la casette de mi padre. Se rió algo. Y las varias veces que volví a entrevistar a Blas Piñar tras algún suceso, cuando algún neonazi destripaba a un chaval o alguna otra menudencia fascista, yo siempre me identificaba antes: “No sé si se acuerda de mí. Soy el periodista que escuchaba sus discursos en la casete del coche de mi padre. Quería preguntarle por lo del chaval destripado, si tiene un minuto”. Y Blas Piñar se acordaba de mí, arma al brazo y en lo alto las estrellas. Y me daba la entrevista.

deguindosMi tristeza no es por añorar demasiado a aquellos desaparecientes fascistas joseantonianos. Mi tristeza es por los fascistas que nos quedan ahora. Qué vulgaridad de fascistas los de ahora, que llevan camisas de rayas y no azules, que votan en democracia y que les votamos.

Comprended, compañeros y compañeras, mi nostalgia de Blas Piñar.

desfileAntes de la democracia, al fascista no le hacía falta que le votáramos para que nos fusilase. Ahora tenemos que dilapidar una mañana de domingo cada ciertos años para dar nuestro voto a los fascistas. Me parece una pérdida de tiempo. Yo creo que mi querido Blas Piñar estaría de acuerdo con eso: la democracia solo ha conseguido que perdamos unas cuantas mañanas de domingo en el colegio electoral, en lugar de estar en misa, con el peligro para el alma que tal desubicación intelectual conlleva. Leyendo la historia de España desde la Transición, nos damos cuenta de que en misa se pasa mejor que en democracia, ya que las homilías y las penitencias de la misa son más cortas. No me extraña que ni siquiera el PSOE haya nunca derogado el Concordato.

fusilamientoCierto es que el fascismo se ha civilizado mucho en estos 40 años de democracia, y que ahora los parias la palmamos con más garantías. Con Franco luchábamos para que no nos matasen en mogollón, y ahora peleamos para no morirnos solos. La diferencia es palmaria. Human Rigths Watch siempre contabilizará con más asquito a los fusilados políticos que a los suicidas desahuciados. Aunque estos últimos sean hoy mucho más frecuentes que los fusilados tardofranquistas.
El fascismo de antaño, con su verbo claro y su garrote vil, aquilataba más encanto que el de hogaño. No tengáis la politología de negarme la evidencia. Ahora los fascistas disimulan tanto que ya ni dan golpes de estado ni se follan a la servidumbre salvo en contadísimas excepciones, lo que dice poco en favor de la hombría o la feminidad de la derecha nueva.

- ¡Que se jodan! -dijo Andrea Fabra.

- ¡Que se vayan a tomar por el culo! -dijo De Guindos.


Todo de boquilla.

Blas Piñar hubiera sido mucho más elegante. Y a micrófono descalzonado. Y nos hubiera jodido con mucha menos insinceridad. Comprended que lo añore un poco. Era una derecha a la que nos podíamos enfrentar como héroes. Ésta solo nos concede combatirla como mártires. Blas Piñar ha muerto y yo estoy triste. Descanse, y mucho rato, en paz.

FUENTE: Público.es
Rosa y Espinas
Aníbal Malvar
29/01/2014