Según Dithrich, las mentiras siempre son intencionales aunque también pueden manifestarse como respuestas automáticas, compulsivas e involuntarias que llegan a creer quienes las profieren. Así, quien sufre una pseudología fantástica investiría de realidad sus fantasías dramatizando y magnificando unos pequeños retazos de verdad que hinchan y hacen creíbles.
Un excelente caldo de cultivo para explicar lo sucedido con el fenómeno Nicolás (y otros tantos nicolases como deben pulular por los mentideros sociopolíticos financieros y empresariales) es lo habitual que se vuelto la mentira en nuestro entramado social, una práctica que, junto a la corrupción, se ejerce con más impunidad cuanto mayor es el poder que se detenta y promueve reacciones de rechazo por parte de una ciudadanía que, por lo general las espera y hasta las perdona siempre que ellos puedan también mentir y defraudar, eso sí, a pequeña escala y con garantías de que no serán pillados en sus ridículos delitos.
Pero, volviendo al tema de este artículo, no quisiera concluirlo sin afirmar que nunca pondría la mano en el fuego afirmando que Francisco Nicolás Gómez Iglesias sufre una pseudología fantástica asociada a una megalomanía con rasgos de personalidad narcisista, entre otras cosas porque mi capacidad de asombro no conoce límites y porque, hoy por hoy, soy incapaz de negar que Le Petit Nicolás tutee y llame “jose” al expresidentes Aznar, haya asesorado a Soraya Sáez de Santamaría en el asiento de atrás de su coche oficial o sea un espía charlie del CNI, por más que los expertos digan que el término “charlie” no existe en el argot de los servicios de inteligencia.
26 Noviembre 2014





